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Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Posesivo / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Mi esposo quería quedarse con mis bebés, criarlos con su amante y echarme después del parto.
Pero mis gemelos no eran suyos.
La clínica había usado por error la muestra de Jerónimo Alcántara, el magnate más temido de México.
Decidí divorciarme, recuperar mi dinero y sacar a la luz las mentiras de los Cardona. Rodrigo creía que yo no era nadie sin su apellido. Pronto descubriría cuánto le iba a costar haberme subestimado.
La esposa que había humillado era V, una artista reconocida. Y el hombre al que él jamás se atrevería a desafiar llevaba tiempo buscándome.
Mientras mi matrimonio se derrumbaba, Jerónimo empezó a hacer algo que mi esposo nunca había hecho: escucharme, protegerme y tomarse en serio lo que yo quería.
Ahora mi ex me ruega que vuelva.
Pero el padre de mis gemelos quiere casarse conmigo.
Y yo no pienso volver con el hombre que quiso quitarme a mis hijos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15

La línea decía que yo debía facilitar el contacto con V para que su obra acompañara el tratamiento de Estrella.

La leí otra vez.

—No puedo comprometer a otra persona —dije—. Ni garantizar lo que un cuadro pueda hacer por su hermana.

Jerónimo tomó la hoja, pero no la retiró.

—No estoy pidiendo una garantía médica.

—Entonces hay que escribirlo de otra forma.

Él miró la cláusula. Yo estaba acostumbrada a que esa clase de conversación terminara con alguien diciéndome que no fuera difícil. Esperé la frase.

—Dígame cómo lo propone —respondió.

Pedí que la protección no dependiera de conseguir a la artista, que cualquier encargo se negociara aparte y que yo conservara a mis abogados y escoltas. La información de mi embarazo no tenía por qué pasar por su equipo sin que yo lo autorizara.

Al decir eso último levanté la vista. Jerónimo no hizo ningún gesto que me permitiera saber cuánto sospechaba.

—Puede intentar el contacto sin prometerme un resultado —dijo.

—Puedo intentarlo. Y usted puede recibir un no.

—Lo sé.

No estaba segura de que le gustara recibirlo. Me bastó con que aceptara dejarlo escrito.

Llamó a Lino para que prepararan una versión corregida. Mi abogado la revisaría antes de firmar. Leímos la versión corregida antes de firmarla. Jerónimo esperó a que terminara; yo tardé más en la última página de lo que hacía falta.

Mientras esperábamos, Jerónimo me preguntó si quería comer. Dije que no y el estómago me contradijo.

No se rio. Pidió que trajeran algo sencillo y dejó de hablar de contratos mientras yo comía.

Jerónimo acercó el vaso para que no tuviera que estirar la mano vendada. Era un gesto pequeño; yo llevaba meses esperando cosas pequeñas de Rodrigo. Me molestó sentir ganas de quedarme en aquella mesa cuando había ido para negociar cómo salir de otra. La ayuda podía aceptarla por los niños. Las ganas de volver a verlo eran mías.

—Necesito salir de los Cardona antes de resolver nada más —le dije.

Jerónimo asintió.

—Empiece por eso.

Firmamos el acuerdo cuando terminaron las correcciones. La búsqueda de V quedó como una colaboración voluntaria, separada de la protección. No acepté que él entrara en mis decisiones por haber pagado un equipo.

Le estreché la mano. La sostuvo lo necesario para mirarme, no para impedir que la retirara.

Durante las semanas siguientes, los abogados ordenaron los asuntos pendientes y prepararon la presentación. Yo reuní los documentos de bienes que me pidieron, aseguré mis ingresos y dejé de regresar a dormir al departamento nupcial. La venta debía esperar a que estuviera claro qué podía disponer y cómo entregar la propiedad.

La nueva obstetra siguió el embarazo. En las consultas me hacía preguntas que nadie había tomado en serio antes: dónde dormía, quién sabía dónde estaba, a quién quería llamar si necesitaba ayuda.

Todavía decía a Poncho casi siempre.

