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Entre La Culpa Y El Deseo

Entre La Culpa Y El Deseo

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Reencuentro / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

Camila lo tenía todo y usó su crueldad para doblegar a Máximiliano, un becado que se negaba a rendirse ante su vanidad.

Años después, la vida los reencuentra en la empresa de su padre, donde él trabaja y ha ganado posición, mientras ella carga con la culpa y un secreto explosivo que él desconoce.

Atrapados entre el rencor del pasado, el dolor y una atracción ineludible, ambos descubrirán que el deseo puede ser tan peligroso como la venganza.

NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Terreno neutral

^^^ (Narrado por Máximiliano)^^^

​El lunes por la tarde, el cielo sobre la ciudad se cernía denso y plomizo, amenazando con una tormenta de esas que inundaban las calles principales y convertían el tráfico en un caos interminable. Para mí, el problema no era la lluvia que se avecinaba, sino la cita ineludible que tenía marcada en la agenda desde el momento en que el profesor leyó las parejas para el ensayo de literatura. La biblioteca municipal, un edificio antiguo de ladrillos oscuros y ventanales altos ubicado en el límite entre el centro comercial y los barrios de la periferia, se había convertido en el campo de batalla neutral donde Camila y yo tendríamos que coexistir sin el respaldo de nuestros respectivos mundos.

​Llegué diez minutos antes de lo acordado. Llevaba puesta mi chamarra de mezclilla más vieja, la que tenía los puños ligeramente deshilachados, y cargaba una mochila abarrotada de libros de consulta que había pedido prestados en la biblioteca pública del barrio, ya que los volúmenes especializados que exigía el Saint Mary’s costaban una fortuna que mi madre y yo ni siquiera podíamos soñar con gastar. Me senté en una de las mesas de madera carcomida al fondo de la sala de lectura, justo al lado de una ventana que dejaba ver las primeras gotas de lluvia golpeando contra los cristales opacos.

​A las cuatro en punto, la puerta principal de la biblioteca se abrió con un leve chirrido metálico. No hizo falta que levantara la vista para saber que era ella. El perfume sutil, caro y embriagador que flotaba en el aire —una mezcla de jazmín y vainilla costosa— anunció su llegada antes incluso de que sus tacones altos resonaran con elegancia sobre el piso de parqué encerado.

​Camila apareció entre los pasillos de estanterías de roble como si se hubiera equivocado de dimensión. Llevaba un abrigo largo de cachemira color camel, impecable, que contrastaba de manera grotesca con el ambiente polvoriento y silencioso del lugar. Su cabello castaño caía suelto, perfectamente lacio y brillante, y su rostro mantenía esa expresión de fastidio calculado, como si estar allí fuera un castigo divino diseñado exclusivamente para poner a prueba su paciencia.

​Se detuvo frente a mi mesa, cruzó los brazos sobre el pecho y me miró de arriba abajo con una lentitud exasperante, evaluando cada detalle de mi ropa gastada y de mis apuntes desordenados.

​—Espero que no hayas elegido este lugar por masoquismo, becado —fue su saludo, con la voz baja, pero afilada, cuidando de no romper el silencio exigido por el bibliotecario anciano que dormitaba detrás del mostrador principal—. Esto parece sacado de una película de terror de los años setenta. ¿No había una cafetería con aire acondicionado e internet decente?

​—La biblioteca del municipio es gratuita, Camila. Y los libros de aquí no te cobran por abrirlos —respondí sin levantar la voz, manteniendo la vista fija en mi cuaderno, negándome a darle el gusto de verme intimidado por su presencia—. Si querías lujo y comodidades, debiste haberle pedido al profesor que te asignara con Mateo o con cualquiera de tus amigos de adorno. Siéntate de una vez, tenemos que terminar esto antes de que oscurezca.

​Un destello de ira cruzó fugazmente por sus ojos oscuros, pero se tragó la réplica, sacó la silla frente a mí con un movimiento brusco y se sentó con una rigidez ostentosa. Abrió su bolso de marca, sacó una libreta de piel sintética con su nombre grabado en letras doradas y un bolígrafo que probablemente costaba más que la mitad de mis útiles escolares juntos.

​Durante los primeros veinte minutos, el único sonido en nuestra mesa fue el rasguido constante de nuestros lápices contra el papel y el repiqueteo de la lluvia que comenzaba a arreciar afuera. Ninguno de los dos hablaba. La tensión entre nosotros era tangible, una corriente eléctrica estática que hacía casi imposible concentrarse en los análisis de los poemas románticos del siglo XIX. Yo intentaba ignorarla, concentrándome en las estrofas de Espronceda, pero su cercanía me alteraba los sentidos de una manera molesta. Podía percibir el calor de su cuerpo, el leve movimiento de sus manos al pasar las hojas y el ritmo pausado de su respiración.

​—Aquí dice que el romanticismo se basaba en la exaltación del dolor y la libertad individual —rompió el silencio de repente, con un tono analítico que me sorprendió. Su voz sonaba diferente cuando dejaba de lado la pose de reina de la escuela; había una profundidad inesperada, una lucidez que contrastaba con la frivolidad que mostraba en los pasillos—. Supongo que tú debes ser un experto en eso de la libertad a través del sufrimiento, ¿no?

​Levanté la vista lentamente y me encontré con sus ojos fijos en mí. Ya no había burla en su mirada, sino una curiosidad extraña, casi peligrosa, como si estuviera intentando descifrar un jeroglífico indescifrable.

