Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.
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Capítulo 14 la verdad
Narra Leidy
Seguía llorando en mi habitación cuando el celular volvió a vibrar.
Lo tomé entre mis manos y vi que era un mensaje de Cristian.
Cristian:
—Nena, ¿hablamos? Si te espero atrás de tu casa, aquí estaré. Te contaré todo. 😔💔
Me quedé mirando la pantalla durante unos segundos.
Todavía estaba dolida y confundida, pero quería saber la verdad. Ya no quería imaginar cosas ni quedarme solamente con lo que Melany me había contado.
Me levanté de la cama, me sequé las lágrimas y bajé las escaleras.
—Mamá, voy a salir un momentico.
—¿A dónde vas, mija?
—Aquí atrás. Ya vuelvo.
Salí de la casa y caminé hasta la parte de atrás.
Cristian estaba ahí.
Cuando me vio, se levantó.
Tenía los ojos rojos y la cara marcada por las lágrimas.
—Gracias por venir, Leidy.
—Dijiste que me ibas a contar todo.
Cristian asintió.
—Sí. Esta vez no te voy a esconder nada.
Nos quedamos en silencio unos segundos.
—Empezá —le dije.
Cristian respiró profundamente.
—Todo empezó cuando tenía trece años.
Me quedé mirándolo.
—A esa edad murió mi mamá.
Su voz se quebró.
—Yo no sabía qué hacer, Leidy. Era un pelao todavía. Sentía que se me había acabado todo.
Cristian bajó la cabeza y comenzó a llorar.
—Después de eso me tocó quedarme con un tío. Él no me trataba bien. Me mandaba a vender dulces en los buses para conseguir plata.
Se limpió las lágrimas con la mano.
—Todos los días salía con una bolsa de dulces. Me subía a los buses, hablaba con la gente y trataba de vender lo que pudiera. Yo solo quería conseguir algo para comer.
Yo sentí que mis ojos también comenzaban a llenarse de lágrimas.
Cristian continuó.
—Con el tiempo me cansé de esa vida. Me fui de donde estaba y terminé prácticamente en la calle.
—¿Y ahí fue cuando empezaste con todo eso? —pregunté.
Él asintió.
—Sí.
Respiró con dificultad.
—Ahí conocí gente que estaba metida en cosas malas. Yo era joven y no tenía a nadie que me dijera que me alejara. Poco a poco terminé metiéndome también.
Cristian volvió a llorar.
—Sé que estuvo mal. No estoy diciendo que porque mi vida haya sido difícil entonces todo lo que hice está bien. No.
Se quedó callado.
—Pero quería que supieras por qué terminé así.
Lo miré sin saber qué decir.
—¿Y después conociste al papá de Melany?
—Sí. Con el tiempo terminé trabajando para él. Haciendo encargos.
—¿Encargos malos?
Cristian asintió.
—Sí.
Se hizo un silencio.
—Cuando vos me preguntaste a qué me dedicaba, te dije que era albañil.
—Sí.
—Fue mentira.
Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
—No sabía cómo decirte la verdad. Pensé que si te contaba quién era realmente, ibas a alejarte.
—Pero me mentiste.
—Lo sé.
Cristian se quedó mirando el suelo.
—Perdón, Leidy.
Yo también comencé a llorar.
No sabía qué pensar.
Tenía rabia por haberme mentido, pero también me dolía escuchar todo lo que había vivido desde tan pequeño.
—Yo no sabía nada de eso —dije entre lágrimas.
—Por eso quería contártelo yo mismo.
Cristian intentó limpiarse la cara, pero seguía llorando.
Al verlo así, me acerqué y lo abracé para consolarlo.
Él también lloró mientras permanecíamos abrazados.
No dijimos nada durante unos momentos.
Solo estábamos ahí, dejando salir todo lo que habíamos guardado durante aquellos días.
Después del abrazo, nos quedamos en silencio.
Yo todavía necesitaba tiempo para procesar todo lo que acababa de escuchar.
Pero al menos ya conocía la verdad.
Ya sabía cómo había comenzado aquella vida que Cristian llevaba escondiendo desde hacía tantos años.
Y ahora entendía que detrás del apodo de Gato había un muchacho que había tenido que crecer demasiado rápido.