Durante veinte años, un matrimonio arreglado unió el destino de dos de las familias más poderosas del país. La elegida siempre fue la hija menor de los Moretti. Pero cuando oscuros rumores sobre la crueldad del heredero Volkov salen a la luz, los Moretti toman una decisión despiadada: proteger a su hija favorita… sacrificando a la mayor. Ivonne nunca imaginó que sería entregada como moneda de cambio por las mismas personas que juraron amarla. Sin embargo, descubrirá que el verdadero peligro no siempre se encuentra en el hombre con el que debe casarse, sino en la familia que la abandonó. Porque algunas alianzas se firman con tinta… Y otras, con sangre.
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Una decisión imposible
...Tic…. Tac...
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La lluvia comenzó antes del amanecer.
Las gotas golpeaban los ventanales de la mansión Villald mientras el silencio envolvía la casa.
Eleonora llevaba más de una hora despierta.
No había podido dormir.
Una carpeta permanecía abierta sobre el escritorio de su habitación. Dentro había recortes de periódicos, informes privados y fotografías relacionadas con la familia Volkov.
No eran documentos fáciles de conseguir.
Los había pedido semanas atrás… solo para tranquilizarse.
El resultado había sido el contrario.
Un nombre aparecía una y otra vez.
Ivako Volkov.
Empresas adquiridas con rapidez.
Rivales arruinados.
Negociaciones donde nadie se atrevía a desafiarlo.
Y, entre líneas, rumores imposibles de confirmar.
“Es despiadado.”
“Nunca da una segunda oportunidad.”
“No conoce la compasión.”
Eleonora cerró la carpeta con un golpe seco.
No sabía qué creer.
Pero era madre.
Y el miedo empezaba a vencer a la razón.
A media mañana, Giovanni entró al despacho de la mansión.
Encontró a su esposa esperándolo.
—Tenemos que hablar.
Él dejó el maletín sobre el escritorio.
—¿Qué ocurre?
Ella empujó la carpeta hacia él.
—Leí todo.
Giovanni ni siquiera la abrió.
—Los rumores no cambian el acuerdo.
—¿Y si no son rumores?
—Siguen sin cambiar el acuerdo.
Eleonora respiró hondo.
—Es nuestra hija.
—Es una alianza.
—¡Es Ivy!
El hombre permaneció completamente impasible.
—Lo sé.
Ella comenzó a caminar de un lado a otro.
—Tiene veinte años, Giovanni. Es ingenua. Confía en todo el mundo. No sabría defenderse si…
No terminó la frase.
Giovanni apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—¿Qué propones?
La mujer dudó unos segundos.
Era una idea absurda.
Cruel.
Pero había estado creciendo en su cabeza desde hacía días.
—Ivonne.
Giovanni levantó la vista.
—¿Qué tiene que ver ella?
—Es más fuerte.
El silencio se volvió pesado.
—Ha aprendido a negociar contigo, a enfrentarse a empresarios, a mantener la calma bajo presión…
Eleonora tragó saliva.
—Si alguien puede sobrevivir en una familia como los Volkov…
Es ella.
Giovanni no respondió de inmediato.
Simplemente observó el ventanal mientras la lluvia seguía cayendo.
—¿Y Ivy?
—No soportaría una vida así.
Otra pausa.
Mucho más larga.
Eleonora sintió un nudo en la garganta.
Jamás imaginó que pronunciaría aquellas palabras.
Pero las dijo.
—Podemos cambiar el acuerdo.
Giovanni volvió a mirarla.
—No podemos romperlo.
—No romperlo…
Cambiar a la novia.
El despacho quedó completamente en silencio.
Era una idea descabellada.
Despiadada.
Injusta.
Y, sin embargo…
Por primera vez, Giovanni no la rechazó de inmediato.
Su mente ya estaba calculando consecuencias.
No sentimientos.
Consecuencias.
—Los Volkov aceptaron casarse con una hija Villald
No especificaron cuál.
Eleonora sintió un escalofrío.
Aquella frase era suficiente para comprender que su esposo estaba considerando la posibilidad.
—¿Hablas en serio?
—Aún no he tomado una decisión.
—¿Y qué hay de Ivonne?
Giovanni la miró con absoluta frialdad.
—Cumplirá con su deber.
Esa misma tarde, completamente ajenas a la conversación, las dos hermanas recorrían una feria de libros en el centro de la ciudad.
Ivy sostenía tres novelas entre los brazos.
—Voy a llevarlas todas.
Ivonne soltó una risa.
—Después dices que no tienes dinero.
—La culpa es de los escritores.
—Claro…
Mientras discutían por cuál libro comprar primero, un fotógrafo callejero les pidió una foto.
—¡Sonrían!
Las dos obedecieron.
El hombre les mostró la imagen.
Las hermanas aparecían riendo, abrazadas, sin imaginar que esa podría ser una de las últimas fotografías de su vida tal como la conocían.
Muy lejos de allí, en la mansión Villald , Giovanni seguía mirando la lluvia desde su despacho.
La decisión todavía no estaba tomada.
Pero por primera vez…
Ivonne había dejado de ser solo su hija mayor.
Empezaba a convertirse en la pieza más valiosa para salvar a la hija que realmente quería proteger.