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Renacida en el Imperio Celestial

Renacida en el Imperio Celestial

Status: Terminada
Genre:Fantasía / Mujer poderosa / Magia / Reencarnación / Completas
Popularitas:2
Nilai: 5
nombre de autor: Yulianti Azis

Mei Lan tenía una vida moderna y prometedora, hasta que la traición de su propia familia la arrastró a la muerte. Pero el destino le concedió una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de Jiu Mei, una joven despreciada en el Imperio Celestial de Jade, un mundo antiguo donde el cultivo marcial y la energía espiritual determinan el poder de cada persona.

Rodeada de hermanos que la protegen, una madre que lucha por sobrevivir y enemigos que la subestiman, Mei descubre que su alma moderna esconde un secreto que podría cambiar el equilibrio del imperio. Con ingenio del siglo XXI y una determinación inquebrantable, comienza a ascender por los rangos del cultivo, desafiando a clanes corruptos, concubinas despiadadas y dioses ocultos que conspiran desde las sombras.

Pero nada la preparó para Chen: un joven de apariencia inocente que habla de sí mismo en tercera persona, que se aferra a ella como un niño perdido y que esconde bajo su sonrisa tonta un poder capaz de destruir el cielo y la tierra. Mientras Mei lo protege creyéndolo débil, él mueve los hilos del destino para mantenerla a salvo.

Entre batallas épicas, venganzas satisfactorias, amistades forjadas entre mundos y un romance de combustión lenta que arde con cada capítulo, Mei deberá enfrentar la verdad sobre su renacimiento, el origen de su poder y el precio que el universo exige por desafiar sus leyes.

¿Puede una mujer moderna reescribir las reglas de un imperio celestial?

NovelToon tiene autorización de Yulianti Azis para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Fortalecer el poder

Esa noche, el cielo se veía oscuro pero salpicado de estrellas. Dentro de la pequeña casa de techo con goteras, solo se oían los grillos y el murmullo de otros animales nocturnos.

Qing Mei yacía boca arriba contemplando el techo de bambú, ya carcomido por el tiempo. Algunos agujeros diminutos dejaban filtrar la luz de las estrellas.

Curiosamente, aquella vista tan sencilla le resultaba más reconfortante que la habitación lujosa donde había vivido antes, una habitación repleta de lujos, pero también de heridas y lágrimas.

Giró la mirada hacia su madre, Qing Rong, dormida a su izquierda. El rostro se le veía sereno, aunque las arrugas de cansancio y los años eran evidentes. En el suelo, Qing Wei y Qing Dao descansaban sobre delgados petates de paja, la respiración acompasada.

El corazón de Qing Mei se llenó de calidez y, al mismo tiempo, de un dolor agudo. ¿Así se siente tener una familia que de verdad te quiere?, pensó.

Apretó la orilla de su manta con suavidad, observándolos uno a uno. Las palabras que habían intercambiado antes de dormir le resonaban en la cabeza.

—¿Qué vamos a comer mañana, mamá? —había preguntado Qing Dao en voz baja, temeroso de que Qing Mei lo escuchara.

—No lo sé, hijo. Tal vez vaya al mercado a ayudar a cargar verduras —respondió Qing Rong con dulzura.

—Yo buscaré más leña mañana —añadió Qing Wei, a pesar de que su cuerpo seguía cubierto de moretones.

Todo aquello le apretó el pecho a Qing Mei. Se mordió el labio y fijó la mirada en el brazalete de plata de su muñeca. La joya emitía un destello tenue, como si respondiera a sus pensamientos.

El espacio mágico... todavía no lo exploré del todo, pensó.

Pero esta vez estaba confundida. ¿Cómo se entraba? Cerró los ojos e intentó recordar la sensación de cuando fue absorbida la primera vez. No pasó nada.

De pronto, una voz suave pero nítida resonó dentro de su mente.

—Basta con que cierre los ojos y enfoque su voluntad en regresar, señorita.

Qing Mei se sobresaltó apenas. —¿Meilong? —susurró en voz muy baja.

—Sí, señorita. Estoy aquí. Haga lo que le indiqué.

Sin pensarlo más, Qing Mei apretó los párpados y concentró toda su atención. Un instante después, su cuerpo fue succionado por un remolino de luz suave.

Y al abrir los ojos, estaba de vuelta en el espacio mágico.

La luz natural de un cielo artificial iluminaba la extensión de tierra fértil y el estanque cristalino en el centro del jardín. El aire era fresco, cargado de energía.

El espíritu guardián, Meilong, se materializó frente a ella. Sus rasgos eran hermosos, a medio camino entre lo masculino y lo delicado.

—Bienvenida de nuevo, señorita —dijo con una sonrisa amable.

—Así que esto es real —murmuró Qing Mei, admirando todo a su alrededor—. Pero, ¿qué hay allá? —señaló hacia una construcción pequeña, como un pabellón de piedra—. No recuerdo haberlo visto antes.

Meilong dirigió la mirada hacia allí y explicó:

—Esa es la sala de medicina, señorita. Un lugar de sanación y elaboración de remedios espirituales. Sin embargo, por ahora la puerta permanece sellada.

—¿Por qué sellada? —preguntó Qing Mei.

—Porque su poder aún no es suficiente. Para abrirla, primero debe alcanzar la Etapa Básica de cultivo.

Qing Mei guardó silencio un momento y luego contempló el brazalete en su mano. —Entonces, ¿cómo empiezo?