​—La libertad no se reduce a libros de poesía, Camila —le contesté con seriedad, apoyando los codos sobre la mesa y sosteniéndole el pulso visual—. Para algunos de nosotros, el dolor no es una metáfora estética ni un tema de debate para sacar una buena nota en la clase de literatura. Es simplemente la realidad con la que nos toca lidiar todos los días al despertar.

​Se quedó en silencio. Apartó la mirada con brusquedad, bajando los ojos hacia su libreta, y por un segundo —un segundo minúsculo que casi podría haber jurado que fue producto de mi imaginación— vi una sombra de incomodidad cruzar su rostro perfecto. Como si mis palabras hubieran perforado por fin la coraza de cristal con la que protegía su existencia protegida.

​—No finjas que me conoces, Máximiliano —murmuró ella con un hilo de voz, sin volver a levantar la vista, pasando las páginas del libro con una prisa innecesaria—. No tienes ni idea de cómo es mi vida ni de lo que tengo que soportar para mantener las apariencias.

​—Y tú tampoco sabes nada de la mía —le devolví el golpe con la misma moneda, aunque el tono salió un poco más suave de lo que pretendía—. Así que terminemos con este ensayo de una vez por todas. Cuanto antes acabemos, antes podrás volver a tu mundo de mentiras y yo al mío.

​Durante el resto de la tarde trabajamos en silencio, pero la dinámica había cambiado sutilmente. La hostilidad abierta se había transformado en una tregua tensa, en un reconocimiento tácito de que ambos estábamos atrapados en dinámicas que nos superaban. Cuando la lluvia cesó y el reloj marcó las seis de la tarde, cerramos los libros y guardamos los materiales.

​Al salir a la entrada de la biblioteca, el aire frío de la tarde nos golpeó de golpe. El cielo estaba despejado y las farolas de la calle comenzaban a parpadear, reflejándose en los charcos de agua de la banqueta. Camila se subió el cuello del abrigo de cachemira, temblando ligeramente por la brisa fresca, mientras esperaba a que su chófer aparcara frente al edificio.

​Se detuvo un instante antes de bajar los escalones, me miró de reojo con el mentón ligeramente elevado, intentando recuperar la soberbia habitual de la que nunca se desprendía por completo, y dijo con voz firme:

​—Nos vemos mañana en la escuela, becado. No pienses que esto significa que somos amigos.

​—No te preocupes, Camila —le respondí desde el último escalón, guardando las manos en los bolsillos de mi chamarra gastada, sintiendo cómo una extraña y peligrosa sonrisa se dibujaba en la comisura de mis labios—. Jamás se me ocurriría cometer semejante error.

​Ella giró sobre sus talones y se marchó hacia el coche de lujo que acababa de detenerse junto a la acera, abriendo la puerta con elegancia y desapareciendo en el asiento trasero. Yo me quedé allí de pie bajo la luz ámbar de la calle, viendo cómo el vehículo se alejaba velozmente entre el tráfico de la ciudad. Sabía que aquel encuentro en la biblioteca había marcado un punto de no retorno. La guerra fría entre nosotros ya no era solo una cuestión de burlas y miradas despectivas; se había convertido en un juego de espejos rotos donde ambos estábamos empezando a reflejar partes de nosotros mismos que preferíamos mantener ocultas. Y ninguno de los dos sabía cómo detener el rumbo de la colisión.

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Marianeichon
hola🥰
Manu
Hola Luna, creo que cada novela tiene una temática diferente y se escribe según nuestro ánimo. Me encantó la historia la sentí muy rica. Siempre para adelante y atrás ni para coger impulso. Toma lo bueno y desecha lo malo. Eres una gran escritora y te he visto en ranking y ganandp premios asi qué ánimos.
Judy
No es de tus mejores obras, pero valoro tu esfuerzo
Judy
Cómo valoro el esfuerzo que implica narrar una historia, que yo no soy capaz de hacer, me vos abstener de hacer una crítica negativa, solo darte un empujón para que los sigas intentando, tienes capacidad, solo la tienes que pulir, no te des por vencida.
Nancy romero
linda historia
Carola Videla 😈🇦🇷
todo se paga en la vida y a ella le va a tocar
Manu
Hay mucho orgullo entre ellos. Ella lo ama pero no ha sabido hacerlo y él, no la ama tal vez siente lastima y siento que hasta la detesta.
Manu
Voy a sacar las cuentas. Me regresé desde el capítulo 20👀
Se gradúan de la secundaria como a los 17.
En el tercero año de la universidad van a la fiesta osea de 20 años y sale panzona la Camila, más los 9 meses de panza son 21 años. Retoma la universidad y sale de 23 años. Llega a la oficina. Osea el niño anda de 2 años para 3 y ellos sobre los 24 años.
Algo así 👀👀👀👀👀
Luna Azul: Siiiiii👏
total 1 replies
Manu
Que malos son😭
Manu
Que feo este papá
Como le va a decir bastarfo al nieto
Manu
OMG se embarazó 🥺 esta chavala si que la vive pasiando a cada rato.
Manu
Entonces todo esto pasa cuando están 3er año de la carrera de ambos
Nancy romero
autora cuantos años tienen camila y maximilano
Luna Azul: 23 rondando los 24
total 2 replies
Nancy romero
esta chica hace todo mal
Nancy romero
osea la violo y ella no dijo ni hizo nada
Manu
Autora me dejaste sin palabras. Bien guapo es el Maxi... Pobre pero guapo
Manu
Ese hijo de la chingada la violó
Manu
Y hay cada estúpido. Me da rabia pero ella no ha puesto sus limites
Manu
Ya caes mal Mateo
Manu
¿Será que maxi esta calando en su corazoncito
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