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Renací para amar al hombre que destruí

Renací para amar al hombre que destruí

Status: En proceso
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ángela Sarmiento murió después de descubrir la verdad más cruel: su hermana adoptiva y el hombre en quien más confiaba habían destruido a su familia. Y Gael Montenegro, el poderoso y temido prometido del que siempre quiso escapar, era el único que la había amado de verdad… y también el hombre que murió por culpa de ella.
Cuando Ángela abre los ojos, ha regresado al momento en que todo comenzó.
Esta vez no piensa huir de Gael. Recuperará lo que le pertenece, hará pagar a quienes la traicionaron y conquistará de nuevo al hombre que sacrificó todo por ella.
Pero Gael todavía recuerda su rechazo. No confía en sus caricias, sospecha de cada palabra dulce y está convencido de que Ángela solo prepara otra forma de abandonarlo.
Entre venganzas familiares, secretos, drogas, hipnosis y una atracción que ninguno de los dos puede contener, Ángela tendrá que demostrar que su amor es real.
Porque en esta segunda vida no permitirá que Gael vuelva a morir.
Y tampoco piensa dejarlo escapar de su cama.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18

Nieves tragó saliva.

Si el señor Montenegro descubría que había llevado a Ángela a un club de acompañantes masculinos, probablemente no saldría completa del sótano.

—Señora, ¿por qué no regresamos?

Ángela, sin embargo, miraba el lugar con curiosidad.

Tomó a Nieves del brazo y entró con absoluta naturalidad.

—No te preocupes. Solo vine a buscar a alguien.

El dueño sabía manejar bien su negocio.

Desde la entrada, el ambiente resultaba relajante y elegante, sin nada abiertamente vulgar.

Un hombre maduro y sereno se acercó para explicarle los servicios del establecimiento. En cuanto reconoció el rostro de Ángela, algo cruzó fugazmente por sus ojos.

La condujo directamente a un salón privado.

Intentó retirarse sin hacer preguntas, pero ella lo detuvo antes de que llegara a la puerta.

—Disculpe, ¿este hombre trabaja hoy aquí?

Ángela abrió en el celular una fotografía de Emiliano Cruz.

El hombre estudió la imagen durante unos segundos. Cuando respondió, pareció respirar aliviado.

—Espere un momento. Voy a buscarlo.

Apenas salió, hizo una llamada.

—Señor Quiroga, la mujer del señor Montenegro está en nuestro establecimiento. Vino buscando a un hombre.

Se secó el sudor de la frente.

Una voz seductora y despreocupada respondió:

—Explícale un par de cosas al muchacho y mándalo con ella.

Fernando Quiroga había oído hablar muchas veces de Ángela.

Era la hermana menor de Santiago y la mujer a la que Gael protegía como su mayor tesoro. De los pocos hombres que Fernando consideraba amigos, dos estaban directamente vinculados con ella.

No podía evitar sentir curiosidad.

—Conecta también la cámara del salón privado.

Después de colgar, Fernando volvió la mirada hacia la mujer que ensayaba en el estudio de danza.

Recordó la sensación de aquella cintura fina entre sus manos y frotó lentamente las yemas de los dedos.

¿Cómo podía ser tan suave?

Cuando recibió la notificación, revisó la imagen de vigilancia en el celular.

La belleza seductora de Ángela podía interesarle a un hombre tan falsamente reservado como Gael.

Fernando prefería a su propia canaria fría, aunque ni siquiera encerrándola había conseguido conquistarla.

Creó un grupo de chat y compartió una captura.

`Fernando: Gael, ¿no puedes satisfacerla? Pídele a León que te recete algo. @Gael @León`

`León: ¡No inventes! ¿Qué está haciendo esa mujer ahí? ¿No debería estar recuperándose en casa?`

`Santiago: ¿Mi hermana fue a comer a tu establecimiento?`

`Fernando: Depende de qué tenga ganas de comerse la señorita Sarmiento.`

`Fernando: Es un club de acompañantes masculinos.`

`León: @Gael`

`Santiago: @Gael`

Gael estaba en una junta cuando los mensajes comenzaron a aparecer uno tras otro.

Al principio creyó que Ángela le estaba enviando otra serie de fotografías. Tomó el celular y, al ver la captura, el rostro se le volvió negro.

¿Un club de acompañantes?

Vaya forma de divertirse.

Al parecer, había sido un tonto por preocuparse tanto por la herida de Ángela.

`Gael: Dirección. @Fernando`

Fernando envió de inmediato la ubicación. Además, le informó amablemente que ya había reservado para él una habitación en el último piso.

