NovelToon NovelToon
La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

La mujer a la que Alejandro había estado esquivando todo ese rato al fin captó la silueta del hombre en un rincón del restaurante. En cuanto vio a Alejandro rodeando con el brazo a otra mujer, las emociones se le revolvieron con violencia. Con paso altivo y la mandíbula apretada, se dirigió veloz hacia su mesa.

—Alejandro… tú… ¿tú aquí? —preguntó la mujer con la voz temblorosa de rabia contenida. Sus ojos miraban con dureza y odio a Aurora, que por instinto bajó la cabeza, sin ganas de meterse en aquel drama de la alta sociedad de la ciudad—. ¿Quién es esta pueblerina que tienes al lado?

Alejandro no se amedrentó en lo más mínimo. Al contrario, esbozó una sonrisa serena y letal, y estrechó aún más el brazo alrededor de los hombros de Aurora.

—Pues claro, la mujer que tengo a mi lado es mi futura esposa —respondió Alejandro con aplomo, sin la menor vacilación. Luego miró de reojo a Aurora con una ternura fingida—. Te presento: ella es Aurora. Y, cariño… te presento, esta mujer es una de mis socias de negocios, la señorita Violeta.

Al oír las palabras "futura esposa", a Violeta le pareció que le asestaban un mazazo en el pecho. Con la respiración agitada y obligada a salvar su orgullo, le tendió la mano a Aurora. Aurora dudó un momento y miró de reojo, sin ganas, aquellos dedos de uñas rojo encendido. Pero, antes de que alcanzara a decidirse, Violeta ya le había agarrado la mano con brusquedad.

Se la apretó con una fuerza enorme, con la intención de descargar su rabia e intimidar a la mujer que consideraba su rival. Aurora, que percibió el dolor y la mala intención de aquel apretón, no se quedó de brazos cruzados. Tras su apariencia recatada, Aurora no era ninguna muchacha débil a la que se pudiera pisotear así como así.

Aurora le sostuvo la mirada a Violeta y, despacio pero con seguridad, le devolvió el apretón con uno que no era menos firme y que la dejó atenazada. La fuerza inesperada de la mano de Aurora hizo que el rostro de Violeta se pusiera rojo de golpe, aguantando el intenso dolor que le recorría la palma y los dedos.

Violeta retiró a toda prisa la mano con una sacudida brusca, antes de que su orgullo se derrumbara. Sin querer darse por vencida tan fácilmente, aquella mujer sin vergüenza se dejó caer y se sentó a propósito en la silla vacía justo frente a Alejandro y Aurora.

—Qué casualidad, acabo de llegar a la capital de un viaje de negocios —dijo Violeta con un tono cortante, entornando los ojos con recelo hacia Aurora—. ¿Desde cuándo tienes algo con Alejandro? Nunca te he visto en nuestro círculo.

En lugar de dejar que respondiera Aurora, fue Alejandro quien tomó de inmediato la palabra, para cerrar cualquier resquicio que dejara al descubierto su mentira.

—Ella es mi primer amor, señorita Violeta —explicó Alejandro con un tono que se esforzó por hacer sonar orgulloso—. Es cierto que en su momento nos separamos por ciertas razones, pero ahora el destino ha vuelto a reunirnos. ¿No es eso lo que se llama estar hechos el uno para el otro? ¿Verdad, cariño? —preguntó luego, volviéndose hacia Aurora mientras apretaba el abrazo de forma posesiva.

Sintiéndose muy incómoda y molesta con aquella farsa improvisada, Aurora intentó removerse un poco, tratando de aflojar la postura para no quedar tan pegada al pecho de Alejandro. Pero fue en vano: la fuerza del brazo de Alejandro era mucho mayor y le tenía el cuerpo perfectamente sujeto.

Violeta, al escuchar la explicación demoledora de Alejandro, sintió de golpe que su esperanza de conquistar al apuesto empresario se había esfumado por completo. La vergüenza y el despecho se le mezclaron en el pecho. Sin pronunciar una palabra más, se puso de pie, tomó su lujoso bolso y salió del restaurante marcando cada pisada con fuerza contra el suelo, como muestra de su enojo.

