Un grupo de amigos y una policía encubierto arriesgan sus vidas, tratando de acabar con la corrupción que azota la ciudad.
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CAPÍTULO 12
— ¡Excelente! Ni a mi se me hubiera ocurrido tamaño plan. Es bien satánico como a mí me gusta... Te felicito Álvarez, con esto te sumás varios puntitos a favor. Sólo esperá a que se enteren mis socios... Te voy a dar todo el crédito delante de ellos, como corresponde. Quiero que se convenzan de que conmigo solo laburan los mejores, ¡je!
— Gracias, Alonso, ya sabés que estoy para lo que vos mandes — el tono de voz y el gesto que hizo el sargento con su cara, eran dignos de una víbora rastrera. Estuvo a un pelo de tirarse al piso y lamerle los zapatos a su jefe.
— Me encantó el plan, Álvarez, me encantó. Ponelo en práctica cuanto antes.
— Dame un par de días como para enfriar un poco esto de los chinos. Luego comenzaremos a hacer rodar el plan...
— ¡Excelente! Así se hará. ¡Aaa!, antes de que me olvide... Quisiera proponerte algo grande, Álvarez...
— ¿Qué será?...
— Me gustaría que vos te hicieras cargo de la comisaría, es decir, que estés al mando...
— ¿Me estás diciendo que querés que yo sea comisario?. ¿Y Ledesma?
—Tendrá que jubilarse...
— No creo que quiera jubilarse... Aún le faltan algunos años...
— Si no quiere él, lo jubilamos nosotros, ¡Je!
— Pero, ¿cómo?...
— ¡Y buee! Le haremos daño para que quede inválido. O lo mandamos a descansar al balneario Los pinos, pasaje de ida y sin retorno con todos los gastos pagos, cajón de cedro con herrajes de bronce, un par de coronas de flores , buena sombra, ¡que más quiere! ... ¡Jeje!
— ¡Uuff! Ledesma es como un hermano para mi, lo conozco hace años... — Álvarez fingía sentirse consternado.
— Tarde o temprano tendrás que decidirte, si te quedás estancado o vas por todo...
— ¡Y bueno! Si para salvar a los chanchitos hay que sacrificar al chancho, ¡entonces que muera el chancho!
— ¡Bien dicho, sargento!. Además, la gente muere, tienen accidentes, sufren infartos, en fin, conozco un par de médicos que nos arreglarían la partida de defunción. Éstos doctores están ansiosos por entrar al negocio, sentarse en nuestra mesa y servirse una buena porción del guiso que nosotros cocinamos, ¡jaja! Esa sería una buena tarea de iniciación para ellos. Entonces, ¿qué me decís?...
— Necesito pensarlo... Dame tiempo...
¡Listo, ya lo pensé! ¡Hagámoslo, Jaja! ...
— Ya sabía que no me podías fallar, ¡je! Me gusta la gente que toma decisiones rápidas, contundentes y concisas...
— Al igual que vos yo soy un hombre de armas tomar, Alonso. Me gustaría seguir escalando, no te digo hasta tu posición, pero si unos escalones más abajo. Hacerme de una buena reputación, de un buen pasar económico, en fin, ya sabés que vos sos el espejo en el que me miro de cara al futuro...
—Todo a su tiempo, sargento. No quieras escalar demasiado rápido. Andá paso a paso tratando de no pisar en falso, o te vas a dar de culo contra el piso.
—Lo sé. Seré cauteloso, desconfiado y ambicioso, principalmente esto último, jeje...
—Me parece justo, pero te doy un consejo, nunca pongas la ambición por delante. Siempre la inteligencia primero, esa es el arma más poderosa.
—¿Hablás en serio? Siempre creí que el arma más poderosa era el signo de pesos dibujado en los ojos...
—¡Error! Eso te lleva a la ruina y no a la riqueza. ¿Cómo pensás que comencé yo? ¿Acaso creés que empecé revendiendo medias y calzoncillos del barrio de los Judíos?
—-Supongo que no...