Meilong sonrió con suavidad. —Sígame.

La guio hasta el estanque en el centro del jardín. El agua era tan transparente y reluciente como un espejo; en el fondo se distinguía una piedra plana y grande, como si hubiera sido colocada allí a propósito para meditar.

—Siéntese sobre esa piedra —indicó Meilong—. Pero antes de comenzar el cultivo, beba un sorbo del agua espiritual de este estanque. La ayudará a abrir su dantian.

Qing Mei observó el agua con cautela. —¿Es segura? No será venenosa, ¿verdad? No quiero morirme dos veces.

Meilong hizo una mueca al oír aquello. —Por supuesto que es segura. Esta agua proviene de la energía pura del cielo y la tierra. Pero solo un trago, nada más; de lo contrario, su cuerpo no resistirá el flujo de energía.

Qing Mei asintió. Se arrodilló a la orilla del estanque y recogió un poco de agua con las manos.

En cuanto el líquido tocó su lengua, una frescura helada se extendió por todo su cuerpo. En un instante se sintió ligera, pero a la vez recorrida por una corriente eléctrica suave.

—Ahora siéntese y cierre los ojos, señorita. Concéntrese en la respiración. Sienta la energía a su alrededor.

Qing Mei obedeció. Se sentó con las piernas cruzadas sobre la piedra y aquietó su mente. Al principio fue difícil: la respiración se le cortaba, los pensamientos se le disparaban en todas direcciones. Pero la voz serena de Meilong seguía guiándola.

—Tranquilice el corazón. Imagine una luz cálida en el centro de su cuerpo. Ese es el núcleo de su poder. Abra el canal de energía hacia él.

Poco a poco, Qing Mei percibió algo girando dentro de ella. Un flujo tibio comenzó a moverse desde el vientre hasta el pecho y luego hacia todo el cuerpo. Pero a mitad de camino, sintió una pared delgada que le bloqueaba el paso.

—¡Ugh! —gimió entre dientes.

—Continúe, señorita. No se detenga. Esa pared es la barrera entre un ser humano común y un cultivador. Destrúyala con su voluntad.

Qing Mei apretó la mandíbula y concentró toda su fuerza. De golpe, algo estalló suavemente en su interior, como una ola que revienta. Su cuerpo entero tembló y una luz tenue la envolvió.

La energía espiritual comenzó a girar a gran velocidad a su alrededor.

—¡Sí... excelente, señorita! ¡El canal de energía se abrió! —exclamó Meilong, exultante.

El tiempo en aquel espacio fluía distinto. En cuestión de unas horas, Qing Mei logró estabilizar el flujo de energía y, con una última exhalación profunda, todo su cuerpo vibró con violencia.

¡Boom!

Un aura poderosa brotó de ella, haciendo que el agua del estanque se agitara en ondas furiosas. Meilong la observó con los ojos desorbitados.

—¡Imposible! ¿¡Reino del Guerrero nivel cuatro!? ¿¡En una sola noche!?

Qing Mei abrió los ojos despacio. Su mirada era ahora límpida, y el cuerpo se sentía mucho más fuerte. Se contempló las propias manos, incapaz de creer la transformación.

—De verdad lo logré —murmuró en voz baja.

Meilong rio con alegría. Su figura, que hasta entonces era apenas un espectro azulado, comenzó a volverse más sólida. Se miró los pies con asombro.

—¡Señorita! ¡Gracias al salto de su poder, parte de la energía que me aprisionaba por fin se liberó! —exclamó, radiante.

—¿O sea que ahora tienes pies? —preguntó Qing Mei, mirándolo con gracia.

—¡Así es! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Es la primera vez que puedo mantenerme erguido en miles de años!

Qing Mei sonrió también, contagiada por aquella risa genuina. —Entonces sigamos adelante. Quiero saber hasta dónde puede ayudarme este lugar.

—Con el poder que posee ahora, el espacio comenzará a reaccionar y a expandirse. Estoy seguro de que muy pronto se abrirán otras instalaciones —dijo Meilong con entusiasmo.

El aire alrededor se tornó más cálido y fresco, como si aquel pequeño mundo hubiera vuelto a respirar. Meilong seguía de pie con una sonrisa de oreja a oreja, mientras Qing Mei contemplaba todo con genuina admiración.

¡Clic!

Y tal como había anticipado, un sonido resonó de pronto. Un resplandor cegador surgió de la dirección del pabellón de piedra que hasta entonces permanecía sellado.

Al mismo tiempo, la tierra alrededor del estanque tembló con suavidad: los campos de cultivo, que antes eran pequeños, se duplicaron en extensión. Árboles nuevos brotaron del suelo y un aroma de energía espiritual inundó el aire.

Qing Mei observó con los ojos muy abiertos. —¿Qué está pasando, Meilong?

El espíritu sonrió de par en par, los ojos brillándole de emoción. —¡Señorita, se lo dije antes! Al alcanzar el Reino del Guerrero nivel cuatro, la mayor parte del espacio se ha desbloqueado. La sala de medicina, los campos de cultivo y...

Antes de que pudiera continuar, otro retumbo suave llegó desde el otro extremo del jardín. Un muro de piedra en la esquina derecha se desvaneció, revelando una sala enorme repleta de estantes de madera y rollos de pergamino.

Qing Mei se quedó otra vez sin palabras.

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