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El Precio De Tu Desprecio

El Precio De Tu Desprecio

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado / CEO / Completas
Popularitas:26.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Selene tiene veintidós años y un matrimonio que es su propia jaula de oro. Para su esposo, el implacable magnate Maximiliano Valente, ella no es más que una niña interesada que se vendió por un apellido de peso y una cuenta bancaria sin límites. Convencido de que Selene solo busca su dinero, Maximiliano se dedica a humillarla, refugiándose en los brazos de una amante manipuladora que alimenta su desprecio con mentiras.
Pero Maximiliano ha cometido un error fatal: confundir el silencio de Selene con sumisión absoluta. Tras una noche de crueldad insoportable, Selene decide que ya no le importa su fortuna ni su perdón. Mientras él cree tener todo bajo control, ella empieza a preparar su desaparición silenciosa, dispuesta a empezar de cero, lejos de su opresión.
Maximiliano Valente está a punto de descubrir que el desprecio tiene un precio... y que cuando Selene se marche, el vacío que deje será algo que ni todos sus millones podrán llenar.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las pesadillas vuelven

La noche sobre el pueblo costero era inusualmente densa, cargada con una humedad que parecía pegarse a la piel como un presagio. En la pequeña habitación sobre la librería "La Esperanza", el sueño de Selene, que durante meses había sido un mar en calma, comenzó a agitarse. Las olas de su subconsciente se volvieron negras, frías, y la arrastraron de vuelta al abismo de mármol del que tanto le había costado escapar.

En su mente, las paredes blancas de la librería se disolvieron para dar paso al papel tapiz de seda de la mansión Valente. El aire dejó de oler a salitre y empezó a oler a ese perfume cítrico y metálico que Maximiliano siempre usaba. Era un recuerdo, pero se sentía más real que la propia cama donde yacía.

En el sueño (Hace dieciocho meses):

Era una tarde de jueves. Selene estaba en la sala de estar, intentando leer un libro de botánica, cuando escuchó el motor del deportivo de Maximiliano rugir en la entrada. Su cuerpo, entrenado por el miedo, se tensó instintivamente, pero lo que vio entrar por la puerta la dejó paralizada.

Maximiliano no venía con el ceño fruncido ni con la mirada cargada de desprecio. En su mano derecha sostenía un enorme ramo de calas blancas, sus favoritas, los mismos que ella cultivaba en su imaginación porque en esa casa nada florecía sin su permiso.

—Para la mujer más hermosa de la ciudad —dijo él, con una sonrisa que en ese momento le pareció a Selene casi humana, casi sincera.

Ese día había sido uno de esos "espejismos" que Maximiliano creaba para mantenerla confundida. La llevó a cenar en el gran comedor, se sentó cerca de ella y, por unas horas, se comportó como el esposo abnegado que su padre, Roberto, le había prometido que sería. Selene, necesitada de afecto y cansada de la guerra fría, se permitió bajar la guardia. Le sonrió de vuelta, le sirvió el vino con manos que no temblaban y hasta permitió que él le acariciara el cabello mientras hablaban de trivialidades. Durante tres días, ella se había esforzado por ser la "esposa perfecta", creyendo ingenuamente que su docilidad podría domar a la bestia.

Pero la felicidad en la mansión Valente siempre tenía una fecha de caducidad inmediata.

A mitad de la cena, el teléfono de Maximiliano vibró sobre la mesa. Fue un sonido seco, como un disparo. Él lo tomó con indiferencia, pero a medida que leía el mensaje, su rostro sufrió una transformación que Selene conocía demasiado bien. La luz de sus ojos se apagó para ser reemplazada por un fuego oscuro y destructivo.

El mensaje era de Roberto Arismendi. Un texto desesperado, patético, pidiendo otra "extensión de crédito" de cincuenta mil dólares para cubrir una deuda de juego que no podía declarar.

Maximiliano dejó el teléfono sobre la mesa y miró a Selene. La ternura de hacía un minuto se había evaporado, dejando solo una frialdad que congeló la sangre de la joven.

—¿Cuánto te ha prometido, Selene? —preguntó él, su voz era un susurro peligroso.

—¿De qué hablas, Max? No te entiendo... —respondió ella, sintiendo cómo el nudo en su estómago regresaba con fuerza.

—¡No me mientas! —rugió él, poniéndose de pie con tanta violencia que la silla voló hacia atrás, estrellándose contra el aparador—. Tu padre me acaba de pedir más dinero. Ahora entiendo todo. Estos tres días de "esposa abnegada", las sonrisas, el té, la amabilidad... ¡Era todo un plan! ¡Él te mandó a seducirme para que yo estuviera de buen humor cuando llegara el cobro!

—¡Eso no es cierto! ¡Yo no sabía nada de ese mensaje! —gritó Selene, retrocediendo hacia la pared, pero Maximiliano fue más rápido.

Él la alcanzó en dos zancadas. Tomó el ramo de flores, esos que representaban su supuesta tregua, y los usó para golpearla en el rostro. Los pétalos, delicados y puros, saltaron por el aire como nieve sucia mientras los tallos le cortaban la piel.

