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Doble Vida.

Doble Vida.

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

"Nadie sabe que detrás de esta mujer que plancha camisas y hornea galletas, hay otra que a las diez de la noche se convierte en alguien irreconocible.Y lo peor es que ya no sé cuál de las dos soy yo".¿Podrá Valeria continuar con su doble vida antes de que se derrumbe todo su mundo?

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La puerta negra.

23:15 – Corrientes 3850. Pasillo lateral.

El callejón olía a basura acumulada durante días y a orina de gato callejero. Una bombilla desnuda colgaba de un cable pelado sujeto con cinta aislante, oscilando con el viento nocturno y proyectando sombras danzantes sobre las paredes de ladrillo descascarado cubiertas de grafitis viejos. Valeria avanzó con pasos cortos, incómoda sobre unos tacones de aguja que había comprado esa misma tarde en una tienda de segunda mano. El vestido negro le ajustaba en las caderas, demasiado corto, demasiado escotado, demasiado para una mujer que hasta esa mañana solo usaba jeans y camisetas de algodón para ir al supermercado. Se sentía como una impostora, como una actriz a punto de salir a escena sin saberse el guion.

La puerta negra era de chapa gruesa, sin cartel luminoso ni timbre. Solo una mirilla corrediza a la altura de los ojos, como las que se ven en las películas de gángsters y que Valeria nunca imaginó que existieran en la vida real. El edificio parecía abandonado desde fuera: ventanas tapiadas, una fachada desconchada, ningún indicio de la actividad que albergaba en su interior. Valeria respiró hondo, apretó el bolso contra el pecho como si fuera un escudo medieval y golpeó dos veces, tal como le habían indicado por teléfono.

La mirilla se deslizó con un chirrido metálico que le erizó la piel. Dos ojos oscuros, pequeños y suspicaces como los de un roedor, la escrutaron desde el otro lado con la frialdad de quien está acostumbrado a evaluar personas como si fueran mercancía.

—¿Quién busca? —preguntó una voz masculina, grave y sin matices.

—A Dante. Soy... Luna —respondió Valeria, odiando la vacilación en su propia voz.

—Esperá ahí. No te muevas.

La mirilla se cerró con un golpe seco que resonó en el silencio del callejón. Pasaron treinta segundos que a Valeria le parecieron una hora. Luego un minuto entero. Estaba por darse la vuelta e irse, convencida de que todo era una trampa o una broma de mal gusto, cuando la puerta se abrió con un quejido de bisagras oxidadas. Un hombre corpulento, de unos cincuenta años, con el cuello ancho como un tronco de árbol y un tatuaje de una serpiente enroscada en el antebrazo derecho, le hizo un gesto brusco con la cabeza para que entrara.

—Pasá. Dante está en la oficina del fondo, al final del pasillo. Seguí derecho y no mires a los costados —ordenó el hombre, cerrando la puerta detrás de ella con un golpe seco que sonó como una sentencia.

—¿No hay ninguna otra indicación? ¿Algo que deba saber? —preguntó Valeria, con un hilo de voz.

—Sí. No hagas preguntas. Y no te detengas en el camino. Las chicas están trabajando y los clientes no quieren distracciones.

—Entendido.

Valeria obedeció sin chistar. El pasillo era angosto, tanto que apenas podía caminar sin rozar las paredes con los hombros, y estaba iluminado por tubos fluorescentes que parpadeaban con un zumbido eléctrico que taladraba los oídos. Las paredes, pintadas de un rojo oscuro que alguna vez fue brillante, estaban desconchadas y cubiertas de marcas que prefería no identificar. A ambos lados, puertas cerradas dejaban escuchar una banda sonora de música a bajo volumen, risas agudas, el tintineo de copas y algún que otro gemido que aceleró el pulso de Valeria. El aire estaba cargado de humo de cigarrillo y un perfume dulzón y barato que se mezclaba con un olor a transpiración antigua.

