NovelToon NovelToon
¿Mi Esposo Resultó Ser Mi Amante?

¿Mi Esposo Resultó Ser Mi Amante?

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Romance / Posesivo / Completas
Popularitas:382k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Anna es la definición de pragmatismo. Aceptó casarse con un extraño hace tres años solo para cumplir el deseo de su abuela, bajo la condición de que cada uno viviera su vida por separado. Para ella, David es solo un nombre en un acta de matrimonio y una transferencia mensual. David, por su parte, es un titán de los negocios, un hombre cuya posesividad solo es superada por su hermetismo; para él, Anna es un "trámite" lejano que vive en otra ciudad... o eso creía.

​Todo cambia en una noche de copas y luces de neón. En una exclusiva discoteca, dos desconocidos se atraen magnéticamente. Anna, decidida a dejar de ser la "esposa de papel", se entrega por primera vez a un extraño de ojos gélidos y manos posesivas. David queda obsesionado con la mujer que desapareció al amanecer
El enredo estalla cuando David decide que esa "desconocida" debe ser suya, sin saber que ya lo es legalmente

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 23

​La oficina de David Bianchi era un búnker de cristal y acero, pero esa noche se sentía como una jaula a punto de estallar. Eran las once de la noche cuando su jefe de seguridad deslizó una tablet sobre el escritorio de caoba. En la pantalla, una fotografía de alta resolución tomada hace apenas treinta minutos: Anna, con un vestido de seda color champán que parecía fundirse con su piel, reía mientras Arturo Varga le susurraba algo al oído en la terraza del ático más exclusivo de la ciudad.

​El titular del portal de noticias sociales era un dardo envenenado: "¿Crisis en el Imperio? La Señora Bianchi brilla sin el Heredero de Hielo".

​David sintió un estallido de calor violento que le subió por el cuello. No era solo la humillación pública; era una punzada física, un espasmo de posesividad cruda que le nubló la vista. Sus dedos se cerraron sobre el borde del escritorio con tal fuerza que la madera crujió. La "esposa aburrida" que él había intentado ignorar para purgar su culpa estaba allí, exhibiendo su belleza y su inteligencia ante su mayor rival.

​—Prepara el coche —ordenó David. Su voz no era humana; era un rugido bajo, cargado de una vibración peligrosa—. Ahora.

​El trayecto al evento fue un borrón de luces y furia. David no pensaba en el contrato, ni en las abuelas, ni en la "mujer de la discoteca". En su mente solo existía la imagen de la mano de Arturo rozando el hombro de su esposa. Su instinto de propiedad, ese radar posesivo que lo había definido siempre, estaba emitiendo una señal de alarma roja.

​Irrumpió en el ático como una tormenta negra. No saludó a los anfitriones ni se detuvo ante los flashes de los fotógrafos que intentaron captar su llegada. Cruzó el salón principal con una zancada depredadora, sus ojos grises fijos en la silueta clara de Anna en la terraza.

​La música se detuvo para él cuando la vio. Anna sostenía una copa, su rostro iluminado por una sonrisa que David no recordaba haber provocado nunca. Arturo estaba demasiado cerca, su mano a milímetros de la cintura de ella.

​—Se acabó la fiesta —sentenció David, su voz cortando el aire de la terraza como un hacha.

​Anna se giró, su sonrisa desapareciendo para ser reemplazada por una máscara de asombro y, de inmediato, de una fría indignación. Arturo, por el contrario, ensanchó su sonrisa, disfrutando del espectáculo.

​—David. Siempre tan puntual para arruinar los mejores momentos —dijo Arturo, sin retroceder.

​David ignoró al hombre. Su mirada estaba clavada en Anna. La recorrió de arriba abajo, notando cómo el vestido se ceñía a sus curvas, cómo su cuello estaba expuesto y cómo el rastro del perfume de otro hombre parecía flotar a su alrededor. Fue una invasión visual, posesiva y cargada de una sensualidad agresiva.

​—Vámonos. A casa. Ahora —ordenó David, atrapando la muñeca de Anna con una firmeza que no admitía réplicas.

​—Suéltame, David —respondió Anna, su voz firme, aunque sus ojos verdes centelleaban con una rabia líquida—. No soy una de tus empleadas a las que puedes dar órdenes. Estoy en medio de una conversación.

​—No me obligues a sacarte de aquí cargada, Anna —amenazó él, inclinándose hacia ella, su aliento rozando su frente—. Llevas mi apellido. Cada flash que te apunta, cada hombre que te mira, lo hace porque eres una Bianchi. Y no voy a permitir que arrastres mi nombre por el fango con este tipo.

​—¡Tu nombre! —exclamó Anna, soltando una risa amarga que dolió más que un grito—. Siempre es tu nombre.

​David no esperó más. La arrastró físicamente fuera de la terraza, abriéndose paso entre la multitud atónita. Su mano era un grillete de hierro sobre la piel fina de la muñeca de ella. La sensualidad del forcejeo era oscura; había una energía eléctrica entre ambos, un choque de voluntades que hacía que el aire a su alrededor chispeara.

​Una vez en el interior del ascensor privado, David la soltó, pero solo para acorralarla contra la pared de espejo. Sus cuerpos chocaron con un impacto seco. Él apoyó ambas manos a los lados de la cabeza de ella, jadeando, su rostro a milímetros del suyo.

