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¡Suya!

¡Suya!

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.

Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.

Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".

Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.

Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Una CEO

[POV' Alessandra]

Cuando llegamos al auto, me giré hacia Elisa. Aún sentía el peso del cementerio en mis hombros, la imagen de mi madre abrazada al ataúd grabada en mi mente. Pero no podía quedarme ahí. Necesitaba moverme. Necesitaba hacer algo.

—Suegra —dije, con la voz más firme de lo que esperaba—. ¿Le importa si me quedo un rato? Tengo algo que hacer antes de regresar a casa.

Elisa me miró con esos ojos suyos, tan cálidos y comprensivos.

—Por supuesto, hija. Tómate tu tiempo. Yo me voy con el chofer. Cuando termines, llámame y envío a alguien a recogerte.

—Gracias, suegra.

La abracé rápido, sintiendo el calor de su abrazo por un momento. Luego se subió al auto y desapareció a la distancia.

Saqué el teléfono y abrí el grupo de WhatsApp.

Tecleé rápido.

"Necesito verlos. ¿Dónde nos reunimos?"

La respuesta no tardó en llegar. Cristóbal.

"¿Jefa? ¿Está bien? ¿Pasó algo?"

"Estoy bien. Solo necesito que me pongan al día de algunas cosas. ¿Dónde?"

"Donde siempre. El de la calle Madero. ¿Sabe llegar o necesita que alguien la recoja?"

Me quedé mirando la pantalla. El edificio de la calle Madero. No tenía ni idea de dónde quedaba eso, pero no podía admitirlo. Sería demasiado sospechoso.

"Necesito que me recojan. Estoy en el cementerio de Los Cipreses."

"¿En el cementerio? ¿Está bien, jefa?"

"Sí. Solo vine a un funeral. Mándame a alguien."

"Yo voy. Espéreme en la entrada. Llego en quince minutos."

"Bien. Te espero."

Guardé el teléfono y levanté la vista hacia el cielo. El sol empezaba a descender, tiñendo las nubes de un naranja pálido. El aire olía a tierra y a flores marchitas.

Un todoterreno negro apareció al final del camino de piedra. Era grande, sólido, con los vidrios polarizados.

Se detuvo justo frente a mí. La ventanilla del conductor bajó y apareció el rostro de un hombre de unos treinta y tantos años, mandíbula cuadrada, corte militar. Tenía pinta de haber estado en el ejército o en algo parecido. O quizás en algo peor.

—Jefa —dijo, con un tono de alivio evidente—. Suba.

Me subí rápido, cerrando la puerta detrás de mí. El todoterreno arrancó y nos perdimos en la distancia.

_____

El todoterreno se deslizaba por las calles de la ciudad con ese ronroneo constante que tienen los autos buenos. Cristóbal conducía con una mano en el volante y la otra en la palanca de cambios, como si llevara toda la vida manejando y ya no necesitara pensar en lo que hace.

Yo iba en el asiento del copiloto, con la vista clavada en la ventanilla pero sin ver realmente el paisaje. Los edificios pasaban como manchas borrosas. Mi mente, en cambio, iba a mil por hora.

¿En qué estaba metida Alessandra?

¿Era una mafiosa? ¿Una gánster? ¿La líder de alguna organización clandestina?

Me imaginé con un maletín lleno de dinero sucio, un abrigo largo de cuero y gafas oscuras, dando órdenes en un almacén lleno de mercancía ilegal. La imagen era tan absurda que casi me reí. Casi.

Porque la posibilidad, por muy descabellada que sonara, estaba ahí.

—Oye, Cristóbal —dije de repente, girando la cabeza hacia él.

—Dígame, jefa.

—¿Tú eres de fiar?

Me lanzó una mirada rápida, sin soltar el volante.

—¿Perdón?

—Que si eres de fiar. Que si puedo confiar en ti.

—Jefa, llevamos cinco años trabajando juntos. Creo que a estas alturas ya debería saberlo.

—Sí, bueno, ya te dije que perdí la memoria. Así que dime la verdad.

—¿La verdad de qué?

Me mordí el labio. Luego solté el aire y fui directo al grano.

—Cristobal, ¿yo soy una mafiosa?

El hombre parpadeó. Una vez. Dos veces. Tres.

—¿Cómo dice?

—Que si soy una gánster. Una criminal. Una fuera de la ley. ¿Sí o no?

Cristóbal me miró de reojo sin comprender al principio. Luego, lentamente, su expresión pasó de la confusión a la incredulidad. Y luego a una sonrisa que le fue creciendo en la cara.

—¿Usted? —dijo, con la voz temblorosa de la risa contenida—. ¿Una mafiosa?

—No te rías.

—No me estoy riendo.

—Sí te estás riendo. Se te ve en la cara.

—Es que... —soltó una risotada corta, de esas que no se pueden controlar—. Jefa, ¿de dónde sacó eso?

—No sé, Cristóbal. Quizás del hecho de que tengo un grupo de cuarenta personas que me llaman jefa, que se reúnen en un almacén secreto, y que me preguntan si necesito "equipo" como si fueran a desarmar una bomba. ¿Tú qué crees?

