Kyra nació para ser despreciada.
Hija del alfa de la Manada Lunar, creció a la sombra de una madrastra cruel y de una hermanastra que le robó el cariño de su padre, el respeto de la manada… y, la noche de su transformación, también a su compañero predestinado. Lo que nadie sabe es que Kyra esconde un secreto capaz de cambiarlo todo: no es solo una loba. En sus venas corre la magia de las hadas, un don ancestral que su propia familia aprende a exprimir sin piedad.
Durante cuatro años la usan como una fuente de poder que fingen amar. Hasta que Kyra descubre la verdad detrás de cada sonrisa falsa y decide desaparecer sin dejar rastro.
Su huida la lleva a Ravenna, una aldea perdida entre montañas y niebla donde nada es lo que parece, y donde un hombre de ojos azules y presencia imposible de ignorar lleva demasiado tiempo observándola desde las sombras. Marcos guarda sus propios secretos: es el último lobo de un pueblo que no debería existir… y la Luna acaba de darle a Kyra una segunda oportunidad que él no piensa desperdiciar.
Pero el pasado de Kyra no la deja marchar tan fácil. Cazadores que exterminan criaturas como ella siguen su rastro, viejas traiciones vuelven a llamar a su puerta y un linaje real que creía perdido está a punto de reclamar lo que siempre fue suyo.
Rechazada por quienes debían amarla. Deseada por quien juró protegerla.
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Capítulo 23
Impresionada, decido bajar; corro a buscar una linterna para poder ver mejor, ya que no puedo transformarme.
La escalera parece no tener fin.
Cada escalón que bajo parece llevarme más lejos de la seguridad de mi casa y más cerca del misterio que Ravenna guarda en las profundidades. Las paredes de piedra son antiguas, cubiertas de símbolos que, al apuntar la linterna, logro ver.
Por fin, la escalera termina ante un enorme corredor subterráneo.
Me detengo.
El lugar es mucho más grande de lo que debería existir bajo una simple casa.
Columnas gigantes sostienen el techo, decoradas con tallas de lobos, lunas y estrellas. Cristales azulados iluminan el ambiente, reflejándose en las paredes como si miles de pequeñas lunas estuvieran observando.
Haciendo el menor ruido posible, doy unos pasos más, y allí hay una enorme sala.
Pero los veo y me escondo detrás de una de las enormes columnas.
Antes de esconderme, alcanzo a ver que en el centro hay una mesa de piedra negra y, alrededor de ella, hay algunas personas sentadas y otras de pie conversando.
Intento usar el truco de ilusionismo, pero no funciona, y cuando creo que nadie me ha visto, me llevo una sorpresa.
Momentos antes.
En el centro de la mesa está Marcos, y él siente la presencia de Kyra.
Marcos podría despedir a todos, pero piensa que es el momento de que ella descubra la verdad sobre Ravenna y su población.
Su corazón se acelera, porque por fin van a verse en persona, pero hace un esfuerzo enorme por permanecer quieto mientras los demás debaten sobre las personas que acaban de llegar a la aldea.
Igual que todas las otras veces que llegan nuevos visitantes y se reúnen, esta vez no es diferente.
Los dos autos que llegaron más temprano a Ravenna son de cazadores, cazan a cualquier ser sobrenatural. Pero lo peor es que es el grupo de cazadores más temido de todo el territorio.
Los hermanos Blythe.
Nunca se los había visto por estos lados y, de repente, aparecen, lo que pone inquieta a parte de los feéricos, y algunos empiezan a echarle la culpa a la nueva vecina.
De pronto, alguien la encuentra escondida; es Bruna, que sujeta con firmeza el brazo de Kyra, mostrándoles a todos que ella está allí.
—¡Miren a quién encontré aquí!
Todos la observan en silencio y Kyra enseguida percibe algo; su intuición, o su lado hada, grita: ninguno de los que están allí es humano.
Y el instinto lobuno dentro de ella reconoce aquello incluso antes de que su mente lo comprenda; parece que aquel escondite lo hace todo más claro.
El silencio se vuelve sofocante.
Mientras tanto, Bruna aprieta aún más el brazo de Kyra, haciéndola soltar un gemido de dolor.
Todo porque se da cuenta de que Marcos no logra apartar los ojos de Kyra.
Marcos se levanta al percatarse de que Bruna está lastimando a su compañera. Aslan quiere el control, quiere reclamarla allí mismo, pero Marcos se lo prohíbe, manteniéndose firme y sin ceder.
Su mirada es serena, pero carga una autoridad imposible de ignorar.
—¡Suéltala de inmediato!
Bruna no puede pasar por encima de la orden del líder de los feéricos, y la suelta.
—Por fin llegaste, Kyra.
Dice, mientras sus miradas por fin se encuentran.