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EL HIJO DEL PRESIDENTE: LAZOS DE SANGRE

EL HIJO DEL PRESIDENTE: LAZOS DE SANGRE

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / CEO
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

⚠️NOVELA +18⚠️🔞

Tras la explosiva revelación de su verdadera identidad, Mía ha huido de la mansión Montenegro para refugiarse bajo la protección de su tía Beatriz, dispuesta a reconstruir su vida lejos del apellido que la destruyó y de la sombra de un padre al que solo puede ver como a un desconocido. Sin embargo, liberarse del linaje más poderoso del país no será una tarea sencilla.

En la cúspide del escándalo mediático y con su vida sentimental hecha pedazos tras la partida de Aitana, Henrry se enfrenta al abismo más oscuro de su existencia. Abandonado y acorralado por la opinión pública, su mundo colapsa definitivamente con la llegada de una nueva amenaza: Norma se presenta reclamando llevar en su vientre a un nuevo heredero Montenegro, respaldada por la despiadada Leonora, quien no dudará en usar a este futuro bebé como su última pieza de ajedrez para tomar el control definitivo de la familia.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

...CAMILO ...

Las luces de neón parpadeaban al ritmo frenético del techno, retumbando en el pecho de todos los presentes. Estábamos en una fiesta organizada por los estudiantes de la universidad privada a la que iban Mía y Lili, junto con Simón y un par de conocidos más. En el fondo, el ambiente no era tan distinto al de cualquier otro lugar al que yo solía ir: la misma música alta, el mismo descontrol y la gente perdiéndose en el exceso. La única diferencia real era la cantidad y la calidad de la droga que circulaba libremente por los rincones. Era demasiado.

Estaba apoyado cerca del sillón viendo a Mía bailar cuando la vi sacar un pequeño trozo de papel de su bolsillo. Lo reconoció mi ojo de inmediato: un cartón de LSD.

Sentí un fogonazo de molestia e incredulidad en el estómago. Me acerqué a ella de un brinco y se lo arrebaté de los dedos antes de que pudiera llevárselo a la boca.

—¿Vas a probar esto? —le exigí, clavándole la mirada mientras sostenía el pedacito de papel entre mis dedos—. ¿De dónde demonios sacaste esto, Mía?

Mía me miró con los ojos ligeramente desorbitados por el alcohol y soltó una risita despreocupada, intentando alcanzar mi mano.

—Siempre me guardo un poco para las fiestas, Camilo —dijo, estirando los brazos con malicia—.Anda, pásamelo.

Me quedé helado. Ver esa versión de Mía —tan desinhibida, tan propensa al autodestrucción y normalizando algo tan pesado— me dejó en shock. No era la chica dulce ni la niña mimada que pretendía ser ante el resto del mundo; había una oscuridad en ella que yo no me esperaba.

Sin saber muy bien cómo reaccionar, terminé devolviéndoselo, sintiendo un nudo en la garganta.

—Voy por unas bebidas —le dije, necesitando un segundo para tomar aire.

Mía solo asintió sin prestarme mucha atención, echando la cabeza hacia atrás para dejarse llevar por la música electrónica que retumbaba en el techo.

Caminé hacia el minibar instalado en el patio. Mientras esperaba que me atendieran, sentí que alguien se detenía a mi lado.

Era Lili.

—¿Dónde dejaste a Mía? —me preguntó, tratando de escucharme por encima del ruido.

—Se quedó bailando —respondí, pidiendo dos vasos—. Solo vine por algo de tomar para los dos.

Dudé un segundo, pero la imagen de Mía con el LSD no se me salía de la cabeza. Miré a Lili fijamente, aprovechando que estábamos un poco más apartados del tumulto.

—Oye, Lili... ¿es común que Mía consuma este tipo de cosas? ¿LSD y... más sustancias?

La expresión relajada de Lili cambió drásticamente. Su rostro se volvió serio, tenso, perdiendo de golpe toda la vibra festiva. Suspiró con pesadez antes de mirarme a los ojos.

—Mía empezó a buscar cosas más fuertes después de todo lo que pasó en su familia con el asunto de su padre —me confesó Lili en un tono bajo, casi confidencial—. Después conoció a Dylan, su exnovio, y él terminó de meterla de lleno en este mundo. Si te fijas bien, Camilo, Mía hace todo esto solo para llamar la atención de su familia. La pasa realmente mal, aunque jamás en la vida lo vaya a admitir. Yo he intentado mil veces hacer que recapacite, pero es imposible... teniendo encima semejante infierno familiar.

El estómago se me apretó de inmediato. Escuchar a Lili confirmar mis peores sospechas sobre Mía me dejó un sabor amargo en la boca.

