Una venganza despiadada cambiaron el destino de Ania para siempre. Convertida en víctima de una inseminación artificial, se descubrió embarazada de un completo desconocido, sin comprender cómo la crueldad humana había llegado tan lejos.
Rechazada y repudiada por su familia, no tuvo más opción que huir hacia las sombras.
Años después, el tiempo ha borrado a la joven indefensa: Ania regresa transformada en una mujer inquebrantable, sin saber que el destino le tiene preparado es un giro inesperado, en su camino se cruzará con el del verdadero padre de sus gemelos, un hombre de un poder inimaginable que jurará hacer arder a quienes se atrevieron a lastimarla.
Jairo Velarde jamás imaginó que la sangre de su sangre corría por las venas de dos pequeños inocentes. Sin embargo, al caer rendido ante el misterio y la belleza de Ania, descubrirá una verdad tan impactante que sacudirá los cimientos de su vida.
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CAPITULO 09: Rescate
En la clínica La Luz, el cuerpo inerte de Ania cruzó las puertas de emergencias en una camilla de traslado.
Roberto Carrillo avanzó con paso firme hacia el mostrador VIP, donde una enfermera revisaba unos historiales.
“Señor Carrillo, bienvenido. El doctor Mendoza se encuentra en una cirugía de urgencia en este momento” informó la mujer con amabilidad profesional “Si gusta, podemos derivar a la joven al doctor Solano, es un especialista”
“No” cortó Roberto de inmediato, con una frialdad que congeló a la recepcionista “Necesito un quirófano privado ahora mismo. Anestesien a mi nieta y prepárenla”
La enfermera titubeó, mirando el rostro pálido y golpeado de la menor “Señor, el protocolo exige una orden médica previa y...”
“¡Haga lo que le digo si quiere conservar su empleo mañana por la mañana!”, reprochó Roberto, dando un puñetazo en el mostrador.
Luego, se giró hacia su guardaespaldas de confianza “Vigílala bien. No te muevas de la puerta, iré por un café”
Minutos después, Ania ya descansaba bajo los efectos de una fuerte sedación, tendida sobre la fría camilla de acero de una sala quirúrgica VIP, completamente desprotegida.
…….............
Juan irrumpió en el vestíbulo de la clínica poco después. Sudoroso, con la ropa desaliñada y los ojos desorbitados por el pánico, se abalanzó sobre la recepción principal “Mi hija... Ania Gallegos Carrillo... ¿Dónde la tienen?”
La recepcionista tecleó rápidamente en el sistema, confundida por los apellidos “No hay ningún registro de ingreso con ese nombre, señor”
“¡Tiene que estar aquí!”, exclamó Juan, golpeando el mostrador.
Una enfermera que pasaba por el pasillo contiguo se detuvo al escuchar el nombre. Era la misma que había asistido en la sedación de Ania bajo las amenazas de Roberto.
Miró a los lados y se acercó a Juan con paso rápido “Yo sé dónde está” susurró “Sígame”
Juan soltó el aire que contenía y la siguió hacia el banco de ascensores.
Las puertas se cerraron y el indicador comenzó a subir.
“Aún no le han hecho nada a su hija” explicó la mujer en voz baja “El doctor principal sigue atrapado en una intervención. Solo la anestesiaron”
Al escuchar aquellas palabras, Juan sintió que el alma le regresaba al cuerpo. El destino le estaba dando una última oportunidad, todavía había tiempo.
…….........
En el pasillo del piso superior, el doctor de guardia conversaba en voz baja con el guardaespaldas de Roberto.
Juan, alertado por el peligro, se ocultó detrás de la silueta de la enfermera justo a tiempo.
“Vaya a la cafetería y avísele al señor Carrillo que el quirófano está listo, yo me encargo de custodiar la entrada” le escucharon decir al médico.
En cuanto el custodio se retiró por el pasillo, la enfermera avanzó firmemente “Doctor, el padre de la paciente acaba de llegar”
Juan se adelantó.
El médico lo reconoció de inmediato de los eventos sociales; sabía perfectamente que era el yerno del poderoso Roberto Carrillo.
“Ah, hola... ¿Qué es lo que tiene su hija exactamente? Según me cuentan su suegro vino muy alterado” preguntó el doctor, visiblemente confundido por el secretismo.
Juan obligó a sus músculos faciales a relajarse. Esbozó una sonrisa cansada y avergonzada, activando el don de la actuación que requería la situación.
“Lo siento, doctor... Acabo de aterrizar de un viaje de negocios de emergencia. Me informaron de un accidente menor y la verdad es que solo quiero verla antes de que procedan... Por favor, déjeme pasar un minuto”
El médico, relajando los hombros, asintió “Entiendo, señor. Los espero en mi consultorio en cinco minutos; la enfermera le indicará la habitación donde está su hija”
Juan asintió con cortesía y esperó a que el médico se diera la vuelta.
Al entrar a la sala VIP y ver el cuerpo de su hija inconsciente, el alma se le partió en mil pedazos. La niña de sus ojos, siempre tan llena de vida, lucía inerte y frágil.
Sin perder un segundo en lamentos, Juan arrancó la sábana de la camilla, envolvió el cuerpo de Ania con cuidado y la cargó en vilo.
Asomó la cabeza por la rendija de la puerta; el pasillo estaba desierto. Salió a paso rápido, arrastrando los pies para no hacer ruido.
Justo cuando se aproximaba al ascensor de servicio, una enfermera de planta salió de una habitación lateral, deteniéndose en seco al verlo con el bulto en brazos.
“¿A dónde lleva a esa paciente?”,, preguntó con sospecha.
