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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.4k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13

Después de prometer que la propiedad quedaría a nombre de Mauricio, Valeria esperó su reacción.

La mirada de él se suavizó al fin.

Volvió a estrecharla entre sus brazos, apoyó la barbilla sobre su cabeza y habló con voz profunda y cariñosa:

—Eres demasiado buena conmigo. Te juro que nunca voy a traicionarte.

La angustia de Valeria se disipó poco a poco contra su pecho. En su lugar quedó la felicidad de saberse valorada.

Soltó un murmullo de asentimiento y apretó entre los dedos la tela de su camisa.

Teresa contempló la escena llena de alegría.

No entendía de bienes raíces, pero su hijo sí. Bastaba con seguirlo para no equivocarse.

Valeria era mucho más fácil de manejar que Camila. Estaba tan cegada por el amor y era tan ingenua que, tarde o temprano, todo el patrimonio de los Beltrán terminaría en manos de los Zamora.

Teresa sonrió con aire maternal.

—Valeria, ¿cómo piensas hablar con tu papá? ¿No creerá que Mauricio se acercó a ti por dinero?

—Le pediré que primero la ponga a mi nombre. Cuando la escritura esté lista, yo se la donaré a mi Mau. Será una decisión mía. Él no me obligó y mi papá ya no podrá impedirlo.

Valeria parpadeó con inocencia.

—No me parece bien —dijo Mauricio, preocupado—. Sigue siendo tu padre. Si actúas a sus espaldas, puedes lastimar su relación.

Se agachó hasta quedar a su altura.

—No quiero que pelees con él por mi culpa. Te amo y no soportaría verte sufrir. Solo quiero que nuestro hijo tenga una buena vida. Fui un idiota. Debí terminar por completo con Cami antes de embarazarte.

Valeria sostuvo el rostro de Mauricio entre las manos.

—No, Mau, no. El cielo nos mandó este bebé porque nos amamos. No pienses así. Yo me encargaré de todo. Esto no tiene nada que ver contigo.

Su voz adquirió una obstinación infantil.

—Hablaré bien con mi papá. Si de verdad me quiere, tiene que apoyar mi decisión. Mi Mau me trata demasiado bien. No puedo permitir que te humillen.

Una satisfacción fugaz cruzó los ojos de Teresa.

Tosió con suavidad y adoptó un tono todavía más afectuoso.

—Bueno, ya está decidido. No vuelvan a ponerse tristes. Mauricio, no hagas que Valeria se altere. Está embarazada y esas emociones pueden hacerle daño al bebé.

Valeria, con los ojos aún enrojecidos, asintió obediente.

—Gracias por recordármelo, mamá. Voy a cuidarme.

Teresa se sentó a su lado y le arregló el cabello.

—La verdad, yo tampoco traté mal a Camila. Pero esa muchacha vino al mundo con mala estrella. Siete años casada y nunca tuvo hijos. Debía cargar con una desgracia enorme para casi acabar con nuestra familia.

Suspiró.

—Por suerte llegaste tú. Vas a hacerme abuela y ese bebé es una bendición. Ahora sí puedo estar tranquila por Mauricio.

Valeria frunció el ceño al escuchar el nombre de Camila. Después sonrió con docilidad.

—No se preocupe, mamá. Cuidaré bien a mi Mau, seré una buena hija para usted y le daré muchos nietos para que los consienta.

Teresa asintió, satisfecha, y volvió la mirada hacia su hijo.

—Mauricio, termina cuanto antes los trámites con esa mujer y deja libre el lugar de Valeria. Camila no merece seguir casada contigo ni formar parte de esta familia. Dale lo que tengas que darle, pero córtala de raíz. No permitas que arme otro escándalo.

La comisura de Valeria se elevó antes de que pudiera ocultarlo.

—¿Y si hace algo? —preguntó con falsa inquietud—. Tengo miedo de que lastime a nuestro bebé. Mucho miedo.

Mauricio la tranquilizó con una expresión indiferente.

—No te preocupes. Es una mujer ambiciosa. Basta con arrojarle algo de dinero para que se calme.

Valeria respondió con un murmullo dolido.

En su interior estaba eufórica.

Había luchado siete años por aquel hombre.

