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Después de los 40 El renacimiento de una nueva mujer

Después de los 40 El renacimiento de una nueva mujer

Status: Terminada
Genre:Romance / Comedia / CEO / Mafia / Completas
Popularitas:252
Nilai: 5
nombre de autor: Vlaucia Campos

Donatella lo dio todo por su matrimonio. Veinte años dedicada a un hombre que dejó de verla, a una vida que dejó de ser suya. Hasta que un día decidió que ya era suficiente.

A los cuarenta, la mayoría del mundo le dice que su mejor momento ya pasó. Pero Donatella está a punto de descubrir que la mujer más poderosa de su vida siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.

Nueva ciudad. Nuevo cuerpo. Nueva actitud. Y un hombre que aparece en el momento exacto para recordarle que el deseo no tiene fecha de caducidad.

Porque después de los cuarenta no se termina la historia. Se empieza la mejor parte.

NovelToon tiene autorización de Vlaucia Campos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ella es guapa

En la oficina de la empresa, Adelaide y Donatella

—¡Dios mío, el señor Leonardo me va a matar! ¡Confundí las fechas! No va a haber remedio, voy a tener que hablar con él —dijo Adelaide, preocupada.

—¿Cómo que confundiste las fechas? —preguntó Donatella.

—¿Sabes ese evento en el que los mayores empresarios se reúnen para participar de una noche de politiquería? Hace tiempo que lo hacen y el año que viene es año político. Eso siempre afecta mucho a los empresarios, entonces hay algunos candidatos que los invitan a esos eventos, cocteles, para mostrar sus proyectos, ideas y pedir apoyo. Como el señor Leonardo es uno de los mayores empresarios de la región y tiene muchos bienes, influencia y poder, ¡siempre va! —dijo Adelaide.

—Sí, pero ¿qué tiene el evento? —preguntó Donatella.

—Es que no es la semana que viene, ¡es hoy a la noche! Señor mío, el señor Leonardo va a enloquecer conmigo —dijo Adelaide.

—Sí, ahora entiendo, vas a tener que hablar con él —dijo Donatella.

—Si él no llega en media hora, voy a tener que llamar —dijo Adelaide.

Donatella

Ojalá que ni aparezca hoy, ¿cómo voy a mirarle la cara? Ok, está bien que ni me acuerdo de nada y apuesto que él tampoco, pero apuesto que él, como yo, sabe que hicimos locuras.

Cuando termino de pensar eso, las puertas del ascensor se abren y entran tres hombres, a uno de ellos lo conozco o mejor dicho lo conocí anoche, ay, ni sé si lo conocí, pero que nos agarramos, ah eso tengo certeza de que sí, y los otros dos hombres creo que son Aurélio e Ítalo.

Leonardo

Salí de la reunión y me quedé en mi sala algunos minutos. En cuanto Aurélio e Ítalo regresaron, fuimos directo a la empresa. Algo me estaba dejando inquieto, no me acuerdo bien de Donatella, vamos a ver cómo reacciona al verme.

En cuanto salimos del ascensor, noto que ella me busca con la mirada y ¡quería matarla! Cuando recuerdo lo que hizo en mi cuello, y desisto cuando recuerdo que me salvó de caer en una trampa.

Donatella

Wow, el Don vampirón que prácticamente devoró mi cuello es un desgraciado de un guapo, uf, por lo menos me puse al día con un hombre lindo, ¡qué horror! Donatella, mira esos pensamientos...

Miro su cuello y, ¡qué vergüenza!

¿Será que me convirtió en vampira también? Ángel mío, mira la cagda que hice, ups, perdón, ¡no mires! Mejor ni mirar y voy a hacer lo mismo.*

—¿Por qué bajaste la cabeza? El señor Leonardo viene y no es muy bueno evitarlo —dijo Adelaide.

—Ay, ay, ay, Adelaide, así me confundes, me dijiste que solo debo saludarlo si él lo hace primero, solo hacer lo que me pida y quedarme en lo mío, ahora me dices que lo mire, estoy perdida —dijo Donatella.

—Donatella, solo actúa normal, además estás muy rara, hasta te pusiste roja —dijo Adelaide, riendo.

—Es reflejo de mi zapato —dijo Donatella.

Adelaide se obligó a reírse.

Ellos llegan.

—Tú debes ser Donatella —dijo Ítalo, extendiéndole la mano.

Ella se levantó y saludó a Ítalo y después a Aurélio, que hizo lo mismo.

Leonardo apenas la miró rápidamente, la saludó como hizo con Adelaide y los tres entraron.

Leonardo

Es guapa Donatella, más de lo que recordaba, en realidad no me acuerdo de casi nada, pero eso es solo hasta mañana. Ella hasta intentó esconder lo que le hice en el cuello, pero si uno mira bien, se nota. Lo que me incomoda es que nunca le había hecho eso a ninguna mujer... esa droga era realmente fuerte.