En cuanto la figura de Violeta desapareció tras las puertas de cristal y la situación pareció por fin del todo segura, Aurora se sacudió con fuerza el brazo de Alejandro de los hombros. Se apresuró a correrse en el asiento hasta el borde del sofá, para alejarse lo más posible de aquel hombre.

Aurora volteó hacia otro lado el rostro, encendido como un tomate. Tras su gesto de fastidio, en realidad sentía mucho miedo: temía que Alejandro hubiera alcanzado a oír los latidos de su corazón, que desde hacía rato golpeaban de un modo anormal por culpa de aquella cercanía física demasiado íntima.

*

*

Terminada la tensa cena en el lujoso restaurante, el silencio volvió a adueñarse de la cabina del Lamborghini blanco de Alejandro. Aurora, agotada tras un día entero de clases y de emociones que la habían dejado exprimida, se quedó dormida sin darse cuenta durante el trayecto.

Cuando el ronroneo del motor deportivo por fin se apagó y el auto se detuvo del todo, Aurora parpadeó. Dio un respingo del susto y enderezó de inmediato la postura. Pero, al ver lo que había tras la ventanilla, frunció hondamente el ceño. Reconocía muy bien aquel callejón estrecho que quedaba justo frente al morro del auto de Alejandro. Era la zona donde estaba su casa de alquiler.

Aurora se volvió hacia Alejandro con una mirada llena de recelo y de extrañeza. Que ella recordara, durante esa semana había ido varias veces en el auto de Alejandro por lo de las mototaxis averiadas, pero aquellos aventones siempre habían tenido como destino el colegio, no su casa. Ni siquiera le había dado nunca su dirección.

¿Cómo es posible que Alejandro sepa exactamente dónde vivo?, se preguntó, llena de interrogantes. Pero Aurora prefirió guardarse la pregunta, ya demasiado incómoda.

—Buenas noches, Aurora. Que descanses —dijo Alejandro con suavidad. El hombre giró el cuerpo hacia ella y contempló el rostro de la mujer que tanto añoraba, con un brillo cálido en la mirada.

Desde detrás de la cortina, un poco abierta, de la ventana lateral de la casa de alquiler, un par de ojos espiaba aquel dulce intercambio. Era Dalia, que, como ya conocía el secreto de su pasado, se llevó de inmediato las dos manos a las mejillas.

—Ay… parece que lo suyo va cada vez mejor. ¡Gracias a Dios! —susurró Dalia para sí, sonriendo feliz.

Dentro del auto, Aurora se apresuró a abrir la puerta para cortar el contacto visual con Alejandro. —Cuídese… —dijo con una voz muy baja, casi un susurro.

Sin esperar la respuesta de Alejandro, Aurora se fue medio corriendo hacia su casa. En cuanto entró, cerró la puerta a conciencia, le echó llave y apoyó la espalda contra ella. Se llevó la mano al pecho, que le retumbaba con fuerza, y trató de respirar hondo para calmarse.

Ay, Dios, ¿por qué el destino se empeña en acercarnos cada vez más a Alejandro y a mí? ¡Esto está mal!, se debatía por dentro.

Mientras tanto, afuera, Alejandro se bajó un momento del auto. Sonrió de oreja a oreja al distinguir la sombra de la silueta de Aurora por la rendija bajo la puerta, prueba de que la mujer seguía de pie, recostada al otro lado. Alejandro se rascó la cabeza sin tener comezón, feliz de que las defensas de Aurora empezaran poco a poco a tambalearse.

Mansión Bustamante

En ese mismo momento, el ambiente de la sala de estar de la mansión Bustamante era mucho más frío. Doña Carmen estaba sentada en el señorial sofá, observando a sus dos nietos gemelos, que descansaban tan tranquilos. La anciana empezaba a urdir una estrategia para adoctrinarles la mente a Mateo y a Martina y así alejar a Aurora.

