Géneros:
Romance
Drama
Misterio
Comedia
Alta socie.dad
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Capítulo:19
Una noche de apariencias
La cena en la mansión Beaumont continuó bajo la elegante iluminación del salón principal.
La enorme mesa estaba decorada con detalles cuidadosamente seleccionados. La vajilla de porcelana, las copas de cristal y los arreglos florales demostraban una vez más que, para la familia Beaumont, incluso una reunión privada podía convertirse en una representación de su posición dentro de la sociedad.
Cada elemento tenía un propósito.
Cada palabra era medida.
Cada gesto era observado.
Isabella Valmont lo comprendió desde el momento en que tomó asiento.
Aquella no era simplemente una cena familiar.
Era una presentación.
Una forma silenciosa de demostrarle que estaba entrando en un mundo donde las tradiciones tenían un peso importante y donde cada persona ocupaba un lugar determinado.
A su lado, Alexander permanecía tranquilo.
Como siempre.
Su expresión era serena, su postura impecable y su comportamiento reflejaba la seguridad de alguien acostumbrado a estar bajo la mirada de los demás.
Pero Isabella comenzó a notar algo.
Aunque Alexander parecía distante, no era indiferente.
Escuchaba.
Observaba.
Analizaba cada detalle.
Era la misma forma en la que enfrentaba los negocios, pero esta vez no estaba revisando contratos.
Estaba observando a las personas.
—La boda será recordada durante muchos años —comentó uno de los miembros de la familia Beaumont mientras levantaba su copa.
Una sonrisa elegante apareció en los rostros de los presentes.
—Será una unión importante para ambas familias —añadió otra persona.
Isabella mantuvo la calma.
Había escuchado esas palabras muchas veces desde que el compromiso había sido anunciado.
Importante.
Conveniente.
Estratégico.
Palabras que describían perfectamente una alianza.
Pero pocas veces hablaban de sentimientos.
—Parece que todos están más emocionados por la unión de los apellidos que por las personas que están detrás de ellos —comentó Isabella con tranquilidad.
Durante unos segundos, la mesa quedó en silencio.
No había sido una crítica.
No había sido una provocación.
Simplemente era Isabella diciendo en voz alta algo que muchos preferían ignorar.
Alexander la observó discretamente.
Aquella era una de las cosas que más llamaban su atención de ella.
Isabella no intentaba crear conflictos.
Pero tampoco aceptaba quedarse callada solamente para mantener una apariencia.
—La sociedad funciona de esa manera —respondió Alexander finalmente.
Isabella giró la mirada hacia él.
—Eso no significa que tenga que gustarnos.
Una pequeña expresión de sorpresa apareció en algunos presentes.
Pero Alexander no se molestó.
Al contrario.
Por primera vez, parecía estar considerando una respuesta diferente.
Después de la cena, Isabella salió al jardín de la mansión Beaumont para tomar un poco de aire.
El lugar era completamente diferente al jardín de los Valmont.
Mientras su familia había creado un espacio lleno de historia y recuerdos, los Beaumont habían diseñado un ambiente más elegante y perfecto.
Todo estaba en orden.
Todo estaba cuidadosamente planeado.
Pero quizás eso era precisamente lo que hacía que Isabella extrañara la calidez de su propio hogar.
—¿Siempre necesitas alejarte de las reuniones importantes?
La voz de Alexander hizo que Isabella se girara.
Él se encontraba detrás de ella.
—¿Siempre necesitas preguntar cosas que ya sabes?
Alexander la observó en silencio.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Isabella.
Era extraño.
Poco a poco, las conversaciones entre ellos dejaban de sentirse como simples obligaciones.
—La cena salió bien —dijo Alexander.
—¿Eso es una felicitación?
—Es una observación.
Isabella negó con la cabeza.
—Sigues siendo muy malo expresando emociones.
Alexander no respondió.
Pero tampoco se retiró.
Y para Isabella, ese pequeño detalle decía más de lo que él imaginaba.
Mientras tanto, lejos de la mansión Beaumont, Victoria Lancaster observaba desde su teléfono las fotografías de la cena.
Los medios ya comenzaban a publicar imágenes de Isabella junto a Alexander.
La futura señora Beaumont.
Aquellas palabras aparecían una y otra vez.
Victoria apretó ligeramente el teléfono.
No podía permitir que todos olvidaran el lugar que ella había ocupado durante años.
Si Isabella había llegado para cambiar la historia, Victoria encontraría la manera de recuperar el papel que siempre había considerado suyo.
No necesitaba actuar impulsivamente.
Sabía que en el mundo donde había crecido, las batallas más importantes no siempre se ganaban con enfrentamientos.
A veces se ganaban con paciencia.
Con estrategia.
Y con una sonrisa perfecta.
Al mismo tiempo, Adrian Brown continuaba observando los movimientos de la familia Valmont.
La boda avanzaba.
Alexander y Isabella se acercaban poco a poco.
Y eso significaba que él debía ser todavía más cuidadoso.
Porque cuanto más fuerte se volviera la unión entre ambas familias, más difícil sería alcanzar sus propios objetivos.
La noche terminó con una imagen perfecta para la sociedad.
Una futura pareja poderosa.
Dos familias unidas.
Una historia aparentemente sin errores.
Pero detrás de aquella imagen había secretos.
Ambiciones.
Y personas esperando el momento correcto para mover su próxima pieza.
Porque en el mundo de los Beaumont y los Valmont, las apariencias podían ser tan importantes como la verdad.
Continuará...