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ARE YOU CRAZY MEN? Esta Villana No Acepta Su Destino

ARE YOU CRAZY MEN? Esta Villana No Acepta Su Destino

Status: Terminada
Genre:Villana / Mujer poderosa / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía jamás imaginó que terminaría dentro de su novela. Después de llorar por la trágica muerte del Clan Licano, despierta en el cuerpo de Elara Licano, la hija menor de la familia y una de las primeras víctimas de la historia.

Ahora conoce el futuro: las traiciones, las conspiraciones y la guerra que destruirán al clan hasta borrar su nombre.

Pero esta vez, Elara no piensa seguir el guion.

Con sus recuerdos y conocimiento de cada acontecimiento, decide cambiar el destino de su familia antes de que sea tarde. Lo que nadie sabe es que alterar una historia puede despertar peligros que jamás existieron en el libro… y ponerla frente a enemigos mucho más poderosos de lo que recuerda.

Para salvar a los Licano, Elara tendrá que desafiar al Imperio, descubrir quién los traicionará y luchar por la supervivencia del clan.

Esta vez, la historia terminará de otra manera.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El emisario que trajo la tormenta

Tres semanas tras la victoria, la nieve seguía cubriendo el valle, pero la fortaleza ya no era la misma. Las murallas se alzaban más altas, reforzadas con roble y granito. En los patios, el choque de espadas y los gritos de entrenamiento resonaban desde el amanecer. Los tres clanes vivían ya como uno solo: compartían comida, guardias y conocimientos. Elara había logrado lo que ningún líder antes que ella: borrar las fronteras entre ellos.

Pero la paz era frágil. Una mañana, el vigía gritó que se acercaba un jinete: solo uno, sin escolta, con un pañuelo blanco atado a su espada. Era un emisario imperial. Rian regresó con un pergamino sellado. El Emperador enviaba una propuesta.

Elara lo leyó en voz alta: «Entregad a Elara al amanecer del tercer día, y todo será perdonado. Los clanes conservarán tierras, leyes y libertad. Si no lo hacéis, la Legión de Hierro llegará antes del fin del invierno. No dejará piedra sobre piedra. La elección es vuestra.»

El silencio fue pesado. La oferta era demasiado perfecta: todo lo que siempre quisieron a cambio de una sola vida.

—Es una trampa —dijo Darien—. Si la entregamos, nos destruirá a todos al amanecer. Ya lo intentó una vez.

—Pide solo a ella —objetó el jefe del Clan del Río—. Promete dejarnos en paz. ¿Por qué dar tres días si no fuera verdad?

—Porque tiene miedo —respondió el jefe del Clan Halcón—. Teme lo que ella representa. Si la entregamos, perdemos la cabeza. Si no, perdemos todo.

—No es una elección, es la misma trampa de siempre —dijo Elara—. Si me entregáis, me matará y luego vendrá por vosotros. Lo que teme no es mi vida, sino mi voz. Sabe que mientras yo esté aquí, no os arrodillaréis.

—¿Y si dice la verdad? —preguntó un anciano con voz temblorosa—. ¿Vale la pena que todos muramos por una sola persona?

—Eso debéis decidirlo vosotros —respondió ella con calma—. Pero la libertad no se compra con la vida de quien la lucha por vosotros. Si me entregáis, ya no sois libres. Sois esclavos que recibieron su vida como limosna. Y un día vendrá a cobrar el resto. El Imperio no perdona. Solo espera.

La reunión terminó sin decisión. Acordaron deliberar tres días. Y en esos días, la duda volvió a caer sobre la fortaleza: «Una vida a cambio de todo… ¿Qué derecho tiene ella a que muramos todos?» La batalla más difícil no sería contra el ejército, sino contra su propio pueblo, que veía la salvación a un precio que no le parecía demasiado alto.

Esa noche, Rian la encontró en la torre.

—Algunos ya decidieron —dijo con voz tensa—. Vienen por ti esta noche. Dicen que cuanto antes te entreguen, antes estaremos a salvo.

Elara no se sorprendió.

—¿Y tú? ¿Qué harás?

—Mataré a cualquiera que intente tocarte. Aunque sean nuestros. Aunque todo el clan se vuelva contra nosotros. Tú nos diste la vida. No te la quitaremos.

—No puedes detenerlos —dijo ella con tristeza—. Si luchas contra ellos, nos dividimos. Y si estamos divididos, el Imperio gana sin atacar. No quiero ser la causa de nuestra destrucción.

—¿Entonces qué quieres que haga? —preguntó él desesperado—. ¿Dejar que te lleven? ¿Que te maten?

Ella lo miró con firmeza.

—No me entregaré. Pero tampoco me quedaré aquí para que elijan entre su seguridad y su honor. Mañana al amanecer, me iré. Sola. Dejaré una nota diciendo que huí. Así podrán decirle al Emperador que no fallaron. Y no tendrán que derramar sangre de los suyos. Yo llevaré la guerra lejos de aquí. Lo esperaré en las ruinas de la vieja fortaleza, sin aliados, sin ejército. Solo yo.

—No —la tomó de los brazos—. No irás sola. Te protegeremos. Podemos ganar.

—¿A qué precio? —susurró ella con lágrimas—. ¿Cuántos más deben morir? No puedo permitir que mi presencia sea su sentencia de muerte. Es la única forma de mantenerlos a salvo.

—Si te vas, perdemos el corazón —respondió él con voz quebrada—. Sin ti, no somos nada.

—Entiendo que el amor no debe ser una condena —dijo ella suavemente—. Y yo soy la que debe dar su vida para que el pueblo sobreviva. Eso es ser un Licano, ¿no? Sacrificarse por los demás.

—Entonces iré contigo —dijo él—. Donde quiera que vayas, iré. No te dejaré sola.

—No —lo apartó con firmeza—. Tú debes quedarte. Debes proteger a nuestra familia. Tú eres el guerrero, el líder que necesitan cuando yo no esté. Confía en mí. O al menos, confía en que mi sacrificio les dará tiempo para prepararse.

—No volverás —susurró él—. Lo sabes. Y te vas igual.

—Es mi deber —miró hacia el horizonte—. Y si no regreso, recordad esto: luchad hasta el último aliento. La libertad no se regala. Se toma. Y se defiende con todo lo que se tiene.

Esa noche, escribió dos cartas: una para su padre explicando su partida, otra para el Emperador desafiándolo a enfrentarse a ella sola en las ruinas de la montaña. Las dejó sobre la mesa del consejo. Antes del amanecer, tomó su capa y su espada, y salió por la puerta secreta que solo ella conocía. Caminó hacia la nieve profunda, hacia el frío, sabiendo que probablemente no sobreviviría, pero también sabiendo que si se quedaba, la destrucción de su pueblo era segura. Les daba una oportunidad pequeña, frágil, pero más de lo que el destino original les había dado.

Cuando la encontraron desaparecida al amanecer, hubo llanto y rabia, pero también alivio. Los que querían entregarla pudieron decir que no fue culpa suya. Los que la amaron juraron recuperarla. Y todos recibieron lo que ella quería darles: tiempo.

En el palacio imperial, el mensajero dio la noticia: la muchacha había huido y lo esperaba sola en las montañas. El Emperador sonrió, satisfecho. Creía que había caído en su trampa. No sabía que ella ya había jugado su mejor carta: se había llevado la guerra lejos de su pueblo. Y mientras él la persiguiera a ella, dejaría a los demás en paz, al menos por un tiempo.

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