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Vestida Para La Traición

Vestida Para La Traición

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Villana / Completas
Popularitas:29.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Julissa Pitti

Una abogada brillante, a punto de casarse, descubre la traición de su prometido y su mejor amiga… y decide convertir su propia boda en el escenario perfecto para revelar la verdad.

NovelToon tiene autorización de Julissa Pitti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 16 +18

La noche se extendía sobre la ciudad cuando Santiago tomó el volante, no tenía un destino claro, solo la necesidad de escapar del ruido en su cabeza.

Las calles vacías lo envolvían en un silencio que no lograba calmarlo cada semáforo, cada giro era una pausa breve en una mente que no encontraba orden.

Condujo sin rumbo durante varios minutos, dejando que la ciudad lo arrastrara, hasta que finalmente detuvo el auto frente a un bar discreto, luces cálidas, música baja, un refugio temporal donde el tiempo parecía detenerse.

Santiago entró sin pensarlo demasiado, se sentó en la barra y pidió una bebida, el primer trago bajó lento, el segundo trajo una ligera sensación de alivio, pero no fue suficiente, porque el problema no estaba fuera, estaba dentro, y tenía un nombre que no dejaba de repetirse en su mente,

Isabela.

No tardó en aparecer, como si el destino hubiera decidido acortar la distancia,

No esperaba encontrarte aquí…. dijo ella con suavidad,

Santiago giró ligeramente el rostro,

—Podría decir lo mismo, Isabela sonrió, y se sentó a su lado, sin invadir, pero sin alejarse, el vestido de látex negro que llevaba se ajustaba a cada curva de su cuerpo como una segunda piel, revelando la silueta perfecta de sus caderas y el contorno firme de sus nalgas,

—Tal vez no es casualidad, dijo ella, y el tono de su voz ya no dejaba espacio para dudas.

La conversación comenzó ligera, pero se fue cargando con cada minuto, cada mirada, cada pausa. Isabela sabía exactamente cómo mantenerse cerca sin imponerse, y Santiago, aunque intentaba conservar el control, ya no estaba completamente en terreno firme,

—Pareces más tenso de lo que deberías…

comentó ella, acercándose lo suficiente para que él pudiera oler su perfume, una mezcla intoxicante de jazmín y vainilla,

—No es fácil desconectar, respondió él, notando cómo el escote pronunciado de su vestido dejaba ver el generoso valle de sus pechos,

—A veces no hay que desconectar, solo cambiar el lugar donde estás, dijo ella, con una leve sonrisa, su lengua pasando lentamente sobre sus labios rojos brillantes.

El tiempo avanzó entre tragos y palabras, y sin darse cuenta, el ambiente se volvió más íntimo, más personal, más difícil de ignorar. Santiago dejó de resistirse de la misma manera, no porque hubiera perdido el control,

sino porque, por primera vez en esa noche,

ya no estaba intentando evitar algo, Isabela lo observó en silencio por un momento, como si midiera el siguiente paso, y luego habló con calma,

—Podemos seguir esta conversación en otro lugar…

Santiago la miró, y no respondió de inmediato, pero tampoco se negó, el silencio entre ambos fue suficiente.

Narrador omnisciente, hay decisiones que no se anuncian, solo se ejecutan, y esa fue una de ellas.

Salieron del bar sin prisa, el aire de la noche parecía más frío, pero entre ellos había una tensión distinta, una cercanía que no necesitaba explicación.

El apartamento de Isabela estaba ordenado, iluminado con una luz tenue, sencillo, pero cálido, un espacio donde todo parecía intencional.

Santiago entró sin hablar, y ella cerró la puerta detrás de él, se miraron en silencio,

sin necesidad de decir demasiado, porque todo lo que había quedado en el bar se había trasladado a ese lugar, en esa quietud, en esa cercanía, en esa elección mutua.

Isabela se acercó lentamente, sus tacones resonando suavemente en el suelo de madera. Se detuvo frente a él, sus ojos brillando de deseo. Con movimientos deliberados, comenzó a desabrochar el vestido, dejando caer la tela negra al suelo y revelando un conjunto de lencería roja que apenas contenía sus pechos abundantes y su sexo perfectamente depilado.

Santiago tragó saliva, sintiendo cómo su erección crecía dentro de sus pantalones.

—¿Te gusta lo que ves? preguntó Isabela con una sonrisa pícara.

Él no respondió con palabras, simplemente la tomó por la cintura y la besó apasionadamente. Sus lenguas se entrelazaron mientras sus manos exploraban sus cuerpos. Isabela desabrochó su camisa, sus dedos recorriendo su pecho velludo hasta llegar a su cinturón.

