Monique es médica, independiente y decidida. Después de que su ex la traicionara, tomó una resolución radical: tener un hijo sola mediante inseminación artificial en una clínica de Albania. El procedimiento salió bien —o eso creyó—, hasta que un desconocido irrumpió en la sala en el peor momento posible.
Meses después, con una bebé preciosa en brazos y una vida reconstruida al lado de su familia en casa, Monique está convencida de que lo peor ya quedó atrás. Hasta que veinte hombres armados invaden el comedor durante el desayuno.
Al frente de ellos está Drilon Meksi: segundo hijo de la mafia albanesa Exilio, ejecutor implacable y —según él— el verdadero padre biológico de Estela.
Drilon no vino solo a reclamar a su hija. Vino a llevarse a las dos.
Arrancada de su mundo y encerrada en la mansión de una de las familias más temidas de Albania, Monique descubre que su única opción es aprender a sobrevivir entre mafiosos. Pero la matriarca Hana le enseñará que las batallas más importantes no se ganan con rabia, sino con inteligencia. Que el respeto pesa más que la imposición. Y que a veces los muros más gruesos no están en las fortalezas, sino dentro de las personas.
Mientras Monique lucha por proteger a Estela y recuperar su libertad, algo inesperado empieza a crecer entre ella y el hombre que juró odiar: pequeños gestos, conversaciones honestas, un padre que arrulla a su hija con una ternura que contradice todo lo que representa.
¿Puede una mujer libre enamorarse de un mafioso sin perderse a sí misma?
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capítulo 6
DRILON— Bienvenida a tu nueva casa, muñequita. —Entró con la bebé en brazos—. No te preocupes por la bola de grandulones armados, es todo para tu protección.
AGIM— ¿Qué es esto, Drilon?
DRILON— Es mi hija. —Respondió sonriendo.
HANA— ¿Cómo que tu hija?
BESNIK— Déjenme que les explique. —Bajó las escaleras después de dejar a Isabela en su habitación—. La exesposa loca de Drilon armó un plan para quedar embarazada de él, pero salió mal. Se intercambiaron las muestras y quien terminó embarazada fue otra mujer, que en este momento está arriba queriendo matar a Drilon. Yo también traje una. Voy a llevarle algo de comer; no quiero que me interrumpan porque pienso ponerle aceite de masaje en el cuerpo y eso puede tomar un rato. —Se dirigió a la cocina.
HANA— Secuestraste a una mujer.
DRILON— No la secuestré. Simplemente traje a la madre de mi hija a nuestra casa sin su autorización. Eso no puede considerarse un secuestro.
AGIM— Déjame ver a esa criatura. Armaste semejante revuelo; ¿quién garantiza que es tuya? —Se acercó a su hijo y clavó los ojos en la bebé. Estela le regaló una sonrisa desdentada que conquistó el corazón helado del viejo mafioso—. Ven con el abuelo. —La tomó en brazos.
HANA— ¿No sería mejor hacer un ADN?
AGIM— No vamos a hacer ningún ADN. Es la cara de Drilon, y aunque no lo fuera, yo siempre quise una hija. Solo tuve a estos tres irresponsables. Se queda aquí y punto. —Estela le acarició el rostro lleno de cicatrices.
ESTELA— Ma, ma, ma. —Empezó a chuparse los deditos.
Chuparse el dedo es un reflejo natural y reconfortante para los bebés, presente desde el útero. Ese comportamiento los calma y los ayuda a sentirse seguros durante momentos de sueño, estrés, aburrimiento o hambre.
DRILON— Qué linda, se chupa el dedito desde el avión. —Le acarició el cabello liso.
HANA— Pedazo de burro, ¿cuándo fue la última vez que alimentaste a esta criatura?
DRILON— ¿Alimentarla? —Preguntó confundido.
AGIM— Y este quiere ser padre.
HANA— Esta niña quiere leche. Del pecho o del biberón.
DRILON— ¿Pecho? —Se animó de inmediato—. La mamá tiene dos y bien servidos. Vamos, hija: un pecho para ti y otro para papá. —Tomó a la bebé y subió las escaleras.
HANA— Debí haber usado un condón. —Soltó mirando a Drilon alejarse.
Hana se sentó en el sofá y un silencio se instaló en la sala. Nadie dijo nada, hasta que un grito se escuchó desde arriba.
ALTIN— ¿Qué diablos fue eso? —Salió del despacho.
BESNIK— Vino de arriba. —Ya tenía el arma en la mano.
Drilon bajó las escaleras a los tropezones, con una mano en el hombro que sangraba y un cuchillo clavado hasta el fondo.
DRILON— ¿Quién dejó ese maldito cuchillo en la habitación?
BESNIK— La habitación es tuya, imbécil.
HANA— ¿Qué pasó?
DRILON— Mamá, fue increíble. Subí las escaleras con mi hija en el brazo derecho, abrí la puerta, Monique me clavó el cuchillo en el hombro, agarró a la niña y me empujó afuera.
ALTIN— Ya veo que la estadía de Monique aquí va a ser muy entretenida. Vuelvo al trabajo. —Regresó al despacho.
AGIM— Tu prometida llega la próxima semana.
ALTIN— Está bien. Voy a salir a divertirme hoy, ¿puedo? Antes de casarme con una mujer que ni siquiera conozco.
HANA— Sí la conoces. De niños, ella venía aquí con su hermano mayor.
ALTIN— Sí, la hermana fea de Salrano.
AGIM— No quiero que maltrates a esa muchacha.
ALTIN— Soy un hombre, papá. Seré un buen marido para ella. Fiel. Pero no esperen que la ame.
HANA— Que la respetes. Eso es lo que importa.
DRILON— ¿Podrían ayudarme a sacar este cuchillo de mi hombro? Me duele como la mierda.
BESNIK— Déjamelo a mí. Mamá, sujétalo, por favor. —Jaló el cuchillo del hombro de su hermano—. Toma, imbécil. —Le entregó el cuchillo a Drilon.
DRILON— Estoy enamorado, mamá.
HANA— Ahora sí estoy segura: debí haber usado un condón y evitar que este burro naciera.
AGIM— Al menos me dio una nieta. Ya no sirve para nada más. Deja que la mujer de arriba lo mate. —Se marchó a su habitación.
HANA— ¿Qué piensas hacer?
DRILON— Casarme con ella. Si no me mata primero.
HANA— Sea lo que Dios quiera.