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Las Cartas Que Nunca Fueron Escritas...

Las Cartas Que Nunca Fueron Escritas...

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Romance / Aventura
Popularitas:234
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

La caja apareció el día del funeral de su abuela.

Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.

Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.

Pero cada carta tiene un precio.

Con cada viaje, un recuerdo desaparece.

Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:

Alguien está borrando historias.

Y ella podría ser la siguiente.

✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: La Séptima Carta

Luna no podía apartar la vista de la fotografía.

La mujer parecía ella.

No se parecía.

Era ella.

Los mismos ojos color miel.

La misma sonrisa.

La misma forma de inclinar ligeramente la cabeza.

Era imposible.

—¿Quién es? —preguntó con la voz temblorosa.

El anciano permaneció en silencio durante unos segundos.

Como si estuviera decidiendo cuánto contarle.

—No lo sé.

—Eso es imposible.

—Te estoy diciendo la verdad.

Luna volvió a mirar la fotografía.

La fecha seguía allí.

18 de septiembre de 1954.

Y debajo, la frase que le había helado la sangre.

"Desapareció después de abrir la séptima carta."

—¿Qué significa?

El anciano respiró profundamente.

—Significa que no eres la primera.

El corazón de Luna dio un vuelco.

—¿La primera qué?

—La primera en encontrar la caja.

El silencio se volvió pesado.

Luna sintió que el aire era cada vez más difícil de respirar.

—¿Cuántas personas la encontraron?

—No lo sé.

—¿Y todas desaparecieron?

El hombre bajó la mirada.

Aquello fue suficiente respuesta.

Luna dio un paso atrás.

Por primera vez sintió verdadero miedo.

No curiosidad.

No intriga.

Miedo.

Porque aquello ya no parecía una aventura.

Parecía una advertencia.

Aquella noche regresó a casa con la fotografía escondida dentro de su mochila.

No habló con nadie.

No cenó.

No encendió la televisión.

Simplemente subió a su habitación y cerró la puerta.

Necesitaba pensar.

Necesitaba ordenar todo lo que estaba ocurriendo.

La caja.

Las cartas.

La cantante.

El hombre de negro.

La mujer idéntica a ella.

Nada tenía sentido.

Y sin embargo, todo parecía conectado.

Luna abrió un cajón.

Sacó las fotografías.

Las colocó sobre la cama.

Las observó durante varios minutos.

Había algo que no lograba entender.

Algo importante.

Entonces ocurrió.

Un recuerdo apareció en su mente.

Pequeño.

Borrosa.

Una conversación con su abuela.

Años atrás.

—Las historias son peligrosas, Luna.

—¿Por qué?

—Porque algunas quieren ser recordadas.

La joven abrió los ojos.

Aquella conversación era real.

Estaba segura.

Pero había olvidado que existía.

¿Cómo era posible?

¿Por qué recién ahora la recordaba?

Sintió un escalofrío.

Y comprendió algo aterrador.

No solo estaba perdiendo recuerdos.

Algunos recuerdos estaban regresando.

Pasada la medianoche volvió al altillo.

La casa permanecía completamente en silencio.

La luna iluminaba la habitación a través de la ventana.

La caja seguía allí.

Esperándola.

Luna se acercó lentamente.

Su respiración era acelerada.

Sabía que debía detenerse.

Sabía que debía alejarse.

Pero ya era demasiado tarde.

Necesitaba respuestas.

Y las respuestas estaban dentro de aquella caja.

Cuando abrió la tapa descubrió algo nuevo.

Había otra carta.

Un sobre negro.

Diferente a todos los demás.

El nombre de Luna estaba escrito con tinta plateada.

La joven tragó saliva.

Aquello no le gustaba.

No le gustaba en absoluto.

Aun así, tomó el sobre.

Y lo abrió.

Dentro encontró una única hoja.

La letra era diferente.

Más elegante.

Más antigua.

Más inquietante.

Solo decía:

"Si has llegado hasta aquí, significa que él ya te ha encontrado."

Luna sintió un escalofrío.

Él.

Sabía exactamente a quién se refería.

Al hombre de negro.

Continuó leyendo.

"Cuando leas esta carta, observarás algo que nunca debiste ver."

La tinta comenzó a moverse.

Igual que antes.

Las palabras cambiaban frente a sus ojos.

Como si alguien estuviera escribiéndolas en ese mismo instante.

"Pero recuerda esto."

"Nunca le preguntes su nombre."

"Nunca aceptes su ayuda."

"Y jamás abras la séptima carta."

Luna sintió que la sangre abandonaba su rostro.

La séptima carta.

La misma advertencia de la fotografía.

La misma advertencia de la mujer desaparecida.

De repente escuchó un ruido.

Un golpe suave.

Detrás de ella.

Se giró inmediatamente.

Nada.

La habitación estaba vacía.

Pero algo había cambiado.

La ventana.

Estaba abierta.

Y Luna estaba completamente segura de haberla dejado cerrada.

El viento comenzó a entrar lentamente.

Moviendo las cartas.

Moviendo los papeles.

Moviendo las sombras.

Entonces escuchó una voz.

Una voz masculina.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

—Llegas tarde.

Luna giró de golpe.

El corazón casi se detuvo.

Porque alguien estaba sentado sobre una vieja silla al otro extremo del altillo.

Observándola.

Vestido completamente de negro.

Las manos apoyadas sobre un bastón antiguo.

Y una sonrisa tranquila dibujada en el rostro.

Era él.

El hombre de las fotografías.

El hombre del estadio.

El hombre que parecía existir en todas partes.

Y en ninguna.

—No puede ser... —susurró Luna.

La sonrisa se amplió.

—La gente siempre dice eso cuando me conoce.

Luna retrocedió.

El miedo paralizaba cada músculo de su cuerpo.

—¿Quién eres?

Durante unos segundos el hombre permaneció en silencio.

Luego inclinó ligeramente la cabeza.

Como si la pregunta le resultara divertida.

—Esa es una pregunta peligrosa.

Luna recordó inmediatamente la advertencia de la carta.

Nunca le preguntes su nombre.

Demasiado tarde.

El hombre se puso de pie.

Y comenzó a caminar lentamente hacia ella.

—Llevo mucho tiempo esperándote, Luna.

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Porque ya nos hemos conocido antes.

El corazón de Luna dio un vuelco.

—Eso es imposible.

—¿Lo es?

El hombre sonrió.

Y entonces pronunció unas palabras que hicieron que el mundo se detuviera.

—Esta no es la primera vez que encuentras la caja.

El silencio llenó el altillo.

La respiración de Luna se volvió agitada.

Porque por primera vez...

No estaba segura de recordar toda su vida.

Continuará...

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