Espero que les guste esta novela tanto como a mi...
NovelToon tiene autorización de Rishel23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
23
Capítulo 23: El miedo del zorro
Damián estaba sentado en la terraza.
Desde allí podía observar parte de los jardines de la mansión.
Había varias parejas caminando.
Algunas eran humanas.
Otras eran semi vestía.
Damián las observaba en silencio.
Una pareja de lobos pasó frente a él.
El hombre llevaba un brazo alrededor de su compañera.
Un poco más adelante, una mujer semi vestía hablaba con dos hombres diferentes.
Damián hizo una mueca.
—Qué horror...
Kaito, que acababa de salir al jardín, escuchó.
—¿Qué?
Damián no respondió.
Continuó observando.
Había algo que nunca había comprendido de los semi vestía.
Algunos tenían relaciones con más de una persona.
No todos, por supuesto, pero era algo que Damián había visto demasiadas veces.
Y aquello le desagradaba.
Siempre había pensado que los humanos eran diferentes.
Cuando un humano elegía a alguien, normalmente permanecía con esa persona.
Una sola pareja.
Un solo vínculo.
Una sola vida compartida.
Damián había llegado a pensar que quizá él debería haber nacido humano.
Porque entonces jamás tendría que enfrentarse a aquello que tanto temía.
Encontrar a su pareja.
---
—Ojalá jamás hubiera encontrado a la mía.
Kaito se detuvo.
Damián no parecía estar hablando con él.
Simplemente estaba pensando en voz alta.
—¿Lo dices por Maya?
Damián bajó la mirada.
—Sí.
Kaito se sentó junto a él.
—¿Por qué?
Damián permaneció callado unos segundos.
—Porque ahora entiendo lo que le ocurrió a Ren.
Kaito arqueó una ceja.
—¿Qué quieres decir?
Damián miró hacia la casa.
—Antes pensaba que mi hermano estaba loco.
—¿Y ahora?
—Ahora sé que estaba perdido.
Kaito sonrió ligeramente.
—¿Y tú estás perdido?
Damián soltó una pequeña risa.
—Completamente.
---
Damián apoyó los codos sobre las rodillas.
—Toda mi vida pensé que jamás querría algo así.
—¿Una pareja?
—Sí.
—¿Por qué?
Damián miró sus manos.
—Porque siempre tuve miedo de depender de alguien.
Kaito permaneció callado.
—Me gustaba mi libertad —continuó Damián—. Podía marcharme cuando quisiera. Podía conocer gente, viajar, hacer lo que me diera la gana.
Hizo una pausa.
—Pero ahora...
Miró hacia la ventana.
—Ahora está Maya.
Su voz cambió.
—Y cuando no la veo, siento que falta algo.
Kaito asintió.
—Eso suena familiar.
Damián lo miró.
—¿También te pasó?
—Cuando encontré a Clara.
Damián bajó la mirada.
—Eso es precisamente lo que me asusta.
---
Durante unos segundos ninguno habló.
Entonces Damián preguntó:
—Ren.
El aludido apareció por la puerta de la terraza.
—¿Qué ocurre?
Damián lo miró.
—Tengo una pregunta.
—Hazla.
—¿Todos los semi vestía somos así cuando encontramos a nuestras parejas?
Ren frunció ligeramente el ceño.
—¿Así cómo?
—¿Obsesionados?
Ren guardó silencio.
Damián continuó:
—¿Incapaces de alejarse? ¿Pensando constantemente en ella? ¿Sintiendo que algo falta cuando no está cerca?
Ren miró a Kaito.
Después a Damián.
—No todos lo viven exactamente igual.
Damián soltó un suspiro de alivio.
—Entonces quizá solo los zorros somos así.
Ren sonrió.
—No.
—¿No?
—Los lobos también.
Kaito levantó una mano.
—Confirmo.
Damián cerró los ojos.
—Perfecto.
Ren continuó:
—Cada especie lo experimenta de una manera diferente. Pero el vínculo existe.
Damián se quedó mirando el suelo.
—Entonces estoy condenado.
Kaito soltó una pequeña risa.
—No estás condenado.
—¿No?
—Estás enamorado.
Damián lo miró.
—Eso es peor.
---
Kaito observó cuidadosamente a Damián.
El hombre que siempre parecía tener una respuesta para todo ahora estaba completamente perdido.
Su cola permanecía inmóvil.
Sus orejas estaban ligeramente inclinadas.
Y su mirada se dirigía constantemente hacia la casa.
Kaito comprendió entonces que Damián estaba sufriendo.
