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La esposa que dejó de esperar

La esposa que dejó de esperar

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Completas
Popularitas:66.1k
Nilai: 5
nombre de autor: gigiwww

Sabrina Elvara lo tuvo todo: una mansión, un apellido de prestigio y un esposo que cualquier mujer envidiaría. Lo único que nunca tuvo fue el amor de León Ardián.

Casados por obligación tras una noche que ninguno de los dos recuerda con claridad, su matrimonio no fue más que una jaula dorada. León la ignoraba. Sabrina lo perseguía. Y cuando descubrió que estaba embarazada, él se alejó aún más.

Hasta que un día Sabrina dejó de esperar.

Sin avisar, sin pedir permiso, huyó a Europa con su hija en el vientre. Dio a luz sola en Holanda durante una tormenta de nieve, reconstruyó su vida en Roma con un pequeño negocio de flores y crió a Liora —una niña de ojos enormes y risa contagiosa— sin la sombra de los Ardián.

Tres años después, León la encuentra por accidente. Pero la mujer que lo recibe ya no es la Sabrina que conoció: no suplica, no sonríe por compromiso, no necesita que él la salve. Y Liora, la hija que no sabía que existía, lo desarma con una sola frase:

—¿Tú eres el señor del parque?

Porque el amor no se demuestra con grandes gestos.

Se demuestra quedándose.

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Capítulo 6 — Una niña

Aquella mañana el cielo estaba nublado cuando Alya se acomodó sola en el asiento trasero del auto rumbo al hospital. Tenía una mano sobre el vientre, que ya empezaba a notarse, y de vez en cuando revisaba la pantalla del celular.

Ningún mensaje de León.

Ni siquiera se había tomado la molestia de acompañarla.

—El señor León tuvo una reunión urgente de último momento, señora —le había explicado el chofer antes de arrancar.

Alya se limitó a asentir con tranquilidad.

La Sabrina de antes probablemente se habría pasado el día entera decepcionada y dolida. Pero para Alya, la ausencia era más bien un alivio.

No tenía que fingir que todo estaba bien delante de León.

El hospital materno-infantil bullía de actividad esa mañana. En cuanto bajó del auto, varias enfermeras la saludaron con amabilidad.

—Buenos días, señora Sabrina.

—Buenos días.

Alya caminó despacio hasta la sala de consulta, sosteniéndose el vientre. El embarazo comenzaba a volverse algo tangible para ella.

A ratos todavía le costaba creerlo.

Antes no era más que una estudiante de preparatoria.

Ahora...

Vivía como una mujer embarazada atrapada en un matrimonio sin amor.

—¿Señora Sabrina?

La voz de la doctora Amelia la sacó de sus pensamientos.

La ginecóloga, una mujer atractiva de unos treinta años, le sonrió con calidez e hizo un gesto para que tomara asiento.

—¿Sola hoy?

Alya respondió con una sonrisa comedida.

—León tenía trabajo.

La doctora Amelia pareció comprender.

—Muy bien, empecemos con la revisión.

Minutos después, Alya estaba recostada en la camilla. La luz del consultorio se atenuó levemente mientras el transductor del ecógrafo se deslizaba sobre su vientre.

El monitor se encendió.

Y en ese preciso instante...

Alya se quedó inmóvil.

El pequeño bebé se movía con suavidad en la pantalla en blanco y negro.

El corazón le latió con fuerza.

El pecho se le llenó de una calidez repentina.

—¿Eso es... el bebé? —preguntó en un hilo de voz.

La doctora Amelia le dedicó una sonrisa tierna.

—Sí. Está perfectamente sano.

Los ojos de Alya se empañaron sin que pudiera evitarlo.

Era la primera vez que veía de verdad la pequeña vida que crecía dentro del cuerpo de Sabrina.

Pequeña.

Frágil.

Pero viva.

—El latido del corazón es excelente —continuó la doctora, señalando el monitor—. Y el desarrollo corresponde a las semanas de gestación.

Alya asintió despacio, incapaz de despegar la vista de la pantalla.

Sin saber por qué...

Empezó a sentir unas ganas enormes de proteger a esa criatura.

—Si quiere —añadió la doctora Amelia—, hoy ya se alcanza a distinguir el sexo.

Alya volvió la cabeza al instante.

—¿En serio?

La doctora rio quedamente antes de mover el transductor unos segundos más.

El consultorio quedó en silencio.

Solo se oía el zumbido suave del equipo.

Entonces la doctora Amelia sonrió.

—Al parecer... es una niña.

Alya se quedó paralizada un momento.

Una niña.

Los labios se le curvaron en una sonrisa pequeña y muy suave.

—Una niña...

La mano se le fue sola al vientre.

Extraño.

Esa bebé no era realmente de su sangre.

Y sin embargo, la ternura brotó de todas formas, espontánea e incontrolable.

—Seguro va a ser preciosa —murmuró Alya para sí, con una sonrisa que no iba dirigida a nadie.

La doctora Amelia también sonrió al ver la expresión de Sabrina, mucho más luminosa que de costumbre.