Al fin Mauricio era suyo y Camila había perdido. Entonces Gabriel entró en la habitación.

Vestía un traje negro y llevaba el cabello impecablemente peinado. Su rostro no mostraba ninguna sonrisa y se endureció todavía más al ver a Mauricio.

—¡Papá!

Los ojos de Valeria se iluminaron.

Mauricio se apresuró a recibirlo.

—Señor Beltrán, le ofrecí a Cami quinientos mil pesos adicionales y por fin aceptó firmar el divorcio.

La mirada de Gabriel se ensombreció.

Una sonrisa fría apareció en sus labios.

—¿Compensar un poco mejor a la esposa que engañaste te parece motivo de orgullo? ¿Me lo cuentas para que crea que te sacrificaste por Valeria o para insinuar que Camila es una interesada?

Avanzó un paso.

—¿Quieres presentarte como la víctima obligada a abandonarla por su codicia?

Mauricio no respondió; eso era exactamente lo que pretendía.

Quería construir ante Gabriel la imagen de un hombre estable y responsable. Culpar a Camila era la forma más cómoda.

Podía decir que tuvo una aventura porque ella lo empujó a hacerlo. Que buscó el amor de otra mujer porque Camila no lo amaba lo suficiente. Que encontró en Valeria el apoyo emocional que su esposa no supo darle.

El fracaso del matrimonio no era culpa suya.

Según él, Camila simplemente no había cumplido con sus deberes de esposa.

—¡Papá! —protestó Valeria, golpeando la sábana con furia.

Teresa corrió a abrazarla.

—Ay, preciosa, no hagas eso. Puedes lastimar al bebé. Eres el tesoro de los Zamora. No te enojes.

Valeria se refugió en sus brazos y miró a Gabriel con expresión lastimera.

—Papá, ¿ya no me quieres?

La mirada helada de Gabriel se suavizó.

Pasó junto a Mauricio y se acercó a la cama.

Valeria soltó a Teresa de inmediato, abrió los brazos y rodeó la cintura de su padre.

—Papá, no trates así a mi Mau, por favor. Me duele. Hazlo por tu nieto y deja de ponerle las cosas difíciles…

Mauricio y Teresa intercambiaron una mirada.

Ambos comprendieron al instante lo que el otro pensaba.

Teresa se acercó a Gabriel.

—Gabriel, Mauricio y yo saldremos a comprar algunas cosas para Valeria. Hablen tranquilos.

Él la miró y asintió lentamente.

Los dos salieron enseguida.

Antes de cruzar la puerta, Mauricio miró a Valeria de reojo. Ella captó el mensaje y respondió con una inclinación discreta de cabeza.

Gabriel no perdió ni uno solo de aquellos gestos.

Su hija ya conspiraba con ellos a sus espaldas.

El corazón se le hundió.

No la enfrentó de inmediato.

Se apartó y preguntó con amabilidad:

—¿Cómo te sientes hoy? ¿El médico dijo cuándo podrás salir?

—Muy bien. En unos días me darán de alta. Papá, quiero casarme con mi Mau cuanto antes. Mi embarazo no puede esperar.

Gabriel le sirvió agua y le entregó el vaso.

—¿Fue idea de Mauricio?

Valeria lo recibió con ambas manos.

—Mi Mau está muy preocupado por mí. Incluso piensa vender su casa para comprar otra donde podamos vivir el bebé y yo.

Gabriel dejó escapar una risa fría.

—Al menos le queda algo de vergüenza.

Como su padre no parecía demasiado molesto al hablar de Mauricio, Valeria pensó que quizá sería sencillo negociar la casa de Los Encinos.

—Papá, comprar una propiedad nueva significa remodelarla. Los químicos y vapores pueden ser peligrosos para una embarazada y para el bebé —dijo, tanteando el terreno.

Los dedos de Gabriel se cerraron un poco alrededor de su vaso.

Ya sospechaba lo que vendría.

Bebió un sorbo.

—Es cierto.

Valeria avanzó otro paso.

—Pensé que podríamos usar una de mis casas mientras tanto. Cuando la nueva esté terminada, esperaríamos un año o año y medio antes de mudarnos. Sería perfecto.

—Está bien. Tienes varias propiedades. ¿Cuál elegirás?

Al no escuchar una negativa, Valeria cobró valor.

