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El Deseo Oculto Del Sr Collins

El Deseo Oculto Del Sr Collins

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / CEO / Posesivo
Popularitas:8.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Isa González

​Él la desea por su pasado. Ella lo busca por su futuro. ¿Podrán escapar de las sombras del pasado? 🖤

​Dorian Collins es "El Magnate de los Diamantes" 💸, un CEO millonario, frío y destrozado por la muerte de su amada esposa Anna 🕊️. Para el mundo es indestructible, pero por dentro se consume en la soledad y en un deseo reprimido que no lo deja en paz.

​Charlotte Mousier es una valiente obrera del sur de Francia ⚒️. Sin dinero y agobiada por las deudas, lucha por salvar la vida de sus padres enfermos 🏚️. Cuando el corrupto encargado de la mina intenta abusar de ella y la deja en la miseria, Charlotte emprende un viaje desesperado a París para plantarle cara al mismísimo dueño del imperio 🏢.


NovelToon tiene autorización de Isa González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Su Esposa Murió

—Lo lamento mucho, señor Collins... pero su esposa ha fallecido.

​Las palabras flotaron en el aire pesado de la biblioteca, pero Dorian Collins no se movió de su imponente sillón de cuero negro. No hubo gritos, ni reclamos, ni el golpe de un puño furioso contra el escritorio de caoba. Solo un silencio sepulcral, espeso como la niebla que esa tarde cubría los jardines de la mansión a las afueras de París.

​Una única lágrima, traicionera y fría, resbaló por su mejilla derecha, perdiéndose en la dureza de su mandíbula tensa.

​—¿Señor? ¿Me escuchó? —insistió Pierre, el viejo y leal empleado de la propiedad, con la voz quebrada por el temor y la pena.

​Dorian no respondió. Ni siquiera parpadeó. Su mirada gris, tan gélida y cortante como las piedras preciosas que lo habían hecho famoso, seguía fija en el ventanal. Pierre supo entonces que no obtendría nada más. Con una reverencia silenciosa y el peso de la tragedia sobre los hombros, se retiró de la habitación, cerrando la doble puerta de madera con un clic casi imperceptible.

​Cuando la llave de la cerradura resonó, Dorian Collins pareció reaccionar.

​A sus treinta y dos años, era el hombre más poderoso de la industria gemológica, conocido en los círculos de la alta sociedad y los negocios como "El Magnate de los Diamantes". Dueño de minas subterráneas desde África hasta Canadá, su apellido era sinónimo de un imperio inquebrantable, de una dinastía tan respetada como temida.

​Pero el dinero no podía comprar la inmunidad contra la desgracia.

​Se puso en pie, revelando su imponente estatura, y caminó hacia el ventanal. La ironía de su vida lo golpeó con la fuerza de un mazo. No hacía mucho, lo tenía todo. Venía de una cuna de oro, respaldado por una familia influyente. Pero el destino se había encargado de desmantelar su mundo pieza por pieza. Primero, aquel maldito accidente aéreo en los espesos y hostiles montes suizos, donde el avión privado de la familia se redujo a cenizas, arrastrando a la tumba a sus padres y a su único hermano. Dorian se había quedado solo en la cima de un imperio de sangre y piedra.

​Andando a pasos lentos por la habitación, la rabia contenida comenzó a quemarle el pecho. Su esposa estaba muerta.

​Anna. Su gran y único amor.

La ironía era una puta despiadada. Podía comprar minas enteras, doblegar mercados financieros y adquirir los diamantes más exóticos del planeta, pero todo su maldito dinero no había servido de nada contra el monstruo silencioso que se había instalado en el cuerpo de su esposa dos años atrás. El cáncer la había ido apagando lentamente, consumiendo su risa y su luz, mientras él pagaba a los mejores especialistas del mundo entero, desesperado, buscando un milagro que la ciencia y su fortuna simplemente no pudieron comprar. Había sido una batalla larga, dolorosa y, al final, inútil.

​Se pasó una mano por el rostro, tratando de contener el abismo que amenazaba con tragárselo. Tenía que ser fuerte. Ya no podía permitirse el lujo de derrumbarse, porque Anna no solo le había dejado un vacío inmenso; le había dejado el tesoro más grande de su vida.

​Lindsey.

