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Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:400.2k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Dejó atrás una vida de lujos, una empresa familiar multimillonaria y un apellido de peso para convertirse en la esposa de Andrés: un hombre bueno, pero incapaz de defender a su propia familia.

Durante años, su suegra la humilló. Su cuñada la despreció. Le dijeron mantenida, inútil, una carga. Le exigieron dinero, sacrificios y silencio. Y Valentina aguantó. Por amor. Por sus hijos. Por la esperanza de que algún día Andrés abriera los ojos.

Hasta que un día dejó de aguantar.

Lo que nadie sabe —ni la suegra que la insulta, ni la cuñada que la menosprecia, ni siquiera el marido que la dejó ir— es que Valentina Montero es la accionista mayoritaria del Grupo Montero, la misma empresa donde Andrés trabaja como simple empleado.

Ahora, desde las sombras, Valentina reconstruye su vida, protege a sus hijos y observa cómo la verdad empieza a salir a la luz. Porque tarde o temprano, todos van a descubrir quién es realmente la mujer a la que llamaron inútil.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

En realidad, Valentina no había ido a trabajar de verdad. Solo quería darle una lección a Andrés. Que su marido sintiera en carne propia lo que pasaba cuando ella dejaba de estar disponible y empezaba a tener su propio mundo otra vez.

Porque durante años, Andrés se había acostumbrado demasiado a verla siempre en la casa. Siempre lista para lo que necesitara, a cualquier hora. Siempre quieta esperando su regreso. La casa siempre limpia y ordenada.

Pero la reacción de Andrés esa mañana había superado con creces lo que Valentina imaginaba. El hombre entró en pánico de verdad. La expresión que puso cuando la vio arreglada seguía fresca en la memoria de Valentina.

Como si de pronto hubiera caído en cuenta de que su esposa todavía era guapa, todavía llamaba la atención y tal vez otro podía fijarse en ella. Pensar en eso le dibujó una sonrisa discreta. Ver a Andrés fuera de su zona de confort le daba cierta satisfacción, como un pequeño desquite por todo lo que le había dolido.

Valentina y los niños desayunaron fuera. Después llevó a Santiago a la escuela.

Unos treinta minutos más tarde, estacionó frente al boutique de Camila. El edificio se alzaba imponente en el centro de la ciudad, con vidrieras amplias y un interior lujoso en tonos blancos y dorados.

Al entrar, el aroma del perfume ambiental los envolvió al instante. Varios vestidos caros posaban sobre maniquíes bajo luces dirigidas que hacían brillar todo con elegancia. Pero la atención de Mateo no estaba en nada de eso. Los ojos se le iluminaron en cuanto vio la sala VIP en el rincón del boutique.

Camila había acondicionado ese espacio para sus clientas importantes que llegaban con familia o niños. Adentro había un sofá enorme y mullido, como cama de hotel. Una alfombra gruesa y peluda. Televisión de pantalla grande, un estante con juguetes y un refrigerador pequeño lleno de botanas y bebidas frías.

—Pequeño, hoy nos quedamos aquí a jugar, ¿sí? —le dijo Valentina.

—¡Sí, mami! —gritó Mateo encantado.

El niño salió corriendo y se lanzó sobre el sofá acolchonado entre carcajadas. Valentina no pudo evitar reírse al verlo.

—¡Despacio, mi amor! —lo regañó sin mucha convicción, moviendo la cabeza.

Pero Mateo abrazó el cojín del sofá con más ganas todavía.

—¡Mateo le guta aquí!

Valentina sonrió suavecito. Al menos el niño la estaba pasando bien.

Mientras tanto, desde la caja registradora, Camila los había estado observando y soltó un silbido burlón.

—Uy, uy, uy... —dijo acercándose—. ¡La señora recepcionista!

Valentina se rio.

—¿Qué dices?

Camila la recorrió de arriba abajo con expresión teatral.

—¡Estás guapísima! —exclamó con exageración—. Con razón tu marido entró en crisis cuando supo que ibas a trabajar.

Valentina dejó su bolso en el sofá, todavía riéndose.

—Algo es algo —contestó tranquila—. Para que mi esposo reaccione un poquito.

Camila soltó una carcajada de satisfacción y aplaudió.

—¡Eso, así se hace! —dijo entusiasmada—. Que Andrés sepa que su esposa es bonita y todavía tiene mucho mercado.

Valentina solo negó con la cabeza, divertida con las ocurrencias de su amiga.

Hacia el mediodía, el boutique se tranquilizó un poco. Valentina estaba sentada en la sala VIP acompañando a Mateo mientras comía un pudín de chocolate. El niño se lo embarró hasta la nariz.

—Ay, Dios, qué desastre traes en la cara, pequeño —Valentina se rio bajito mientras le limpiaba la cara con una servilleta.

Camila, sentada junto a ellos, de pronto pareció recordar algo.

—Ah, oye —dijo jugando con la cuchara del pudín—. Ayer vino tu cuñado al boutique.

Valentina levantó una ceja.

—¿Gabriel?

Camila asintió rápido.

—Con su prometida.

Valentina volteó, genuinamente sorprendida.

—¿En serio? ¿A qué?

—A comprar vestido de novia.

—¿Qué?

Los ojos de Valentina se abrieron de par en par. Hasta se sentó más derecha por reflejo. En el boutique de Camila, el vestido de novia más barato costaba alrededor de seiscientos dólares. Y Valentina sabía que la situación económica de Gabriel no era precisamente holgada.

