Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Lady Vesta 1
Meses después, cuando Olivia cumplió su mayoría de edad, algo comenzó a cambiar.
Hasta entonces, pintar había sido principalmente una pasión.
Una actividad que la hacía feliz.
Pero poco a poco sus obras comenzaron a llamar la atención.
Algunas personas habían visto sus pinturas.
Otras habían escuchado hablar de ella.
Y todo había comenzado, en buena medida, durante la boda de Sarah.
Allí había conocido a varias duquesas que eran amigas de su amiga.
Sarah se había encargado de presentarlas.
—Olivia, quiero presentarte a unas amigas.
Olivia había saludado con cierta timidez.
[¿Por qué siento que estoy entrando a una reunión de personas importantísimas?]
Entre ellas estaba la duquesa Reed.
Era una mujer de personalidad fuerte, apasionada y completamente segura de sí misma.
Además, tenía cuatro pequeños hijos.
Cuatro.
Cuatrillizos.
Los cuatro eran prácticamente una copia idéntica de su padre.
Durante la conversación, la duquesa comenzó a hablar de ellos con una sonrisa orgullosa.
—Mis pequeños tesoros tienen magia de fuego.
Olivia abrió ligeramente los ojos.
—¿Los cuatro?
—Los cuatro.
La duquesa soltó una carcajada.
—Puedes imaginar el caos que eso significa, y eso que aun no activan sus llamas.
Olivia sonrió.
Entonces la duquesa tuvo una idea.
Miró a Olivia.
Después miró hacia sus hijos.
Y finalmente dijo..
—¿Podrías pintar un cuadro de ellos?
Olivia se quedó quieta.
—¿Un cuadro?
—Sí.
La duquesa sonrió.
—Quiero tenerlos juntos en una pintura. Mis cuatro pequeños tesoros, con su magia de fuego.
Olivia sintió que se ponía nerviosa.
[¡Son los hijos de los duques Reed!]
Había escuchado hablar de aquella familia.
Era importante.
Muy importante.
Y ahora una de sus integrantes le estaba pidiendo que pintara a sus hijos.
—Yo...
La duquesa notó inmediatamente su nerviosismo.
—No pongas esa cara.
Olivia parpadeó.
—¿Qué?
Vesta soltó una pequeña risa.
—No quiero que te sientas presionada.
—Pero...
—Olivia.
La joven levantó la mirada.
La duquesa habló con total seguridad.
—He visto tu trabajo.
Olivia permaneció en silencio.
—Tienes un don.
La expresión de Olivia cambió.
—¿De verdad piensa eso?
—Por supuesto.
Vesta sonrió.
—Así que pinta lo que quieras pintar. Hazlo a tu manera.
Olivia respiró profundamente.
—Está bien.
—Y no te preocupes por hacer exactamente lo que yo imagine.
La duquesa señaló a sus hijos.
—Yo quiero ver lo que tú ves cuando los miras.
Aquellas palabras le dieron confianza.
Olivia sonrió.
—Entonces lo haré.
—Perfecto.
Y así comenzó el trabajo.
Olivia visitó a la familia Reed.
Observó a los cuatro pequeños.
Los vio jugar.
Correr.
Discutir.
Reír.
[Definitivamente son cuatro pequeños tesoros...]
Pero también eran encantadores.
Olivia tomó notas.
Hizo bocetos.
Probó diferentes composiciones.
Y después comenzó a pintar.
Durante semanas trabajó en el cuadro.
Quería capturar algo más que sus rostros.
Quería mostrar quiénes eran.
Su energía.
Su personalidad.
La conexión entre ellos.
Y aquella magia de fuego que compartían, aunque no se viera.
Finalmente, el cuadro estuvo terminado.
Olivia lo miró durante largo rato.
Estaba orgullosa.
Era una de sus obras favoritas.
Cuando se lo mostró a la duquesa Vesta, la mujer quedó completamente fascinada.
Se acercó al cuadro.
Lo observó desde diferentes ángulos.
Después volvió a mirarlo.
—Olivia...
La joven esperó nerviosamente.
—Es precioso.
Olivia sonrió.
—¿De verdad le gusta?
—¡Me encanta!
Vesta se giró hacia ella.
—Capturaste exactamente lo que quería.
Olivia sintió alivio.
—Me alegra mucho.
Entonces la duquesa le entregó el pago.
Olivia miró la cantidad.
Y se quedó completamente inmóvil.
—¿Esto es...?
—Tu pago.
—Pero...
Miró nuevamente.
Era una suma considerable.
Mucho más de lo que esperaba.
—Es demasiado.
Vesta soltó una carcajada.
—No.
—Pero...
—Tu trabajo vale eso.
Olivia no sabía qué responder.
Tomó el dinero con cuidado.
Lo miró.
Volvió a mirarlo.
Y de repente comprendió algo.
Era suyo.
No era dinero que le hubiera dado su abuelo.
No era una asignación.
No era dinero para sus gastos.
Era dinero que había ganado ella.
Con su pintura.
Con su propio talento.
[¡Estoy ganando dinero pintando!]
Sus ojos se abrieron completamente.
[¡Me están pagando por hacer lo que amo!]
Olivia se quedó sin palabras.
Durante toda su primera vida había amado dibujar, pero siempre había sido algo que hacía en sus ratos libres.
Ahora estaba allí.
En una nueva vida.
Y alguien acababa de pagarle una cantidad importante por una pintura que había creado con sus propias manos.
Vesta observó su expresión y sonrió.
—¿Es tu primer pago por una obra?
Olivia asintió lentamente.
—Sí.
La duquesa sonrió.
—Entonces disfrútalo.
Olivia miró nuevamente el dinero.
Una sonrisa enorme apareció en su rostro.
—Gracias.
Vesta negó con la cabeza.
—Gracias a ti por el cuadro.
Olivia sostuvo cuidadosamente el pago entre sus manos.
Estaba fascinada.
No sabía todavía qué haría con aquel dinero.
Quizás compraría materiales.
Quizás ahorraría.
Quizás haría algo especial.
Pero había algo que sí sabía.
Había encontrado una manera de convertir su pasión en su propia profesión.
Y eso la hacía sentirse increíblemente feliz.
Por primera vez, Olivia comprendió que su amor por la pintura no solo podía darle felicidad.
También podía darle independencia.
Y mientras miraba aquel primer pago, pensó algo que jamás habría imaginado en su primera vida:
[Quizás pueda vivir de esto.]