En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Ducado Lovelace 1
Lila no pudo evitar sonreír durante el viaje.
[Qué curioso...]
[Para ser la maga más cercana al ducado Lovelace...]
[Más cercana significa viajar un día entero y casi toda una noche.]
Se acomodó un poco mejor dentro del carruaje mientras observaba el cielo oscurecerse lentamente.
Había aceptado misiones en lugares lejanos antes.
Pero pocas veces había recorrido una distancia semejante para atender a un solo paciente.
Cuando el cansancio comenzó a vencerla, apoyó la cabeza junto a la ventana.
El traqueteo constante del carruaje terminó por arrullarla durante algunos momentos.
Llegaron poco antes del amanecer.
El cielo apenas comenzaba a adquirir un tenue tono azul.
Todavía era demasiado temprano para distinguir el pueblo que rodeaba el ducado.
Solo alcanzaba a ver algunas siluetas oscuras entre la niebla matinal.
Aun así, cuando el carruaje cruzó el portón principal, Lila observó con curiosidad los edificios.
[Es...]
[Mucho más sencillo de lo que imaginaba.]
Había visitado otras residencias ducales.
Normalmente estaban rodeadas de enormes jardines perfectamente cuidados, esculturas de mármol y fuentes ornamentales.
La mansión Lovelace, en cambio, era sobria.
Elegante.
Pero sin ostentación.
Las paredes de piedra gris apenas tenían decoración.
Los jardines eran amplios, aunque bastante simples.
Todo transmitía una sensación de orden... más que de lujo.
El carruaje finalmente se detuvo.
Un hombre mayor esperaba en la entrada.
Vestía un impecable traje negro con guantes blancos.
Su cabello completamente canoso estaba cuidadosamente peinado hacia atrás.
Apenas abrió la puerta del carruaje realizó una leve reverencia.
—Bienvenida al ducado Lovelace.
Lila descendió sonriendo.
—Muchas gracias.
El hombre tomó su equipaje.
—Sígame, por favor.
Mientras caminaban por el amplio vestíbulo, Lila decidió preguntar lo más importante.
—¿Cuál es la urgencia?
El hombre permaneció unos segundos en silencio.
En lugar de responder, dirigió una mirada hacia el carruaje que acababa de detenerse.
Frunció ligeramente el ceño.
—Disculpe... ¿El mago aún permanece dentro?
Lila parpadeó.
Luego comprendió.
Sonrió con amabilidad.
—No.
El hombre volvió a mirar el carruaje.
—Entonces... ¿Llegará en otro?
Lila negó suavemente con la cabeza.
—No. Yo soy la maga de sanación enviada por el templo.
El mayordomo permaneció completamente inmóvil.
La observó de arriba abajo.
Su expresión era impecablemente educada.
Pero resultaba evidente que no esperaba encontrar a una mujer tan joven.
Mucho menos a alguien con una apariencia tan delicada.
[Está dudando de mí.]
Pensó Lila sin molestarse.
[Era de esperarse.]
Después de todo, la mayoría de los grandes sanadores del templo eran personas bastante mayores.
El hombre recuperó rápidamente su compostura.
Realizó otra reverencia.
—Le pido disculpas. No imaginé que...
No terminó la frase.
Simplemente continuó caminando.
Lila tampoco comentó nada.
Ya estaba acostumbrada a aquella reacción.
Después de unos pasos volvió a preguntar.
—Necesito saber a quién debo revisar.
Esta vez el mayordomo respondió inmediatamente.
—A mi señor. El duque Lovelace.
Lila simplemente asintió.
No hizo más preguntas.
Mientras recorrían los pasillos comenzó a observar el interior de la mansión.
Todo estaba extraordinariamente limpio.
Pero había algo extraño.
Las ventanas permanecían cubiertas.
Las cortinas estaban completamente cerradas.
Incluso siendo casi de día, los sirvientes caminaban encendiendo lámparas.
[¿Por qué mantienen todo tan oscuro?]
Aquella sensación se hizo más evidente cuando subieron al segundo piso.
Los largos corredores apenas recibían luz.
El ambiente era silencioso.
Casi demasiado silencioso.
Nadie hablaba.
Los pocos sirvientes que encontraba bajaban la cabeza al cruzarse con ellos.
Finalmente el mayordomo se detuvo frente a una enorme puerta de madera oscura.
Respiró profundamente antes de abrirla.
—Mi señor... La maga del templo ha llegado.
No obtuvo respuesta.
Solo un sonido ahogado.
Como un gemido contenido.
El mayordomo abrió completamente la puerta e hizo un gesto para que Lila entrara.
Ella dio unos pasos.
Y entonces lo vio.
Sobre una enorme cama descansaba un hombre joven.
No debía tener más de veinticinco años.
Su cuerpo se retorcía ligeramente mientras respiraba con dificultad.
Los músculos de sus brazos permanecían tensos.
Sus manos apretaban con fuerza las sábanas.
Como si estuviera soportando un dolor insoportable.
Lila sintió que el corazón le daba un vuelco.
[Sufre mucho...]
Sin pensarlo dos veces caminó rápidamente hacia él.
Detrás de ella escuchó la voz preocupada del mayordomo.
—¡Espere!
Lila no se detuvo.
—Mi señor no permite que nadie se acerque tanto...
Pero ella ya estaba junto a la cama.
Toda su atención estaba puesta en el paciente.
El hombre tenía la piel morena.
El cabello negro, corto y ligeramente desordenado por el sudor.
Su respiración era irregular.
Varias gotas descendían por su frente.
Y cuando abrió apenas los ojos...
Lila encontró un intenso color ámbar.
Eran unos ojos muy claros.
Extraordinariamente hermosos.
Pero completamente endurecidos por el dolor.
Su ceño estaba profundamente fruncido.
Como si viviera permanentemente enfadado con el mundo.
Lila no sintió miedo.
Solo preocupación.
Se inclinó despacio para observarlo mejor.
[Está demasiado pálido...]
[Su respiración también es extraña.]
Antes de utilizar cualquier hechizo, apoyó cuidadosamente dos dedos sobre la muñeca del duque para comprobar su pulso, con la misma naturalidad con la que lo habría hecho cualquier sanadora.
Su expresión se volvió completamente seria.
En ese momento ya no era la joven dulce que sonreía a todo el mundo.
Era una maga de sanación concentrada únicamente en aliviar el sufrimiento de la persona que tenía delante.
Al parecer es ella su única medicina y creo que no la. dejara ir tan fácilmente