Al final del pasillo, una puerta entreabierta dejaba ver un escritorio de metal y una lámpara de pie con pantalla roja que teñía toda la habitación de un tono carmesí, como el interior de un cuarto oscuro de revelado fotográfico. Dante estaba sentado detrás del escritorio, revisando papeles con la concentración de un contador, aunque su aspecto distaba mucho de ser el de un oficinista. Era un hombre de unos cuarenta y cinco años, delgado pero fibroso, con el pelo negro peinado hacia atrás con gomina y una sonrisa que no inspiraba confianza sino todo lo contrario. Vestía camisa negra de seda y un chaleco de satén bordó que le daba un aire de galán de telenovela de los años ochenta. Al levantar la vista, sus ojos oscuros recorrieron a Valeria de arriba abajo con la velocidad de quien está acostumbrado a evaluar cuerpos en segundos.

—Así que vos sos Luna. Sentate —dijo Dante, señalando una silla de madera despintada frente al escritorio.

—Gracias —respondió Valeria, tomando asiento con las piernas juntas y la cartera sobre la falda.

—¿Edad?

—Treinta y cuatro años.

—¿Hijos?

—¿Eso importa para el trabajo? —preguntó Valeria, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.

—Acá todo importa, Luna. Pero no te preocupes, no soy de hacer preguntas innecesarias. Lo que me interesa es si sabés bailar.

—No profesionalmente. Nunca tomé clases, si es lo que pregunta. Pero aprendo rápido.

—Claro que aprendés. Todas aprenden. Lo que necesito es actitud. Presencia escénica. Esa cosa que hace que los clientes no puedan dejar de mirarte. ¿Tenés eso?

—Tengo lo que haga falta, señor Dante.

—¿Estás segura? Porque esto no es un jardín de infantes. Acá vienen hombres que pagan mucho dinero por ver a mujeres como vos. Y esperan un espectáculo, no una clase de aeróbicos.

—Lo entiendo perfectamente.

—¿Y no tenés miedo?

—Sí. Mucho miedo. Pero necesito el trabajo.

Dante se reclinó en su silla giratoria, que crujió bajo su peso. La estudió durante un largo minuto, jugueteando con una lapicera de metal entre los dedos. Luego abrió un cajón del escritorio, sacó un fajo de billetes sujeto con una banda elástica y lo puso sobre la mesa con un gesto teatral, como un mago que revela su truco.

—Esta noche hay prueba. Tres bailes en el escenario principal. Si los clientes aplauden, el puesto es tuyo. Si no, te vas y no nos vemos nunca más. ¿Trato?

—Trato —respondió Valeria, tomando el fajo de billetes con mano temblorosa.

—Bien. Ahora andá al camarín. La tercera puerta a la derecha. Preguntá por Lorena, es la que te va a ayudar a prepararte. Y no me hagas quedar mal, Luna, porque mi reputación está en juego cada vez que sube una nueva al escenario.

—No lo voy a hacer. Se lo prometo.

—Eso espero. Por tu bien.

Valeria tomó el fajo. Eran diez mil pesos. Una fracción ínfima de lo que necesitaba para el tratamiento de su madre, pero un comienzo. El primer escalón de una escalera que no sabía adónde conducía pero que estaba dispuesta a subir.

1
noris partidas
ya es momento de que dustraifan y se olvide todo lo malo que. ivieron o sean solo anécdotas que ayudan a crecer
noris partidas
ya es momento de que dustraifan y se olvide todo lo malo que. ivieron o sean solo anécdotas que ayudan a crecer
noris partidas
me encanta la historia rñee está novela escritora. una mujer que lucho por su madre y por su matrimonio
noris partidas
me gusta la trama, a pesar de todo la comprensión del esposo. y que van a poner preso a esow corruptos desalmadow
noris partidas
que no le pase nada a ninguno.y a este hombre lo pongan preso y pague lo que ha hecho
noris partidas
que no le pase nada a ninguno.y a este hombre lo pongan preso y pague lo que ha hecho
noris partidas
es duro pero debe decirle a su esposo. sino si matrimonio se viene abajo
Loba
pobrecita Sofi🥰
Loba
me gusta cantidad.
Sonia
preciosa novela
Sonia
preciosa 💖
Jaly
me encantó 🥰
Jaly
Muy bonita esta novela . La continuaré leyendo.
Betty
linda novela
Betty
linda novela 👏
Liane
preciosa sigue así 👏
Virgo
👏👏👏👏
Ceni
me encanta esta novela
Galia
bella novela
Shaina
excelente
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