—Mateo, Martina… la abuela quiere preguntarles una cosa —dijo doña Carmen con el tono más solemne que pudo—. Si un día su papá decidiera casarse otra vez, ¿estarían de acuerdo los dos? —preguntó con recelo.

Martina apartó la vista del celular y se encogió de hombros.

—Depende, abuela… —contestó escueta.

—¿Depende de qué, Martina? —preguntó la abuela, inclinándose hacia delante por la curiosidad.

—¡Depende de con quién se case papá, abuela! —terció Mateo, sumándose a la conversación.

Al oír la respuesta de sus nietos, el corazón de doña Carmen se llenó aún más de inquietud. Se daba perfecta cuenta de que la presencia de Aurora como tutora empezaba a tener una enorme influencia sobre los niños. Temía que, si dejaba que aquello siguiera, sus dos nietos terminaran bendiciendo la relación de Alejandro con su mujer del pasado. Antes de que eso ocurriera, doña Carmen empezó a envenenarles la mente.

—Según lo que la abuela ha observado, la mayoría de las mujeres de hoy en día que quieren casarse con un viudo con dos hijos como su papá no lo hacen con sinceridad. Seguro que esa mujer solo va detrás de la fortuna de su papá —dijo la abuela, con un gesto que fingió de preocupación para convencer a los gemelos.

Doña Carmen hizo una pausa y miró fijamente a cada uno de sus nietos por turnos. —Y, una vez que esa mujer haya logrado dominar a su papá y quedarse con su dinero, estoy segura… de que los echará a los dos, e incluso a la abuela, de esta casa.

El corazón de los gemelos dio un vuelco.

Las palabras de doña Carmen golpearon de lleno la mente inocente de los dos muchachos.

—¿Qué? ¿En serio, abuela? No sé por qué me da miedo que papá se vuelva a casar y elija mal —dijo Martina, con el rostro de pronto pálido y cubierto de preocupación.

Mateo, al escucharla, miró enseguida a su hermana con una expresión no menos seria. —Mejor no dejemos que papá se case otra vez, Martina… ¿Tú qué opinas?

—Creo que sí, Mateo. No quiero que después una nueva esposa se aproveche de papá y lo defraude —respondió Martina con toda su ingenuidad.

Igual que Mateo, ambos se dejaron influir con enorme facilidad por las palabras de su abuela, la figura que en efecto los había criado y cuidado desde que eran bebés, después de que su madre biológica ya no estuviera.

Al ver la reacción de miedo de sus dos nietos, doña Carmen esbozó una tenue sonrisa de victoria.

Muy bien… mientras ustedes dos sigan oponiéndose a que su padre se vuelva a casar, esa mujer no tendrá ni el más mínimo resquicio para meterse en la familia Bustamante. No sueñes siquiera con llegar a ser nuera y señora de esta casa, Aurora, se dijo doña Carmen por dentro, triunfante.

Continuará…

1
Graciela Saiz
Dalia no fue a la boda 🤔🤔🤔
Graciela Saiz
ahora a luchar contra la madre metiche y venenosa 🤬
Graciela Saiz
HABLA AURORA ! CONTESTA!
Graciela Saiz
yo creo , que ellos dos deberían tener una buena conversación sobre lo hechos , el más que nada el , 🤷
Leticia Baeza Vazquez
pues con tanto engaño y no ser la sangre pues no yamaba
Leticia Baeza Vazquez
q bueno q sufrió la perra desgraciada q hizo q la tomara x haberlo drogado maldita te lo cobro el karma
Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Graciela Saiz: no , no somos así , somos peores , estupidas y manipulables ante el amor de un hombre, no hay excepción, mujer empoderada 😅
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Graciela Saiz: Señora Leticia, si tanto le desagrada , tiene la opción de no leerla , y respetar el trabajo de la autora, y si no escriba su propia historia 😏
total 1 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play