—¡Exacto! A mi me ponían patas para arriba y no se me caía una puta moneda del bolsillo, era un pobre pelagatos. Un día pensando me pregunté: ¿porqué no sacarles algo a los que tienen toda la plata?.
Un poco a este, un poco al otro, y así sucesivamente. Vos te preguntarás, ¿cómo hace un tipo que no tiene un mango para comenzar a hacer dinero sin necesidad de invertir? ¡Fácil! No invertí dinero, pero si invertí tiempo... Primero elegía a la víctima, algún individuo poderoso de esos que se bañan en plata. Comenzaba a investigarlo por mi cuenta, días, semanas tras él, siempre escondido en las sombras. Llegaba un punto en el que sabía todo sobre esa persona, si era casado, si tenía hijos, perro, gato, si la suegra era una arpía , ¡todo!. Por lo general la mayoría de esos ricachones andan en malos pasos. Cagan a la mujer, tienen amantes a las cuales les alquilan un apartamento para tenerlas a disposición cuando quieran. Otros están metidos en negocios turbios, en fin, una cantidad de irregularidades de las cuales se puede sacar provecho si uno es inteligente. Eso hacía yo, andaba con una camarita que compré de segunda mano. Seguía a las víctimas a sol y sombra, buscando la oportunidad de filmarlos o sacarles fotos incriminatorias, y cuando lo conseguía los extorsionaba. No podrás creer las sumas que pueden pagar algunos con tal de no manchar su reputación. Así estuve cinco o seis años, cambiando de ciudades para no quemar todo el negocio. Logré hacer algo de dinero, yo diría bastante, y ahí si pude invertir. Contraté a unos detectives privados, y ellos hacían el trabajo de las fotos y filmaciones por mi. Yo me dedicaba a cobrar las extorsiones. El negocio creció como pan leudando, tanto, que lo hice internacional. Empecé a contratar detectives en los países vecinos y siempre el mismo sistema, ellos investigaban a las víctimas y yo cobraba. Llegó un punto en que tuve que dejar de hacerlo, ya que se estaba poniendo peligroso. A esa altura tenía un capital impresionante. Largué todo y me dediqué a otra cosa, y aquí estoy.
Esos fueron mis comienzos. ¡Qué tiempos aquéllos!
Alonso sonreía con orgullo contando sus hazañas, mientras Álvarez lo escuchaba con un gesto de asombro desmedido dibujado en su cara.
—¡Cuando sea grande quiero ser como vos! — exclamó el sargento, con un tono adulón.
— No lo creo. No te hagas ilusiones — respondió Alonso, cagandole la zalamería con cierto aire de grandeza. — Cuando me hicieron, mis padres rompieron el molde. Conformate con hacer buen dinero para vivir cómodo. Consejo, nunca quieras tirarte un pedo más grande que el culo..
— Seguiré tu consejo... No sea cosa que me cague en los calzoncillos,! Jaja!
— Perfecto, Álvarez. Entonces quedamos así. Esta tarde vamos a lo de Gutierrez, quiero ver a esos dos pendejos. Respecto a lo otro, manteneme informado. En lo posible llamame por teléfono o mandame un mensaje. Tratá de no venir muy seguido por aquí, evitemos a toda costa que la plebe ande comentando por los rincones.
— Entendido, Alonso. Confiá en mí, ya sabés que no te voy a defraudar...
— Eso espero, Álvarez, eso espero... Ahora andate, pero salí lo más sigiloso que puedas.
— Hasta luego, te mantengo informado, quedate tranquilo.
—Hasta luego. Espero esa información...
Álvarez abrió la puerta y salió de la oficina. Lo hizo con el mismo sigilo que tendría una hiena cuando está a punto de robar una carroña.
Alonso se acercó a la ventana con las manos detrás de la espalda.
Corrió un poco las cortinas y aspiró el aire fresco que entraba.
Sacó un pañuelo del bolsillo y secó el sudor que corría como una catarata por su frente.
—Te tengo en mis manos, mequetrefe...— murmuró, mientras esbozaba una sonrisa cargada de odio...
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si hubiera ido con el pelo suelto lo hubiera llamado roquero drogadicto?
café con leche descremada
ojalá no mueran