No porque no quisiera a Maya.
Precisamente por lo contrario.
La quería demasiado.
Y eso lo aterraba.
—Damián.
—¿Qué?
—No tienes que luchar contra lo que sientes.
Damián soltó una risa amarga.
—Fácil decirlo.
—Lo sé.
—¿Y si ella se marcha?
Kaito lo miró.
—Entonces tendrás que aceptar que no puedes obligarla a quedarse.
Damián guardó silencio.
—Pero mientras ella quiera estar contigo —continuó Kaito—, no tienes nada que temer.
Damián respiró profundamente.
—¿Sabes qué es lo peor?
—¿Qué?
—Que ayer deseaba no encontrar nunca a mi pareja.
Kaito esperó.
—Y ahora no puedo imaginar mi vida sin ella.
---
La puerta de la terraza se abrió.
Maya apareció.
—Damián.
Él se quedó inmóvil.
—¿Sí?
—Te estaba buscando.
Damián se levantó inmediatamente.
—¿Para qué?
Maya sonrió.
—Porque quería preguntarte si quieres venir conmigo.
Damián la miró.
—Sí.
Maya extendió la mano.
Él la tomó.
Kaito observó cómo cambiaba completamente su expresión.
La tensión desapareció.
Su mirada se suavizó.
Y aquella sonrisa despreocupada volvió a aparecer.
Maya tiró ligeramente de su mano.
—Vamos.
—Voy.
Antes de marcharse, Damián miró a Kaito.
—Gracias.
Kaito sonrió.
—De nada.
Cuando ambos desaparecieron dentro de la mansión, Kaito permaneció unos segundos observándolos.
Después negó con la cabeza.
—Está perdido.
Desde atrás apareció Ren.
—Completamente.
Kaito sonrió.
—¿Te recuerda a alguien?
Ren miró hacia donde se habían ido Maya y Damián.
—Quizá.
Y ambos soltaron una pequeña risa.
Porque Damián había pasado toda su vida intentando escapar de aquella clase de vínculo.
Y ahora que finalmente lo había encontrado...
Era el primero que no quería perderlo.
La tarde había caído sobre la mansión cuando Richel tuvo una idea.
Una idea que, según Clara, podía terminar muy mal.
—¿Y si hacemos una noche de chicas?
Maya levantó la mirada.
—¿Otra?
—Sí.
Clara sonrió.
—Esta vez podemos invitar a todos.
Richel se quedó pensando.
—No.
—¿No?
—Bueno...
Sonrió.
—Podemos enseñarles lo que hacemos.
Maya arqueó una ceja.
—¿Y qué hacemos?
Richel levantó una pequeña bolsa.
—Esto.
Clara abrió los ojos.
—¡¿Trajiste mascarillas faciales?!
—Varias.
Maya comenzó a reír.
—Quiero ver la cara de Damián.
---
Media hora después...
Todos estaban reunidos en la sala.
Ren observaba las bolsas sobre la mesa con desconfianza.
Kaito miraba a Clara.
Damián miraba a Maya.
Y el padre de Ren simplemente parecía divertido.
Richel colocó varias cosas sobre la mesa.
—Esta noche aprenderán lo que significa una verdadera noche de chicas.
Damián frunció el ceño.
—¿Tengo que participar?
Maya sonrió.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque eres mi pareja.
Damián suspiró.
—Eso no parece justo.
Maya señaló una silla.
—Siéntate.
Damián obedeció.
Ren comenzó a reír.
—Nunca pensé ver esto.
Damián lo miró.
—No te burles.
—Lo siento.
Ren no parecía arrepentido.
---
Richel tomó una mascarilla.
—Necesitamos un modelo.
Todos guardaron silencio.
Richel miró a Damián.
—Tú.
Damián abrió los ojos.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque tienes la piel perfecta.
Damián se quedó sin palabras.
—¿Por eso me querían?
Maya sonrió.
—Sí.
Damián miró a Ren.
—Hermano.
—No puedo ayudarte.
—Traidor.
Richel comenzó a colocarle cuidadosamente la mascarilla facial.
Damián permaneció inmóvil.
—¿Cuánto tiempo?
—Quince minutos.
—Esto es humillante.
Maya se rio.
—Te ves adorable.
—No soy adorable.
Richel lo observó.
—Sí lo eres.
Damián suspiró.
—Estoy rodeado de mujeres.
Ren sonrió.
—Bienvenido a nuestra vida.
---
Después de las mascarillas llegaron las golosinas.
Clara había comprado bolsas enormes.
