Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansión Harrington 3
Mientras Lucille salía de la habitación del mago, escuchó..
—Lady Lucille.
Se giró.
—¿Sí?
Jack la miró con aquella sonrisa traviesa.
—Me alegra que me haya invitado a su casa.
Lucille sintió que sus mejillas se calentaban ligeramente.
—Solo porque necesita descansar.
—Por supuesto.
—Y porque necesitamos que ayude a los pacientes.
—Naturalmente.
—No piense otra cosa.
Jack sonrió todavía más.
—Jamás pensaría algo así.
Lucille lo miró con absoluta desconfianza.
—Buenas tardes, Jack.
—Hasta la noche, mi lady.
Ella cerró la puerta.
Y mientras caminaba por el pasillo, no pudo evitar sonreír.
[Es realmente imposible tratar seriamente con él.]
Pero también había algo más.
Una sensación extraña.
No era amor.
No era enamoramiento.
Ni siquiera sabía qué era.
Simplemente... le agradaba estar cerca de él.
Y esa noche, después de la cena, ambos se reunirían en el jardín para hablar sobre el trabajo del día siguiente.
La cena transcurrió de una manera bastante diferente a lo que Lucille había imaginado.
Ella había pensado que Jack, al encontrarse frente a sus padres, adoptaría una actitud mucho más seria y formal.
Pero no ocurrió.
En absoluto.
El conde Harrington comenzó a hacerle preguntas.
—¿Cómo se encuentra el duque Gallagher?
Jack tomó tranquilamente su copa.
—Bien. Aunque sigue siendo tan testarudo como siempre.
El conde soltó una carcajada.
—¿Y el duque Krugher?
—Gruñendo, seguramente, ustedes saben el carácter de ese hombre.
—¿Y el duque O'Neill?
—Probablemente haciendo exactamente lo contrario de lo que le aconsejaron.
La condesa comenzó a reír.
Lucille observaba la conversación en silencio.
[¿Cómo puede hablar con mis padres con tanta libertad?]
La conversación continuó.
Hablaron de duquesas.
De misiones.
De viajes.
De territorios lejanos.
De diferentes templos.
De situaciones que Lucille apenas conocía.
Y Jack hablaba con absoluta naturalidad.
No parecía intimidado por sus padres.
No parecía cambiar su manera de ser.
Seguía siendo alegre.
Pícaro.
Bromista.
Incluso coqueto.
Lucille comenzó a notar algo curioso.
[Es exactamente igual con todos.]
Lo había visto con los pacientes.
Había sido amable con la anciana.
Había bromeado con el hombre que había llevado la donación.
Había hablado con los sirvientes.
Y ahora hablaba con sus padres como si los conociera desde hacía años.
No parecía fingir.
Simplemente era así.
Sin embargo, había algo que todavía intrigaba a sus padres.
—Sigo sin entender por qué el templo decidió enviarlo a usted
comentó el conde.
Jack sonrió.
—¿Otra vez con eso?
—Es extraño.
La condesa asintió.
—Muy extraño.
Jack tomó tranquilamente un poco de comida.
—Quizás el templo considera que soy la persona adecuada.
El conde lo observó.
—Eso debe ser.
Jack cambió rápidamente de tema.
—Por cierto, hoy hicimos bastante.
Lucille levantó la mirada.
Jack comenzó a explicar lo que habían hecho durante la tarde.
Habló de los pacientes.
De la anciana que había recibido tratamiento.
De las personas que necesitaban seguimiento.
De cómo Lucille llevaba registros.
—Su hija está haciendo un trabajo excelente
dijo finalmente.
Lucille se quedó quieta.
La condesa sonrió.
—Lo sabemos.
El conde miró a su hija con orgullo.
—Siempre ha sido una niña muy responsable.
Lucille bajó ligeramente la mirada.
[¿Niña?]
Pero no dijo nada.
La cena continuó tranquilamente.
Y cuando terminó, Lucille regresó a su habitación para buscar su cuaderno.
Después salió al jardín.
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esta noche, yo daria lo que fuera..
Por un beso, de tu boca
esta noche, yo daria lo que fuera..
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