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Casada con el Prometido de mi Hermana

Casada con el Prometido de mi Hermana

Status: Terminada
Genre:La mimada del jefe / Romance / CEO / Matrimonio contratado / Casada con el millonario / Completas
Popularitas:980.2k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Bella

Ximena Robles nunca debió terminar vestida de novia.

Esa boda era de su hermana. Ese hombre también.

Pero cuando Lorena desapareció antes de la ceremonia, la familia Robles no tuvo otra salida: Ximena ocupó su lugar y se casó con Dante Montalvo, el hombre más poderoso, frío y peligroso de la ciudad.

Dante era mayor que ella, demasiado serio, demasiado seguro de sí mismo. Un hombre acostumbrado a mandar, a controlar cada espacio que pisaba… y ahora también su matrimonio.

Ximena quiso convencerse de que solo era un acuerdo. Que podía dormir bajo el mismo techo, llevar su apellido y seguir siendo inmune a él.

Pero Dante no era un esposo fácil de ignorar.

Sus manos, su voz baja, su forma de mirarla como si ya supiera todo lo que ella intentaba esconder, empezaron a romperle la calma. Entre celos, secretos familiares y una atracción que ninguno de los dos podía apagar, Ximena descubrió que ocupar el lugar de su hermana era mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Porque Dante no la eligió al principio.

Pero una vez que la tuvo como esposa, tampoco pensaba dejarla ir.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 3

—Ya cambia de tema —le pedí.

Sofía se rió.

—Hoy te salvo. Mañana vuelvo a preguntar.

Después de comer seguimos comprando hasta que las bolsas nos cortaban los dedos. Entonces recibí un mensaje de mi mamá.

Mañana vienen a comer a la casa. Trae a Dante.

La emoción se me bajó de golpe.

—¿Qué pasó? —preguntó Sofía.

—Mi mamá quiere que mañana vaya con Dante a comer a la casa.

—¿Cena familiar o trampa familiar?

—Con mi familia, casi siempre son lo mismo.

Decidí regresar.

Llegué cargada de bolsas a la residencia. Dejé todo en la sala, subí, acomodé lo comprado y me metí a bañar.

No supe cuándo Dante regresó.

Dante había ido a la oficina. Sus amigos le insistieron para salir, pero pensó en la esposa recién llegada a su casa y rechazó la invitación. No quería dejarme sola justo después de la boda.

Dante entró a la recámara y se detuvo.

Del baño llegaba la voz de Ximena, bajita, distraída, mezclada con el golpe del agua.

La puerta era de vidrio esmerilado. El vapor pegado al cristal dejaba apenas una silueta: hombros, cintura, el movimiento lento de un brazo al lavarse el cabello.

Dante no apartó la vista.

Se le tensó la mandíbula.

La sangre le bajó al vientre con una rapidez incómoda.

Dio un paso hacia la puerta.

Se detuvo.

Quiso abrirla. Quiso verla sin el vidrio entre los dos.

Ximena no sabía que él estaba ahí.

Dante cerró la mano, respiró hondo y retrocedió.

Yo salí envuelta en una bata rosa, con el cabello mojado.

Nos quedamos viendo.

Su mirada me recorrió sin prisa.

Me cubrí el pecho por instinto.

—¿Tú cuándo llegaste?

—Vivo aquí.

Excelente, Ximena. Pregunta brillante otra vez.

—Voy a cambiarme.

Huí al vestidor.

Cuando salí, Dante estaba sentado con el celular en la mano. Se había quitado el saco y la corbata. La camisa oscura abierta en el cuello lo hacía verse menos inalcanzable.

Y más peligroso.

—Necesito preguntarte algo —dije.

—Dime.

—Mañana mi mamá quiere que vayamos a comer a la casa. Es la primera vez que volvería después de la boda. ¿Puedes?

Se quedó pensando.

—Voy contigo.

—Si no quieres por lo de Lorena...

