Dos personas marcadas por heridas del pasado se encuentran cuando menos lo esperan. Ella ha aprendido a esconder su dolor detrás de una sonrisa. Él carga con un pasado que no logra perdonarse. Ninguno busca enamorarse, pero el destino los une y descubrirán que, incluso en la oscuridad más profunda, una sola persona puede convertirse en la luz del otro.
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capítulo 15 - lo que el corazón empieza a decir
"El amor no siempre llega con un beso. A veces comienza con el deseo de cuidar a alguien sin pedir nada a cambio."
Después de aquella tarde bajo la lluvia, Rebeca descubrió que algo dentro de ella estaba cambiando.
Ya no esperaba los mensajes de Efraín con curiosidad.
Los esperaba con ilusión.
Cada mañana sonreía al escuchar la notificación de su teléfono, y cada noche dormía con una tranquilidad que hacía años no sentía.
Efraín, por su parte, tampoco podía negar lo evidente.
Había aprendido a reconocer el sonido de la risa de Rebeca, la forma en que inclinaba la cabeza cuando algo la hacía pensar y la dulzura con la que hablaba de las personas que amaba.
Una tarde de sábado, decidió sorprenderla.
Le escribió un mensaje.
—¿Tienes planes para hoy?
Rebeca respondió casi enseguida.
—Ninguno. ¿Por qué?
—Porque quiero llevarte a un lugar muy especial.
Ella aceptó sin hacer preguntas.
Una hora después, Efraín pasó por ella. Durante el camino, Rebeca intentó descubrir el destino, pero él solo sonreía.
Finalmente llegaron a una pequeña casa de fachada sencilla, rodeada de jardines llenos de flores.
En la entrada había un letrero de madera que decía:
Hogar San José.
—¿Qué lugar es este? —preguntó Rebeca.
—Un hogar para adultos mayores.
Ella lo miró sorprendida.
—Vengo aquí desde hace algunos años.
Entraron juntos.
Apenas cruzaron la puerta, varias personas mayores saludaron a Efraín con enorme cariño.
—¡Llegó nuestro ingeniero favorito! —gritó uno de los abuelos entre risas.
Otra señora se acercó y le acomodó el cuello de la camisa como si fuera su propio hijo.
Rebeca observaba la escena con emoción.
Nunca había visto esa faceta de él.
Efraín no estaba allí para tomarse fotografías ni para aparentar generosidad.
Conocía el nombre de cada abuelo.
Sabía qué medicamentos tomaban, cuáles eran sus comidas favoritas y qué historias les gustaba contar.
Pasó toda la tarde escuchándolos, jugando cartas con ellos y ayudando al personal del hogar.
Rebeca decidió unirse.
Una anciana llamada Matilde la tomó de la mano.
—Hace mucho que no veía sonreír así a Efraín.
Ella sonrió.
—Es una gran persona.
La mujer la miró fijamente.
—Él también necesitaba volver a sonreír.
Aquellas palabras quedaron dando vueltas en la mente de Rebeca.
Cuando salieron del hogar, el sol comenzaba a ocultarse.
Caminaron unos metros en silencio.
Finalmente fue Rebeca quien habló.
—Hoy descubrí algo.
—¿Qué cosa? —preguntó Efraín.
—Que eres mucho mejor persona de lo que imaginaba.
Él bajó la mirada con humildad.
—Solo intento devolver un poco del cariño que la vida me ha regalado.
Rebeca sonrió.
Quería preguntarle por qué los abuelos habían dicho que él necesitaba volver a sonreír.
Pero sintió que todavía no era el momento.
Al despedirse frente a su casa, Efraín le entregó una pequeña libreta.
—¿Qué es esto?
—Ábrela cuando estés sola.
Ella entró a casa intrigada.
Se sentó en el sofá y abrió la primera página.
Con una letra elegante, Efraín había escrito:
"Dicen que las personas llegan a nuestra vida por una razón. No sé cuál sea la tuya todavía... pero desde que apareciste, mis días son mucho más felices. Gracias por existir, Rebeca."
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas.
Acarició aquellas palabras con la yema de los dedos.
Nunca nadie le había escrito algo tan sincero.
Mientras abrazaba la libreta contra su pecho, su teléfono vibró.
Era un mensaje de Efraín.
"Buenas noches. Espero que la libreta te acompañe en los días buenos... y también en los difíciles."
Rebeca respondió con el corazón acelerado.
"Lo hará... porque me la regaló alguien muy especial."
Al leer esas palabras, Efraín cerró los ojos y sonrió.
Sin embargo, en otra parte de la ciudad, una mujer sostenía una fotografía antigua donde aparecía junto a él.
La observó durante varios segundos antes de decir en voz baja:
—Si ella supiera quién eres realmente... jamás volvería a mirarte con esos ojos.
Y, por primera vez, el pasado dejó de ser un recuerdo para convertirse en una amenaza real.