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¡Auxilio! Mi profesor vive conmigo

¡Auxilio! Mi profesor vive conmigo

Status: Terminada
Genre:Romance / Maestro-estudiante / Amor platónico / Completas
Popularitas:15k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina Torres acaba de graduarse, tiene veintidós años y necesita encontrar dónde vivir antes de que termine el día. La última persona de quien espera recibir ayuda es Martín Herrera, su antiguo profesor de literatura… y el hombre del que lleva enamorada en secreto desde que entró a la universidad.
La solución parece sencilla: compartir temporalmente el departamento 302 y respetar cinco reglas pegadas en el refrigerador.
Nada de invadir el espacio del otro.
Nada de confundir la convivencia con algo más.
Y, sobre todo, nada de enamorarse.
El problema es que Martín recuerda cada uno de sus gustos, cocina para ella cuando está cansada y guarda silencios que dicen mucho más que sus palabras. Mientras Valentina intenta ocultar lo que siente, una caja de madera cerrada con llave demuestra que quizá ella no sea la única que lleva años esperando.
Entre rumores universitarios, cenas improvisadas, secretos familiares y sentimientos imposibles de contener, ambos descubrirán que compartir un hogar es fácil. Lo difícil será fingir que sus corazones no llegaron allí mucho antes que ellos.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

...Valentina...

No pasaron ni tres horas.

Eran las ocho y cuarto de la mañana. Yo estaba sentada en la barra de la cocina, comiendo el desayuno que él había dejado preparado —huevos revueltos con verduras en un tupper aparte, con la nota: «Calentar 90 segundos. No más»—, cuando escuché una voz en el pasillo.

La voz de Diego.

—¡Andrea! ¡Se me olvidó el celular! ¡Vuelvo en…!

Se detuvo.

Yo lo supe antes de que tocara mi puerta. Lo supe por el silencio repentino. Por el sonido de sus pasos deteniéndose frente al 302. Por la forma en que la energía del pasillo cambió como cuando se acerca una tormenta.

Alguien golpeó la puerta.

—¡Vale! —La voz de Diego, contenida pero intensa—. ¡Vale, abre!

Abrí.

Mi hermano estaba ahí, con la camisa a medio abrochar, el pelo revuelto de recién levantado y los ojos del tamaño de dos platos hondos.

—Te vi —dijo.

—¿Qué?

—Te vi. Esta mañana. Desde la ventana del 301. Vi a mi hermana abrazando a un hombre a las seis de la mañana en la acera.

Se me heló la sangre.

—Diego…

—Un abrazo. En la calle. A las seis de la mañana. Mi hermana. Con su exprofesor. —Cada frase salía como un disparo—. ¡¿Es que no duermen?!

—¡No es lo que piensas!

—¡¿Y qué pienso, según tú?! ¡Porque lo que vi fue un abrazo que no parecía exactamente de despedida entre compañeros de departamento!

Silencio.

Tenía razón. No era un abrazo de despedida entre compañeros de departamento. Era un abrazo de una mujer enamorada que no soportaba que el hombre que le cortaba el pollo en tiras perfectas se fuera cinco días.

Pero no le iba a decir eso.

—Diego, por favor. Siéntate. Respira.

—No quiero sentarme. No quiero respirar. Quiero entender por qué mi hermana abraza a un hombre a las seis de la mañana como si fuera una escena de telenovela.

—Porque me importa —dije.

Las palabras salieron firmes. Sin temblar. Sin disculparse. Sin ese medio paso que di fuera del auditorio hace semanas, ese retroceso cobarde que casi lo arruina todo.

Diego me miró. Algo en su expresión cambió.

—¿Te importa? ¿O lo quieres?

La pregunta me pegó en el centro del pecho.

—Las dos cosas —respondí—. Me importa. Y lo quiero. Y no me importa si tú lo viste desde la ventana, si los vecinos lo vieron, si todo el edificio lo vio. Lo abracé porque se iba cinco días y yo no quería que se fuera sin saber que… que…

Se me quebró la voz.

Diego se quedó muy quieto. Mi hermano, el hombre que gritaba primero y pensaba después, se quedó quieto y me miró con una expresión que no le había visto desde que tenía catorce años y me encontró llorando en el jardín porque un chico de la escuela se burló de mi pelo.

—Vale —dijo, bajando la voz—. No llores.

—No estoy llorando.

—Estás llorando.

Me limpié los ojos con el dorso de la mano. Maldita sea. Sí estaba llorando.

Diego suspiró. Se pasó las manos por la cara. Caminó tres pasos en círculo, como un león enjaulado. Y finalmente se detuvo frente a mí.

—Bueno —dijo.

—¿Bueno?