Con movimientos rápidos, ambos se deshicieron de la ropa restante hasta quedar completamente desnudos. Isabela empujó suavemente a Santiago hacia el sofá, donde él se recostó mientras ella se arrodillaba entre sus piernas. Tomó su miembro erecto en sus manos, admirando su tamaño y grosor antes de llevarlo a su boca.

Santiago gimió cuando los labios calientes de Isabela envolvieron su glande, su lengua moviéndose en círculos mientras su cabeza subía y bajaba lentamente. Una de sus manos masajeaba sus testículos mientras la otra se aferraba a la base de su miembro.

—Ah, sí... así, susurró él, sus dedos entrelazados en el cabello de Isabela.

Después de varios minutos, Isabela se detuvo, subiendo y montándolo. Se colocó sobre él, guio su miembro hacia su entrada húmeda y se dejó caer lentamente, ambos gimiendo al sentir cómo él la penetraba completamente.

Comenzó a moverse, primero lentamente, luego con más ritmo, sus caderas rotando mientras sus pechos rebotaban con cada movimiento. Santiago agarró sus caderas, ayudándola a moverse más rápido y más profundo.

—Eres tan apretada, gimió él, levantándose para morderle suavemente el cuello.

—Y tú eres tan grande, respondió ella, aumentando la velocidad de sus movimientos.

Cambiaron de posición, Santiago la colocó a cuatro patas en el sofá, entrando por detrás con fuerza. Isabela gritó de placer cuando él la penetró profundamente, sus manos agarrando sus caderas mientras la follaba con movimientos rápidos y poderosos.

—¡Más! ¡Más duro! gritó ella, sintiendo cómo su org*smo se aproximaba.

Santiago obedeció, aumentando la intensidad hasta que ambos alcanzaron el clímax casi simultáneamente, sus cuerpos temblando de placer.

Pero no terminó ahí. Se trasladaron al dormitorio, donde continuaron su exploración durante toda la noche. Isabela se montó nuevamente sobre él, esta vez mirándolo a los ojos mientras se movía lentamente, sus pechos rozando su pecho.

—Quiero que me f*lles toda la noche, susurró él, y ella sonrió.

—Eso es exactamente lo que voy a hacer, respondió, comenzando a moverse de nuevo.

Hicieron el amor en todas las posiciones imaginables, sus cuerpos sudorosos y excitados encontrando nuevas formas de placer. Santiago la tomó por detrás, luego la levantó y la f*lló contra la pared, sus piernas envueltas alrededor de su cintura mientras él la penetraba de pie.

Cuando pensaban que no podían más, encontraban nuevas energías para continuar. En el baño, bajo el agua caliente de la ducha, Isabela se arrodilló y lo volvió a llevar a la boca, esta vez tragándose su semen cuando él alcanzó el orgasmo.

De vuelta en la cama, la p*n*tr* mientras estaban de lado, sus manos explorando cada centímetro de su cuerpo, sus dedos encontrando su clítoris hinchado y llevándola al clímax una y otra vez.

El tiempo dejó de medirse como antes, y lo que ocurrió después no necesitó palabras,

pero sí dejó una huella clara, un antes y un después, una línea que Santiago cruzó sin darse cuenta

Más tarde, cuando la noche ya avanzaba, Santiago se encontraba de regreso, con el peso de lo vivido encima, y un silencio distinto, más denso, más difícil de ignorar.

Al llegar a casa, la escena lo esperaba, Valeria de pie, mirada firme, la tensión contenida en cada gesto,

—¿Dónde estabas?preguntó sin rodeos,

Santiago cerró la puerta detrás de él,

—Necesitaba despejar la cabeza,

—¿Y por eso desapareces? su tono fue más controlado, pero firme,

—No contestaste llamadas,

no respondiste mensajes,

¿te parece normal?,

Santiago pasó una mano por su rostro,

el cansancio y el conflicto se reflejaban en él,

—No fue mi intención,

—Siempre dices eso, respondió Valeria, dando un paso hacia él,

—Pero últimamente, no estás aquí del todo

El silencio se instaló entre ambos, más pesado que cualquier palabra, porque Valeria lo miraba, y algo en ella ya empezaba a notar lo que antes no quería ver,

Narrador omnisciente,

Porque algunas decisiones no solo afectan el presente, también cambian la forma en que alguien es percibido, y en esa casa, esa noche, Santiago ya no era el mismo, aunque nadie dijera aún por qué.

1
Equipo Motorola
excelente historia felicitaciones escritora 👏
Maria Josefa
con Valeria que sospeche de esa putizorra y ese mujeriego
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