Creció entre miedo y humillaciones, aferrándose a la ilusión de que algún día él sería su salvación.
Pero la verdad fue mucho más cruel: el corazón del hombre que amaba siempre le perteneció a otra.
Un embarazo inesperado los obligó a casarse, convirtiendo su matrimonio en una jaula hecha de silencios, desprecios y heridas. Cada día a su lado era una batalla perdida… hasta que un día decidió desaparecer.
Huyó con su hijo y dejó atrás una mentira perfecta: su propia muerte.
Lejos de él reconstruyó su vida desde las cenizas. Aprendió que merecía respeto, paz… y quizá incluso amor. Pero cuando alguien aparece dispuesto a darle todo lo que nunca tuvo, su corazón vuelve a temblar ante la posibilidad de confiar otra vez.
Entonces el pasado regresa.
El hombre que la destruyó ha descubierto la verdad… y está dispuesto a recuperarla a cualquier precio.
Pero esta vez ella no es la misma.
Porque ya no es la mujer que él rompió.
Y ahora será ella quien decida quién merece quedarse en su vida.
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Narrador omnisciente
Rodrigo observa a la pelirroja que se arregla feliz ya que esa noche es la última reunión familiar antes de irse de luna de miel, aún que aún no sabe cómo darle la noticia que no le agradara pero que luego la compensara.
Han pasado un par de meses desde ese accidente que se llevó a su hijo y a la madre de su hijo.
Y aún que no estaba seguro de casarse, creyó que lo mejor era seguir con su vida. Ahora el y Olivia eran marido y mujer pero aún no logra saber por qué no se siente como siempre imagino.
No hay felicidad.
Se mudo de casa ya que los recuerdos del pequeño eran algo que no lo dejaba seguir.
Se lamentaba el que no compartio mucho tiempo con el. Le lloro por mucho tiempo, solo en su despacho.
Pero había algo que no lo dejaba tranquilo era ese ligero dolor en el pecho cada que alguien mencionaba el nombre de Cecilia.
quizás ya se había acostumbrado a ella.
Piensa mientras Olivia camina hacia el abrazandolo.
—Llegaremos tarde, tus padres nos esperan.
Dice la pelirroja, y juntos llegan a casa de los padres de Rodrigo quienes los esperan felices de ver a la pareja juntos.
La madre de Cecilia es otra que no cabe de felicidad, temía que un día su hija se diera cuenta de que ella era la dueña de todo y la dejara sin nada, pero ahora que ya no estaba ahora ella era oficialmente la dueña de todo.
Toda la noche la comparten entre risas y alegría.
Todo parece perfecto.
—Espero que cuando regresen de la luna de miel haya un nieto en camino.
Comenta la madre de Rodrigo quien lo único que extraña es al pequeño nieto.
—¿Y mi abuelo?
Pregunta Rodrigo y su padre suspira.
—Sigue investigando todo, no cree que después del secuestro solo hayan caído por el puente hay cosas que no encajan.
Dice y Olivia se tensa a un lado.
Miran a la madre de Cecilia quien está feliz y es cierto que a su hija la odiaban por ambiciosa y por la jugada que hizo, pero era muy diferente a fingir que nada había pasado. Cecilia fue quien le dió al primer nieto a la familia.
—Ya paso, hay que seguir con nuestras vidas.
Dice y Olivia se levanta para sentarse a su lado y abrazarla.
—Ya madre, aquí estoy yo.
Dice la pelirroja y para todos los presentes es lo más tierno que han visto.
La noche termina y cada quien regresa a su casa.
Rodrigo conduce y nadie sabe que cada noche por un mes fue al lugar donde fue el accidente, se adentraba al lugar como queriendo buscar algo que sabía que nunca encontraría.
Olivia recuesta la cabeza en su hombro.
—Es como si el destino nos recompensara por todo el tiempo separados, ahora a empezar de cero, no quiero que se nombre más ni a Cecilia ni a Matías.
Le dice la pelirroja y Rodrigo detiene el carro cuando escucha lo que su amada acaba de decir.
—¿Que dijiste?
—Rodrigo, tendremos nuestros propios hijos y lo mejor es evitar recordar los errores del pasado.
Dice segura pero Rodrigo no lo toma nada bien.
—Matias era mi hijo, cuando dijiste que no lo era llegué a creerlo, se hizo la prueba de paternidad y lamentare todo ese tiempo que pase ignorandolo.
—Me equivoqué.
— No fue tu culpa fue mía por creerlo.
—¿Ahora la defiendes? Solo se que Cecilia andaba con muchos. Que bien, Cecilia debe estar feliz de que aún después de muerta sigue ocasionando problemas. Pienso que estás vacaciones nos hará bien.
—Olivia, no habrá luna de miel.
La cara de la mujer es de sorpresa.
—¿Que?
—Sin mi abuelo de respaldo tengo mucho trabajo, intenté sacar tiempo pero no pude.
—Tienes trabajadores, que lo hagan ellos.
—Estos meses ha habido una caída enormemente, hemos perdido socios y está inestable.
— No, no lo acepto.
Le dice ella molesta.
—No te estoy preguntando, solo te estoy diciendo.
Le dice y por un momento le recuerda las palabras que le dijo en el comedor a su hermanastra.
—Yo no soy Cecilia que solo agachara la cabeza a lo que digas.
Le dice y el sonríe golpeando el volante con sus manos.
—Me queda muy claro que no lo eres.
—¿Que quisiste decir?
—Olivia llevamos meses queriendo concebir y solo no ocurre.
—Podemos adoptar.
Dice y el no puede creer que eso haya salido de la boca de su esposa.
—Se supone que el bebé era solo un motivo para que el abuelo nos dejara estar juntos pero ahora no hay nada que nos impida.
Hecha andar el auto en silencio, y Olivia se arrepiente de lo que acaba de decir.
Y su asombro es más cuando nota que regresan a su casa y Rodrigo baja, da la vuelta y abre su puerta.
—Sal.
—Rodrigo.
—Que salgas.
El grito de el la deja sorprendida y baja ya que nunca le había hablado asi.
El cierra y vuelve a subir a su carro dejandola ahí parada sola.
Olivia suspira frustrada ya que no sabe por cuánto tiempo podrá seguir tomando anticonceptivos, pero es algo que tiene guardado para doblegar a Rodrigo cuando su matrimonio vaya mal, entonces le dará el hijo que tanto quiere.
Rodrigo conduce al lugar donde hace un par de meses perdió a su familia.
Aún hay restos del carro calcinado de los secuestradores.
Y el recuerdo cuando se enteró de la noticia le llega de golpe haciendo que se arrodille.
Una parte de el quiere creer en lo que dice su abuelo, llevan tiempo esperando la llamada de los secuestradores que no llega y por primera vez piensa en Cecilia sin coraje, más bien como la madre de su hijo que lo protegió hasta el último momento.
Esas fueron las palabras del chófer.
—La mirada de la señora Cecilia era de miedo y apretaba al niño Matías a su cuerpo protegiendolo.
Y eso le gana a todo el odio por qué tenía que reconocer que siempre fue una buena madre.
bueno autora las historias no son para todas dices pero yo a un que me enoje y diga que las actividades de los personajes no me gusta siempre es un deleitó leer historias gracias por esta que sin dudar estuvo de 100