Gael abandonó a todos los ejecutivos en la sala de juntas y salió con expresión tormentosa.

Uno de los directivos murmuró:

—Si no supiera la verdad, creería que fue a sorprender a su pareja con otro hombre.

Mientras tanto, Emiliano observaba a Ángela con evidente desconfianza.

—Señorita, ¿qué necesita?

El gerente le había advertido que no debía ofenderla, pero el desprecio seguía apareciendo en sus ojos.

Si el sueldo no fuera tan bueno, jamás habría aceptado trabajar como mesero en aquel lugar. Ya había perdido la cuenta de las clientas que pedían hablar con él a solas.

Ángela contempló su actitud desafiante con cierto asombro.

Tenía exactamente la energía de un cachorro de lobo.

—Soy Ángela Sarmiento. Quiero ofrecerte un contrato con Sarmiento Entertainment.

Emiliano rio sin humor.

—¿Y qué quiere a cambio? Nada en este mundo es gratis.

Al principio, Ángela se había fijado en él por su rostro.

Ahora también le interesaba su carácter.

Le gustaba tratar con personas inteligentes.

—Quiero que produzcas ganancias para mí. Acabo de asumir la dirección de Sarmiento Entertainment y planeo formar varios grupos musicales. Creo que tienes lo necesario.

—¿Cómo demuestra que está diciendo la verdad? Antes vinieron personas que se presentaron como representantes y todos resultaron ser estafadores.

Ángela se rascó la cabeza.

Apenas había recibido la empresa el día anterior. Ni siquiera había visitado sus oficinas.

No llevaba una sola prueba.

Emiliano vio que no podía demostrar su identidad y dio media vuelta.

Ángela lo sujetó del brazo con desesperación.

La puerta se abrió de una patada.

Gael entró y encontró a Ángela agarrando a un joven.

Soltó una risa helada.

Sus ojos se clavaron en la mano de ella.

—¿No vas a explicarlo? ¿Acaso no te he dejado satisfecha?

Bravo Uno cerró la puerta de inmediato.

Antes de hacerlo, lanzó a Nieves una mirada que parecía desearle suerte.

La frase descarada de Gael hizo que el rostro de Ángela se encendiera.

Soltó rápidamente a Emiliano.

La expresión de Gael le confirmó que estaba furioso.

Su instinto de supervivencia la impulsó directamente hacia sus brazos.

—Gael, viniste por mí.

Alargó las últimas palabras con dulzura y se acurrucó contra él.

Gael había llegado con el rostro sombrío, pero verla actuar sin culpa redujo parte de su enojo.

Emiliano lo observaba desde que entró.

Reconoció al poderoso director del Grupo Montenegro.

La autoridad que irradiaba aquel hombre casi le impedía respirar.

—Tus mimos no van a salvarte. Dime qué haces aquí y quién es él.

Gael dirigió a Emiliano una mirada desdeñosa.

Solo era un universitario que apenas comenzaba a abrirse camino. Si Gael quisiera destruirlo, podría hacerlo en un instante.

—Se llama Emiliano Cruz. Estudia en una escuela de cine y quiero contratar nuevos talentos para Sarmiento Entertainment.

Ángela comenzó a revisar los bolsillos del saco de Gael.

—¿Traes una tarjeta de presentación? No tengo manera de demostrar quién soy.

—No es necesario —intervino Emiliano con voz calmada—. El señor Montenegro aparece con frecuencia en las noticias. Puedo reconocerlo.

Después miró a Ángela.

—Señorita Sarmiento, todavía soy estudiante. No creo estar preparado para una responsabilidad así.

—Emiliano, hablo en serio. Admiro tu potencial y quiero que te unas...

Antes de que terminara, Gael la levantó por la cintura.

—Bravo Uno, acompaña al señor Cruz a firmar los documentos. Después llévalo al Grupo Montenegro y pide a Raúl que le asigne un representante.

Gael salió del salón con Ángela en brazos y se dirigió directamente al último piso.

En cuanto entraron en la habitación, la inmovilizó contra la puerta.

—Mi amor, ¿quién te dio permiso de entrar a un club de acompañantes?

Ángela comprendió que había llegado el momento de enfrentar sus celos.

No forcejeó.

—Investigué dónde trabajaba y vine con la esperanza de encontrarlo. Antes de entrar, no sabía qué clase de establecimiento era.

Gael escuchó aquella defensa pronunciada con absoluta seguridad e intentó contener los pensamientos oscuros que le llenaban la mente.

Una mano grande trepó por la cintura suave de Ángela.

Su voz se volvió lenta y envolvente.

