Marcia Montero lo tiene todo: belleza, inteligencia, una pastelería próspera y una familia adinerada que la adora. Lo único que no tiene es el respeto de su marido.
Rodrigo Mendoza nunca supo con quién se casó. Para él, Marcia no es más que una empleada de pastelería, una esposa sumisa a la que puede ignorar, humillar y relegar al papel de sirvienta gratis en la casa de sus padres. Su madre, doña Carmen, la desprecia por "pobre". Su hermana Isabella la insulta sin pudor. Solo don Alfonso, su suegro, la trata con dignidad.
Cuando Marcia descubre que Rodrigo la engaña con Pamela —una compañera de trabajo que miente sobre su origen tanto como él miente sobre su estado civil—, decide que ya es hora de dejar de fingir. Pero no actuará por impulso. Reunirá pruebas, trazará un plan y esperará el momento perfecto para quitarse la máscara.
Lo que Rodrigo y su familia no saben es que la mujer a la que tratan como basura es heredera de un imperio empresarial. Que la pastelería donde "trabaja" le pertenece. Que su hermano Gabriel es novio de Valentina Reyes, la mismísima dueña de la empresa donde Rodrigo presume de gerente. Que cada ascenso, cada privilegio que Rodrigo disfruta, se lo debe a ella.
Y cuando la verdad salga a la luz —en el peor momento posible para Rodrigo—, no habrá vuelta atrás.
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24
—Señor Rodrigo, la señora Marcia dejó dicho que hoy no vendrá a la pastelería. Puede retirarse —Marina le transmitió el mensaje de Marcia.
—Maldita sea. Ya me las vas a pagar, Marcia —Rodrigo apretó los puños, hirviendo de rabia.
Sin decir una palabra más, se marchó de la pastelería y se dirigió directo a la oficina. Ese día, Rodrigo estuvo tenso como una cuerda a punto de romperse: temía que Valentina lo despidiera por haber mentido y por su aventura con Pamela.
* * *
Marcia, por su parte, navegaba entretenida en redes sociales con un perfil falso. Vigilaba las publicaciones de Rodrigo y de Pamela a través de sus cuentas.
Encontró que Pamela había subido varias fotos en las que aparecía abrazada con Rodrigo. El fondo de las imágenes era una casa de campo rodeada de una plantación de té. Las fotos estaban tomadas desde distintos ángulos, y Pamela había escrito un pie de foto: "Que no haya obstáculos hacia un nuevo comienzo".
Pero hubo un detalle que le llamó poderosamente la atención: le resultaba familiar aquella villa que servía de escenario a las fotos de Pamela y Rodrigo.
Me parece que conozco este lugar... Esto se parece a la villa de mi familia, pensó frunciendo el ceño.
Amplió una de las fotos y confirmó sus sospechas: era, sin lugar a dudas, la villa de su familia.
Siguió revisando y encontró otra imagen en la que Pamela y Rodrigo posaban con toda la familia: doña Carmen, Isabella y otras dos personas. Estaban comiendo juntos con la vista de la plantación de té desplegada frente a ellos.
Doña Carmen e Isabella estuvieron ahí... pero ¿cómo es posible?, se preguntó cada vez más desconcertada.
Marcia lo sabía con certeza: aquella era la villa de su familia, la que se encontraba en la plantación de té de sus padres. Que Rodrigo y Pamela hubieran estado ahí le resultaba absolutamente inexplicable.
Voy a preguntarle a Valentina; tal vez ella sepa algo, decidió. Tomó su celular y la llamó de inmediato para invitarla a comer.
—Hola, Valentina. ¿Comemos juntas? Necesito preguntarte algo —fue directo al grano, sin rodeos.
—Claro, mándame la ubicación y me voy para allá —Valentina aceptó sin dudarlo.
—Perfecto, te mando la ubicación. ¡Nos vemos! —Marcia cortó la llamada.
Volvió a examinar cada una de las fotos que Pamela había publicado. Las observó desde todos los ángulos posibles y no le quedó la menor duda: reconocía aquel lugar a la perfección.
