Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Susurros 1
Durante varios minutos, Melody permaneció exactamente donde sus padres la habían dejado.
Todavía intentaba ordenar sus pensamientos.
[Respiremos...]
[Primero...]
[Me iba a ir.]
[Después...]
[De repente me voy a quedar.]
[Y nadie creyó necesario preguntarme primero.]
Suspiró.
Aunque, siendo completamente sincera consigo misma...
Tampoco estaba segura de cuál habría sido su respuesta si Francis se lo hubiera preguntado.
Solo sabía una cosa.
Necesitaba hablar con él.
Comenzó a recorrer la mansión preguntando discretamente a los sirvientes.
Finalmente uno de ellos señaló el gran salón de recepciones.
—El conde se encuentra conversando con algunos comerciantes.
Melody agradeció y caminó hasta allí.
No tardó en encontrarlo.
Francis hablaba tranquilamente con tres importantes comerciantes mientras examinaban unos mapas desplegados sobre una mesa.
Como siempre, mantenía aquella postura recta y aquella serenidad que parecía imposible de alterar.
Melody esperó unos segundos.
No quería interrumpir.
Entonces escuchó dos voces a su lado.
—Ni siquiera lo intentes.
Melody volvió la cabeza.
Dos jóvenes nobles que habían ido a buscar a sus padres, observaban al conde con evidente interés.
Una de ellas sonrió con una mezcla de resignación y fastidio.
—El conde Fletcher no habla con mujeres que no sean sus socias comerciales.
La otra soltó un pequeño suspiro.
—Está soltero. Y no le interesa conocer a nadie.
—Así que no vale la pena molestarlo.
Melody las observó durante unos segundos.
[En toda época...]
[Hay gente que saca conclusiones muy rápido.]
No respondió.
Simplemente volvió la vista hacia Francis.
Y, por primera vez desde que había llegado a ese mundo...
No le importó en absoluto lo que pensaran los demás.
Comenzó a caminar directamente hacia él.
Las dos jóvenes la siguieron con la mirada.
Esperaban verla detenerse antes de llegar.
O que algún mayordomo la desviara.
O que el propio conde apenas le dedicara un saludo protocolar.
Pero ocurrió exactamente lo contrario.
Francis levantó la vista.
En cuanto la reconoció...
Interrumpió naturalmente la conversación con los comerciantes.
Se acercó a ella.
Y sonrió.
No era una sonrisa de cortesía.
Era cálida.
Sincera.
Como si realmente le alegrara verla.
Las dos jóvenes quedaron completamente inmóviles.
Una abrió ligeramente la boca.
La otra frunció el ceño con evidente molestia.
Melody alcanzó a verlas de reojo.
Y, por alguna razón, tuvo ganas de reír.
—¿Puedo robarle un momento?
Preguntó con una sonrisa.
—Por supuesto.
Respondió Francis.
Ambos caminaron unos pasos alejándose del grupo.
Melody cruzó los brazos y fingió una expresión seria.
—¿Podría explicarme cómo es eso de que voy a quedarme en esta mansión?
Francis pareció comprender inmediatamente que ella le seguía el juego.
Sonrió.
—Es bastante sencillo.
—¿Ah, sí?
—Usted quiere leer.
Asintió con absoluta tranquilidad.
—Quiere mi biblioteca.
Melody abrió la boca para responder.
Pero él continuó.
—Y yo quiero que usted se quede.
Hizo una pequeña pausa.
—Así que todos ganamos.
Melody lo miró completamente sorprendida.
—¡Eso no se puede decidir así!
Francis ladeó apenas la cabeza.
—¿No?
—No.
Ella respondió casi de inmediato.
—Claro que no.
Él sonrió con calma.
—Cuando nos conocimos...
La observó directamente a los ojos.
—Usted dijo que este lugar era perfecto.
Melody sintió que sus mejillas comenzaban a calentarse.
[¡También recuerda eso!]
Francis continuó con total naturalidad.
—Solo pensé que, si alguien encuentra un lugar perfecto... Quizá merezca quedarse un poco más.
Ella bajó ligeramente la mirada.
No sabía qué responder.