—Angie, hoy no servirá de nada que llores. Vas a tener que esforzarte para dejarme satisfecho.

La habitación permaneció cerrada durante toda la noche.

Las voces interrumpidas al otro lado de la puerta revelaron que el castigo se prolongó hasta el amanecer.

Gael contempló a la joven dormida.

Las comisuras de sus ojos todavía estaban húmedas y enrojecidas. Sus labios hinchados se movieron mientras murmuraba con enojo:

—Gael Montenegro... Eres un animal.

El deseo fue desapareciendo de los ojos de él y dejó paso a una sonrisa oscura.

¿Un animal?

Todavía no se sentía satisfecho.

La llevó al baño, limpió su cuerpo y después colocó una almohada entre sus brazos.

Salió al balcón y llamó a Fernando.

—Fer, envíame la información de ese escort.

La voz de Gael se volvió peligrosa al mencionarlo.

—Espera.

Fernando respiraba con rapidez al otro lado de la línea y colgó de inmediato.

Gael tamborileó los dedos sobre el barandal.

Poco después, Fernando devolvió la llamada.

—Gael, ¿de verdad tienes tan poca resistencia? ¿Terminaste tan rápido?

El tono satisfecho de Fernando revelaba que él tampoco había pasado el tiempo conversando.

—La pequeña no aguantó más y se quedó dormida.

Fernando chasqueó la lengua.

—Es mejor cuando están despiertas.

—Lárgate. Primero consigue que tu canaria deje de rechazarte.

—¿Conseguirlo? —Fernando soltó una risa amarga—. Yo fui quien cayó primero.

Su voz recuperó la seriedad.

—El muchacho no es escort. Trabaja como mesero. Ya te envié sus antecedentes.

—Fer, elimina cualquier registro que lo vincule con este lugar. Puede ser útil por un tiempo.

Gael miró hacia la joven dormida con profunda ternura.

—De acuerdo.

Ángela despertó al mediodía.

Abrió los ojos lentamente e intentó alcanzar el vaso de agua de la mesa de noche.

Un dolor intenso le atravesó los brazos y la cintura.

Los recuerdos de la noche anterior regresaron sin que pudiera evitarlos.

No podía olvidar la ferocidad en los ojos de Gael.

Aquel castigo interminable le había enseñado algo nuevo sobre la resistencia física de ese hombre.

Cuando Gael entró con varias bolsas de comida, la encontró sentada en la cama, abrazada a una almohada y con una expresión derrotada.

Dejó todo sobre la mesa y se acercó a grandes pasos.

—¿Quieres comer primero?

Colocó otra almohada detrás de la cintura de Ángela para sostenerla.

—Estoy agotada...

Solo entonces ella escuchó lo ronca que estaba su voz.

Lo fulminó con la mirada.

Gael le llevó de inmediato un vaso de agua tibia y la ayudó a beber.

—¿Cómo... cómo supiste que estaba aquí?

Él arqueó una ceja y adoptó una expresión agraviada.

—Angie, ayer me hicieron pasar una vergüenza enorme.

Sacó el celular y le mostró la conversación del grupo.

Ángela leyó los mensajes y se masajeó las sienes mientras intentaba asimilar la situación.

—Entonces ¿este lugar pertenece a uno de tus amigos?

Gael asintió, se sentó sobre la cama y deslizó una mano debajo de la cobija.

—Mi amor, dime: ¿soy capaz de satisfacerte o no?

Todas las alarmas se encendieron en la mente de Ángela.

Comprendió la amenaza escondida en la pregunta.

—Sí. Eres el mejor —respondió entre dientes.

Gael sonrió al verla furiosa.

La sacó de entre las cobijas y la ayudó a vestirse, aunque de vez en cuando sus manos se demoraban más de la cuenta sobre su cuerpo.

Ángela estaba demasiado hambrienta para discutir.

Olvidó los modales y comenzó a comer con enorme apetito.

Cuando terminó, vio la mesa cubierta de platos y recordó que Gael no había probado nada.

Lo miró con cierta culpa.

—¿Quieres comprar algo más para ti?

—No hace falta.

Gael tomó los mismos cubiertos de Ángela y comió lo que quedaba.

Después se prepararon para volver a casa.

Tras tantas horas de agotamiento, Ángela ni siquiera podía mantenerse de pie.

Gael la llevó en brazos durante todo el trayecto.

Al llegar a la salida, el gerente que los había recibido el día anterior los esperaba con una actitud respetuosa.

—Señor Montenegro, el señor Quiroga me pidió entregarle esto. Dijo que ya cumplió sus instrucciones.

Gael asintió.

—Bravo Uno, recíbelo.