—Bueno. Es guapo. No es mal partido. Cocina mejor que yo, que ya es decir bastante. Y el otro día comí los puntos de piloncillo que mandó y eran —hizo una pausa dolorosa— perfectos.

No podía creer lo que estaba oyendo.

—¿Me estás dando permiso?

—No te estoy dando permiso —aclaró, señalándome con el dedo—. No necesitas mi permiso. Tienes veintidós años y eres una adulta. Lo que te estoy diciendo es que… —Tragó saliva—. …si ese hombre te hace feliz, entonces yo puedo vivir con eso.

Se me llenaron los ojos otra vez.

—Pero —levantó el dedo más alto— si algún día te hace llorar de tristeza, juro por lo que más quiero que yo me encargo. No me importa que sea profesor, que sea más alto que yo o que cocine como un chef profesional. ¿Estamos?

—Estamos.

—Bien. —Se cruzó de brazos—. ¿Desayunaste?

—Sí.

—¿Él dejó desayuno preparado?

—Sí.

—¿Los huevos estaban buenos?

—Perfectos.

Diego apretó los labios. Vi la lucha interna en su cara: el orgullo de hermano mayor contra la evidencia innegable de que el hombre que vivía con su hermana la alimentaba mejor que nadie.

—Maldito profesor —murmuró, casi con admiración—. Hasta los huevos le quedan bien.

Me reí. Una risa mojada, temblorosa, que salió entre las lágrimas como un rayo de sol entre las nubes.

Diego me abrazó. Un abrazo rápido, fuerte, de hermano mayor que no sabe decir «te quiero» sin gruñir.

—Si tienes miedo de noche mientras él está de viaje, vienes al 301 con Andrea. Dormimos los tres viendo películas como cuando éramos niños. —Se separó—. Pero no le digas que dije eso.

—¿Que dijo qué?

—Eso. Lo de las películas. La parte de dormir juntos como cuando éramos niños. —Se sonrojó. Diego Torres Medina se sonrojó—. Suena raro.

—Suena a que eres el mejor hermano del mundo.

—Cállate. —Se giró hacia la puerta—. Y dile a tu profesor que los puntos de piloncillo necesitan más canela. Dile que son buenos pero no perfectos. No le digas que me los comí todos. Dile que me comí dos.

Salió del 302 dando un portazo que hizo temblar las paredes. Andrea asomó la cabeza desde el 301:

—¿Todo bien?

—Todo bien —respondí, limpiándome las lágrimas con la manga—. Tu novio acaba de darme su bendición. A su manera.

Andrea sonrió.

—Le tomó menos tiempo del que esperaba. Anoche le dije que si no aceptaba la situación, yo lo iba a poner a dormir en el sofá. —Me guiñó un ojo—. Los hombres Torres son tercos, pero les gana el sentido común.

Cerré la puerta. Me senté en el sofá. Saqué el teléfono.

Un mensaje de Martín, enviado desde el avión:

«¿Todo bien?»

Sonreí.

«Todo bien. Mi hermano nos vio esta mañana. Me dio una versión de su bendición que incluyó amenazas y críticas a tus puntos de piloncillo.»

Tres minutos. La respuesta:

«¿Qué crítica?»

«Dice que necesitan más canela.»

«Anotado.»

Me reí sola en el departamento vacío. Y pensé: cinco días. Pero no estoy sola. Tengo un hermano que gruñe porque me quiere, una cuñada que me guiña ojos, un abuelo que quiere servirle té, y un hombre en un avión que acaba de anotar una crítica de canela como si fuera una nota de clase.

No estaba sola en absoluto.

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1
Cristina Gomez
Gracias porque muy pocas veces me sorprende darme cuenta que sonrío mientras leo y está vez me pasó.
Vanessa Soto Garcia
que hermosa novela ☺️
Cristina Gomez
que hermosa novela,este el tipo de amor que todas buscamos y muy pocas logramos encontrar.
Vanessa Soto Garcia
😂😂😂😂😂😂
Helizahira Cohen
Es bonita, diferente pero se me hizo muy larga, la voy a terminar porque esta muy bien narrada
Helizahira Cohen
Es bonita pero muy lenta y veo que es larga
Helizahira Cohen
pero ya que avance
Helizahira Cohen
ya pueden hablar, no son profesor y alumna, ambos lo quieren
Alesi Mendiola
Que tierno un hombre que recuerde asta el mas mínimo detalle
Flor Perez: en donde encuentro un profesor así 🤭🤭🤭
total 1 replies
Sofy Solis
🥰🥰🥰 Qué lindo que es él!!!
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela hermosa un poquito larga pero muy hermosa espero sigas escribiendo tan hermoso muchas bendiciones y muchos éxitos más
Tere Jimenez
hermoso final felicidades
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