¿Cómo es posible que Pamela y Rodrigo hayan estado en la villa de mi familia? ¿Quién les dio acceso?, se preguntó en silencio.
Sin poder sacarse la duda de la cabeza, Marcia se preparó para reunirse con su futura cuñada. Cuando cruzó la sala, encontró a su mamá descansando en un sillón.
—Ma, voy a salir. Quedé con Valentina. ¿Quieres venir? —no se olvidó de invitar a Liliana.
—No, hija, hoy no tengo ganas de salir. Mándale saludos a Valentina de mi parte —respondió Liliana sin levantarse del sillón.
—Bueno, ma. Ya me voy —Marcia se inclinó y le besó la mano a la mujer que la había traído al mundo.
—Ve con cuidado, hija —le pidió Liliana.
Marcia condujo hasta el café que había elegido. Iba sola, al volante de su propio auto. Su apariencia cuando estaba en casa de los suegros y cuando salía al mundo eran dos personas distintas: en casa de doña Carmen usaba una bata de casa vieja y raída, remendada en varias partes. Fuera, vestía prendas que costaban una fortuna.
Llegó al café y escogió una mesa apartada, en un rincón. Quería tener cierta privacidad para conversar con Valentina. Como su cuñada aún no llegaba, pidió solo una bebida. La comida la dejaría para cuando Valentina estuviera ahí.
—¡Marcia! —Valentina, que acababa de llegar, le hizo señas con la mano desde la entrada para indicarle que ya estaba ahí.
—¡Valentina, ven, siéntate! —Marcia le devolvió el saludo agitando la mano.
—¿Llevas mucho rato esperando? Perdona, el tráfico estaba imposible —Valentina jaló una silla frente a Marcia y se sentó.
—No, para nada, acabo de llegar —respondió Marcia con una sonrisa.
—¿Ya pediste algo de comer? —preguntó Valentina.
—No, te estaba esperando —contestó Marcia.
—Bueno, pidamos de una vez, que me muero de hambre —dijo Valentina con una sonrisa cálida.
Marcia llamó al mesero y pidió para las dos. Las cuñadas se veían cercanas, cómodas la una con la otra.
—¿Qué pasa, Marcia? Dijiste que era algo importante —preguntó Valentina con curiosidad.
—Quiero enseñarte algo —dijo Marcia mientras le extendía su celular.
Le mostró las fotos que Pamela había publicado. Valentina las revisó, pero no encontró nada fuera de lo común.
—¿Qué tienen estas fotos? —Valentina seguía sin entender el punto.
—Las fotos en sí no tienen nada de raro. Lo raro es el lugar —Marcia empezó a explicarse.
—¿Cómo que el lugar? —preguntó Valentina, confundida.
—Todas esas fotos fueron tomadas en la villa de mi papá, la que está en la sierra. Lo que no entiendo es cómo Rodrigo y Pamela pudieron entrar ahí —Marcia le contó todo.
—¿En serio? ¿El fondo de esas fotos es la villa de tu papá? —Valentina no podía creer lo que veía y escuchaba.
—Sí, Valentina. Conozco cada rincón de ese lugar porque pasé muchísimo tiempo ahí. Lo que me tiene desconcertada es cómo Rodrigo, Pamela y su familia lograron acceso —le explicó Marcia.
Valentina se quedó en silencio, igual de perpleja. También le resultaba incomprensible. Y había otro detalle: ella misma nunca había visitado la villa de la familia de Marcia.
—¿Y si fue mamá Liliana quien les dio acceso? —Marcia interrumpió los pensamientos de Valentina.
—No creo que haya sido ella, Marcia. Tu mamá fue la que te pidió que mantuvieras tu identidad en secreto frente a Rodrigo y su familia. No tiene sentido que ahora les abra las puertas de la villa —Valentina descartó esa posibilidad.
Marcia asintió despacio. Tenía razón. Era impensable que Liliana permitiera que quienes lastimaban a su hija disfrutaran de las propiedades de la familia.