Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 14
Nunca imaginé que la sensación de recuperar dignidad pudiera sentirse tan… adictiva.
Porque mientras permanecía aferrada al brazo de Dante frente a mis padres, viendo la incomodidad crecer dentro de aquella sala elegante y sofocante, sentí algo que llevaba años sin experimentar, control, no completo, todavía no, pero suficiente para hacerme sentir viva otra vez. Y se notaba mucho que… Dante estaba disfrutando esto demasiado.
Podía notarlo en la pequeña tensión divertida que aparecía en la esquina de sus labios cada vez que mi padre intentaba mantener compostura mientras claramente quería echarnos a ambos de la casa.
—Esto es absurdo —dijo mi padre finalmente con frialdad—. No puedes aparecer de la nada diciendo que ahora sales con Dante Morelli como si nada hubiera ocurrido.
Lo observé directamente y por primera vez en mi vida no sentí necesidad de justificarme frente a él.
—Claro que puedo.
Su expresión se endureció inmediatamente.
—Mía.
—¿Qué? —pregunté sin bajar la mirada—. ¿Esperabas que siguiera esperando sentada mientras Alexander decide cuándo prestarme atención?
Mi madre soltó un suspiro cansado.
—No es momento para actuar impulsivamente.
Impulsivamente.
Siempre esa palabra, como si cualquier decisión que tomara por mí misma automáticamente fuera un error emocional, pero antes de que pudiera responder, Dante habló con absoluta calma.
—Con todo respeto, señora Beaumont, creo que la única persona que ha tomado decisiones impulsivas aquí ha sido Alexander.
El silencio cayó inmediatamente, Dios, casi quería reír, porque la manera en que Dante decía las cosas era peligrosamente elegante. No levantaba la voz. No parecía alterado. Pero cada palabra era una bofetada perfectamente calculada.
Mi padre lo observó con evidente tensión.
—No creo que usted tenga derecho a opinar sobre asuntos familiares.
Dante sostuvo su mirada tranquilamente.
—En el momento que su hija empezó una relación conmigo, dejó de ser únicamente un asunto familiar.
Mi corazón dio un pequeño salto estúpido y odié eso inmediatamente, porque sabía perfectamente que estaba actuando, todo esto era actuación, un acuerdo, una alianza. Entonces ¿por qué demonios sonaba tan convincente cuando hablaba? Intenté ignorar el pensamiento.
Especialmente porque la mano de Dante se deslizó lentamente hasta mi cintura justo en ese momento, casi me atraganto con mi propia respiración, giré apenas la cabeza hacia él y el maldito hombre ni siquiera me miró.
Seguía completamente tranquilo mientras hablaba con mis padres como si tocarme de esa manera fuera lo más natural del mundo... Dios.
Ahora entendía por qué tantas mujeres estaban obsesionadas con él, porque Dante Morelli tenía presencia de sobra para volver loco a cualquiera.
Era absurdamente atractivo, y ni siquiera intentaba serlo. Su traje negro perfectamente ajustado marcaba cada línea de su cuerpo con una elegancia ridículamente injusta, y su voz grave hacía que incluso las frases más simples sonaran peligrosas y encima olía demasiado bien, qué hombre tan irritante.
Mi madre volvió a hablar claramente confundida.
—Pero… ¿desde cuándo ocurre esto?
Dante finalmente bajó la mirada hacia mí y por un segundo sentí que el aire desaparecía, porque estaba mirándome diferente, no como aliado, no como alguien interpretando un papel.
Parecía genuinamente concentrado en mí.
—Supongo que ambos nos cansamos de ignorar ciertas cosas —respondió tranquilamente.
Mentiroso... Maldito mentiroso...Pero Dios… Casi parecía verdad.
Mi corazón latía demasiado rápido y eso me molestaba profundamente, porque yo sabía exactamente cuál era el plan y aun así, estar tan cerca de alguien como Dante resultaba peligrosamente desestabilizante.
El sonido de la puerta principal abriéndose interrumpió completamente el ambiente y apenas escuché aquella voz… Todo dentro de mí se congeló.