—Hay dulces, chocolates, galletas y bebidas.
Kaito tomó una bolsa.
—¿Todo esto es para esta noche?
—Sí.
—Impresionante.
Richel sonrió.
—Y tengo algo más.
Sacó varias botellas.
Ren la miró.
—¿Qué es eso?
Richel sonrió inocentemente.
—Bebidas.
Ren entrecerró los ojos.
—¿Segura?
—Completamente.
Nadie sospechó nada.
Richel había preparado discretamente algunas bebidas con alcohol para los adultos.
No quería otra noche desastrosa como la del bar.
Solo quería una pequeña fiesta en casa.
---
La música comenzó.
Las conversaciones se hicieron más animadas.
Damián terminó quitándose la mascarilla.
—¿Ya?
—Ya.
Se miró en un espejo.
—Debo admitir que mi piel está increíble.
Maya se rio.
—De nada.
Damián sonrió.
—Gracias.
Ren tomó una bebida.
—Esto está bastante bueno.
Richel sonrió.
—Me alegra.
Kaito también bebió.
—Tiene un sabor extraño.
Clara levantó su vaso.
—Está delicioso.
Damián tomó el suyo.
—Entonces brindemos.
Todos levantaron los vasos.
—¡Por la familia!
---
Pasó un rato.
Y poco a poco...
Los chicos comenzaron a sentirse más relajados.
Kaito se dejó caer sobre el sofá.
—Creo que...
Se quedó pensando.
—Creo que estoy mareado.
Clara lo miró.
—¿Ya?
Ren también notó que algo no estaba bien.
—¿Qué tenían estas bebidas?
Richel sonrió nerviosamente.
—Un poquito de alcohol.
Ren la miró.
—¿Un poquito?
—Muy poquito.
Damián levantó su vaso.
—Entonces...
Miró a Maya.
—Creo que entiendo por qué las noches de chicas son tan divertidas.
Maya comenzó a reír.
---
La música aumentó.
Clara tomó a Kaito de la mano.
—Vamos a la piscina.
Kaito parpadeó.
—¿Ahora?
—Sí.
Richel sonrió.
—¡Piscina!
Ren levantó una ceja.
—¿Todos?
—Todos.
Damián miró a Maya.
—¿Tú quieres?
—Sí.
—Entonces voy.
---
Minutos después...
La piscina estaba iluminada.
Richel corrió hacia el agua.
—¡Vamos!
Clara entró detrás de ella.
Maya también.
Kaito se quedó en el borde.
—Está fría.
Clara lo empujó.
—¡Ahora ya no!
—¡Clara!
Todos comenzaron a reír.
Damián terminó entrando también.
Ren miró a Richel.
Ella le lanzó agua.
—¡Ven!
—No.
—Ren.
—No.
Richel volvió a lanzarle agua.
Ren sonrió.
—Te arrepentirás.
Entró a la piscina.
Richel comenzó a huir.
—¡No!
Ren fue tras ella.
---
La fiesta continuó durante horas.
Música.
Risas.
Gritos.
Agua por todas partes.
Damián, que había pasado toda su vida evitando situaciones así, terminó riéndose como nunca.
Maya estaba junto a él.
—¿Te estás divirtiendo?
Damián la miró.
—Mucho.
—¿Incluso después de la mascarilla?
—Eso jamás lo mencionarás.
Maya sonrió.
—Lo recordaré para siempre.
Damián suspiró.
—Estoy perdido.
—Sí.
Ella tomó su mano.
—Pero estás feliz.
Damián la miró.
Y sonrió.
—Sí.
---
Desde el borde de la piscina, Ren observó a Richel.
Ella estaba riendo con Clara.
Por una vez no estaba preocupada.
No estaba huyendo.
No estaba discutiendo.
Simplemente disfrutaba.
Ren sonrió.
Kaito se acercó.
—¿Sabes?
—¿Qué?
—Creo que nuestras mujeres nos están enseñando a divertirnos.
Ren miró hacia la piscina.
—Tal vez.
Damián apareció junto a ellos.
—Tengo una pregunta.
Ren lo miró.
—¿Qué?
Damián señaló la piscina.
—¿Siempre terminan así las noches de chicas?
Kaito respondió:
—Cuando Richel está involucrada...
Ren completó:
—Sí.
Los tres observaron a las mujeres.
Y terminaron riéndose.
Porque aquella noche había comenzado como una simple noche de chicas.
Y había terminado convirtiéndose en una fiesta familiar alrededor de la piscina.
Una que ninguno de ellos olvidaría.