—Las que están a mi nombre no sirven. Soy la heredera de los Beltrán. Mi boda debe estar a la altura. La casa de Residencial Los Encinos sería perfecta.

Los dedos de Gabriel se tensaron.

Levantó la vista hacia su hija.

—¿La de Los Encinos?

Repitió las palabras con calma.

—Esa propiedad es enorme y vale cerca de treinta millones de pesos. ¿Por qué ninguna de tus otras casas te parece suficiente y justamente quieres esa?

Valeria parpadeó y adoptó una voz dulce, casi infantil.

—Es la mejor ubicada, el residencial es precioso y queda cerca del hospital. Es ideal para pasar el embarazo.

Gabriel se limitó a observarla.

Valeria se sintió intimidada, pero siguió:

—Soy tu única hija. ¿No merezco una boda digna? Préstamela para que sea nuestro primer hogar. Viviremos ahí un tiempo y nos iremos cuando Mauricio compre la nueva.

La voz de Gabriel perdió toda calidez.

—¿Eso quiere Mauricio?

Valeria se sobresaltó y negó con rapidez.

—No. Él no dijo nada. Fue idea mía. No lo juzgues siempre de la peor manera. Se está divorciando por mí y hasta venderá su casa para comprarnos otra.

—Tienes tres propiedades. Dejemos aparte la que está en otra ciudad. En Ciudad de México posees una casa en el centro y otra en una zona de montaña.

Gabriel habló sin alterar el tono.

—¿Ninguna te parece digna? ¿Por qué tiene que ser la de Los Encinos?

Valeria se mordió el labio. Sus ojos comenzaron a ponerse rojos.

—Me prometiste esa casa. El aire es limpio y sería bueno para el bebé. De todos modos iba a ser mía. ¿Qué tiene de malo que quiera vivir ahí ahora?

—No te daré la casa de Los Encinos.

La voz de Gabriel fue grave y firme.

—Si Mauricio quiere comprar una propiedad, puedo recomendarle una agencia. Al casarse debe aportar algo de su parte, no esperar que tú lo mantengas.

—¡No lo estoy manteniendo! ¡Soy tu hija, no me hables así! Mauricio va a perder la mitad de sus bienes en el divorcio y dará otros quinientos mil pesos. Soy su futura esposa. ¿Qué tiene de malo que lo ayude?

Valeria terminó gritando.

—Dividir los bienes con Camila no es hacerle un regalo —replicó Gabriel—. Es lo que le corresponde por derecho. Mauricio cometió adulterio. Si ella llevara el asunto hasta sus últimas consecuencias legales, podría exigir mucho más.

La miró fijamente.

—No es que él le dé demasiado. Es que Camila aceptó menos de lo que podía reclamar.

Valeria se quedó sin palabras.

Sus ojos enrojecidos se clavaron en su padre.

—¿Por qué defiendes a una extraña en vez de defenderme a mí?

Gabriel dejó el vaso.

—Porque tú y Mauricio fueron quienes actuaron mal y aun así quieren fingir que son las víctimas.

Una sonrisa gélida curvó sus labios.

—No dejan de repetir que él pagará quinientos mil pesos adicionales. Cambiar medio millón por una casa de treinta millones sí que sería un negocio redondo.

—¡Papá!

La voz de Valeria se elevó y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.

—¿Por qué tienes que medirlo todo con dinero? Yo sé cómo me trata Mauricio. Está conmigo todos los días, me sirve agua y comida. ¿Acaso no lo has visto? Su mamá me quiere como a una hija. ¿Eso tampoco cuenta?

Gabriel la contempló sin inmutarse.

Como no encontró señales de que fuera a ceder, Valeria se esforzó todavía más.

Se cubrió la cabeza con la sábana y lanzó un sollozo agudo:

—¡Solo quiero una casa para casarme! Desde niña siempre me diste lo mejor. Ahora que voy a casarme, te vuelves tacaño. ¿Ya no me quieres? ¿Dejé de ser tu hija porque voy a formar otra familia?

Gabriel permaneció en silencio.

Valeria supo que no cedería.

Pero ya le había prometido la propiedad a Mauricio. Si no cumplía, él pensaría que valía menos que Camila.

Se quitó la sábana de golpe y se sentó, con el rostro encendido.