Pero segundos después, la sonrisa de Alya se apagó un poco.

La familia Ardián.

Esperaban un varón, con toda seguridad.

Un heredero.

Un sucesor para el imperio de negocios.

Y una niña solía valer menos a los ojos de familias como esa.

—Doctora...

—¿Sí?

Alya se mordió el labio con suavidad antes de hablar con cautela.

—Por favor, no le diga a la familia Ardián el sexo del bebé todavía.

La doctora Amelia la miró con algo de extrañeza.

—¿Quiere darles la noticia usted misma?

Alya asintió rápido.

—Sí.

Era la excusa más segura.

En realidad, simplemente no estaba lista para escuchar los comentarios de la familia de León.

La doctora Amelia terminó por asentir.

—Por supuesto. Es su derecho como madre.

—Gracias, doctora.

La revisión terminó poco después. Alya se incorporó despacio y recibió la imagen del ultrasonido de manos de la doctora.

Su mirada volvió a posarse en la pequeña figura en blanco y negro impresa en el papel.

Una sonrisa tenue le afloró otra vez.

—Hola, pequeña —susurró.

Al salir del hospital, la lluvia comenzaba a caer en forma de llovizna fina.

El chofer aún no llegaba por el tráfico, así que Alya decidió sentarse un momento en una de las bancas del vestíbulo.

Las manos seguían aferradas a la imagen del ultrasonido.

Una niña.

No sabía por qué, pero se sentía profundamente feliz.

Quizá porque ella misma, siendo Alya, había crecido muy unida a su madre. Conocía lo que significaba ser una hija a la que alguien quiere proteger.

Y ahora...

Deseaba hacer exactamente lo mismo por esta bebé.

El celular vibró de pronto.

El nombre de León apareció en la pantalla.

Alya vaciló un instante antes de contestar.

—¿Sí?

—¿Ya terminó la revisión?

El tono de León era plano, como siempre.

—Sí.

—¿Qué dijo la doctora?

Alya contempló el ultrasonido que sostenía en la otra mano durante unos segundos.

—El bebé está sano.

Silencio breve.

—Bien.

Nada más.

Y sin embargo, Alya no se decepcionó.

Porque desde el principio no esperaba más que eso.

—Todavía tengo una reunión —agregó León—. Cuando llegues a casa, descansa.

—Ajá.

La llamada se cortó.

Alya observó la pantalla del celular un momento antes de esbozar una sonrisa leve y amarga.

León era así. Siempre lo había sido.

Frío.

Distante.

Imposible de alcanzar.

Pero esta vez...

Alya ya no sentía dolor por ello.

1
Stella Maris Boujon
La historia buena , pero con muchas contradicciones, es una lástima
Paola Vanessa Davila Salinas
A qué hora empezó a ir al colegio? No recuerdo que ya estuviera en la escuela, se supone que tenía niñera porque su mami trabajaba ¿no?
Ales🌷🍃
Ese es el problema de la cultura oriental. Alya nunca preguntó sobre la relación de él con Vanessa —a pesar de haber descrito aquella mirada tierna en la cafetería—, como si fuera derecho del marido mantener cualquier tipo de relación fuera de casa. La conversación era muy íntima. Él habla de arrepentimiento, pero nunca explicó nada. Y la autora tampoco. Centró toda la historia en la niña y en el miedo a que Leon se la llevara. Me pareció algo tonto y superficial, pero es sabido que las historias orientales funcionan mediante la deducción: los diálogos no son claros y las situaciones se alargan al límite, incluso con la repetición de detalles innecesarios, como chismes y descripciones de ropa y ambientes (es importante, pero lo repiten demasiado). Realmente reconstruyeron la relación como si nada hubiera pasado. La narrativa resultó bonita, pero, como dije, superficial.
Paola Vanessa Davila Salinas
Sabrina
Paola Vanessa Davila Salinas
Autora, revisa bien antes de publicar, el no la conoce como alya, la conoce como Sabrina. Es un pequeño error, pero la historia va tan bien, que esos pequeños errores hacen ensombrecer tu trabajo, y la verdad, no me parece justo, porque la historia me está gustando mucho.
Veronica Pinto
pero si la conoció en Roma ...
Karen Lilibeth Medina Marroquin
Bueno
Nilda María Ovelar Zarate
En qué momento dejó de ser Sabriiinaaa
Sofia Chavez Gutierrez
exactamente,
Leticia V
muy buena se dieron un oportunidad más felicidades
Margelis Izarra
se supone que ella reencarnó como Sabrina¿ por qué el esposo le dice Alya?
Ivyta🇦🇷💙💛💙
hermosa!! sin maldad de más. gracias por tomarte el tiempo y entretenernos
Dora Guzman Pacherres
Para que la busque él no la quiere además de que debe saber que ella escuchó todo lo que dijo. Para que solo firma el divorcio y cásate con quién tú dices que amas. Ella está tranquila ahora.
Manzanita
Pobre Bastian, tal vez pueda enamorarse de Kate?
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