En mi vida anterior amé hasta destruirme.
Soporté cada traición creyendo que el amor debía doler.
Morí rota.
Desperté años atrás con una sola promesa: esta vez no vuelvo contigo.
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capitulo 24: La primera pieza del rompecabezas
La primera pieza del rompecabezas
Pasaron tres días sin noticias de Adrián.
Tres días en los que revisé el teléfono cada diez minutos, en los que cada ruido en el pasillo me hacía saltar, en los que la libreta se llenó de preguntas sin respuesta.
*"¿Dónde está Carolina?"*
*"¿Qué sabe que Federico teme?"*
*"¿Por qué Federico la mandó al extranjero?"*
*"¿Cuánto tiempo tenemos antes de que Federico pierda la paciencia?"*
No le escribí a Adrián. No porque estuviera enojada. Sino porque necesitaba que él sintiera la misma presión que yo. Necesitaba que entendiera que esto no era un juego donde él podía tomarse su tiempo.
El cuarto día, a las seis de la mañana, el teléfono vibró.
Era Adrián.
*"Tengo algo. No por mensaje. Ven al archivo público. Sala de documentos comerciales. Ahora."*
Me vestí rápido. Salí sin desayunar. El aire frío me pegó en la cara mientras caminaba hacia el colectivo. Las calles estaban casi vacías. Solo algunos repartidores, algunos madrugadores con cara de no querer estar ahí.
Llegué al archivo público a las seis y veinte. La sala de documentos comerciales estaba cerrada todavía. Adrián estaba esperando afuera, con una carpeta bajo el brazo y una expresión que no supe leer.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Entra —dijo—. Te muestro.
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La sala estaba vacía. Solo un empleado detrás del mostrador, hojeando un periódico. Adrián me guió hasta una mesa del fondo, lejos de las ventanas, lejos de las cámaras.
Abrió la carpeta. Adentro había papeles. No muchos. Pero lo que vi en la primera hoja me hizo detener el aliento.
Eran extractos bancarios. Cuentas a nombre de Carolina Méndez. Cuentas que habían recibido transferencias millonarias en los últimos tres años.
—¿De dónde sacaste esto? —pregunté, y mi voz salió más baja de lo que esperaba.
—De un contacto —dijo Adrián—. Alguien que le debe favores a mi familia. Alguien que puede acceder a información que no debería estar disponible.
—¿Y por qué me muestras esto?
—Porque Carolina no está en el extranjero —dijo—. Está en la ciudad. Escondida. Pero está aquí.
Me quedé quieta. Procesando.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque estas cuentas se están moviendo —dijo—. Transferencias recientes. Retiros en efectivo. Pagos a un departamento en el barrio norte. Carolina está viviendo con nombre falso. Y Federico no lo sabe.
—¿O sí lo sabe? —pregunté—. ¿Y por qué no la encuentra?
Adrián apretó la mandíbula.
—Porque yo le bloqueé el acceso —dijo—. Tengo gente vigilando el departamento. Federico no puede llegar a ella sin que yo lo sepa.
—¿Y por qué haces esto? —pregunté—. ¿Por qué me ayudas?
Adrián me miró un segundo largo.
—Porque sé lo que va a hacer Federico cuando la encuentre —dijo—. Y no voy a dejar que la mate. No después de lo que le hizo a mi padre.
El aire se me fue de los pulmones.
—¿Federico va a matarla?
—Si ella habla, sí —dijo—. Y ella va a hablar. Porque Carolina no es tonta. Sabe que Federico la va a destruir cuando ya no la necesite. Y está buscando una salida.
—¿Y tú quieres ser esa salida?
—No —dijo—. Quiero que tú seas esa salida.
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Me quedé mirándolo. Sin entender.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que si tú hablas con Carolina, si tú le ofreces algo que Federico no puede darle, ella va a hablar. Y si ella habla, Federico cae.
—¿Y qué le ofrezco? —pregunté—. ¿Protección? ¿Dinero?
—Verdad —dijo—. Carolina sabe que Federico la va a destruir. Pero no sabe que yo sé dónde está. No sabe que yo puedo protegerla. No sabe que tú puedes darle una salida real.
—¿Y por qué no vas tú? —pregunté—. ¿Por qué me mandas a mí?
Adrián bajó la mirada un segundo.
—Porque si voy yo, ella va a pensar que es una trampa —dijo—. Pero si vas tú, si le muestras que no tienes nada que perder, que no estás conectada con Federico, que solo quieres la verdad… ella va a confiar en ti.
—¿Y si no confía?
—Entonces vamos a tener que encontrar otra forma —dijo—. Pero creo que va a confiar. Porque tú eres la mujer que Federico quiere destruir. Y si tú le ofreces una salida, ella va a saber que es real.
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Me quedé callada un rato largo. Mirando los extractos bancarios. Mirando la dirección del departamento en el barrio norte. Mirando a Adrián, que me miraba con una intensidad que no había visto antes.
—¿Cuándo? —pregunté al fin.
—Esta noche —dijo—. Tengo gente vigilando el departamento. Carolina sale a caminar todas las noches a las nueve. Va a una plaza cercana. Si la abordas ahí, en público, donde ella se sienta segura, va a escucharte.
—¿Y si no funciona?
—Entonces vamos a tener que moverte —dijo—. Sacarte de la ciudad. Esconderte. Porque si Federico descubre que sabemos dónde está Carolina, va a intentar destruirnos a los dos.
Asentí despacio.
—Está bien —dije—. Voy a ir.
Adrián me miró un segundo largo. Después asintió.
—Te paso la dirección —dijo—. Y te doy un teléfono. Si algo sale mal, me llamas. Si no me contestas en diez minutos, mi gente interviene.
—¿Y si Carolina no quiere hablar?
—Entonces le dices la verdad —dijo—. Le dices que Federico la va a destruir. Que yo sé dónde está. Que tú eres la única que puede ofrecerle una salida. Y le dices que tiene veinticuatro horas para decidir.
—¿Y si dice que no?
—Entonces nos movemos —dijo—. Y esperamos otra oportunidad.
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Salimos del archivo público juntos. Adrián caminó a mi lado sin decir nada. Cuando llegamos a la esquina de mi casa, se detuvo.
—Valeria… —dijo con la voz baja—. Una cosa más.
—¿Qué?
—Si algo sale mal esta noche —dijo—. Si Carolina no quiere hablar, si Federico descubre que sabemos, si algo sale mal… no voy a dejar que te toque. Aunque tenga que destruir a mi propia familia.
No respondí. Solo lo miré un segundo largo. Después asentí.
—Lo sé —dije—. Pero va a salir bien. Porque esta vez no estamos solos.
Adrián asintió. Se dio vuelta y se fue caminando.
Me quedé parada en la esquina, sintiendo el viento frío en la cara, sabiendo que en pocas horas todo iba a cambiar.
Porque esta vez no iba a esperar.
Esta vez iba a hablar con Carolina.
Y no iba a detenerme hasta que Federico Rivas cayera.
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Volví al departamento. Cerré la puerta. Me senté en el sillón con la libreta abierta.
Escribí despacio, con la mano firme:
*"Hoy Adrián me mostró que Carolina está en la ciudad. Hoy supe que Federico la va a matar si habla. Hoy decidí que voy a hablar con ella esta noche. Hoy entendí que no tengo nada que perder. Y que eso me hace peligrosa."*
Cerré la libreta. Apagué la luz.
Y me quedé mirando la oscuridad, sabiendo que en pocas horas iba a tener que decidir algo.
No si aceptaba el matrimonio.
Sino cuánto estaba dispuesta a arriesgar para no tener que aceptarlo.