—Sí —Camila se rio—. Lo reconocí de volada. Es bastante parecido a Andrés.

Valentina recordó la conversación que había tenido con Gabriel un tiempo atrás, antes de su compromiso.

Rosario, la prometida de Gabriel, venía de una familia modesta. Trabajaba como cajera en una tienda de autoservicio y la mayor parte de su sueldo se iba en ayudar a su propia familia.

Incluso en la pedida de mano, la familia de Gabriel había entregado una dote de siete mil dólares. Una suma considerable, más que suficiente para organizar una boda sencilla en casa, no en un salón. Y ahora resulta que estaban comprando un vestido caro.

—¿Qué pasa? —preguntó Camila al ver que Valentina se quedaba callada.

Valentina suspiró.

—Me quedo pensando —murmuró mientras le acariciaba la cabeza a Mateo, que seguía concentrado en su pudín—. Si gastan la dote en ropa cara, ¿les va a alcanzar para la fiesta?

Camila respondió sin mucha preocupación:

—Eligieron el de ochocientos cincuenta.

Valentina se masajeó la sien. Ochocientos cincuenta dólares, solo en un vestido de novia. Le vino una opresión al pecho. Conocía de sobra a la familia de Andrés. Si después les faltaba dinero para la boda o para los gastos de recién casados, al final iba a ser Andrés el que pusiera la diferencia. Y eso significaba que, una vez más, el dinero de su hogar terminaría sacrificado.

—Dios mío... —susurró Valentina. Ya ni sabía si sentir coraje o incredulidad.

A veces Valentina no entendía. ¿Por qué la familia de su esposo vivía como si siempre fuera a haber alguien que les resolviera todo?

—Ojalá Andrés abra los ojos pronto —dijo Camila, compadeciendo a su amiga que últimamente no paraba de tragarse corajes.

—Sí. Aunque en realidad no es solo Andrés el que tiene que reaccionar. Toda su familia necesita entender y dejar de cargarle todo al hijo mayor —replicó Valentina, molesta.

—¡Pues entonces a tu suegra y a tus cuñados hay que sentarlos y hablarles claro! —Camila se rio con ganas.

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Patricia Guerrero
Fascinante, me gustó mucho buen relato y un sabor agradable de mensajes sobre la comprensión, el apoyo y la unión de la familia. lectura fácil, son dejar cabos sueltos, me hizo reír, llorar, añorar, recapacitar. Estas lecturas vale la pena, deja una enseñanza y reflexión. gracias.
Rocio Rincon
bonita historia y enseñanzas
Gloria botero
Genial 🥰🥰🥰 me encanto la historia 👏👏
jacquelinne reyes
muy buena novela gracias a Dios no tuvo nada de mafia
anbell
una historia diferente de alegrías y desánimo.. de una reconciliación familiar con un final feliz ..con una lección de vida
Yoleyma Garcia
Ya me aburrió la novela, siempre lo mismo, una mujer con dinero, dueña de una empresa, imposible que aguante a un tipo sin personalidad propia, además que gastó los ahorros y no le dijo nada al esposo, ese mismo día lo mandó a dormir a casa de lis padres, es indignante
Ricardo Ramon Carrizo
excelente, felicitaciones 👏
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Viviana Patricia Keller
muy bueno
Guadalupe Mora Zetina
Andrés tu no tienes por qué estar cargando con problemas que no son tuyos que tú hermano se faje bien los pantalones y que se enseñe a de decir no que no siga siendo un pelele en manos de la familia de su esposa y tu hermano que les diga que ya no van a tener nada de el y si su esposa quiere irse que se valla que le pruebe a ver si es lo mismo ya estuvo suave de mantener a familias parásitos y vividoras ya estuvo por qué tú hermano sigue así de todos modos se acabará su matrimonio por qué el se va a cansar y a fastidiar que no sea tonto
Mirla Loyo
el problema de la familia de Andrés fue la mamá..y el padre por ser tan pasivo y tratar de participar en la destrucción de su hijo mayor, sin considerarlo, ni darle un hasta acá a la familia por comodidad de él mismo 😡
Dharahel
/Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
Mirla Loyo
lo insólito es que la vieja aparentaba una vida de lujos que no se podía dar ya que eran unos patas en el suelo 🤷‍♀️🤣
Mirla Loyo
que descarada ésa HDP viendo lo que vive y sufre Gabriel y aún no ve lo que padeció su hijo mayor 😡
Mirla Loyo
pero que vaina, una cosa es ser solidaria con la familia de vez en cuando, pero otra es estar resolviendo los peos a diario, Andrés debe poner una raya para los límites 😡
Mirla Loyo
la Carmen es descarada, llamar a la familia de Rosario sinvergüenza 🤣🤣🤣
Mirla Loyo
le llegó el karma a ésa gentuza 🤣🤣🤣🤣
Mirla Loyo
en pocas palabras no han aprendido es na'.. nadie le a echado en cara a ésa vieja HDP que es la responsable de la infelicidad de sus hijos 😡
Mirla Loyo
coño pero Diego a debido poner reglas porque si la mapanare de la vieja sigue interviniendo, no van a llegar muy lejos 🤷‍♀️
Mirla Loyo
con razón la familia lo chupó por años..es más gafo y caído de la mata 🤦‍♀️🤣🤣
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