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Tras el divorcio, el millonario me eligió a mí

Tras el divorcio, el millonario me eligió a mí

Status: Terminada
Genre:Hijo/a genio / Traiciones y engaños / Casada con el millonario / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:233.8k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Irin_Kokh

Durante siete años, Estela Ríos fue la esposa perfecta.
Renunció a una carrera prometedora, cuidó sola de su hijo y hasta quedó marcada por el accidente en el que salvó la vida de Adrián Valadez, su famoso marido. A cambio, recibió indiferencia, desprecio y un arete de perla que cayó del bolsillo de él la noche en que su amor de juventud regresó al país.
Entonces Estela vio el futuro.
Vio su propia muerte. Vio a Adrián casarse con otra mujer. Y vio a su pequeño Mateo crecer abandonado hasta convertirse en un hombre condenado a un final terrible.
Lo que Estela jamás imaginó fue que su hijo de cuatro años también recordaba aquella vida.
Esta vez, ella no permitirá que nadie escriba su destino. Pedirá el divorcio, luchará por la custodia de Mateo y recuperará la carrera que dejó enterrada durante años. Pero mientras intenta comenzar de nuevo, aparece Maximiliano Alarcón: el multimillonario más codiciado del país, un hombre frío ante el mundo y sorprendentemente dulce con ella y con su hijo.
Max conoce sus flores favoritas, recuerda sus pequeños hábitos y siempre aparece cuando más lo necesita. Estela no entiende por qué… hasta que descubre que él lleva quince años amándola en secreto.
Mientras Adrián comprende demasiado tarde a qué mujer dejó escapar, Estela deberá enfrentarse a una verdad aún más peligrosa: el futuro que vio no fue una casualidad, y alguien alteró su destino mucho antes de que ella pudiera elegir.
Una vez entregó su vida al hombre equivocado.
Esta vez, amará únicamente a quien ella decida.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21: La ventana y la protección

Le tomó tres días a Estela levantar el rodaje de entre los escombros que le había dejado Astra Shorts.

Consiguió otra locación —peor, más chica, pero suya—, cerró filas con los tres que le quedaban, y arrancó con la mitad de los extras y el triple de las ganas. "Si nos quieren enterrar", le dijo a su equipo la primera mañana, "vamos a demostrarles que de las cosas enterradas salen las semillas." Sonó a frase de calendario, pero funcionó: nadie se rajó.

Lo que no lograba explicarse era lo otro.

Empezó una tarde, al llegar a su edificio. La reja de la entrada, esa reja vieja que llevaba meses colgando de una sola bisagra y que ella ya había reportado tres veces al administrador sin éxito, amaneció nueva. Sólida, bien puesta, con una cerradura que servía. Estela pensó que por fin el administrador había hecho algo.

Después fue el foco fundido del pasillo, que llevaba semanas dejando la escalera a oscuras y por el que ella subía de noche con el corazón en la mano. Un día simplemente había luz. Luz blanca, nueva, y no solo ese foco: toda la escalera estaba iluminada, y habían puesto un sensor que la prendía sola al pasar.

Y luego fue la ventana.

Estela llegó del rodaje pasadas las diez, subió, abrió la puerta de su departamento, y se quedó parada en el umbral. La ventana de la sala —la que daba al callejón de atrás, la que ella siempre revisaba dos veces antes de dormir porque le daba miedo por Teo, la que un ladrón podría forzar en treinta segundos— tenía ahora una protección de herrería. No una reja fea de las que oscurecen todo, sino un herraje discreto, elegante, bien hecho, que dejaba pasar la luz y hacía imposible que nadie entrara. Y no solo esa: todas las ventanas del departamento tenían la suya.

—¿Tú viste quién vino? —le preguntó a la vecina de enfrente, que se asomó al oírla.

—Unos señores muy serios, de una empresa —dijo la vecina—. Dijeron que era cortesía del edificio. Trabajaron toda la mañana. También pusieron cámaras en la entrada, ¿ya viste? Oye, qué bien que se pusieron las pilas los del edificio, ¿no?

Estela cerró la puerta despacio. El edificio no se había puesto las pilas en su vida. Fue de ventana en ventana, tocando la herrería nueva con los dedos, con el pecho apretándosele de una manera confusa, entre el agradecimiento y el susto.

Teo salió de su cuarto en pijama, descalzo, y se paró a su lado. Miró las ventanas. Miró a su mamá. Y con esa tranquilidad suya que ya no la sorprendía, dijo:

—Fue el señor Max.

—¿Cómo sabes?

—Porque nadie más nos cuida así. —Teo lo dijo como quien enuncia una ley de la naturaleza—. El administrador nunca arregla nada. Papá tampoco arreglaba nada. Solo el señor Max arregla las cosas antes de que se rompan.

Estela se agachó a su altura.

—¿Por qué dices eso, mi amor?

—Porque le tiene miedo a que me pase algo. —Teo se encogió de hombros, muy chiquito—. Le pregunté un día si el callejón de atrás era peligroso, porque yo tuve un sueño feo. Y no me contestó nada. Pero puso una cara. —El niño la miró—. Los grandes creen que uno no se da cuenta de las caras.

A Estela se le hizo un nudo en la garganta.

La confirmación le llegó el fin de semana, cuando Max pasó por ellos para llevarlos a comer. Estela no le dijo nada de las ventanas. Esperó a estar en el coche, con Teo entretenido atrás mirando por la ventanilla, y entonces, sin voltear a verlo, dijo:

—Pusieron protección en todas mis ventanas. Y arreglaron la reja. Y la luz de la escalera. Y hay cámaras en la entrada.

