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Bajo La Sangre Del Cuervo

Bajo La Sangre Del Cuervo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Acción / BL / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: jaritzy mendoza

Durante años, las familias mafiosas más poderosas han mantenido un frágil equilibrio de poder. Sin embargo, una traición rompe esa paz cuando Noah Salvatore, el estratega de una organización rival, es entregado a Adrián De Luca, el temido líder de la mafia Cuervo Negro.
Todos esperan una ejecución inmediata. Adrián, en cambio, decide mantener con vida a aquel hombre de mirada desafiante que parece esconder secretos capaces de destruir el imperio criminal de la ciudad.
Obligados a colaborar para sobrevivir, la desconfianza pronto se convierte en respeto, el respeto en deseo y el deseo en un amor tan peligroso como la guerra que amenaza con consumirlos. Pero en el mundo de la mafia, amar a la persona equivocada puede costar la vida.

NovelToon tiene autorización de jaritzy mendoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Extra 3: El hombre que nunca se arrodilló

El amanecer cubría Valdoria con un tono grisáceo cuando Adrián abrió los ojos. Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando el techo de la habitación.

Hacía años que las pesadillas habían dejado de despertarlo sobresaltado, pero aún existían mañanas en las que el pasado regresaba sin pedir permiso.

Escuchó un murmullo a su lado.

Noah seguía profundamente dormido, abrazado a su cintura como si temiera que desapareciera en cualquier momento.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Adrián.

Aquel hombre que años atrás había sido su prisionero ahora era la única persona capaz de hacerlo sentir en paz.

Con cuidado apartó un mechón de cabello del rostro de Noah.

—Buenos días... —murmuró Noah sin abrir los ojos.

—Pensé que seguías dormido.

—Lo estaba... hasta que alguien empezó a mirarme demasiado.

—No me estaba quejando.

Noah sonrió sin abrir los ojos.

—Eso es aún más extraño.

Adrián soltó una risa baja.

Si alguien le hubiera dicho años atrás que algún día despertaría así, abrazando al hijo de una familia rival, lo habría considerado una locura.

Pero la vida tenía una extraña manera de cambiar el destino.

Después del desayuno decidieron caminar por el centro de la ciudad.

Era la primera vez en mucho tiempo que podían hacerlo sin escoltas, sin armas visibles y sin mirar constantemente sobre sus hombros.

La gente los saludaba.

Algunos apenas inclinaban la cabeza.

Otros les sonreían.

Ya no eran los hombres que gobernaban mediante el miedo.

Ahora eran quienes habían evitado que la ciudad terminara consumida por otra guerra.

Mientras caminaban, una anciana se acercó lentamente.

—Disculpen...

Noah se volvió hacia ella.

—¿Sí?

La mujer extendió una pequeña bolsa de tela.

—Son galletas. Las hice esta mañana.

Ambos se miraron confundidos.

—¿Para nosotros? —preguntó Noah.

Ella asintió.

—Hace unos años mi nieto quedó atrapado en un enfrentamiento entre mafias.

Pensé que moriría.

Pero ustedes lo salvaron.

Nunca tuve oportunidad de agradecerles.

Noah recibió la bolsa con cuidado.

—No era necesario.

—Para mí sí.

La anciana tomó las manos de ambos durante unos segundos.

—Gracias por devolverle la tranquilidad a esta ciudad.

Cuando se marchó, ninguno habló.

Adrián observó la bolsa.

—Nunca imaginé que alguien me regalaría galletas.

—¿Esperabas balas?

—Era más probable.

Los dos comenzaron a reír.

Esa tarde regresaron al orfanato.

Los niños corrieron hacia ellos apenas cruzaron la entrada.

—¡Adrián!

—¡Noah!

Leo fue el primero en llegar.

—¡Tenemos una sorpresa!

—¿Otra? —preguntó Noah.

—¡Sí!

Los pequeños los llevaron hasta el patio principal.

Habían preparado una enorme cartulina llena de dibujos.

Había cuervos.

Mariposas.

Árboles.

Y, en el centro, dos figuras tomadas de la mano.

Arriba podía leerse con letras torcidas:

"Gracias por darnos un hogar."

Noah sintió un nudo en la garganta.

Adrián permaneció inmóvil.

Los niños comenzaron a explicar cada dibujo al mismo tiempo.

Uno había pintado la cocina.

Otro el jardín.