—¿Y Henrry sabe algo de esto? —pregunté de golpe, tratando de que la música no ahogara la preocupación en mi voz.

Lili soltó un bufido irónico y negó con la cabeza, apoyándose contra la barra.

—¿Henrry? Por favor, Camilo. Henrry vive metido en sus negocios, en sus problemas y en mantener el control de todo. Para él, Mía es la hija a la que tiene que corregir o resolverle la vida a billetazos. Él no tiene ni la menor idea de lo que Mía hace cuando sale de su casa, ni con quién se junta, y mucho menos lo que se mete al cuerpo.

—Es su papá, Lili. Si a ella le pasa algo en una de estas fiestas...

—Si Henrry se entera de esto, el escándalo destruye lo poco que queda de esa familia —me interrumpió Lili, clavándome la mirada con firmeza—. Y te apuesto a que lo primero que haría sería encerrar a Mía o culpar a cualquiera antes de admitir que no sabe qué pasa con su propia hija. Por eso Mía se lo oculta tan bien. Ante Henrry, ella intenta ser la hija perfecta o simplemente desaparece de su radar.

Miré hacia la pista de baile por encima del hombro. Entre las luces estroboscópicas rojas y azules, alcancé a ver la silueta de Mía, bailando con los ojos cerrados, completamente desconectada de la realidad. La rabia y la impotencia se me mezclaron en el pecho.

Mía estaba jugando con fuego, usando las drogas como un grito de auxilio desesperado para que su padre finalmente la viera, pero Henrry estaba demasiado metido en su propio mundo como para darse cuenta.

Tomé los dos vasos de la barra con más fuerza de la necesaria.

—No voy a dejar que se siga destruyéndose así —murmuré, más para mí que para Lili.

—Camilo, ten cuidado —me advirtió ella, poniéndome una mano en el brazo antes de que me alejara—. Mía es experta en arrastrar a los demás a su desastre cuando intenta escapar de sus problemas. No te metas en un terreno del que luego no puedas salir.

No le respondí. Me di media vuelta y caminé a paso firme de regreso a la pista, decidido a no despegarme de Mía en toda la noche. Si su padre no estaba ahí para cuidar de ella, tendría que ser yo quien evitara que cayera al vacío.

Regresé a la pista abriéndome paso entre la masa de gente que bailaba como en trance. Cuando llegué hasta Mía, ya era demasiado tarde: sus pupilas estaban completamente dilatadas, reflejando las luces parpadeantes sin enfocar en nada en particular. Se movía con la cabeza echada hacia atrás, una sonrisa alucinada en los labios y los brazos flotando en el aire. Ya estaba en pleno viaje.

Le extendí el vaso, pero ni siquiera lo miró.

—Mía —le dije, tomándola suavemente del brazo para llamar su atención—. Toma un poco de agua. Vámonos de aquí.

Mía me miró, pero parecía atravesarme con la vista. Soltó una risita boba y se zafó de mi agarre con un movimiento brusco de hombros.

—¿Irnos? ¡Estás loco, Camilo! La música está increíble, mira los colores... —murmuró, dando una vuelta sobre su propio eje y tambaleándose ligeramente.

—Mía, hablo en serio —insistí, dando un paso hacia ella y subiendo la voz por encima del techno—. Ya te metiste esa mierda y estás perdiendo el control. No es seguro que te quedes así aquí. Nos vamos a mi casa o a donde quieras, pero nos vamos ya.

Su expresión cambió en un segundo. La sonrisa dopada desapareció, reemplazada por una mueca de fastidio e irritación. Me empujó el pecho con ambas manos, aunque apenas tenía fuerza.

—¡Déjame en paz! —me gritó, llamando la atención de un par de desconocidos que bailaban cerca—. ¡No eres mi papá! Bastante tengo ya con Henrry jodiéndome la existencia como para que tú vengas a hacer lo mismo. ¡ Vine a divertirme, no a que me controles!

—¡No te estoy controlando, te estoy cuidando! —le espeté, sintiendo cómo la frustración me quemaba la garganta—. ¡Mira cómo estás, Mía! ¡Apenas puedes mantenerte en pie!

—¡Pues no me cuides! ¡Nadie me pidió que me cuidaras! —chilló, viéndose visiblemente alterada por el choque entre la droga y la discusión.

Dio media vuelta torpemente y se adentró de golpe en la muchedumbre empujando a la gente.

—¡Mía, espera! —grité, tirando los vasos al suelo sin importarme nada y lanzándome tras ella.

Pero la pista era un caos. La gente apretada, el humo denso de los vapeadores y los destellos cegadores de los estrobos crearon una barrera imposible de atravesar con rapidez. La vi tropezar con un grupo de chicos, doblar hacia el pasillo que llevaba a los baños VIP y, en cuestión de tres segundos, la silueta de su vestido brillante desapareció por completo entre la multitud.

