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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:151.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4 — Una duquesa sin autoridad

No tardé en entender que el problema en Ravenshire no era solo Gabriela.

Era todo un sistema acostumbrado a ignorarme.

Al tercer día empecé a dar pequeñas órdenes, cosas simples, nada que pudiera provocar resistencia; cambiar arreglos del salón, mover horarios del servicio, pedir nuevas cuentas del ala oeste. Pensé que empezar por detalles me permitiría encontrar mi lugar sin confrontaciones innecesarias.

Qué equivocada estaba.

Pedí que sirvieran el desayuno en la terraza.

Nunca llegó.

Cuando pregunté, una doncella respondió con la cabeza baja:

—Gabriela dijo que el duque desayuna en el despacho y que no debía alterarse la costumbre.

Me quedé mirándola.

—Yo di una instrucción.

La muchacha parecía aterrada.

—Lo siento, su gracia.

No era culpa suya.

Y eso lo hacía peor. Porque todos obedecían una autoridad que no era la mía.

Más tarde pedí que cambiaran unas cortinas en mi salón privado.

Horas después seguían allí.

Mandé llamar al mayordomo.

Un hombre seco, educado hasta lo insoportable.

—¿Señor Hale, di una orden esta mañana?

—Sí, su gracia.

—Entonces explíqueme por qué no se cumplió.

Vaciló. Solo un instante.

—La señorita Gabriela indicó que no era prioridad.

Sentí el golpe como una bofetada. Una pausa pesada llenó el cuarto.

—¿Perdón?

El hombre tragó saliva.

—Creí…

Lo interrumpí.

—No le pregunté lo que creyó.

Lo vi sorprenderse. Yo también me sorprendí.

No estaba acostumbrada a ese tono en mi propia voz.

—Cuando yo dé una orden, se cumple. Así sea la más inofensiva.

Él inclinó la cabeza.

—Sí, su gracia.

Se retiró. Pero al cerrar la puerta sentí rabia. Rabia de esa que calienta las manos.

No estaba enfadada solo con Gabriela.

Estaba humillada. Aquella casa me probaba todos los días.

Esa tarde encontré a Erick revisando documentos en la biblioteca.

Entré sin anunciarme. Ni siquiera pensé en pedir permiso.

Él levantó la vista.

—Tienes cara de querer discutir.

Cerré la puerta.

—Tus sirvientes me ignoran.

Apoyó la pluma.

—Ya no son solo mis sirvientes.

—Parece que nadie se ha enterado.

Su boca casi quiso sonreír.

—¿Qué hizo Gabriela ahora?

Me molestó que adivinara tan fácil.

—No es gracioso.

—No me estoy riendo.

Me acerqué al escritorio.

—Todos obedecen antes a ella que a mí.

—Gánate a la casa.

Lo miré incrédula.

—¿Eso es tu consejo?

—Es mejor que declarar guerra a todos.

Crucé los brazos.

—Hablas como si yo fuera la difícil.

Sus ojos grises me sostuvieron.

—Rosaline, esta casa funciona con costumbres viejas.

—Y yo soy tu esposa.

—Lo sé.

—No parece.

Silencio uno pesado y peligroso.

Él se puso de pie. Era injusto que hasta enojado se viera tan imponente y guapo.

—¿Quieres que obligue a todos a inclinarse solo porque llegaste hace una semana?

Mi orgullo se alzó igual que yo. Era más alto y por eso subí mi rostro.

—Quiero que mi marido no me deje parecer una invitada.

Eso sí lo hizo callar. Vi que lo sintió. Bajó un poco la voz.

—No eres una invitada.

—Entonces demuéstralo. Nos conocemos tan poco pero lo que si conocemos bien son las jerarquías y aquí no se cumplen conmigo.

Nos quedamos mirándonos demasiado. Continúe igual.

—Empiezo a cansarme de que me desplacen. Erick.

Sus ojos bajaron un momento a mi boca y regresaron.

Ese gesto me desconcertó. Luego dijo algo que me dejó inmóvil.

—Esa furia te favorece. Supongo que encontré mi pasatiempo.

Sentí calor en las mejillas.

¡Maldito hombre!

Decidí irme antes de que notara el efecto. No quería complacerlo de verme molesta si ese era su pasatiempo.

Pero mientras salía escuché su voz detrás.

—Esta noche habrá cena con invitados.

Me giré.

—¿Y eso es advertencia o amenaza?

Ahora sí sonrió.

—Depende de cómo sobrevivas.

La cena fue peor de lo que imaginé.

Nobles de familias vecinas, un conde insoportable, dos damas que hablaban como si todo fuera escándalo delicioso.