—Es bonita Donatella —dijo Aurélio.

—Me pareció bastante guapa y simpática —dijo Ítalo.

En eso tocan a la puerta, era Adelaide.

—Habla, Adelaide, ¿cuál es el problema? —preguntó Leonardo.

—Pobrecita, Leo, ni dijo nada —dijo Aurélio.

—Lo peor es que el señor Leonardo tiene razón, tengo un problema, en realidad tenemos —dijo Adelaide.

—Dime qué pasó —dijo Leonardo.

—¿Sabe la reunión de los empresarios de la próxima semana? —preguntó Adelaide.

—Hmm —dijo Leonardo.

—Discúlpeme mucho, señor Leonardo, me confundí, nunca me había pasado esto antes... lamentablemente me confundí, es hoy a la noche y no la semana que viene —dijo Adelaide, toda apenada.

—Está bien, Adelaide, me prestas servicios hace años y siempre con perfección, no te preocupes. Todo bien, puedes confirmar, esta noche iré al evento —dijo Leonardo.

Adelaide sonrió aliviada.

—Ya te dije, Adelaide, él solo tiene la cara de malo o peor, cara fea, pobrecito —dijo Ítalo, riendo.

—Concuerdo —dijo Aurélio.

—Gracias, señor Leonardo —dijo Adelaide.

Antes de que saliera, Leonardo la llamó de vuelta.

—Adelaide, dime, ¿cómo se ha desempeñado Donatella? —preguntó Leonardo.

—Muy bien, mejor de lo esperado, es muy buena en finanzas, mucho, hasta parece el señor Aurélio —dijo Adelaide.

—Ok, puedes irte —dijo Leonardo.

Adelaide

Cuando el señor Leonardo entró, vi muy bien que analizó a Donatella de arriba abajo, lo hizo rápidamente, pero lo noté, él ni mira a las personas y eso fue bastante interesante, algo en ella le llama la atención. Y el cuello de él estaba todo marcado... ¿será que ellos? Ay, ¿será? ¡Adoraría! Él es tan triste y con Donatella es prácticamente imposible quedarse serio. Pronto lo descubriré...

—Ay, cómo va mi vampira, porque caprichó en el cuello de nuestro Doncito —dijo Aurélio, mirando el cuello de él y riendo.

—Creo que agarró de verdad al Don despiadado —dijo Ítalo, riendo.

Leonardo, como siempre, dio una leve sonrisa y mantuvo la postura, cambiando de tema.

—Vamos a ver qué conviene saber antes de ir a este evento —dijo Leonardo.

Se quedaron conversando.

—¿Y, cómo fue? —dijo Donatella.

—Todo bien, en realidad, Donatella, no puedo quejarme del señor Leonardo, él siempre fue muy bueno conmigo. Me da miedo porque lo conozco, sé lo temperamental que es a veces —dijo Adelaide.

—Qué bueno que entendió —dijo Donatella.

—¿Viste las marcas en su cuello? —preguntó Adelaide.

Donatella, que estaba tomando un poco de agua, se atragantó.

Donatella

¿Si las vi? Si ella supiera que fui yo quien las hizo y apuesto que fue después de morderme, ¿será que me convertí en vampira de verdad? Ay, ay, ay... no, eso ni existe, ya estoy empezando a mezclar la realidad con la imaginación.

—Ni me di cuenta —dijo Donatella, disimulando.

Adelaide

Ay, aquí hay algo, vi en la cara de Donatella que estaba disimulando y comencé a mirar bien su cuello, ups, ¡bingo! Aquí hay algo, ¡qué genial!

—Disimulas bien —dijo Adelaide, riendo. En eso sonó el teléfono y terminaron volviendo a enfocarse en el trabajo.

Donatella

¿Será que me miró? Sí, yo vi, pero no, estaba curioso, solo eso...

Ay, ángel mío, mira adónde me metiste, sí, ¡tú mismo! Te quedas de chismecito con los otros ángeles y te olvidas de mí...

Algunas horas después

Salieron los tres de la sala y cuando pasaban por el escritorio de Adelaide y Donatella, Leonardo se detuvo.

—Donatella, usted irá conmigo al evento de hoy a la noche, espero que se haya aprendido todos los nombres, de todos modos repáselos, mando a buscarla a las ocho en punto. Y Adelaide, llame a Susana, sabe qué hacer —dijo Leonardo, saliendo con Ítalo y Aurélio.

—¡Wow! Qué delicadeza, qué invitación más agradable, ¿viste qué querido? Con seguridad este hombre pasó a kilómetros de la delicadeza y la gentileza, fino como una patada de mula —dijo Donatella.

Adelaide soltó una carcajada.

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