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Mi Gorda Bella

Mi Gorda Bella

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

💕 Descripción

Esta historia comienza con dos jóvenes que jamás imaginaron que llegarían a cambiar sus vidas. Ella es una chica de buen corazón, alegre y soñadora, pero sus compañeros constantemente se burlan de ella por su cuerpo y la hacen sentir insegura. Cada comentario termina afectando su autoestima, hasta que aparece él, un joven que comienza a enamorarse sinceramente de ella. Para él, su apariencia no define su valor. Siempre busca recordarle lo bonita, especial y valiosa que es, animándola a creer más en sí misma. Poco a poco, ella descubrirá que merece ser querida, respetada y feliz, mientras ambos construyen una hermosa historia de amor.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Una invitación en la cafetería

Al día siguiente llegué al instituto un poco más temprano de lo normal.

No voy a mentir: desde que me había despertado tenía ganas de verla.

Después de la llamada de la noche anterior, sentía que entre nosotros había quedado una confianza diferente. Habíamos hablado, nos habíamos reído y, aunque apenas nos estábamos conociendo, me había quedado con una sensación muy bonita.

Caminé por uno de los pasillos y finalmente la vi.

Valentina estaba junto a su casillero organizando unos cuadernos.

Me acerqué.

—Buenos días, bonita.

Ella levantó la mirada y sonrió.

—Buenos días, Damián.

—¿Cómo amaneciste?

—Bien, ¿y tú?

—Bien también. Aunque todavía tengo sueño, vea pues.

Ella se rio.

—¿Y eso por qué?

—Porque anoche nos quedamos hablando hasta tarde.

—¡Pero si usted fue el que me llamó!

—¿Ah, sí? Yo recuerdo que cierta señorita me dio permiso para llamarla.

—Bueno, eso sí.

Nos reímos.

Después caminamos juntos hacia el salón.

Durante la mañana hablamos entre clases y cada vez me sentía más cómodo a su lado.

Cuando llegó la hora del descanso, tuve una idea.

—Vale.

—¿Sí?

—¿Tienes hambre?

Ella me miró.

—Un poquito.

—Entonces te invito a comer a la cafetería de aquí del instituto.

Sus ojos se iluminaron.

—¿De verdad?

—Claro, pues. Vamos.

—Bueno, vamos.

Llegamos a la cafetería y había varios estudiantes haciendo fila.

—¿Qué vas a pedir? —pregunté.

Valentina miró las opciones.

—Creo que un sándwich y una Coca-Cola.

—Buena elección.

—¿Y tú?

—Yo voy a pedir un tinto y una arepa.

Valentina me miró sorprendida.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—¡Ay, Damián! ¿Y usted no tiene hambre?

Me reí.

—Claro que tengo hambre, pero me gusta comer sencillo.

—Bueno, pues.

Hicimos el pedido y nos sentamos en una mesa cerca de una ventana.

Valentina tomó su sándwich.

—Está rico.

—Qué bueno.

Yo tomé un sorbo de mi tinto.

—Este café está bueno.

—¿Tú siempre tomas tinto?

—Casi siempre. Eso viene incluido en el paquete de ser de Manizales, ¿o qué?

Valentina soltó una carcajada.

—¡Ay, no! Usted sí sale con unas cosas.

—Es verdad, pues.

Seguimos conversando.

Me contó algunas cosas sobre su familia y yo le hablé un poco de mis papás y de mi vida en Manizales.

—¿Extrañas mucho tu ciudad? —me preguntó.

—Sí. Bastante. Pero Barranquilla también me está gustando.

—¿Qué te gusta de aquí?

La miré y sonreí.

—He conocido personas chéveres.

Ella levantó una ceja.

—¿Personas?

—Sí.

—¿Y alguna persona en especial?

Me quedé pensando.

—Puede ser.

Valentina sonrió tímidamente.

—¿Y quién?

—Eso todavía no te lo voy a decir.

—¡Ay, no! Qué misterio.

—Déjeme guardar algo de misterio, pues.

Ella volvió a reír.

Me gustaba verla así.

Tranquila.

Sin preocuparse por lo que los demás pudieran pensar.

En ese momento, unos estudiantes pasaron cerca de nuestra mesa.

Uno de ellos miró a Valentina y luego siguió caminando.

Yo noté que ella bajó un poco la mirada.

—¿Todo bien? —pregunté.

—Sí.

—¿Segura?

—Sí, Damián.

Asentí.

No quise presionarla.

Después de terminar su sándwich, Valentina tomó su Coca-Cola.

—Gracias por invitarme.

—No tienes que agradecerme.

—Igual, gracias.

—Cuando quieras repetimos.

Ella sonrió.

—¿Ah, sí?

—Claro.

—Entonces voy a tener que aceptar.

Me reí.

—Trato hecho.

Sonó el timbre que anunciaba el final del descanso.

Nos levantamos de la mesa y caminamos juntos hacia el salón.

Mientras avanzábamos por el pasillo, pensé que aquella comida había sido sencilla.

Un sándwich, una Coca-Cola, un tinto y una arepa.

Nada extraordinario.

Pero para mí había sido uno de esos momentos que uno guarda porque lo importante no es lo que hay sobre la mesa, sino la persona con quien lo comparte.

Y yo cada vez tenía más ganas de seguir conociendo a Valentina.

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Felisa Catherine Potes Naranjo
👏
Felisa Catherine Potes Naranjo
Ya le llego su tate quito adriana la vida tiene karma va quedar como dice el dicho no te vista que no vas hasta aquí llegas
Felisa Catherine Potes Naranjo
No haga caso a lo que diga adriana porque ella es lo que sale de su boca
Felisa Catherine Potes Naranjo
Señora escritora muchas gracias por este tema tan especial ojalá muchas personas leyeran esta novela y reflexionaran que el buling es como estar muriéndose en vida
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