Una joven inocente a muerto, pero, lo inimaginable ha sucedido; un alma proveniente de otra época, ha reencarnado en su cuerpo, Victoria fue una reina tirana, que gobernó con firmeza y conquisto reinos sin titubear, ahora, para sobrevivir, tendrá que convertirse en la reina de la mafia.
Pero, en su camino se cruzara con Alexey, un líder mafioso a quien no se verá como un digno rival, si no que también, podrías ser su aliado más poderoso.
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Capítulo 12: La Máscara de la Seducción
El Palacio de Cristal, el centro de convenciones más lujoso de la metrópoli, refulgía bajo el destello de cientos de lámparas de araña. La alta sociedad, conformada por políticos corruptos, magnates de la industria y viejas familias de alcurnia, se reunía para la gala anual de beneficencia del sector financiero. Era una selva de trajes de etiqueta, vestidos de seda y sonrisas falsas donde las traiciones se firmaban con copas de champán.
Sin embargo, cuando la comitiva principal cruzó el umbral del salón, el murmullo de las conversaciones cesó de golpe.
Victoria caminaba sobre la alfombra roja con una majestad aplastante. Votada con un vestido de noche en terciopelo negro de talle alto y espalda descubierta, lucía un collar de gargantilla de diamantes negros que acentuaba la palidez pulcra de su cuello. Su peinado alto dejaba al descubierto sus facciones esculpidas, y sus ojos, de una claridad casi dorada, escaneaban la sala como una soberana examinando una provincia recién conquistada.
A su lado, Alexey Volkov proyectaba una amenaza física imponente. Vestía un esmoquin de tres piezas a medida en tono azul noche, con la camisa blanca pulcra que apenas disimulaba la anchura de sus hombros y la cicatriz de su pómulo. A pesar de los modales aristocráticos que exhibía, la forma en que su mano se apoyaba firmemente en la cintura de Victoria dejaba en claro a todos los presentes que no se trataba de un simple acompañante, sino de un depredador custodiando a su igual.
—Míralos —murmuró Victoria a su lado, sin perder la sonrisa serena—. Tiemblan detrás de sus copas caras. Saben que el Sindicato del Norte cayó, pero no logran entender cómo una 'niña Silva' terminó sosteniendo la correa del lobo de la ciudad.
—Muchos de estos viejos financian a los carteles del sur —respondió Alexey en un susurro bajo y profundo que le rozó la oreja—. Si me das diez minutos con el presidente del banco central en la terraza, te aseguro que transferirá sus fondos de cobertura a nuestras cuentas de fachada sin necesidad de disparar una sola bala.
—Sin violencia innecesaria esta noche, bárbaro —corrigió ella, dándole un pequeño toque con el codo en las costillas—. La verdadera violencia se ejecuta con firmas y transferencias de acciones. Guarda tu sed de sangre para cuando los dueños de los medios intenten calumniar nuestra nueva imagen.
En ese momento, Don Héctor Silva, el padre biológico del recipiente de Victoria, apareció entre la multitud. Luciendo un traje arrugado, con los ojos inyectados en sangre y una copa de ginebra en la mano, caminó a trompicones hacia la pareja. El anciano había perdido la mitad de su patrimonio tras la confiscación de la mansión y la invalidez de su hijo Julián.
—¡Tú! ¡Bruja miserable! —gritó el hombre, atrayendo la atención de los diplomáticos cercanos—. ¡Me quitaste todo! ¡Le entregaste mi patrimonio a este asesino! ¡Esta mujer no es mi hija, es un demonio que mató a mi hijo!
Los guardias de seguridad del evento intentaron intervenir, pero Victoria levantó una mano delicada, deteniéndolos con un solo gesto.
Se acercó a su "padre" con pasos lentos y pausados. La distancia entre ellos se redujo a medio metro. Victoria inclinó la cabeza, mirándolo con una piedad devastadora que congeló el aliento del anciano.
—La vejez y la bebida suelen destruir el juicio de los hombres mediocres, Don Héctor —dijo Victoria en voz alta, para que cada miembro de la élite presente escuchara su voz aterciopelada—. Le perdoné la vida a su familia por pura consideración a mi linaje, pero si continúa haciendo espectáculos públicos que manchen el prestigio de mi firma corporativa, tendré que internarlo en un asilo privado de por vida. Retírese antes de que pierda la paciencia.
Alexey dio un paso adelante, colocándose justo detrás de Victoria como una sombra gigantesca. Puso una mano pesada sobre el hombro de Don Héctor, aplicando una presión sutil que hizo que las rodillas del viejo temblaran.
—Mi socia fue demasiado generosa contigo, anciano —susurró Alexey con un tono helado—. Camina hacia la salida o mis hombres te sacarán en una bolsa de basura.
Don Héctor, temblando de terror y humillación, soltó la copa de cristal al suelo y huyó hacia las puertas traseras bajo las miradas burlonas de la alta sociedad. Victoria dio un sorbo a su copa, ajustó su vestido y miró a Alexey con una sonrisa radiante.
—Un toque dramático muy adecuado, Jefe —comentó ella.
—Siempre a tus órdenes, mi Reina —respondió él, atrayéndola de nuevo por la cintura para bailar el vals que comenzaba a sonar en el centro del salón.