Kira es una loba fuerte y decidida, el tesoro más resguardado de la manada central. Durante la noche de su vigésimo cumpleaños, frente a la gran piedra ancestral, su destino parece sellarse al estallar el lazo de pareja con Jared, el Alfa del Este. A pesar de las dudas de su padre y sus hermanos mayores, Kira marcha con él a sus tierras, pero la convivencia no es lo que esperaban: el vínculo se siente vacío, no hay pertenencia y el dolor no aparece cuando deciden rechazarse de mutuo acuerdo.
Tras regresar a su hogar sumida en la incertidumbre, su tía le propone un viaje desesperado hacia el Reino de la Noche para buscar la sabiduría del vampiro Vlad. Allí, la Bruja Madre le revelará una maldición ancestral que pesa sobre la tercera generación de su sangre, condenándola a un desfile de parejas falsas. ¿Podrá Kira romper el castigo de la deidad y reconocer el verdadero latido de su corazón cuando el enigmático Aidan se cruce en su camino? Descúbrelo en el quinto y último libro de la saga
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CAPITULO 10.EL CONSEJO DE LA BRUJA
Las palabras de mi hermano menor se quedaron vibrando en el aire del salón circular, dejando en evidencia que la lógica de nuestra manada había chocado contra un muro infranqueable. Fue en ese preciso momento de máxima tensión cuando mi tía dio un paso definitivo hacia el frente, colocándose entre la mesa de piedra y el gran sofá donde mi madre me abrazaba. Su semblante, habitualmente colmado de una tranquilidad absoluta, se tornó de una rigidez extrema que nos obligó a todos a contener la respiración.
—Tenéis que dejar de buscar respuestas en las leyes de los lobos, porque lo que le ocurre a mi sobrina no responde a las leyes de la sangre —su voz clara y profunda resonó en las paredes de madera, libre de preámbulos, infundiendo un sutil sosiego en mis sienes—. He permanecido en silencio observando los canales energéticos de Kira durante toda la noche y la vibración que percibo en su pecho no es el rastro de un rechazo fallido. Hay un velo oscuro, una sombra antigua y complicada que está camuflando la verdad de su destino ante los ojos de la deidad.
Mi padre se cruzó de brazos, barriendo a su hermana con unos ojos llenos de una fijeza severa que denotaba la urgencia de sus sospechas familiares.
—¿A qué te refieres con exactitud? —le interrogó con su voz profunda, ronca y baja—. Si la piedra ancestral encendió el lazo de Jared, la unión era legítima bajo nuestras estructuras. ¿Qué fuerza tiene el poder de burlar el regalo sagrado de la Luna sin dejarnos una explicación real en las actas?
Mi tía se giró despacio hacia él, manteniendo una fijeza que delataba la inmensa gravedad de su intuición madura.
—La magia negra y los conjuros del pasado son capaces de tejer trampas que nuestra mente calculadora no logra disipar a simple vista —sentenció con una firmeza implacable—. Nosotros no tenemos las herramientas rúnicas para romper este engaño en mitad de la penumbra de nuestra casa. Por eso, os propongo que Kira realice un viaje de urgencia inmediata hacia los límites del norte. Debemos visitar al viejo Vlad, el amigo vampiro de nuestra familia que tanto nos ayudó a blindar la tregua del imperio en las guerras del ayer.
Al escuchar el nombre de Vlad, las facciones de mis dos hermanos mayores se tensaron sutilmente, asimilando la envergadura del traslado por la frontera secundaria.
—Vlad gobierna el Reino de la Noche y su corte convive de cerca con los misterios más antiguos de la tierra —continuó mi tía, mirándome con una ternura infinita que me devolvió todo el desahogo emocional—. Él conoce de primera mano el paradero de las brujas que habitan en mitad de los desfiladeros nevados. Vlad nos acompañará a hablar directamente con la Bruja Madre, la más poderosa, sabia y ancestral de todas las brujas que existen sobre la faz de la tierra. Ella posee la agudeza espiritual para leer los destinos establecidos por la Diosa Luna en los linajes de sangre, y es la única muralla capaz de descubrir qué demonios está pasando con el lazo vacío de mi sobrina.
Mi madre asintió de forma pausada, entrelazando sus dedos pequeños con los míos, validando la sugerencia con una madurez admirable que venció el pánico de sus celos protectores.
—Es la única salida limpia que nos queda, Alexei —afirmó mi madre, dirigiendo una mirada fija llena de una severidad peligrosa hacia mi padre, obligándolo a ceder en sus estructuras—. No podemos permitir que Kira siga arrastrando esta agónica melancolía sin saber a qué atenerse. Si el Reino de la Noche esconde el escudo definitivo para sanar las costuras rotas de su porvenir, saldremos en los todoterrenos negros hacia las tierras de Vlad al amanecer.
Mi padre evaluó la situación con una fijeza severa, conteniendo un hondo suspiro antes de otorgarnos su aprobación con un firme asentimiento de cabeza. La decisión estaba tomada de forma irreversible; la farsa de mi lazo con el Alfa del Este quedaba atrás de forma definitiva y las puertas de una encrucijada agobiante se abrían ante mis pasos, marcando el inicio de un viaje masivo hacia las sombras del norte donde esperábamos que la gran bruja pudiera ayudarnos a desentrañar el misterio de mi lazo de mate roto.