Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.
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Capítulo 24: La traición final
La puerta terminó de abrirse lentamente.
Todos permanecieron en silencio.
Nadie se movía.
Porque aquella voz era demasiado conocida.
Alessandro sintió un peso en el pecho.
Después de tantas traiciones, todavía había alguien capaz de sorprenderlo.
La figura entró a la habitación.
Y la luz permitió ver su rostro.
—No puede ser...
Susurró Valeria.
Era Sofía.
La persona que durante todo ese tiempo había estado ayudándolos a unir las piezas.
La amiga que había acompañado a Valeria.
La mujer que parecía estar de su lado.
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Alessandro miró a Sofía sin poder entender.
—¿Vos?
Ella bajó la mirada.
No parecía orgullosa.
No parecía una enemiga.
Parecía alguien que llevaba demasiado tiempo cargando una culpa.
—Sé lo que están pensando.
Dijo.
—Pero no es lo que creen.
Marco levantó el arma.
—Entonces explicá por qué aparecés justo ahora.
Sofía respiró profundamente.
—Porque ya no puedo seguir escondiéndome.
Luciano la observaba con seriedad.
—Sabía que este momento llegaría.
Alessandro lo miró.
—¿Vos sabías?
Luciano asintió.
—Sí.
—¿Y tampoco me lo dijiste?
Luciano bajó la mirada.
Otra vez.
Otro secreto.
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Valeria se acercó lentamente a Sofía.
—¿Desde cuándo sabés todo esto?
Sofía cerró los ojos.
—Desde antes de conocerte.
La respuesta dolió.
Porque significaba que su relación había comenzado basada en una mentira.
—¿Por qué te acercaste a mí?
Preguntó Valeria.
Sofía tardó en responder.
—Porque tenía una deuda con tu familia.
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Alessandro frunció el ceño.
—¿Qué deuda?
Sofía miró hacia Enzo.
—Mi padre trabajaba para los De Luca.
Enzo pareció reconocerla.
—No...
Sofía asintió.
—Sí.
Mi padre era una de las personas que estaba esa noche del accidente.
El ambiente cambió.
—¿Tu padre sabía quién intentó matarme?
Preguntó Enzo.
Sofía bajó la mirada.
—Sí.
Todos quedaron en silencio.
—Pero no pudo hablar.
—¿Por qué?
Sofía respondió:
—Porque lo mataron antes de que pudiera decir la verdad.
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Valeria sentía que todo volvía a repetirse.
Personas buenas.
Personas manipuladas.
Personas guardando secretos por miedo.
—Entonces, ¿vos qué papel tenías?
Preguntó.
Sofía miró a Alessandro.
—Mi misión era encontrar la verdad.
—¿Por orden de quién?
Sofía no respondió.
Y ese silencio fue suficiente.
Alessandro sintió una nueva decepción.
—¿Quién te mandó?
Finalmente ella dijo:
—Tu padre.
Todos miraron a Enzo.
—¿Yo?
Sofía asintió.
—Antes de desaparecer, él me pidió que vigilara que la verdad saliera a la luz.
Enzo parecía confundido.
—Nunca te pedí eso.
Sofía lo miró sorprendida.
—Entonces...
Se quedó callada.
Porque acababa de entender algo.
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Luciano se levantó lentamente.
—Eso significa que alguien usó el nombre de Enzo.
Todos quedaron atentos.
—Alguien sabía que Sofía obedecería si creía que venía de él.
Alessandro sintió un escalofrío.
Otra vez la misma estrategia.
Usar a las personas.
Manipular sus decisiones.
—¿Quién podría hacer eso?
Preguntó Valeria.
Luciano miró el cuaderno que estaba sobre la mesa.
Después miró el nombre escrito en la última página.
—La misma persona que ha estado moviendo todo desde el principio.
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En ese momento, el teléfono de Alessandro recibió un mensaje.
Una fotografía.
La abrió.
Era una imagen tomada esa misma noche.
Todos ellos estaban en la habitación.
Pero la foto había sido tomada desde afuera.
Alguien los estaba observando.
Debajo de la imagen había una frase:
"Ya descubrieron demasiadas cosas. Ahora voy a quitarles lo único que todavía los mantiene unidos."
Alessandro miró a Valeria.
Y por primera vez sintió miedo de verdad.