Ángela no comprendía el intercambio.

Su mirada se movía de un hombre al otro.

Al regresar a Lomas de Chapultepec, Gael la llevó a la recámara principal, la acomodó con cuidado y bajó las escaleras.

Volvió poco después con la carpeta.

—Estos son los antecedentes del muchacho. Pedí que eliminaran cualquier registro de su trabajo en el club. Si piensas convertirlo en artista, no podemos permitir que alguien utilice ese pasado contra él.

La expresión de Gael se endureció.

—Ángela Sarmiento, esta es la última vez que entras a un lugar así. Si vuelves a hacerlo, no voy a perdonarte.

Ángela contempló a aquel hombre incapaz de expresar sus sentimientos con naturalidad y sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Gael siempre terminaba resolviendo cada problema por ella.

—Gracias.

—Si de verdad quieres agradecérmelo, piensa cómo vas a dejarme satisfecho.

Gael levantó la barbilla con orgullo.

Cada día se parecía menos a un poderoso director ejecutivo y más a un muchacho inmaduro.

Ángela no respondió.

Cuando se trataba de descaro, jamás podría competir con él.

—Mi amor, puedes contarme tus planes antes de actuar. Yo puedo pedir ayuda a Fernando.

Gael cambió de tema antes de que ella volviera a enfurecerse.

—¿El dueño del club?

—Sí. Santiago debe haberte hablado de él.

—Fernando Quiroga. El hombre que controla la industria del entretenimiento en Monterrey.

Ángela se tocó la nariz.

Había oído su nombre, aunque Santiago solo lo había descrito como un mujeriego incorregible.

Le explicó a Gael su proyecto.

Los ojos de él se iluminaron cada vez más.

—Santiago debió entregarte Sarmiento Entertainment mucho antes. Si lo hubiera hecho, Fernando ya no tendría espacio en el mercado.

Ángela pensó que aquella confianza no le pertenecía por completo.

Solo poseía la ventaja de recordar su vida anterior.

—Sin embargo, la promoción inicial será difícil —continuó Gael—. Fernando domina el mercado del norte y su empresa ya sabe cómo introducir tendencias musicales nuevas. Te recomiendo asociarte con él.

Ángela asintió.

Además, los grupos musicales de aquel estilo habían comenzado a ganar fuerza en el norte del país.

—Voy a llamarlo. Tú descansa un rato.

Gael dejó el celular entre sus manos.

Unos minutos después, activó el altavoz y se lo entregó.

—Habla tú misma con él. No necesitas ser demasiado amable.

—Hola, señor Quiroga.

La voz seductora de Fernando atravesó el teléfono.

—Señorita Sarmiento, no tiene por qué ser tan formal.

—Fer, deja de coquetear —advirtió Gael con dureza.

—Su proyecto me interesa. También tengo algunas personas que podrían encajar. Me gustaría que viniera a Monterrey cuando tenga tiempo.

Ángela levantó la vista hacia Gael.

Él asintió.

—De acuerdo. ¿Cuándo sería conveniente?

—Cuanto antes.

Fernando hizo una pausa deliberada.

—Aquí está la sede principal del club. Puede venir a seleccionar personalmente a más hombres.

—¡Fernando Quiroga!

Gael rugió su nombre y colgó.

Ángela escondió el rostro contra su pecho.

Estaba claro que él jamás olvidaría aquel incidente.

Gael la sujetó con ambos brazos.

—Angie, no tienes permitido entrar. Si quieres algo, yo puedo satisfacerte.

Las piernas de Ángela se debilitaron al escuchar el doble sentido.

—No iré. Nunca volveré a hacerlo.

Gael le acarició el cabello con una sonrisa ambigua.

—Buena chica. ¿Cuándo quieres viajar a Monterrey?

—No estoy segura. ¿Qué tal mañana? Podemos aprovechar para conocer la ciudad.

—De acuerdo. Haré los preparativos.

Gael besó su frente y salió de la habitación.

Ángela tomó el celular y deslizó el dedo por la pantalla sin prestar verdadera atención.

Por alguna razón, sentía una inquietud que no podía explicar.

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maria fernanda ortega ruiz
maravillosa historia 🥰
Alix Sarmiento
Angela es cautelosa porque crío un cuervo y le saco los ojos
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
que familias tan complicadas
veritoo❤️
falta saber q paso con Nicolás y Leonardo a ver si x fin deja la soltería ..muy bna exelente novela
Alix Sarmiento
👏
Alix Sarmiento
muy buena, pero no sé puede dejar manipular
Flor R
super woooo me super encanta bendiciones autora 🍷
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