Entonces él añadió, con una serenidad que la desconcertó aún más..
—Puedo hacer realidad todo lo que usted desee.
Melody levantó la vista de inmediato y susurró..
—Francis...
Él mantuvo la misma expresión tranquila.
—Solo tiene que decirlo.
Ella dio un pequeño paso más cerca y bajó la voz.
—No es tan simple...
Francis respondió en el mismo tono.
—Para mí sí lo es.
Sus palabras fueron pausadas.
Como si llevara mucho tiempo pensándolas.
—Usted quiere estar aquí.
Hizo una breve pausa.
—Y yo quiero que usted esté aquí.
Melody sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.
Francis continuó.
—Si para conseguirlo debo contratar a un profesor que venga desde Forest...
Lo haré.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
—Si eso hace que permanezca un tiempo más en esta mansión... Entonces habrá valido la pena.
Melody permanecía completamente inmóvil.
Él siguió hablando.
Ya no parecía un hombre improvisando.
Sonaba como alguien que simplemente estaba diciendo la verdad.
—Haré cuanto esté a mi alcance para que sea feliz aquí. Para que pueda leer cuanto quiera. Para que encuentre los libros que busca. Y para que no tenga motivos para marcharse antes de tiempo.
Melody sintió que se quedaba sin palabras.
Nunca nadie le había hablado con tanta honestidad.
Francis inclinó apenas la cabeza.
—Hace mucho dejé de ser un niño que dudaba de lo que pensaba... O de lo que sentía.
Ella apenas logró susurrar..
—Pero usted es un conde...
Él sonrió con una tranquilidad desarmante.
—Lo soy.
Miró unos segundos hacia los jardines.
Luego volvió a observarla.
—El cargo es importante. El título también. Las responsabilidades forman parte de mi vida.
Su voz se volvió aún más suave.
—Pero hay algo que considero más importante.
Melody aguardó en silencio.
—Ser honesto con lo que siento.
Hizo una pausa.
—Y no tener miedo de vivir por culpa de las apariencias.
Aquellas palabras encontraron a Melody completamente desprevenida.
No supo qué responder.
No porque no quisiera.
Sino porque, por primera vez...
Sentía que cualquier respuesta sería demasiado pequeña.
Francis sonrió al verla tan pensativa.
Después señaló discretamente hacia el patio principal.
—Será mejor que aproveche.
Ella parpadeó.
—¿Aprovechar qué?
Él sonrió con un toque de complicidad.
—Despedirse de sus padres.
Le guiñó un ojo antes de volver junto a los comerciantes.
Melody permaneció inmóvil varios segundos.
Todavía procesando aquella conversación.
Cuando llegó al patio principal, los carruajes ya estaban preparados.
Los baúles habían sido acomodados.
Los caballos esperaban pacientemente.
Lady Cartier abrazó a su hija con fuerza.
—Escríbenos muy seguido.
—Lo haré.
Respondió Melody casi por reflejo.
Lord Cartier también la abrazó.
—Disfruta tus estudios. Y no olvides comer a tus horas.
Melody sonrió.
—No lo olvidaré.
Su padre la observó con cariño.
—Estamos orgullosos de ti.
Subieron al carruaje.
Ella los despidió agitando lentamente la mano.
Observó cómo el vehículo comenzaba a alejarse por el camino de piedra.
Hasta desaparecer entre la niebla.
Solo entonces bajó lentamente el brazo.
El patio quedó en silencio.
Melody permaneció allí unos instantes.
Podía haber dicho que no.
Podía haber corrido tras el carruaje.
Podía haber pedido volver a la mansión Cartier.
Nadie la habría obligado a quedarse.
Y, sin embargo...
No lo había hecho.
Porque, en el fondo...
No quería irse.
Ese pensamiento fue el que realmente la asustó.
No era la biblioteca.
Ni las montañas.
Ni el profesor de Forest.
Ni siquiera el amanecer entre las nubes.
Era mucho más sencillo.
Y mucho más peligroso.
Quería quedarse.
Porque allí estaba Francis.
Y reconocerlo, aunque solo fuera ante sí misma, resultó mucho más aterrador que despertar un día en el cuerpo de otra persona.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???