​Su pequeña hija de solo cinco años. Una niña de rizos suaves y ojos cargados de una inocencia tierna que, hasta ahora, la había mantenido a salvo de la oscuridad que rodeaba el apellido Collins. Lindsey adoraba a su madre, y Dorian sabía que la parte más difícil de esta pesadilla no era procesar su propio luto, sino tener que mirar a esos ojos de cinco años y romperle el corazón.

​El sonido de la puerta abriéndose con timidez lo sacó de sus pensamientos.

​Dorian se tensó, pero al girarse, su mirada gélida se ablandó de inmediato. En la entrada de la biblioteca, abrazando con fuerza a un desgastado oso de peluche, estaba Lindsey. Sus grandes ojos lo miraban con una mezcla de confusión y tristeza, como si el instinto infantil ya le estuviera advirtiendo que algo andaba terriblemente mal en la mansión.

​—¿Papi? —la voz de la niña resonó, pequeña y temblorosa, en la inmensidad de la habitación—. ¿Dónde está mamá? Dijo que me leería un cuento cuando despertara...

​Dorian sintió un nudo asfixiante en la gola. El hombre que controlaba imperios se sintió el ser más impotente de la Tierra. No podía decírselo; no en ese momento, no cuando el dolor estaba tan vivo y desgarrador.

​Sin decir una sola palabra, se dejó caer de rodillas sobre la alfombra. Lindsey corrió hacia él y Dorian la envolvió en sus brazos, apretándola contra su pecho con una fuerza desesperada, como si intentara protegerla del cruel destino que acababa de dejarlas sin el pilar de sus vidas. Escondió el rostro en los rizos de su hija, dejando que el silencio de la biblioteca fuera el único testigo de su dolor.

​Un año después...

​Al sur de Francia, el panorama era completamente distinto. Lejos de la elegancia silenciosa de París, el aire aquí estaba impregnado de polvo, sudor y el rugido ensordecedor de la maquinaria pesada.

​En la entrada principal de una de las minas de la corporación Collins, el ambiente estaba a punto de estallar.

​—¡Es una injusticia y lo sabe, señor Bernard! —exclamó Charlotte Mousier, plantándose con firmeza frente al escritorio del prepotente encargado del lugar.

​A sus veinticinco años, Charlotte era una mujer que no pasaba desapercibida. Tenía una belleza salvaje y natural, coronada por una melena de rizos rebeldes que enmarcaban un rostro de facciones decididas. Pero lo que realmente intimidaba a sus superiores eran sus ojos verdes: intensos, brillantes y, en ese momento, encendidos por la indignación.

​—Llevamos retraso con los pagos y las condiciones en el sector de excavación son inhumanas —continuó Charlotte, cruzándose de brazos, sin dejarse amedrentar por los hombres armados que custodiaban la oficina—. Los filtros de aire están dañados y los obreros están arriesgando sus vidas por migajas. ¡Exigimos lo que nos corresponde!

​El señor Bernard, un hombre gordo y de mirada despectiva, soltó una carcajada seca mientras fumaba un cigarrillo. Miró a Charlotte de arriba abajo, restándole importancia a sus reclamos.

​—Escúchame bien, niña bonita —dijo Bernard, inclinándose hacia adelante y golpeando el escritorio con el dedo—. Aquí las cosas son muy simples. Solo tienes dos opciones: o te callas la boca, te aguantas y vuelves al pozo a trabajar, o recoges tus pocas cosas y te lárgas de mi mina ahora mismo. A la empresa no le importan tus discursos. Hay cien personas allá afuera rogando por tu puesto.

​Cualquier otra persona se habría echado atrás, temerosa de perder el único sustento que tenía. Pero Charlotte no era como los demás. Su valentía era su mayor virtud, y también su mayor peligro.

​—No —respondió Charlotte, sosteniéndole la mirada con una frialdad que sorprendió al encargado—. No me voy a callar y no voy a permitir que sigan tratando a los empleados como si fueran animales programados para morir en el subsuelo. Si usted no nos da una respuesta digna, escalaré esto más arriba.

​—¿Ah, sí? ¿Y con quién vas a hablar? —se burló Bernard—. ¿Con Dios?

​—Con el dueño de todo esto —sentenció ella de manera desafiante—. Con el mismísimo Dorian Collins.

​Charlotte salió de la oficina a grandes zancadas, haciendo crujir la grava bajo sus botas de trabajo. Tenía las mejillas encendidas por la rabia y las manos le temblaban ligeramente, no por miedo, sino por la impotencia de ver la crueldad con la que se manejaba el lugar.