—¿Qué demonios está pasando aquí?
Alexander.
Mi cuerpo entero se tensó de inmediato, no por amor.
No.
Jamás volvería a confundir eso, era rabia, era memoria, era mi cuerpo recordando cuánto daño me hizo ese hombre.
Lentamente giré la cabeza hacia la entrada principal y ahí estaba Alexander, acababa de entrar junto a Isabella, pero lo más satisfactorio de todo…
Fue ver sus rostros.
Porque ambos se quedaron completamente inmóviles apenas nos vieron, Alexander primero pareció confundido, después su expresión se endureció tan rápido que resultó casi violento, pero Isabella…
Oh, Dios.
Tuve que contener una sonrisa, porque la expresión de Isabella fue muchísimo mejor, asombro, incredulidad y después… Envidia.
Pura y horrible envidia.
Sus ojos recorrieron inmediatamente a Dante de arriba abajo antes de detenerse en la mano que seguía descansando sobre mi cintura y lo entendí todo.
Claro, por supuesto, Isabella siempre estuvo interesada en Dante, todo el mundo lo estaba.
Dante Morelli era prácticamente una obsesión dentro de la alta sociedad. Uno de los empresarios más jóvenes y poderosos del país, absurdamente atractivo y peligrosamente reservado. Nunca aparecía públicamente con mujeres, jamás daba entrevistas personales y prácticamente nadie sabía algo real sobre su vida privada.
Eso solo empeoraba las cosas.
Porque las mujeres como Isabella adoraban lo inalcanzable y ahora…. Ahora él estaba tocándome a mí.
Sentí algo oscuro y delicioso crecer dentro de mi pecho. Porque por primera vez… La que tenía algo que Isabella quería era yo.
Alexander dio un paso hacia nosotros lentamente. Y… Nunca lo había visto tan furioso.
—Explícame esto ahora mismo.
Su voz salió fría, peligrosamente fría, pero ya no me intimidaba, no después de todo lo que descubrí.
Levanté ligeramente la barbilla.
—No veo qué hay que explicar.
Alexander soltó una risa seca completamente incrédula.
—¿No ves qué hay que explicar? Estás abrazada a Dante Morelli en medio de la casa de tus padres.
—Técnicamente soy yo quien la está abrazando.
La intervención tranquila de Dante empeoró todo, muchísimo, vi claramente cómo la mandíbula de Alexander se tensaba inmediatamente.
Perfecto.
Porque por primera vez él estaba perdiendo control de la situación y lo odiaba.
Isabella finalmente habló, aunque claramente intentaba ocultar lo alterada que estaba.
—Mía… ¿qué significa esto?
Giré lentamente la mirada hacia ella. Y… Disfruté demasiado lo que vi, porque Isabella estaba observando a Dante de una manera demasiado evidente, con interés, con frustración, casi con resentimiento y eso encajaba perfectamente con ella.
Claro que quería a Dante, todas querían a Dante, pero él jamás prestaba atención a nadie.
Hasta ahora.
—Significa exactamente lo que parece —respondí tranquilamente.
Isabella forzó una pequeña sonrisa.
—¿Tú y Dante… están juntos?
Sentí la mano de Dante deslizarse apenas más firme sobre mi cintura y después él respondió antes que yo.
—Sí.
El silencio fue glorioso.
Alexander me observó como si acabara de traicionarlo personalmente, lo irónico era que él llevaba años acostándose con mi mejor amiga, pero verme junto a otro hombre… Eso sí hería su ego.
Qué patético.
—Esto es una estupidez —dijo finalmente—. Mía, ven conmigo. Ahora.
Antes probablemente habría obedecido por costumbre, por miedo al conflicto, pero ahora simplemente lo miré con absoluta calma.
—No.
El silencio volvió a caer y entonces vi algo que jamás pensé presenciar.
Alexander Rivelli perdió compostura.
—¿Perdón?
—Escuchaste bien.
Di un paso más cerca de Dante deliberadamente y maldita sea… La expresión de Isabella valió absolutamente todo, porque por primera vez ella no parecía superior, parecía desplazada y eso la estaba matando por dentro.