—¡Mía! —volví a llamar a todo pulmón, abriéndome paso a empujones, pero solo recibí insultos y mala cara de los que rodeaba.

Llegué al pasillo de los baños con el corazón latiéndome a mil por hora y la respiración agitada. Miré a la izquierda, a la derecha, pero no había rastro de ella.

Mía se me había escapado de las manos en el peor estado posible, y en un lugar lleno de buitres.

El pánico se me instaló en el pecho. La puerta trasera del jardín se mecía ligeramente con la brisa de la noche, dejando entrar el humo y el murmullo ahogado del exterior.

Sin pensarlo dos veces, crucé el pasillo a zancadas y salí al patio.

El lugar era enorme: una piscina iluminada por luces led azules, sillones de exterior ocupados por parejas besándose o gente en estados deplorables, y varios grupos hablando a voces en las zonas más oscuras del césped.

—¡Mía! —llamé, recorriendo con la mirada cada rincón.

Nada.

Ninguna señal de su vestido ni de su cabello.

Caminé entre la gente sintiendo la rabia y la desesperación apretarme la garganta. La advertencia de Lili me retumbaba en la cabeza como un eco maldito: Mía hace todo esto para llamar la atención de su familia... la pasa realmente mal. Y yo la había presionado, logrando solo que saliera huyendo como un animal asustado.

Llegué hasta el borde de la piscina y divisé a Simón conversando con dos chicas cerca del minibar exterior. Me acerqué a él a pasos agigantados y lo tomé del hombro con violencia, obligándolo a girarse.

—¿Has visto a Mía? —le exigí, sin aliento.

Simón me miró confundido, apartando su vaso.

—Tranquilo, hermano. Estaba contigo en la pista, ¿no?

—Se me perdió de vista. Discutimos y se fue enojada —dije, pasándome las manos por la cara, sintiendo cómo el sudor frío me bajaba por la nuca—. Está mal, Simón. Se metió un cartón entero de LSD y apenas sabe dónde está parada.

La sonrisa de Simón se borró al instante. Sabiendo perfectamente cómo se ponían las cosas en este tipo de fiestas y el tipo de gente peligrosa que merodeaba a los universitarios con dinero, su postura se tensó.

—Mierda... —murmuró Simón, mirando hacia los laterales oscuros de la propiedad—. Si salió de la casa, por atrás hay una salida directa hacia el estacionamiento de visitas.

—Busca adentro, dile a Lili que revise los baños de mujeres otra vez —le ordené, sintiendo que el pulso me retumbaba en los oídos—. Yo voy al estacionamiento.

Sin esperar su respuesta, eché a correr bordeando la piscina hacia la verja de madera que daba a la calle trasera. Si a Mía le pasaba algo esa noche, si alguien se aprovechaba de su estado o si terminaba en un hospital, no solo no me lo perdonaría jamás... Henrry Montenegro se encargaría de destruirme antes de que pudiera explicarle qué había pasado.

Salí al estacionamiento de visitas casi sin aliento. La calle estaba a media luz, flanqueada por hileras de autos estacionados y una bruma ligera que hacía ver las luces de los postes aún más difusas.

—¡Camilo! —escuché que me llamaban desde atrás.

Me giré y vi a Lili y a Simón alcanzándome a paso apresurado. Lili venía agitada, sujetándose el vestido para poder correr.

—Revisé todos los baños y la parte alta de la casa, no está adentro —dijo Lili, tratando de recuperar el aliento.

—Aquí afuera tampoco la veo a simple vista —respondió Simón, mirando a lo largo de la calle—. El parqueadero es grande y la oscuridad no ayuda. Tenemos que dividirnos para abarcar más terreno rápido.

—De acuerdo —asentí con la mandíbula apretada—. Simón, revisa la hilera de la derecha, cerca de la avenida principal. Lili, ve hacia la zona de los árboles al fondo. Yo voy por la hilera izquierda, entre los autos grandes. Si alguno la ve, grite o llame de inmediato.

Nos separamos al instante. Comencé a caminar entre los vehículos, echando vistas rápidas a través de los cristales oscuros y llamando a Mía en voz baja para no levantar sospechas si había alguien sospechoso merodeando. La paranoia me comía vivo; me imaginaba a Mía desorientada, tropezando o tirada en el suelo por culpa del ácido.

Llegué casi al final de la hilera, donde el alumbrado público prácticamente no alcanzaba. Justo al lado de una camioneta negra, vi un auto deportivo blanco con las luces intermitentes encendidas de forma tenue.