Max no apartó la vista del camino.

—Qué bueno —dijo, tranquilo—. Ese edificio estaba inseguro.

—Max.

—Mmm.

—Mírame.

Él la miró, en el semáforo, con esa cara de piedra que a estas alturas ella ya sabía leer como un libro abierto. No lo negó. Nunca negaba nada. Simplemente sostuvo su mirada, sin disculparse.

—El callejón de atrás no tiene vigilancia —dijo él, al fin, en voz baja para que el niño no oyera—. Y tu ventana se abría desde afuera con una tarjeta. Lo comprobé. —Apretó la mandíbula—. No podía dormir sabiendo eso. Con Teo ahí adentro. Contigo ahí adentro.

—Pudiste decírmelo.

—Me hubieras dicho que no.

Tenía razón, y los dos lo sabían.

Esa noche, después de comer, cuando dejaron a Teo dormido y salieron un momento a la terraza del departamento de Max —porque a ratos ella subía, ahora, sin que hiciera falta pretexto—, él sacó del saco una caja pequeña, forrada en terciopelo azul oscuro, y se la puso en la mano sin ceremonia, como quien pasa la sal.

—Toma.

Estela la abrió. Adentro, sobre la seda, había un par de aretes. Dos zafiros de un azul profundo, oscuro como el cielo de San Rafael a medianoche, tallados con una perfección que hasta ella, que no sabía de joyas, entendió que valían una fortuna.

—Max. —Cerró la caja de golpe, casi asustada—. No. Esto es… esto es demasiado. ¿De dónde…?

—De una casa francesa. Los hizo un maestro joyero, hace ochenta años. —Lo dijo con la misma indiferencia con que había hablado de la reja—. Salieron a subasta hace un mes. Me acordé de ti en cuanto los vi. El azul. —Se encogió de hombros—. No tienen nada de especial.

—¡Fueron a subasta! ¡Eso no es "nada de especial", Max!

—Para mí lo especial es que se te vean puestos —dijo él, sin inmutarse—. Lo demás es dinero.

Y ahí estaba otra vez esa manera suya de aplanar montañas como si fueran nada. Estela se quedó con la caja en la mano, los aretes ardiéndole en la palma, y sintió todo junto: las ventanas, la reja, la luz, el café sin azúcar, las flores de su niñez, el paraguas de hacía quince años, el pan tibio. Un río entero de cuidado que venía de muy atrás y que ella apenas empezaba a ver completo.

—Max —dijo, y esta vez la voz le salió temblando—. ¿Por qué haces todo esto por nosotros? Y de verdad. No me digas que era inseguro, ni que te acordaste de mí. Un hombre no cuida así a alguien por casualidad. Quince años, Max. Las ventanas. Todo. ¿Por qué?

Max se quedó callado mucho rato, con la ciudad brillando abajo y el viento moviéndole apenas el pelo. Algo cruzó por su cara, esa sombra vieja que ella ya le había visto un par de veces, la de alguien que carga un secreto que no sabe cómo soltar sin que le explote en las manos.

Le tomó la cara con las dos manos y le besó la frente, despacio, como quien pide una tregua.

—Algún día —dijo, con la voz ronca contra su piel— te lo voy a contar todo. Te lo prometo. Todo. —Se apartó apenas para mirarla a los ojos—. Pero todavía no. Déjame quererte un poco más antes de que sepas de dónde viene todo esto.

Y Estela, que había aprendido a los golpes a desconfiar de los hombres que ocultan cosas, se descubrió con un escalofrío que a este, contra toda lógica, le creía.

1
beba hernandez
Esto parece brujería /Gosh/
beba hernandez
El mismo destino de Estela en su primera vida/Right Bah!/
beba hernandez
Durante muchos capítulos he estado pensando que Máximo también reencarno....
Silvia Muñoz Muñoz
También que iba la novela ,ningún hombre aguanta eso ,ya no me gusto
Silvia Muñoz Muñoz
No me gusta la actitud de la protagonista
Alicia Rodríguez
que actitud tan errónea que tomó Estella huyendo de Max
beba hernandez
El poder de Max👏
beba hernandez
Ahí es donde su bebé Teo la va a guiar🥰🥰
Alicia Rodríguez
hay Dianita ud debe saber que entre cielo y tierra no hay nada oculto
Alicia Rodríguez
Adrián esta buscando que Maximiliano lo deje en bancarrota 😡
Alicia Rodríguez
Adrián esta buscando que Maximiliano lo deje en bancarrota
Alicia Rodríguez
Maximiliano y Elena se entregaron a las mieles del amor
Alicia Rodríguez
que bonita declaración 🥰
Solange Fuentes
Demasiado bella ésta historia!! un poco confusa en los tiempos, pero no le quita lo bonito y única. Felicidades escritora, bien merecidas esas 5 estrellas. Un abrazo desde Cumaná Estado Sucre. Venezuela 🇻🇪
Arcadia Med Caudillo
solo recuerda el amor es ciego tiene despertar al 100
Silvana Termesana
Mucho misterio y nada se aclara llega a ser aburrido escritora no quisiera abandonar pero si no hay algo en concreto esto se hace tedioso 😔
Alicia Rodríguez
que pensó Ofelia que Estella iba a ser siempre su esclava 😡😡
Silvana Termesana
Ups la mamita le va a pegar al idiota x según ella rebajarse jajaja 🤭
Sergio Fernandez Diaz
que linda historia de amor de juventud y que a pesar del tiempo aun sigue 🥰🥰🥰
Maria Valdez Cardozo
excelente felicitaciones autora...
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