Yo me senté junto a Erick intentando ser impecable.

Gabriela supervisaba el servicio. Demasiado cerca. Como si quisiera recordarme que su presencia atravesaba cada espacio.

Todo iba soportablemente bien hasta que preguntaron por administración del ducado.

Un anciano comentó:

—Será interesante ver si la nueva duquesa participa en asuntos del hogar.

Respondí con calma.

—Estoy empezando a revisar cuentas domésticas.

Gabriela habló desde atrás mientras servían vino.

—Aunque todavía no entiende algunas prácticas de la casa. Es una pena porque si viene de una una familia tan importante, debe saber por lo menos lo básico.

Silencio absoluto. La sangre me subió al rostro.

Lo había hecho frente a invitados. Una corrección pública. Otra humillación.

La condesa fingió no oír. El conde sí sonrió. Yo sentí la vieja Rosaline queriendo callar.

Pero había grietas en esa muchacha.

Ya las sentía. Giré apenas hacia Gabriela.

—Qué alivio contar con alguien tan dispuesta a recordar sus funciones. Aunque no pueda cumplir simples órdenes. Que irresponsabilidad.

La mesa quedó inmóvil. Gabriela tensó la mandíbula.

—Yo cumplo con todo en esta casa.

Le sostuve la mirada.

—Entonces cumple tu función sirviendome en silencio porque nadie ha pedido la opinión de la servidumbre— le mostré mi copa vacía.

La lleno con un rostro que despreciaba mi presencia.

Erick también mostró su copa vacía y la sirvió. Luego la alzó y pidió un brindis.

—Por la nueva señora de esta casa. Rosaline Ravenshire. Su presencia aquí revolucionará más que la costumbre de esta casa.

Me miró con esos ojos peligroso. Trague saliva. Todos brindaron y la cena siguió.

Pero mi pulso no bajó en toda la noche. Cuando por fin los invitados se fueron, pensé que terminaría ahí.

No.

Me anunciaron visita. Mi madre. A esa hora. Debí haber sabido que no traería consuelo. Entró como si siguiera gobernándome.

Miró todo con juicio. Mi vestido. La sala. Mi postura.

Luego habló.

—He oído comentarios.

Sentí agotamiento antes de responder.

—Qué rápido viajan.

—No provoques burlas.

—Buenas noches para ti también, madre.

Su mirada se endureció.

—No uses ese tono.

Erick estaba presente. Observando. Silencioso.

Yo lo agradecí y odié al mismo tiempo.

Lady Valmont se volvió hacia mí.

—Te casé para sostener una alianza, no para crear escenas con sirvientas.

Me quedé helada.

—¿Ya sabes eso también?

—Las casas nobles oyen todo.

—Entonces oíste que me faltan al respeto.

—Oí que respondes demasiado.

Solté una risa amarga.

—Claro.

—Compórtate como esposa obediente.

Algo en mí se rompió.

—¿Obediente para quién? ¿Para ti? ¿Para mi marido? ¿Para su jefa de servicio?

Mi madre me miró casi ofendida.

—Controla ese orgullo naciente.

—No es orgullo.

—¡Es imprudencia!

Erick habló entonces.

—Lady Valmont.

Su voz cortó el aire. Ella lo miró.

—Mi esposa no ha hecho nada impropio.

Mi pecho se tensó. No esperaba eso. Mi madre respondió:

—Con respeto, duque, aún no conoce cuánto puede arruinar una mujer impulsiva.

Y entonces Erick dijo algo que nadie en mi vida había dicho por mí.

—Eso lo decidiré yo— se acercó a mí, apartandome de mi madre y tomó de mi cintura—. Le recuerdo que ella ahora es mía. Sigue siendo su hija. Pero la responsabilidad de cuidarla está en mis hombros y lo que haga ella ya no es su problema.

Hasta mi madre quedó inmóvil. Yo también y más si me apretaba con esas manos fuertes y firme

No supe qué sentir primero. Lady Valmont se volvió hacia mí.

—Recuerda por qué estás aquí.

La miré. Y por primera vez en mi vida no sentí ganas de complacerla.

Solo cansancio.

—Lo recuerdo mejor que tú.

Su rostro cambió. Herido. Tal vez por primera vez.

Se fue poco después. Sin abrazo. Sin ternura. Como siempre.

Cuando quedé sola con Erick no pude hablar enseguida.

Él se acercó otra vez.

—¿Vas a llorar?

Lo miré ofendida.

—No.

—Bien.

—Qué cruel eres.

—No. Prefiero cuando me discutes.