Beto y Tito empezaron a trabajar con el equipo de Lino. Revisaron rutas, acordaron horarios y me pidieron que no cambiara de destino sin avisar. Protesté una vez porque parecía que debía pedir permiso para comprar pan. Beto me enseñó la diferencia entre avisar y pedir permiso, y no me gustó descubrir que llevaba años confundiéndolas.

Poncho me dio un broche con una pequeña baliza y me hizo practicar la señal de alerta.

—No lo estrenes cuando ya lo necesites —dijo.

Probamos que llegara el aviso y que el equipo recibiera mi ubicación. Lo prendí dentro de la ropa. Deseé no acordarme nunca más de él.

Antes de ir al juzgado reuní a Poncho y a Flor en el café.

No les pedí lealtad. Les dije qué esperaban los abogados y qué información no debían tener que llevar de un lado a otro por mí.

Flor quería seguir ayudando desde la casona.

—Si te descubren, te vas —le pedí—. No hace falta una última foto.

—También quiero cobrar lo que me deben —respondió.

Poncho anotó que hablarían de eso con quien correspondiera. Me gustó oírla pensar en su propio trabajo. Había vida fuera de mi guerra, incluso para las personas que me estaban ayudando a salir de ella.

Presenté la solicitud de divorcio incausado con mi abogado. Los documentos sobre amenazas y el tratamiento seguirían las vías que nos indicaran; no necesitaba convertir cada agravio en un requisito para dejar de ser esposa de Rodrigo.

Firmé, revisé el acuse y guardé la copia.

Afuera no pasó nada extraordinario. Había una fila en la entrada y alguien discutía por un lugar para estacionarse. Yo llevaba varios minutos esperando sentir algo y lo que sentí fue hambre.

Poncho me acompañó a comer.

Por la noche llamó Flor. Rodrigo ya sabía de la solicitud. Sus abogados habían recibido la noticia y él se la llevó a Genaro antes de que avanzara la notificación formal.

—Su papá pidió que fueran todos al despacho —me contó.

Le pregunté si estaba lejos de la puerta. Dijo que llamaba desde el cuarto de servicio.

Genaro no había gritado. Según Flor, abrió el informe que pretendían usar contra mí y preguntó qué podían hacer para detener el proceso. Cuando Rodrigo respondió que todavía podía convencerme, lo interrumpió.

—Ella ya puso a trabajar a sus abogados. Tú deja de hablar como si estuviera esperándote.

Ofelia había propuesto vigilar mis salidas.

Me levanté de la mesa.

—Flor, vas a salir de ahí en cuanto puedas. Avísale a tu hermana. Poncho va por ti.

—Hoy no puedo irme sin que pregunten…

—Que pregunten.

Después de colgar envié el aviso a mi equipo. La solicitud estaba presentada, pero seguía habiendo una familia que sabía dónde buscar a las personas cercanas a mí.

Al guardar el teléfono, comprobé que llevara puesto el broche.

1
Mar Sol
¡¡Ándale!! ¡¡Sin vergüenza!! Ofelia es malvada, ahora sí, se le callo el teatrito.
Mar Sol
Jerónimo ya se dió cuenta, que Renata es, V.
Mar Sol
¡¡Hay Dios!! si Jerónimo cuida a Renata sin saber lo de los bebés, pues ahora más la va a cuidar, por que ya investigó quien lo va hacer padre.
Gloria...🇻🇪
La manzanilla no es buena para las embarazadas
Mar Sol
Rodrigo es un cretino, infiel, no merece ni un gramo de consideración de parte de Renata, afortunadamente, Jerónimo está pendiente de ella.
Mar Sol
Jerónimo, acertadamente se acercó a la persona que puede ayudar a su hermana.
Mar Sol
Horrible persona es Ofelia, necesita un escarmiento por entrometida y despreciable.
Mar Sol
Jerónimo se dió cuenta que ella es V.
Mar Sol
¡¡que horror!! Rodrigo es un poco hombre, Ofelia y Ámbar, son unas descaradas.
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