—¡Está bien! ¡No quiero nada! Renunciaré a ser una Beltrán. No me casaré y viviré con Mauricio sin papeles para que todos se burlen. Le diré que mi papá se negó y nos iremos a rentar cualquier lugar.

La voz se le quebró.

—¡Que toda Ciudad de México sepa que me casé sin dignidad y sin apoyo! Perdí a mi mamá de niña y ahora mi papá tampoco me quiere. ¿Para qué casarme si mi familia no me respalda? Viviremos juntos y ya. Puedes fingir que no tienes hija.

Al final casi rugía.

Le temblaba el cuerpo entero. Protegía el vientre con una mano mientras lloraba sin poder respirar bien.

Gabriel no se movió.

La observó hacer su escándalo sin fruncir siquiera el ceño.

Valeria comprendió que había ido demasiado lejos.

Calló y lo miró con inquietud.

En la habitación solo quedaron sus sollozos.

—Primero: no te daré la casa de Los Encinos. Te dije que sería tuya si dejabas a Mauricio. Segundo: si él vende o compra una casa, es asunto suyo, no de los Beltrán. Tercero…

Gabriel hizo una pausa y su mirada se oscureció.

—¿Quién te enseñó ese numerito de gritos y lágrimas? ¿Teresa o Mauricio?

Los labios de Valeria temblaron. Perdió el color.

—Nadie. Yo…

—¿Tú? —Gabriel soltó una risa fría—. ¿Cómo te eduqué desde niña? Si deseas algo, debes hablarlo, escuchar las razones y necesidades del otro. No puedes obligar a nadie ni hacer berrinches.

Su voz se volvió más dura.

—¿Cuándo te enseñé a llorar, amenazar y fingir que vas a abandonar tu casa para manipular a tu propio padre?

Valeria no supo responder.

—Papá… solo quiero construir una vida con Mauricio. ¿Por qué no puedes aceptarlo?

El tono de Gabriel se suavizó un poco.

—Escúchame bien. El matrimonio es asunto de ustedes dos. No significa que los Beltrán debamos llenarle los bolsillos a Mauricio. Si quieres casarte, no te lo impediré. Pero si pretendes mantenerlo con mi dinero, la respuesta es no.

Valeria abrió la boca, incapaz de responder.

—No quise decir eso…

Su voz perdió toda seguridad.

Gabriel la miró y sintió una punzada profunda.

Aquella era su hija, la niña a la que había cuidado como a un tesoro.

Ahora un hombre la tenía tan confundida que ya ni siquiera escuchaba a su padre.

—Valeria, te lo diré una última vez. No vuelvas a hacer una escena como esta frente a mí. Si estás dispuesta a perder toda dignidad, huir con él y buscarte tu propia desgracia, será como si yo no tuviera hija.

Gabriel se volvió hacia la puerta.

—¿Ya no me quieres? —preguntó ella con voz temblorosa.

Él cerró los ojos y respiró hondo.

—Eres mi hija y nunca dejaré de quererte. Pero olvídate de la casa de Los Encinos. Y si vuelves a usar mi cariño para amenazarme, entonces sí tendrás que irte de la familia Beltrán.

Abrió la puerta y salió sin mirar atrás.

Valeria se quedó en la cama, bañada en lágrimas y temblando de pies a cabeza.

Bajó la vista hacia su vientre aún plano y lo acarició con suavidad.

—¿Qué vamos a hacer, bebé? Mamá exageró y el abuelo se enojó…

Gabriel subió a su auto, pero no encendió el motor.

Se recargó en el asiento y cerró los ojos durante un momento, agotado.

Después miró a través del parabrisas.

No era que no quisiera a su hija.

Precisamente porque la amaba demasiado, no podía ceder.

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Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
Mile
Vuelvo y lo repito... Definitivamente para pendeja no se estudia 🙄🙄🙄
Rita Coba
muchas felicidades esctidora exelente final dónde uvo de todo amor rencor tristeza pero el amor logro todo🌹❤️👋
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 no sé de dónde sacará tantas ideas chistosas autora, pero me encantan y rio mucho con tu novela 🤣🤣🤣🤣🤣👍 gracias por compartir tu hermoso talento felicidades por eso también 👍❤️
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