Porque sabía que el próximo ataque no sería contra un secreto.
Sería contra ellos.
El mensaje seguía en la pantalla del teléfono.
"Ahora voy a quitarles lo único que todavía los mantiene unidos."
Nadie necesitaba preguntar qué significaba.
Todos entendían.
La persona detrás de todo ya no quería esconder la verdad.
Quería destruirlos.
Alessandro guardó el teléfono lentamente.
Valeria notó su expresión.
—¿Qué estás pensando?
Él la miró.
Y por un momento volvió a ser el hombre que ella había conocido años atrás.
El hombre que cargaba todo sobre sus hombros.
—Que esto nunca va a terminar.
Valeria negó.
—Sí va a terminar.
Tomó su mano.
—Pero no dejando que nos separen otra vez.
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Luciano observaba a Sofía en silencio.
—Ahora entiendo.
Ella lo miró.
—¿Qué?
—Por qué te eligieron.
Sofía frunció el ceño.
—¿De qué hablás?
Luciano señaló el cuaderno.
—Tu padre no era solo un empleado de la familia.
Era alguien en quien Enzo confiaba.
Sofía bajó la mirada.
—Mi padre quería contar la verdad.
—Pero no pudo.
Dijo Enzo.
Ella asintió.
—Por eso acepté ayudar.
Porque quería terminar lo que él empezó.
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Alessandro miró a Sofía.
Todavía estaba herido.
Pero también entendía algo.
Ella no parecía una enemiga.
Parecía otra persona atrapada en una historia que había comenzado antes de ella.
—¿Quién te dio las instrucciones?
Preguntó.
Sofía respondió:
—Una persona que decía trabajar para tu padre.
Marco se tensó.
—¿Quién?
Sofía sacó un papel de su bolsillo.
—Nunca vi su rostro.
Pero me dejaba mensajes.
Alessandro tomó el papel.
Había una dirección.
Y una hora.
—Es una trampa.
Dijo Marco.
Todos lo sabían.
Pero también sabían que era la única pista.
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Esa misma noche decidieron ir al lugar.
Una antigua fábrica abandonada.
El sitio parecía vacío.
Demasiado vacío.
Alessandro caminaba junto a Valeria.
—Si algo pasa...
Ella lo interrumpió.
—No empieces.
Él la miró.
—¿Qué?
—No me digas que me aleje.
Sonrió levemente.
—Ya perdimos demasiado tiempo separados.
Alessandro sonrió por primera vez en días.
—Siempre fuiste más valiente de lo que creías.
—Y vos más terco de lo que aceptás.
Por un momento, todo el caos quedó lejos.
Solo estaban ellos.
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Al entrar a la fábrica encontraron una mesa.
Sobre ella había documentos.
Fotografías.
Y una grabación.
Alessandro la tomó.
La activó.
Una voz apareció.
Una voz que ninguno esperaba escuchar.
—Si llegaron hasta acá, significa que finalmente entendieron.
Todos se miraron.
Era la voz de...
Vittorio.
El abuelo de Alessandro.
Pero él estaba muerto.
O eso creían.
La grabación continuó:
—La familia De Luca siempre estuvo llena de secretos.
Pero el mayor secreto es que yo no fui quien inició esta guerra.
Hizo una pausa.
—Yo también fui manipulado.
Alessandro quedó inmóvil.
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La voz de Vittorio siguió:
—El verdadero responsable no buscaba dinero.
No buscaba poder.
Buscaba destruir el apellido De Luca.
Y para lograrlo necesitaba que todos nos odiáramos entre nosotros.
La grabación terminó.
En la mesa apareció una última fotografía.
Una imagen reciente.
De una persona que estaba viva.
Alessandro la tomó.
Su rostro perdió color.
—No...
Valeria se acercó.
—¿Quién es?
Alessandro levantó la fotografía.
Y respondió con la voz quebrada:
—Es alguien que murió hace años.
Luciano miró la imagen.
Y por primera vez pareció tener miedo.
—Entonces no estamos persiguiendo a una persona.
Dijo.
—Estamos persiguiendo a un fantasma.
En ese momento, las puertas de la fábrica se cerraron de golpe.
Las luces se apagaron.
Y una voz apareció desde los altavoces:
—Bienvenidos al final del juego.