El hombre ya no pudo contenerse. Una carcajada le salió del pecho, franca, sonora. Reía con ganas, con la cabeza echada un poco hacia atrás pero sin soltar el volante, porque era un profesional después de todo.

Entrecerré los ojos.

Luego, sin pensarlo, le di un sape en la nuca.

—¡Ay! —Cristóbal dejó de reírse de golpe, frotándose la nuca—. ¿Eso para qué fue?

—Para que dejes de burlarte de tu jefa. ¿Queda claro?

—Queda claro, queda claro... —murmuró, aún con una sonrisa culpable en los labios.

—Ahora habla. Pero en serio esta vez.

Cristóbal se recompuso. Carraspeó, se ajustó las manos en el volante y respiró hondo.

—Jefa, usted no es ninguna mafiosa —dijo, con la mirada fija en el camino—. Usted es la dueña de una empresa de seguridad. Una de las mejores del país, si no la mejor.

Fruncí el ceño.

—¿Una empresa de seguridad?

—Sí. Entrenamos guardaespaldas de élite. Protección personal, defensa táctica, inteligencia. Gente que sabe lo que hace. Tenemos contratos con políticos, empresarios, artistas... todo el que pueda pagar nuestros servicios. Y usted es la jefa. La mente detrás de todo.

—¿Y por qué es un secreto?

—Porque usted lo quiso así desde el principio. Nuestros clientes valoran la discreción, y usted siempre dijo que prefería mantenerse en las sombras. Que el anonimato era su mejor escudo. Nadie sabe quién está detrás de la empresa. Solo nosotros.

Me quedé callada, procesando la información.

No era una mafiosa.

Era una empresaria.

Una empresaria de élite, con una compañía de guardaespaldas entrenados, con contratos millonarios y una identidad secreta que le permitía moverse sin que nadie lo supiera.

—Vaya —murmuré, mirando hacia adelante—. Asi que no somos cualquier cosa.

—Se podría decir que si—dijo Cristóbal

—digamos que usted es una de las empresarias más jóvenes pero fuera del círculo social nadie la conoce. otro solo creen que es la esposa de Dante Moretti.

—¿Y mi esposo lo sabe?

—Ni idea, jefa. Eso es cosa suya.

Asentí, guardando silencio. El todoterreno siguió avanzando por calles cada vez menos transitadas, hacia una zona industrial que bordeaba las afueras de la ciudad.

Ahora todo empezaba a tener sentido. Y eso me gustó. Me gustó mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Cristóbal giró hacia una calle estrecha, flanqueada por naves industriales de ladrillo visto y portones de acero. Al final de la calle, un almacén de dos plantas con el letrero apagado nos esperaba.

—Llegamos —dijo él.

Miré el edificio. No parecía gran cosa desde fuera. Pero algo me decía que dentro era muy distinto.

Aparcó el todoterreno frente a un portón metálico gris, de esos que parecen blindados. Cristóbal se bajó, caminó hacia una pequeña caja en la pared y apoyó la palma sobre la superficie. Un pitido. El portón comenzó a subir lentamente, con un chirrido metálico que resonó en el silencio de la calle.

—Jefa —dijo, volviéndose hacia mí—. Bienvenida a su empresa.

Sonreí.

—Vamos a ver qué hay dentro.

Y crucé el umbral.

1
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
espectacular. 😎😎🙌🏻🙌🏻
Lala
espero actualices más seguido y con más capítulos si puedes
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Sería bueno saber qué clase de persona fue Alexandra. 🤔🇨🇴
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
🤔🤔 porque tanto desprecio hacia Ana.!!??
será que ése viejo sabe que Fernanda mato a Ana y por eso no quiso investigaciónes.!!?? 😱
ary
yo pienso que Ana no era hija del papa o de la mamá
😍❤️кαяєи🍀🇻🇪
pobre inocente jajaja no sabes lo que se té viene cuando una mujer está molesta
karencitha
porque el tal Inacio odiaba y despreciaba a Ana si ella era su hija que clase de padre trata así a su propia hija
Kim Nava
osea que Alessandra es la hija que tuvo su padre fuera del matrimonio 😳😳😳hay por Dios eran medias hermanas 🤔
Jose Salazar
más capítulos
Kim Nava
exacto y mucho menos te hubieras dejado abrazar por la zorra esa no hiciste nada para apartarla
ary
me hubiera gustado ver más como pareja siendo ella x que si dice que si la quiere. entonces ama ala antigua
Kim Nava: si que la reconquista pero que lo haga sufrir mucho tiempo por imbécil 😡
total 2 replies
Myriam Hernandez
Excelente
MILAGROS Becerra
maratón 🙏
Kim Nava
y solo por quedarse cayado ante esa zorra
Alessandra mal interpretó todo o no puede que el todavía sienta algo por la zorra esa
ary
si si maraton
ary
bueno ki vienen los malos entendidos
Eli
regalen maratón plis
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Tiene el cuerpo y los recursos de Alexandra, pero le faltan los recuerdos y así la situación se complica. 🤔🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏👏👏👏🇨🇴
Lala
espero actualices seguido. es muy emocionante
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