​—¡Charlotte! ¡Espera!

​Una mano firme la tomó del brazo, obligándola a detenerse. Al girarse, se encontró con los ojos preocupados de Leonard, su amigo de la infancia. Él también llevaba el rostro manchado de carbón y el cansancio marcado en las ojeras, pero su mirada reflejaba un temor profundo. Había estado escuchando los gritos desde afuera de la oficina.

​—Estás loca, Charlotte... Completamente loca —le dijo Leonard en un susurro desesperado, soltándola y pasándose las manos por el cabello—. ¿Te has vuelto demente? ¡Te acabas de plantar frente a Bernard! Ese hombre no se tienta el corazón para destruir a cualquiera que le estorbe.

​—¿Y qué querías que hiciera, Leonard? —replicó ella, con los ojos verdes brillando con furia—. ¿Que bajara la cabeza como todos los demás? Nos están robando el sueldo, el aire en los túneles nos está matando y él solo se burla en nuestra cara. ¡Alguien tiene que decir algo!

​—¡Pero no tú! ¡Piensa en tus padres! —le espetó Leonard, bajando aún más la voz para que los guardias de la entrada no los escucharan.

​Ese nombre fue como un balde de agua fría para Charlotte. La mención de sus padres hizo que su postura combativa flaqueara por un segundo.

​—Ellos ya son unos ancianos, Charlotte, y están enfermos —continuó su amigo, con tono suplicante—. Dependen de ti, de las medicinas que les compras con cada centavo que ganas aquí. Si Bernard decide despedirte, o peor, ponerte en la lista negra... ¿dónde vas a conseguir otro trabajo?

​Charlotte tragó saliva, sintiendo que el aire caliente de la provincia de repente se volvía asfixiante. Miró a su alrededor. Más allá de las imponentes estructuras de metal de la mina, solo había tierra seca, montañas y el pequeño pueblo donde se había criado.

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ana luisa
Me encantó el capítulo está buenísimo Dorian está enamorado de verdad Chalot y ella está enamorada de Doria pero ya no quiere dulce su brazo
ana luisa
Me encantó el capítulo porque Dorian le declaró su amor por Charlotte pero ella no quiere sentir nada por él es una estúpida
ana luisa
Me encantó este capítulo porque está bueno y Charlotte se está enamorando de Dorian
Maria Mongelos
Gracias querida escritora por los capítulos 💕
Maria Mongelos
Menos mal llegó Lindsey para salvarla😄
Maria Mongelos
Está Victoria es una serpiente, Anna no la quería, por algo seria. No quiero pensar que haya tenido algo que ver en el accidente
Maria Mongelos
Celos, celos, Charlotte se está enamorando de Dorian o ya está enamorada, solo no se da cuenta
Maria Mongelos
Lindsey es su sobrina y Charlotte la va a terminar criando
Maria Mongelos
Por suerte para Charlotte aparecieron esas dos personas en su vida, la salvaron, la criaron, la amaron
Maria Mongelos
Estaba loca, podes casarte obligada, tener hijos obligada pero no matar a tu propia hija
Aurora
Ay Diog mío y yo creyendo que las tragedias ya habían pasado y aparece la zuripanta trepadora y sicópata , ahora siii se fue todo a la 💩
Milagros Suarez
Gracias ISA 🙏🙏
Excelentes capítulos, quede sorprendida de como una madre sea capaz de tanto 😲
Aurora
Y que paso para que siguiera casada con el padre de ellas dos , para al final , terminar como una familia feliz y con una única regla, no hablar de "accidente de Alice"
Violeta
Esa mujer estaba desquiciada como hacer daño a su propia sangre y no le dolió parir😤, gracias autorita por estos excelentes capitulos 🥰🥰💖💖
Maria Mongelos
Gracias querida escritora por actualizar 💕
Maria Mongelos
Será depresión? No pudo con dos niñas? O hay algo más oculto. Será que Elena va aclarar todo esto
Maria Mongelos
Es muy fuerte, pobre Charlotte, enterarse así de que fué tu propia madre quien intentó matarte
Maria Mongelos
La propia madre??!!! pero porqué?
Maria Mongelos
Que será lo que esconden los padres de Charlotte?
Aurora
Excelente historia, la trama tiene giros inesperados y la narrativa 💯❎💯👌
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