Juan no parpadeó. Improvisó con una naturalidad pasmosa, fingiendo indignación “No puedo pagar este piso VIP... Hubo un error administrativo abajo y trasladaron a mi hija aquí por equivocación. Nos mudamos a la sección general”
La mujer lo escaneó de arriba abajo. Al notar sus ropas desarregladas y la falta de un traje de diseñador, asumió que se trataba de un cliente de clase baja.
Frunció el ceño con desprecio “Lárguese entonces...” murmuró, dándole la espalda.
Juan presionó el botón del ascensor, al subir, marcó el primer piso.
Sabía que cruzar por la recepción principal sería un suicidio; el guardia de Roberto ya debía estar regresando.
Sus ojos, siempre entrenados para observar los detalles, captaron a un camillero saliendo por una puerta doble gris al fondo de un pasillo técnico: era la salida de mantenimiento.
Con paso firme y el corazón latiéndole en los oídos, arrastró los pies por el área restringida. Cada esquina era un riesgo mortal; cada par de ojos, una amenaza de prisión. Pero la fortuna estuvo de su lado.
Segundos después, el aire frío de la noche de la ciudad le golpeó el rostro. Estaba fuera, libre, con su hija en los brazos.
Sin embargo, el peligro latía en las sombras. Sabía perfectamente que en cuanto Roberto descubriera la camilla vacía, desataría una cacería infernal que peinaría cada rincón de la región.
Caminó apresuradamente hacia la avenida principal, estiró el brazo y plantó un taxi disponible. Subió en el asiento trasero, acomodando el cuerpo sedado de Ania contra su pecho.
“A esta dirección, rápido” le dictó al chofer.
Durante todo el trayecto, Juan no soltó a su hija. El miedo lo acompañaba como un pasajero silencioso en cada semáforo, en cada esquina.
…….....
En el pequeño departamento, Pía se sobresaltó en la cama al escuchar el timbre.
Una oleada de temor la recorrió; no esperaba a nadie a esa hora.
Caminó con sigilo hacia la cocina, tomó un cuchillo de cocina de hoja ancha y se acercó a la puerta principal con la respiración contenida.
“¿Quién es?” preguntó, con el arma en alto.
“Hija... soy yo” la voz cansada de Juan atravesó la madera.
Pía quitó los cerrojos de inmediato. Al abrir, se llevó una mano a la boca “¡Papá! ¿Qué pasó?”, preguntó, aterrorizada por el aspecto herido de su padre y el cuerpo inerte de su hermana.
“Pasemos primero, hija. Luego te cuento todo” respondió Juan.
Pía se hizo a un lado rápidamente, cerrando la puerta con doble llave detrás de ellos.
Tras acomodar con extremo cuidado a Ania en la habitación que ya tenían preparada para su futura mudanza, Juan salió al pasillo, dejando que Pía le cambiara la ropa de hospital a su hermana por prendas cómodas.
…...........
Minutos después, Juan bebía un vaso de agua en la cocina, con la mirada perdida en los ventanales que mostraban la silueta oscura y fría de la ciudad.
Pía se colocó a su lado, cruzada de brazos. Con voz pausada, Juan le relató los horrores de la mansión Carrillo.
La joven estalló en un llanto amargo, limpiándose las lágrimas con la manga del suéter.
“Son unos monstruos... unas bestias” sollozó “Pero papá... ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo salió embarazada Ania? Yo la acompaño a todos lados, compartimos todo... Ella jamás ha tenido un novio, ni siquiera un interés. Es imposible”
Juan soltó un largo suspiro, apoyando las manos en la encimera “No lo sé, hija. Ania me juró con el corazón en la mano que no sabe cómo ocurrió... y yo le creo a mi hija”
Pía se quedó pensativa, uniendo cabos sueltos en su mente mientras recordaba los últimos meses “Papá... ¿Y si no fue de forma natural?”
Juan la miró de reojo, frunciendo el ceño “¿Qué quieres decir con eso?”
“Inseminación... Como en las novelas. Piensa en el día que la internaron de urgencia por esa supuesta "alergia severa" en la clínica” expuso Pía.
Un silencio sepulcral cayó sobre la cocina. Las piezas del rompecabezas encajaron con una precisión escalofriante.
Juan cerró los ojos, sintiendo un peso enorme en el pecho “Dios mío...”
“Tenemos que ir a la policía, denunciemos esto ahora mismo” propuso Pía con urgencia.
Juan negó con la cabeza de inmediato, tomándola de los hombros “No, mi pequeña. La justicia en esta ciudad tiene el precio que el apellido Carrillo decida pagar. Mañana mismo nos vamos de aquí, si nos quedamos, volverán a intentar acabar con la vida del pequeño que Ania lleva en el vientre... y con la de ella”
Pía bajó la mirada, asimilando la dura realidad “Tienes razón... Es la única opción que nos queda. ¿Pero cómo vamos a salir del país sin que nos detecten?”, preguntó con angustia.
“No te preocupes por eso ahora. Confía en mí, todo está en marcha, mañana nos iremos de este infierno. Ahora, ve a descansar” Juan le dio un tierno beso en la frente y ambos se retiraron a sus respectivas habitaciones.
Esa noche, el miedo y la incertidumbre los envolvieron como una niebla densa, pero la decisión de huir ya estaba tomada y no había vuelta atrás.
Elena y Antonia por andar humillando a Ania Juan Gallego les tendrá su buena sorpresa 😮😮
Orlando y Jairo la traición la tienen metida en su casa Olga la marioneta de Vidal será la involucrada en todo lo que hagan.
Vidal vil, asqueroso y manipulador y Rachel una putizorra, desnaturalizada y putizorra tener relaciones con ese monstruo que asco.