En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....
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Capítulo 24 — La niña de los recuerdos
La ciudad entera comenzó a temblar.
Tum.
Tum.
Tum.
El sonido provenía de las profundidades.
Eryan miró a la niña que permanecía sobre la torre.
—¿Qué está despertando?
La niña no respondió.
Las siete estatuas comenzaron a agrietarse.
Kaien retrocedió.
—Tenemos que irnos.
—No —dijo Eryan.
Kaien lo miró.
—¿Qué?
—Ella sabe algo.
Eryan señaló a la niña.
—Y necesitamos respuestas.
Neria se colocó a su lado.
—Entonces habla con ella.
Eryan levantó la voz.
—¿Cómo te llamas?
La niña permaneció inmóvil.
Después respondió:
—Aún no tengo nombre.
Kaien bajó la mirada.
—Como yo.
La niña lo observó.
—Tú sí tienes uno.
Kaien quedó sorprendido.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque él te lo dio.
Miró a Eryan.
Eryan sintió un extraño escalofrío.
—Entonces puedes recordar cosas que nunca viviste.
La niña asintió.
—Recuerdo cosas que todavía no han ocurrido.
Arkan levantó la cabeza.
—¿Visiones del futuro?
—No exactamente.
La niña bajó lentamente de la torre.
—Recuerdo posibilidades.
Eryan frunció el ceño.
—¿Y qué recuerdas sobre nosotros?
La niña lo miró directamente.
—Que uno de ustedes abrirá la Séptima Puerta.
Silencio.
Varek dio un paso adelante.
—¿Cuál?
La niña lo observó.
—Todavía no lo sé.
Varek apretó la mandíbula.
—Entonces no sabes nada.
La niña sonrió.
—Sé algo sobre ti.
Varek quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Recuerdo el día en que moriste.
Seris abrió los ojos.
Neria miró a Varek.
—¿Qué acaba de decir?
Varek no respondió.
La niña continuó:
—Pero todavía no has muerto.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Cómo puedes recordar algo que todavía no ocurrió?
La niña miró las siete estatuas.
—Porque aquí abajo el tiempo no funciona igual.
De repente, una de las estatuas se rompió.
La figura del Tercero cayó al suelo.
Eryan se giró.
—¡No!
Una luz roja salió de los restos.
Kaien se llevó las manos a la cabeza.
—Lo siento...
Eryan lo sostuvo.
—¿Qué ocurre?
—Puedo sentirlo.
—¿Al Tercero?
Kaien asintió.
—Está sufriendo.
La niña cerró los ojos.
—Él está intentando detener algo.
—¿Qué?
Ella señaló el suelo.
—Eso.
Una grieta apareció frente a ellos.
Desde su interior surgió una luz violeta.
Eryan reconoció inmediatamente aquella energía.
Era igual a la suya.
—¿Es una puerta?
Arkan negó.
—Es una grieta dimensional.
Eryan dio un paso atrás.
—¿Está abriéndose?
—Sí.
Neria levantó su arma.
—¿Podemos cerrarla?
Arkan miró a Eryan.
—Solo él puede hacerlo.
Todos lo miraron.
Eryan respiró profundamente.
Recordó las palabras de Arkan.
Las emociones son las puertas.
Extendió ambas manos.
La energía violeta apareció.
La grieta comenzó a reaccionar.
Pero entonces una segunda energía surgió desde el interior.
Negra.
Eryan retrocedió.
—¿Qué es eso?
La niña respondió:
—La razón por la que mi madre te escondió.
Eryan levantó la mirada.
—¿Tu madre?
La niña señaló la oscuridad.
—Ella está ahí.
La grieta se abrió un poco más.
Y durante un instante...
Eryan escuchó una voz.
Una voz que conocía desde sus recuerdos.
—Eryan...
Sus ojos se abrieron.
—Mamá.
La voz volvió a escucharse.
—No abras la puerta.
La grieta comenzó a cerrarse.
Pero antes de desaparecer, una mano apareció desde la oscuridad.
Una mano femenina.
Eryan dio un paso hacia ella.
—¡Mamá!
Neria lo sujetó.
—¡No!
La mano desapareció.
La grieta se cerró completamente.
Eryan quedó inmóvil.
La niña lo observó.
—Ahora entiendes.
—¿Qué?
—Ella no está esperando que la encuentres.
Eryan apretó los puños.
—Entonces, ¿qué quiere?
La niña bajó la mirada.
—Que no la encuentres todavía.