—Lo que se debe enfrentar, se enfrenta. Además, somos esposos. Nuestras familias van a tratarse.

Asentí.

Luego no supe qué más decir.

Él miró mi cabello.

—No te lo secaste.

—Ahora busco la secadora.

Se levantó, abrió un cajón y la sacó.

—Siéntate. Yo lo hago.

—No, yo puedo.

—Ximena.

Sólo dijo mi nombre, pero me senté.

Así de fácil.

Me acomodé la bata sobre las piernas. La forma en que decía mi nombre me calentaba las orejas.

El aire tibio empezó a moverme el cabello. Sus dedos lo separaban con cuidado, desde la raíz hasta las puntas. Yo estaba rígida. Cada roce me hacía consciente de lo cerca que estaba.

Me mordí el labio.

Eran sus dedos en mi pelo. Nada más.

Entonces, ¿por qué estaba pensando en esas mismas manos en mi cintura? ¿En mi nuca? ¿En mi muslo?

Junté las rodillas bajo la bata y fingí que el calor venía de la secadora.

Cuando apagó la secadora, sentí que por fin podía respirar.

—Listo.

—Gracias.

—De nada.

Intenté ordenar mis nervios.

—Dejé la llave del Bentley en el buró.

—La vi.

Entonces empezó a desabotonarse la camisa.

—¿Qué haces?

—Me voy a bañar.

Aparté la vista como si hubiera visto algo prohibido.

Él se detuvo un segundo. Luego entró al baño.

El sonido de la regadera llenó el cuarto.

Yo miré hacia la puerta esmerilada.

Su sombra se movía detrás.

Me quedé quieta, escuchando el agua del baño.

Todavía tenía el cuero cabelludo sensible por sus dedos.

Y ahora estaba mirando su sombra en la regadera como si no tuviera vergüenza.

Mientras Dante se bañaba, me puse una pijama más recatada.

Recatada según yo.

Mi cuerpo, por desgracia, no sabía cooperar. Sofía siempre decía que yo podía ponerme una cobija y aun así parecer pecado.

La puerta del baño se abrió justo cuando yo intentaba subirme a la cama y hacerme la dormida.

Me senté de golpe.

El colchón sonó.

Dante me miró.

—¿Qué pasó?

—Nada. Probaba si la cama era resistente.

Quise aventarme por la ventana.

Él caminó hacia mí con la bata medio abierta. Tenía el pecho marcado y el abdomen insinuándose bajo la tela.

Yo me mordí el labio.

¿Seis? ¿Ocho?

No. Basta.

—¿Y? —preguntó—. ¿Es resistente?

—Sí. Mucho.

Se sentó. Yo retrocedí.

—¿Me esquivas?

—Te hago espacio.

No me creyó. Obvio.

—¿Vas a dormir? —pregunté.

—¿Quieres hacer otra cosa?

Negué demasiado rápido.

—Yo sí quiero —dijo.

Mi cara ardió.

Lo dijo sin pena. Sin la torpeza de un muchacho. Como un hombre que conoce su deseo y no necesita disfrazarlo.

—Pero dijiste que me darías tiempo.

—Ayer nos acostumbramos a dormir juntos. Hoy podríamos avanzar un poco.

—¿Avanzar?

—Acércate.

Me moví unos centímetros. Él se cansó de mi lentitud y me jaló hacia su costado. Quedé pegada a su cuerpo.

—¿Nunca te ha abrazado un hombre?

—Sí.

Su ceja se tensó.

—¿Quién?

—Mi papá.

La tensión de su cara se aflojó.

Luego miró mi boca.

—¿Y besar? ¿Has besado a alguien?

—No.

La palabra salió apenas.

—¿Nunca pensaste cómo se sentiría?

—No.

Mentira. Tal vez sí. Pero no con el ex prometido de mi hermana convertido en mi esposo.

Dante bajó la voz.

—Levanta un poco la cara. Voy a besarte.

—¿Qué?

Sus dedos tomaron mi barbilla.