Quise no sonreír. Fracasé. Entonces preguntó:

—¿Tu madre siempre habla así contigo?

—Peor.

Me observó largo rato. Demasiado largo.

—Ahora entiendo cosas.

—¿Qué cosas?

Se acercó más.

—Por qué pides respeto con tanta hambre.

No respiré bien durante un instante. Bajé la mirada. No quería que viera demasiado.

—No me analices.

—Lo hago desde que te vi por primera vez en la boda. Y aún así, no logró...

Levanté la vista.

—¿No logras que? Continúa.

Su boca casi se curvó.

—No quiero.

—¿Me dejaras con esta incertidumbre?

—Tal vez. Si eres lo suficientemente inteligente para descifrarlo...

¡Maldito hombre otra vez!

------

Cuando me quedé sola más tarde en mi habitación comprendí algo doloroso.

No tenía refugio en esta casa. Tampoco en la que dejé.

Mi madre no venía a protegerme. Venía a recordarme que debía soportarlo todo.

Y sin embargo…

Ya no quería soportarlo todo.

La docilidad empezaba a agrietarse. Gabriela me había humillado delante de nobles.

Mi madre había querido empequeñecerme otra vez. Pero algo estaba cambiando. Muy dentro.

Y mientras me peinaba pensé una verdad que me asustó admitir. Quizá la muchacha obediente que trajeron a Ravenshire estaba empezando a desaparecer.

1
Irene Nievecita
Siempre me sorprendes con tus historias, esta estuvo corta pero redondita, no falta ni sobra nada es perfecta, gracias una vez más por tu tiempo y tu inspiración para crear historias entretenidas, que dan la impresión de vivirlas como en las películas, pir lo menos yo me siento parte de la historia y logro imaginar cada detalle de la misma
Irene Nievecita
Me alegro que el se diera cuenta que ella no es una damisela, que no sabe resolver los problemas, también me gusta mucho que le demuestre con palabras que la ama mucho
Irene Nievecita
Eso sí que fue un giro inesperado de los acontecimientos, ella sabe defenderse y muy bien por lo demás. Y se da el lujo de reclamarle por demorarse.👏👏👏👏👏
Irene Nievecita
Esa recompensa si estuvo muy caliente, yo quisiera una recompensa así de abundante☺️☺️☺️☺️
Irene Nievecita
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Irene Nievecita
Era lo menos que debía esperarse de parte de Gabriela, sentirse traicionada, por llevar ella la casa, pero de ahí a sentir que ella tenia un peso especifico en la vida de él, no tiene ningún sentido, por más que él hubiera tenido sexo con ella, solo era parte de la servidumbre y nada más
Irene Nievecita
Hasta que al fin vio las estrellas, como debe ser, tiene un hombre joven, fuerte. apasionado y muy bien dotado, mejor suerte imposible.
Irene Nievecita
Así se habla con la verdad, nada de fingir, que el note que también estas interesada por tener un conocimiento más cercano del tamaño y grosor de su virtud como hombre🤭🤭🤭🤭
Irene Nievecita
Que bueno que ella ya no es la muchachita sin personalidad, que crío lady Valmont, ahora es una mujer casada, con responsabilidades y los sirvientes deben tenerlo claro en especial la tal Gabriela, sino debe despedirla así de sencillo.
Irene Nievecita
El no le quiere dar su lugar, el espera que ella saque el carácter que vio en ella el día que se casaron, así que a ganar en contra de la famula que se cree duquesa.
Irene Nievecita
No debe permitir por ningún motivo, que esa famula se crea la dueña de casa, ella es la duquesa y lo debe poner de relieve desde el principio, la obligación de ella es hacerse cargo, de todo lo relativo con la casa y la servidumbre
Irene Nievecita
Por lo menos no es un duque altanero, que impone sus derechos
Irene Nievecita
grasias por esta nueva historia
Sandra Vielmas
mee encantó esta historia. te felicito así me gustan cortas...🙏❤felicidades
Sandra Vielmas
entonces esa zorra se acostaba con el. por eso tanto coraje y altaneria
Sandra Vielmas
sán Francisco de los palos... Que Estrada le dieron😂😂😂/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Aniramairos
Va a agarrar una infección infernal, eso no se hace 🤭
Yajaira Castellanos
porq no la despide
KJ
Me encantó un montón la historia, es corta pero pero muy linda, me gusto muchísimo la personalidad de la protagonista y tu forma de narrar todo, estuvo muy precioso todo, gracias por escribir y compartirnos tan bonito libro 🫶🏻🫶🏻☺️🥰
Paola Coria
excelente novela
sin palabras
muy bien contada clara sin mucho relleno innecesario
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