—¡Eres igual que él! —gritó Maximiliano, su mano cerrándose alrededor del brazo de Selene con una fuerza que hizo crujir sus huesos—. ¡Una estafadora de guante blanco! ¡Te vendiste por un precio y ahora intentas renegociar el contrato usando tu cuerpo!

Selene intentó soltarse, pero Maximiliano la empujó contra la mesa de mármol. Fue entonces cuando llegaron los golpes. No eran los golpes de un hombre que ha perdido el juicio por un momento, eran golpes calculados, diseñados para humillar, para recordar quién era el dueño y quién era la propiedad. Cada impacto le arrebataba el aire y la esperanza.

—¡Por favor, Max! ¡Te lo juro, yo no sabía nada! —suplicaba ella desde el suelo, cubriéndose la cabeza con los brazos.

—¡Cállate! —le espetó él, dándole un último empujón con el pie—. Mañana tu padre recibirá su dinero, pero tú... tú vas a pagar cada centavo con tu silencio. No quiero volver a ver esa sonrisa falsa en tu cara. Desde hoy, eres solo un mueble más en esta casa. Y los muebles no sonríen, Selene. Los muebles solo sirven para lo que fueron comprados.

Él salió del comedor dejándola allí, tirada entre pétalos rotos y manchas de vino tinto que parecían sangre sobre el suelo blanco.

Presente:

—¡No! —Selene se incorporó de golpe en la cama, con la respiración entrecortada y el cuerpo empapado en sudor frío.

Se llevó las manos a la cara, esperando sentir el dolor de los tallos de lirio, pero solo encontró su piel suave y las lágrimas que bajaban sin control. El silencio de la librería la rodeaba, pero en sus oídos aún resonaba el grito de Maximiliano.

Se levantó y caminó hacia la ventana. El mar estaba inquieto bajo la luz de la luna. Sus manos temblaban de una manera que no había experimentado en meses. La terapia le había enseñado que las pesadillas eran solo ecos, pero este sueño se sentía distinto. Se sentía como una advertencia. Como si el aire mismo le estuviera diciendo que el depredador había captado su rastro.

—Está cerca —susurró Selene, abrazándose a sí misma—. Puedo sentirlo.

Salió de su habitación y bajó las escaleras en silencio hacia la planta baja de la librería. Necesitaba tocar los libros, sentir el olor a papel viejo para recordarse a sí misma que ya no estaba en la mansión. Se sentó en el suelo, en el mismo lugar donde solía estar con Gabriel, y lloró en silencio por la Selene del pasado, la que no tuvo a nadie que la defendiera de las flores convertidas en látigos.

Lo que Selene no sabía era que, a pocos metros de la entrada de la librería, entre las sombras de los árboles, una figura la observaba. No era un guardia de Gabriel, sino uno de los hombres de Maximiliano, que acababa de enviar un mensaje de voz:

—Se ha despertado. Parece alterada. Creo que sospecha algo.

—No importa —respondió la voz de Maximiliano desde el auricular—. Que tenga miedo. El miedo hace que el reencuentro sea mucho más dulce. Mañana estaré allí. Dile a Roberto que prepare el contrato original. Quiero que esté presente cuando su "inversión" regrese a casa por las malas.

Selene permaneció en el suelo de la librería hasta el amanecer, sin saber que su oasis de paz estaba a punto de ser arrasado por el hombre que convertía las flores en armas y el amor en una transacción de sangre. La pesadilla no había terminado; simplemente estaba a punto de volverse realidad una vez más.

1
Veronica Pinto
me encantó!!
Linilda Tibisay Aguilera Romero
muy buena e interesante me encantó
Linilda Tibisay Aguilera Romero
que bello final
Linilda Tibisay Aguilera Romero
me encantó toda la novela
Linilda Tibisay Aguilera Romero
y la tía de Selena
Linilda Tibisay Aguilera Romero
que bueno ya pueden ser felices
Laura Rodriguez
Muy buena la novela.
Linilda Tibisay Aguilera Romero
me encantó cayeron esos dos
Linilda Tibisay Aguilera Romero
así mismo Selena defiendete de ese desgraciado
Linilda Tibisay Aguilera Romero
ya estás lista ya Maximiliano te podrá volver a dañar
Linilda Tibisay Aguilera Romero
hay Maximiliano solo vas a buscar tu final y en dela vibora
Linilda Tibisay Aguilera Romero
no creo que logres tú cometido Maximiliano espero que Gabriel te tenga vigilado
Linilda Tibisay Aguilera Romero
yo creo que Maximiliano no puede romperla más ella va a ser fuerte y lo va a superar el no va a poder hundirla otra vez
Linilda Tibisay Aguilera Romero
espero que Gabriel no baje la guardía
Linilda Tibisay Aguilera Romero
hay Maximiliano ya caiste
Linilda Tibisay Aguilera Romero
hay Maximiliano quedaste reducido a nada
Linilda Tibisay Aguilera Romero
ya dale el divorcio y déjala ser feliz ella no va a volver contigo
Linilda Tibisay Aguilera Romero
eso te pasa por idiota y arrogante
Linilda Tibisay Aguilera Romero
bravo excelente así se hace
Linilda Tibisay Aguilera Romero
excelente Selena tu eres el Lobo no la presa
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