Se quedó quieto un segundo, mirándome la boca.

Yo no me aparté.

Sus labios tocaron los míos.

Al principio no hizo más. Sólo se quedó ahí, frío y suave, contra mi boca. Pero mi corazón parecía querer escaparse.

Era mi primer beso.

Mi primer beso.

Con mi esposo.

Dante me mordió apenas.

—Cierra los ojos cuando te besen.

Obedecí como tonta.

Cerré los ojos. Me ardían las mejillas y la boca me latía antes de que él volviera a tocarme.

Y entonces dejó de ser suave.

Sus labios se movieron sobre los míos. Me abrió la boca con una paciencia que no tenía nada de inocente. Yo no sabía respirar, ni moverme, ni qué hacer con las manos.

Cuando me soltó, estaba recargada contra él, mareada.

—Ni respirar sabes —dijo.

Me escondí en su pecho.

Qué vergüenza.

—Ahora ya sabes cómo se siente besar.

No contesté.

No podía. No cuando mi boca seguía ardiendo y mi cerebro repetía que ese hombre, mi ex cuñado, acababa de enseñarme a besar.

Dante me acarició el cabello.

Desde su lado, él pensó que mi torpeza confirmaba algo: yo no había besado a nadie. La decisión impulsiva de casarse conmigo, nacida en medio del caos de mi familia, empezaba a parecerle menos absurda.

—Mañana, ¿a qué hora vamos con tus papás?

—A las nueve.

—Duerme.

Se acostó conmigo en brazos.

Yo me quedé tiesa, esperando algo más.

Pero no hizo nada.

Sólo me abrazó.

Y aun así tardé mucho en calmar el corazón.

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Marta Lavignolle
nunca he leído una novela tan tonta, la sigo leyendo por ese TOC que tengo, termino de leer lo que empiezo,no puedo dejar algo inconcluso. Pero sino ya la hubiera dejado de leer hace rato, es insufrible!!!!
Luz Gonzalez Lambaren
ni siquiera una de 15 años es tan mensa 🙄
Luz Gonzalez Lambaren
🤔🤔,🙄🙄🙄🙄,
Marta Lavignolle
parecen conejos y todavía le da vergüenza!!!! es un poco inverosímil la trama
mirta graciela espíndola
Me quedé con las ganas de saber que Ximena estaba embarazada. Hermosa novela.
Nelida Poly Rivera
porque no la llevó con el si ya no trabaja en la empresa de su padre
Gloria Linares
Ximena es tonta!!
Mary Cifuentes
Escritora, te felicito... Me he leído este relato como unas diez veces y no me canso de leerla más bien siento que me insista más a seguirla leyendo, Me encanta, es impresionante como escribes, sigue adelante!!! 😂🤭🥰
Nelida Poly Rivera
que deje todos los temores que disfrute lo que la vida le está dando
Nelida Poly Rivera
que estúpida? esta bien acompañar a su amiga pero ella está casada y se debe a su esposo que tantas excusa
Elizabeth Arenas Antunes
Estuvo preciosa corta y sin tanto rodeo ya le leído 2 veces y vuelvo a reír llorar
Li Martinez
me parece que dante lo hizo a propósito porque le gustaba más Ximena 🥰
Graciela Saiz
autora , por , termina el final de ,TIO YA NO SOY TU NIÑA , DICE COMPLETA Y NO TIENE EL FINAL 🤷
Diony Mariel
Bonita, pero siento que le faltó al final.
Nelly Gilon Banderas
está muy cansona está Ximena
Maribel Macias
creo que ya es tiempo de que aclaren sus sentimientos y se dejen de tonterías que el matrimonio no es solo sexo es amor confianza y comunicación 😡
Jessica
amo a dante
Rosmira Garcia
La trama se está volviendo muy monótona prácticamente aburridora ya es tiempo de avanzar.
Martha Estrella
.
Lulu Rodriguez
se pasa de tonta
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