​—¿Cómo te atreves? —rugió David, su posesividad desbordada—. ¿Cómo te atreves a exhibirte así con él? ¿Acaso no te basta con lo que tienes en casa?

​Anna lo miró sin parpadear, su pecho subiendo y bajando con una respiración agitada que tensaba la seda del vestido. El deseo y el odio se mezclaban en sus ojos, creando una atmósfera asfixiante.

​—¿Lo que tengo en casa? —preguntó ella, su voz destilando un veneno purificador—. ¿Qué es lo que tengo en casa, David? ¿Una habitación vacía? ¿Un hombre que me trata como a un error de cálculo? ¿Un esposo que siente asco de tocarme porque prefiere perseguir el fantasma de una extraña?

​David se tensó, sus pupilas dilatándose ante la mención de su secreto. La cercanía era tortuosa; podía sentir el calor de la piel de Anna, el aroma a champán y desafío que emanaba de ella. Su instinto le decía que la besara hasta que olvidara el nombre de Arturo, que la marcara como suya de una vez por todas.

​—Eres mi esposa —masulló él, su voz rompiéndose—. Tienes mi apellido, Anna. Me perteneces por ley y por contrato.

​Anna apoyó sus manos en el pecho de David, sintiendo el latido errático de su corazón bajo el esmoquin. Lo empujó con una fuerza que nació desde lo más profundo de su orgullo herido.

​—Tengo tu apellido, David —sentenció ella, sus ojos verdes clavándose en los grises de él como dos puñales—, pero no te tengo a ti. Y mientras sigas viviendo en tu cueva de hielo y culpas, no tienes ningún derecho a reclamar lo que nunca te has molestado en conquistar.

​El ascensor se abrió en el estacionamiento. Anna salió con la cabeza alta, dejando a David paralizado contra el espejo. Sus palabras habían sido un golpe de realidad más violento que cualquier agresión física. El "Heredero de Hielo" se quedó solo, rodeado por su propio reflejo, dándose cuenta de que poseer un nombre no significaba poseer el alma de la mujer que lo llevaba. Su radar posesivo había detectado la amenaza externa, pero había ignorado que la verdadera pérdida estaba ocurriendo dentro de las paredes de su propio corazón.

1
Modestina Fonseca Sierra
me encantó la historia un buen final muchas gracias por escribir historias bonitas felicidades
Nancy Villanueva
Muy buena la historia.....Felicidades autora excelente historia gracias esperando otra novela bendiciones 👏👏👏👏👏🌹🌹🌹💕💕
Modestina Fonseca Sierra
interesante guau que guerra
Primi Mendez
muchos enredó cansador esta novela 😡😡
Primi Mendez
Era que en la firma de contrató de matrimonio sólo fue su abogado entonce como hay fotografía de ellos 🤗🤗
Primi Mendez
muchos dar vuelta ya cansa 🙄
Maria Soto Schiller
Una novela complicada en su redacción con muchas inconsistencias pero debo reconocer que los últimos capítulos fueron muy coherentes con la trama...
jacquelinne reyes
empezó bien y ya aburre como es eso de que no sabe quién que se parece y bla bla tanta larga loque hace es aburrir
Maria Soto Schiller
tiene mas enredos que un plato de tallarines y lo peor creados por la propia escritora, ni ella sabe como empezó la novela....se conocian no se conocian??? él no estuvo en su propia boda pero estuvo ¿? la primera vez que se vieron sin saber quienes eran, ella no llevaba antifaz, ella fue con una amiga pero ahora dice que sí está con antifaz, sin nonbrar otras .....Esta novela es una locura de inconsistencias...🤭🤭😂😂😂😂
Maria Soto Schiller
ya me está cansando tanta ridiculez, creo que dejaré de leerla, es una estupidez tras otra...
Maria Soto Schiller
insisto en que las escritoras revisen el contenido antes de publicar, siempre hay errores de fechas, lugares, etc..
Primi Mendez: escritora eso que te cuestiona dile que vaya a buscar otro sin error 🤗
total 1 replies
Maria Soto Schiller
insisto en que las escritoras revisen el contenido antes de publicar, siempre hay errores de fechas, lugares, etc..
Elsy Pasos
En el capitulo 22 ella llega a casa. Y en el. 23 el la busca.
La escritora comfunde al. Lector
Milcaris
Él sabe que son la misma persona solo que le está siguiendo el juego y ella si siente tantos celos entonces que muestre frente a él ese fuego que tiene guardado y deje su hielo para la empresa
Maria Soto Schiller
jajaja 👏 porque no conocen el Internet, solo son trabajocolicos 🤣🤣 viven en un submundo..
Mirta Bernaccki
m aburrió. No leo más!!!!!!!!!!
Mirta Bernaccki
cómo va a recordar la mirada de ella si nunca la había visto. el día q se casó mando a un abogado a firmar el contrato. q enrredo escritora. fíjese bien las fechas así no confunde al lector
Fernanda Perez
gracias 🫂
Maritza
se supone que la cena era el día siguiente del encuentro en la disco y habla que tenía 3 días sin dormir buscándola, hay errores de tiempo
Maria Soto Schiller: Hay muchas incongruencias, menos mal la novela es corta...
total 1 replies
Fernanda Perez
cansa un poco que siempre estén peliando
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play