En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan
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Capitulo 22
El reloj de pared de la biblioteca privada marcaba las tres de la madrugada. El palacio descansaba en un silencio profundo, pero en la mesa central del despacho del Emperador, un mapa topográfico de las provincias del este permanecía extendido entre velas a medio consumir, libros abiertos y listas de suministros.
Aeryn no había podido dormir. Tras la tensa confrontación con Valerius en el pasillo, se había dedicado a cruzar las rutas de transporte comercial del este con los informes de compra de grano y hierro de los últimos meses. Algo no cuadraba: las cantidades de alimento y pertrechos que el duque justificaba como "gastos de mantenimiento" eran descomunales para una región pacífica.
Magnus estaba sentado a su lado, habiéndose quitado la túnica de gala para quedarse en mangas de camisa. Observaba a Aeryn con una mezcla de admiración y preocupación.
—Llevas horas en esto, Aeryn —dijo Magnus con voz suave y rasposa por el cansancio, estirando la mano para acariciarle los nudillos con ternura—. Valerius intentó acorralarte con ese papel viejo sobre tutelas, pero no tienes que agotarte para demostrar nada.
—No es solo por el papel, Magnus —respondió Aeryn, ajustando una lámpara para iluminar una esquina del mapa—. En el pasillo lo amenacé directamente con hacer pública la auditoría de los impuestos de su ducado si se atrevía a llevar esa petición al senado. Le dejé claro que sé exactamente cómo desvió fondos privados durante los últimos cinco años. Pero necesitaba confirmar hasta dónde llega su desesperación. Y mira esto...
Magnus se inclinó sobre la mesa, escuchando con atención renovada.
—Valerius ha estado comprando raciones de campaña y avena para caballos a través de tres empresas mercantes distintas en el valle del este —explicó Aeryn, señalando las columnas de números—. Esos desvíos de oro que descubrí no eran solo para enriquecerse: los usó para financiar suministros militares en secreto. No son compras para civiles. Son provisiones de guerra.
Magnus se incorporó de golpe, entrecerrando sus ojos rojos mientras seguía las líneas que el dedo de Aeryn trazaba sobre el pergamino.
—Está moviendo tropas privadas sin declararlas a la corona —murmuró el Emperador, y su tono de voz se volvió gélido al instante—. Justifica la presencia de hombres armados como 'escoltas de caravanas', pero la densidad de compras en la frontera del río indica un campamento militar de más de cinco mil hombres.
—Tuvo el descaro de amenazarme con llevarme al este, pero la realidad es que está preparando una fuerza para presionar a la capital si no cedes a sus exigencias comerciales —añadió Aeryn, levantando la vista para mirarlo—. O para intentar algo peor si mi amenaza de auditoría lo acorrala.
La revelación de la amenaza dejó un aire cargado de adrenalina y tensión en la estancia. Magnus miró el plano y luego fijó sus ojos carmesí en Aeryn. Ver su inteligencia, su entrega implacable y el coraje con el que protegía el hogar que estaban construyendo juntos provocó un vuelco en el pecho del Alfa.
La distancia entre ambos desapareció cuando Magnus rodeó la mesa y la tomó suavemente de la cintura, atrayéndola hacia él.
—Lo frenaste en seco en el pasillo con tu audacia, y ahora acabas de desarmar su guerra secreta.
—Tenía rabia de que usara ese vacío legal para intentar separarnos —admitió Aeryn en un suspiro, pasando las manos por los hombros anchos de Magnus—. No voy a permitir que nadie destruya lo que estamos logrando, Magnus. Ni Valerius ni el senado.
—Nadie en este mundo te apartará de mi lado —afirmó Magnus con una convicción feroz.
El Alfa la inclinó hacia atrás con delicadeza, sentándola sobre el borde de la mesa entre los mapas y los informes, antes de apoderarse de sus labios en un beso profundo, hambriento y cargado de una pasión que llevaba días acumulándose. Aeryn soltó un suave gemido y enredó los dedos en el cabello oscuro de Magnus, pegando su cuerpo al suyo mientras el calor de la chimenea los rodeaba.
Las manos de Magnus recorrieron la espalda de Aeryn con firmeza y devoción, desabrochando la túnica con una paciencia contrapuesta al fuego de sus besos. Cada roce, cada caricia en la penumbra del despacho era un reclamo mutuo de pertenencia y protección.
Entre suspiros entrecortados y palabras susurradas al oído, la intensidad del deseo se apoderó de la noche, dejando que el lazo entre el Alfa y la Omega se consolidara con una entrega absoluta, ajenos a la guerra que se fraguaba en el este.
Magnus la atrajo hacia sí, sus cuerpos pegados en una danza íntima y ardiente. Podía sentir su calor, su suavidad, su aroma embriagador. Era como si estuviera inmerso en un sueño del que no quería despertar.
Aeryn se estremeció ante su toque, su piel sensible a cada caricia. Podía sentir su corazón latiendo con fuerza, su respiración acelerada. Estaba perdida en él, en la pasión que compartían.
Sus labios se encontraron en un beso profundo y apasionado, sus lenguas enredándose en una danza sensual. Se saborearon el uno al otro, disfrutando de la cercanía y la intimidad.
Las manos de Magnus exploraron su cuerpo, acariciando cada curva y cada espacio. Quería memorizar cada centímetro de su piel, grabársela a fuego en la mente. Era suya, solo suya, y no dejaría que nadie se la arrebatara.
Aeryn se retorció bajo su toque, su cuerpo anhelando más. Necesitaba sentirlo dentro de ella, ser una con él en cuerpo y alma. Era una necesidad primigenia, una conexión más allá de la razón.
Se quitaron la ropa lentamente, disfrutando de la piel contra la piel. Se exploraron mutuamente, acariciando y besando cada parte expuesta. Era una sinfonía de sentidos, una exploración de sus cuerpos y almas.
Magnus se colocó encima de ella, sus ojos clavados en los suyos. En ellos podía ver el amor, el deseo y la protección. Era un reflejo de lo que ella sentía por él.
La penetró lentamente, dejando que su cuerpo se adaptara a él. Era un movimiento delicado y tierno, lleno de amor y devoción. Podía sentirla estrechándose alrededor de él, como si quisiera hacerlo suyo para siempre.
Se movieron juntos en una danza antigua y sagrada, sus cuerpos y almas unidos en una sola alma. Era una sensación de conexión total.
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Horas más tarde, los primeros rayos del sol iluminaban el despacho a través de las cortinas traslúcidas. Aeryn descansaba el rostro sobre el pecho desnudo de Magnus, sintiendo el latido pausado y firme de su corazón. Él la rodeaba con un brazo fuerte, acariciándole la espalda con la yema de los dedos mientras miraba el mapa sobre la mesa.
—Hoy mismo enviaré exploradores a las coordenadas que encontraste —dijo Magnus con voz baja y serena, besándole la coronilla—. Si ese campamento existe, la amenaza que le hiciste sobre la auditoría será el menor de sus problemas. Valerius será arrestado por alta traición antes de que pueda mover un solo soldado.
Aeryn sonrió despacio, sintiéndose completamente segura y en paz entre sus brazos.
—Iré contigo a la reunión del consejo esta tarde —contestó Aeryn, incorporándose un poco para mirarlo a los ojos—. Vamos a acorralarlo con las pruebas en la mano.
Magnus la tomó de la nuca y le dio un beso tierno en los labios, sabiendo que con la agudeza de Aeryn a su lado, la caída del Duque Valerius era solo cuestión de tiempo