NovelToon NovelToon
Obsesión por la Niñera

Obsesión por la Niñera

Status: Terminada
Genre:Romance / Matrimonio contratado / Mafia / Niñero / Romance de oficina / Completas
Popularitas:157
Nilai: 5
nombre de autor: Cintia _Escritora

Clara es una joven valiente que, tras la muerte de su padre y frente a las dificultades económicas de su familia, ve en un trabajo como niñera la oportunidad de cambiar la vida de todos. Es contratada para cuidar de Pedro, un niño pequeño y frágil, en la lujosa e imponente mansión de Enrico, un hombre rico, autoritario y enigmático.

Al principio, Enrico impresiona a Clara con su mirada intensa, sus reglas estrictas y su actitud distante, transmitiendo poder y control en cada gesto. Pero, a medida que Clara se acerca a Pedro, ganándose su confianza y demostrando dedicación y cariño, surge una tensión silenciosa entre ella y Enrico. Entre enfrentamientos y momentos de vulnerabilidad, nace la semilla de un sentimiento inesperado, delicado y peligroso, pues Enrico es tan intenso como misterioso.

NovelToon tiene autorización de Cintia _Escritora para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

SR. ENRICO

Estoy en el coche, volviendo a casa, en este momento estoy un poco más relajado. La ciudad palpita en la noche, faros cortan la oscuridad, pero mi mente está en otra frecuencia. Recibí un correo electrónico de un socio que cambió mi enfoque. Mientras conduzco, repaso números, informes, estrategias. El trabajo es predecible...

Las personas no. Las personas siempre fallan.

El celular vibra en el panel. Patricia llamando y ella solo me llama en último caso.

- ¿Sí? Contesto seco.

- Señor Enrico... hubo un accidente.

Su voz está temblorosa, y eso ya me irrita.

- ¿Qué accidente, Patricia? Sujeto el volante más firme, el corazón se dispara, pero la voz sale controlada.

- Pedro... él se cayó. Se lastimó el brazo. La niñera y el chofer lo llevaron al hospital.

Por algunos segundos el mundo desaparece. El tránsito, las luces, el ruido de la ciudad... todo se disuelve. Solo consigo oír una cosa: Pedro.

- Estoy yendo para allá.

No pienso. No planeo. Apenas giro el coche bruscamente en la avenida, acelerando como si cada segundo fuera una condena.

Por suerte el hospital no estaba distante.

El hospital surge frío, concreto y vidrio, luces blancas que me recuerdan la fragilidad de todo lo que juré proteger. Lanzo la llave al valet parking sin mirar, sin oír nada además de la propia respiración.

Entro por las puertas automáticas, y el aire, con olor a alcohol y desinfectante, me engulle. Miro alrededor buscando a alguien, mi hijo... ¿dónde está mi hijo?

Veo a Clara. Ella está allí, en el corredor, sosteniendo su bolsa y conversando con una enfermera. El chofer está sentado, cabizbajo. Y, más adelante, en una camilla infantil, Pedro.

Demasiado pequeño, demasiado frágil, con una curación improvisada en el brazo.

El mundo vuelve a girar.

- Hijo... mi voz falla, aunque intente mantenerla firme. Me aproximo, toco su cabello, beso su frente. Él me mira con aquellos ojos grandes y tristes que heredó sin querer.

Él me responde con la mirada y me abraza.

Lo miro, sujeto su mano con fuerza.

- Estoy aquí. Está todo bien ahora. Aunque yo mismo no crea en eso.

Clara da un paso adelante. Sus ojos parecen cansados, afligidos. Pero todo lo que veo no es falla y descuido.

Me giro hacia ella.

- Necesito hablar contigo. Mi voz es dura, cortante. No doy opción. La jalo del brazo, arrastrándola hacia el rincón del corredor.

- Señor Enrico... yo... ella intenta comenzar, pero no dejo.

- ¿Cómo pudiste dejar que esto sucediera? Digo entre dientes.

- Te entrego a mi hijo, confío lo que tengo de más precioso, ¿y es esto lo que recibo?

Ella abre los ojos, la respiración presa. - Él corrió, yo intenté impedir...

- ¿Intentaste? Corto.

- Intentar no es suficiente. Intentar no mantiene sus huesos en el lugar, no evita lágrimas en mi hijo. Deberías estar atenta, deberías estar vigilante.

Ella traga saliva. Pero yo no paro. No puedo parar.

- Esto... esto es inaceptable.

- ¿Tu padre nunca te enseñó sobre responsabilidad?

- ¡Enseñó, sí! Ella responde con la voz presa en la garganta.

- Si yo fuera tu padre, me avergonzaría de ti. Digo con rabia y desdén.

La palabra sale antes de que yo piense.

Veo su semblante transformarse. Está claro que alcancé un punto que no debería. Su rostro se deshace, las lágrimas corren.

Ella intenta balbucear algo... pero desiste.

Clara llora delante de mí, el dolor transbordando. Y, por primera vez en años, siento culpa. Un peso frío que me paraliza.

Respiro hondo, pero no sé qué decir. Yo, Enrico, siempre con respuestas afiladas, siempre con control absoluto... no sé cómo reaccionar.

Quiero decir que no fue personal. Quiero decir que yo estaba nervioso. Pero nada de eso importa. Yo la lastimé y nada de lo que yo diga cambia eso.

La miro, tan frágil... y me pregunto por qué ser el hombre que ataca en vez del hombre que protege.

Clara intenta limpiar las lágrimas, como si quisiera esconder su propia flaqueza de mí. Pero no lo consigue. La imagen de ella así me desmonta por dentro.

Pedro llama por ella.

- Clá... la... La voz suave, como un pedido de socorro.

Ella corre hasta él, se enjuga los ojos rápidamente y sujeta su mano, forzando una sonrisa para que el niño no lo perciba.

Yo me quedo allí, parado, a algunos pasos de distancia, observando. La rabia que antes quemaba en mí ahora se deshace en cenizas.

Mi hijo no solo aprendió a hablar su nombre como también la necesita. Él aprendió su nombre y no el mío. Él se calmó con su toque, no con el mío.

Eso me destruye.

No digo nada. Vuelvo el rostro, intentando recomponer la máscara de frialdad que siempre uso. Pero por dentro, un torbellino me consume.

No puedo admitir para ella. No puedo admitir para nadie. Pero, por primera vez en mucho tiempo, siento que perdí el control.

Y eso me aterra más que cualquier caída, más que cualquier herida.

El médico aparece.

- Entonces, Srta., no fue nada grave. Solo el susto, mismo.

- Aquí la receta. Tiene un remedio para el dolor en caso de que haya alguna molestia.

- Gracias, Dr. Ella dice sonriendo gentilmente.

- Están liberados. El médico dice y se aleja.

- Bien, vamos a casa.

- Al salir, el valet parking trae mi coche y Fred, nuestro chofer, trae el otro.

Yo coloco a Pedro en la sillita.

- Entra, Clara.

- Sr., si no le importa, prefiero ir con Fred.

Estaba claro que ella no quería estar cerca de mí.

- Sí, me importa. Pedro se queda más tranquilo con tu presencia.

Ella asiente con la cabeza concordando y entra en el coche.

Yo me siento y seguimos de vuelta a casa.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play