Julián deja su vida humilde y su familia al reencontrarse con Valeria, su amor millonario de la infancia, que lo manipula para separarlo de Mara y sus hijos Luca y Elena. Tras mudarse a la mansión, los conflictos, los secretos y los acosos en la escuela rompen la armonía. Mara se va con los niños, y Julián queda atrapado entre dos vidas hasta que el dolor de perderlos lo obliga a elegir. Al final, se aleja de Valeria, reconstruye su familia con honestidad, y los hijos también sanan y construyen relaciones sanas y respetuosas.
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—¿No quieren volver? —preguntó ella, fingiendo tristeza, acariciando su brazo con gesto consolador—. Qué pena. Pero no te preocupes. Dales tiempo. Tienes derecho a estar feliz también. No tienes que sacrificarte por nadie. No tienes que cargar con todo tú solo.
—No sé qué hacer, Valeria —confesó él, dejándose caer en un sillón y pasándose una mano por el rostro cansado.
—Haz lo que te haga bien a ti —le susurró, sentándose en el reposabrazos y acariciándole el cabello con dedos suaves—. Quédate conmigo esta semana. Descansa. Y luego decides. Sin presiones. Sin prisas.
Se quedó. Una semana que se convirtió en dos. Cada noche, terminaban juntos, cada vez más unidos, más fundidos en la intimidad, donde ella lo conocía al dedillo, sabía exactamente qué decir, qué hacer, cómo tocarlo para que olvidara todo. Lo seducía con paciencia, con la seguridad de quien conoce cada rincón de la otra persona, cada recuerdo, cada deseo oculto. Lo hacía perder el control, lo hacía olvidar en segundos las dudas, la culpa, las palabras de Mara.
—Me vuelves loco —le decía él, con la respiración entrecortada, atrapado entre el placer y la confusión.
—Y tú a mí —le respondía ella, segura de sí misma, con una confianza que a veces lo asustaba—. Nadie te va a amar como yo. Nadie te va a conocer como yo. Conmigo eres tú de verdad. Conmigo te permites ser intenso, apasionado, sin andar con delicadezas que no te salen. Sé que te gusta lo intenso, lo visceral, dejarte llevar sin miedo a romper algo. Sé que te gusta la urgencia, la pasión que no se mide ni se contiene. Y sé que con ella te contienes, te moldeas, te haces delicado… y eso no es lo que realmente llevas por dentro. Conmigo no tienes que fingir. Puedes ser tú mismo.
Solo déjate llevar.— se desvistió, se acercó tomando su nuca llevandolo hacia su pecho perfecto, su pezøn rosado ,se lo puso en la boca.. Él la tomó de la cintura.. Se alejó .. La miró..se acercó, puso su boca en el pecho de nuevo subcionandolo con fuerza, uno y luego el otro..lo mordía, los lamía, jugaba sin control..sus besos bajaron mientras sus manos masajeaban con rudeza los pechos... él bajo hasta su entrepierna con su lengua saboreaba cómo si fuera una paleta, una delicia... Valeria se aferrada con sus manos en la cabeza de él haciendo que vaya más profundo.. él metió uno, dos, tres, hasta cuatro dedos dentro de ella moviendolos rapidos y profundos..mirándola..ella con esa cara que lo loquecia tanto.. tomó su pierna labantandola.. pespojandose de su vestimenta.. Y la penetrø a lo duro, aló animal..besando sus pechos. Terminaron en el sillón, en la cocina, en la habitación.
Pero en los momentos de silencio, cuando la habitación se quedaba en penumbras y solo se escuchaba la respiración de ambos, el rostro de Mara volvía. Sus ojos, su voz, la forma en que lo miraba cuando llegaba a casa. Y la culpa lo mordía por dentro, constante, como un recordatorio de que estaba perdiendo algo que quizás no podría recuperar nunca más