Otro había dibujado a Matteo cocinando, aunque todos coincidieron en que era muy malo.

—¡Oigan! —protestó Matteo desde el fondo.

Las risas inundaron el lugar.

Elías apareció con una cámara.

—Todos juntos.

Los niños rodearon a Adrián y Noah.

El flash iluminó el patio.

Aquella fotografía terminaría ocupando el lugar más importante del despacho de ambos.

No por su valor económico.

Sino porque representaba todo aquello que alguna vez creyeron imposible.

Esa noche, cuando el orfanato quedó en silencio, Noah encontró a Adrián sentado solo en una banca del jardín.

—¿En qué piensas?

Adrián tardó varios segundos en responder.

—En mi padre.

Noah se sentó junto a él.

Nunca hablaba de él.

—Él decía que un líder jamás debía mostrar debilidad.

Que el miedo mantenía unido a un imperio.

Noah permaneció en silencio.

—Viví creyendo eso durante años.

Miró las ventanas iluminadas del orfanato.

—Pero estaba equivocado.

—¿Lo estaba?

Adrián asintió.

—Mira ese lugar.

Antes necesitábamos cientos de hombres armados para proteger nuestro territorio.

Ahora bastan unas cuantas personas dispuestas a cuidar unas de otras.

Eso tiene mucho más valor.

Noah apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Estoy orgulloso de ti.

Adrián sonrió.

—No digas esas cosas.

—¿Por qué?

—Porque después me acostumbro.

—Ese era el plan.

Mientras hablaban, escucharon unos pequeños pasos.

Leo apareció con una manta sobre los hombros.

—No puedo dormir.

—¿Otra pesadilla? —preguntó Noah.

El niño asintió.

Adrián le hizo un espacio entre ellos.

Leo se sentó.

Durante varios minutos nadie dijo nada.

Hasta que el pequeño preguntó:

—¿Ustedes alguna vez tuvieron miedo?

Noah respondió primero.

—Muchas veces.

—¿Y qué hicieron?

Noah miró a Adrián.

—Encontré a alguien que me enseñó que no tenía que enfrentarlo solo.

Leo dirigió la mirada hacia Adrián.

—¿Y tú?

El antiguo jefe de la mafia respiró profundamente.

—Yo tardé mucho tiempo en entenderlo.

—¿Entender qué?

Adrián observó el cielo estrellado.

—Que ser fuerte no significa no tener miedo.

Significa seguir adelante incluso cuando lo tienes.

Leo permaneció unos segundos pensativo.

Después tomó una mano de Noah y otra de Adrián.

—Entonces... creo que ya no tengo tanto miedo.

Los tres permanecieron sentados bajo las estrellas.

En silencio.

Sin necesidad de decir nada más.

Cuando finalmente llevaron a Leo de vuelta a su habitación, Noah cerró la puerta con cuidado.

—Eres bueno con ellos.

Adrián negó con la cabeza.

—Solo intento darles lo que yo nunca tuve.

Noah lo abrazó por la espalda.

—Y lo estás consiguiendo.

El silencio volvió a envolverlos.

No era un silencio incómodo.

Era el tipo de silencio que solo existe entre dos personas que ya no necesitan demostrar nada.

Adrián tomó la mano de Noah y besó suavemente sus dedos.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Porque llegaste a mi vida cuando menos lo merecía.

Noah sonrió con ternura.

—No.

Le acarició el rostro.

—Llegué cuando más lo necesitabas.

Los ojos de Adrián se humedecieron apenas un instante.

Nunca lloró.

Nunca se arrodilló ante nadie.

Nunca permitió que el mundo lo viera romperse.

Pero cada vez que Noah lo abrazaba comprendía que existía una diferencia enorme entre rendirse... y encontrar un lugar donde bajar la guardia.

Esa noche caminaron de regreso a casa tomados de la mano.

Sin esconderse.

Sin miedo.

Sin importar quién pudiera verlos.

Porque después de sobrevivir a guerras, traiciones y pérdidas, habían aprendido que el amor no era una debilidad.

Era la mayor victoria que podían llevar consigo.

Y mientras las primeras luces del nuevo día comenzaban a aparecer en el horizonte, Adrián comprendió que, por primera vez en toda su vida, ya no era conocido por el hombre que había sido.

Sino por el hombre en el que Noah lo había ayudado a convertirse.

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Beisy Antunez
Me gustó esta historia a veces todos los enemigos no son los malos😉
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