Me acerqué a pasos lentos. A través del parabrisas delantero se veía movimiento. Al principio pensé que solo era una pareja cualquiera buscando intimidad fuera de la fiesta, pero al dar unos pasos más y quedar frente a la ventana del copiloto, la sangre se me congeló en las venas.

Era Mía.

Estaba recostada en el asiento del copiloto, con el cabello alborotado y una mano enredada en el cuello de un tipo que no había visto en toda la noche.

Se estaban besando con una devoción desenfrenada, casi salvaje. La luz del tablero iluminaba a medias el rostro de Mía, que mantenía los ojos entreabiertos con esa misma mirada perdida y dopada, completamente entregada al momento sin importarle dónde ni con quién estaba.

Sentí un impacto seco en el pecho, un choque brutal entre el alivio de verla viva y una punzada de rabia e impotencia que me dejó sin aire.

—¿Mía...? —la voz se me quebró al salir.

En ese instante, unos pasos apresurados resonaron detrás de mí. Lili llegó corriendo, seguida de cerca por Simón.

—¡Camilo! ¿La encontraste...? —empezó a decir Lili, pero se detuvo en seco al ver la escena a través del cristal.

Su rostro se transformó por completo, pasando de la angustia al asombro más absoluto. Lili se llevó una mano a la boca, abriendo los ojos de par en par mientras miraba al sujeto que tenía a Mía entre sus brazos.

—No puede ser... —murmuró Lili, girándose hacia mí con la voz temblorosa—. Camilo... ese es Dylan. Es su exnovio.

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veritoo❤️
sabía....el padre es el rector dla universidad d mia..y la vieja madre d el si es q se le puede llamar así sabe..mía heredo la cobardía d Henry xq cuando vivió un tmpo con Aitana ella le hablo y le enseño muchas cosas...si ella se volvió así cmo está destruyendose es xq qre..si influye el q el padre no le preste tanta atención..pro ella lo conoció cmo hermano primero .sabía cmo era el ..en lugar d buscar su bien viviendo con su tía busco su mal x cobardía xq es igual a el..lo q da impotencia dolor y bronca es q sabe que se está cagando en mucha gente al arrastrarla a su abismo y se está cagando ella y sigue buscando culpables 😡la tnen q internar a ver si el irresponsable del padre lo hace
Alina Maria Velez Ospina
Yo lo sabía que ese niño no era de el si no que ellas son unas arpias 🤭🤭🤭
Alina Maria Velez Ospina
Para mi que David y Dilan los están pagando esas viejas 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
gracias querida yazz García por las actualizaciones 👍👍
Ana Elena Jiménez
y el de carmen que creía que no era de camilo resulta que si es , incluso llegue a pensar que Carmen se había confabulado con el hermano, pero al parecer no es así 🤭🤭🤭que horror yo sacando conclusiones 🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
Dios mío estoy hecha bolas ya me había acostumbrado que Tobías era hijo de Henry y ahora la víbora sale de que no lo es
Ana Elena Jiménez
😱😱 será cierto o solo será otra patraña de ella 🤦
Ana Elena Jiménez
ojalá logren la custodia del niño
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺 Mía me da un gran pesar , pobrecita tras que ella a tenido una vida difícil nunca a tenido a nadie realmente que le haya indicado el camino que la haya guiado realmente, siempre a terminan abandonando
veritoo❤️
la verdad es q siempre fue un pusilánime dejándose manipular x su madre..sabe lo q la vieja qre y el se deja hacer todo y después va y se desquita con quien nada tne q ver..x eso Aitana lo dejo..no tne carácter x eso su hija no vuelve xq deja q su vida la dictamine la vieja sigue siendo un irresponsable 😡
Ana Elena Jiménez
este capítulo me hizo llorar los dos me dan mucho pesar
Ana Elena Jiménez
aayyyy 🥺🥺🥺🥺 que pesar
Ana Elena Jiménez
osea que si es su hijo y ella le ha negado ese derecho
Liliana Torres
Noooo que no sea de Camilo . que estrés
Ana Elena Jiménez
y ahora nos dejó colgadas, yazz García por favor esto no es justo, iba a toda velocidad y puff y de repente frenó en seco y nosotras quedamos en el aire 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
oohhh oohhh Camilo ahora sí que la resaca se fue a la Patagonia 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
será que el pequeñín si es tu hijo y carmen no te lo ha querido decir 🤦🤦
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦 Dios mío camilo estás metido en la grande,y tú única salvación es Mía, pero ahora mismo no creo que te quiera ayudar después de lo que le dijo el desgraciado de David 😡
Ana Elena Jiménez
y a esa 🐍 que tienes por madre ya es hora que también la mandes a cuidar camellos en el desierto 😡
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