NovelToon NovelToon
Él Me Perdió, Otro Me Eligió

Él Me Perdió, Otro Me Eligió

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Enfermizo / Amante arrepentido
Popularitas:546.5k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Lucy-J

Isabela y João estuvieron juntos durante ocho años y comprometidos durante seis.
En cada discusión, siempre era ella quien tenía que tragarse el orgullo y dar el primer paso para hacer las paces.

Hasta que Isabela vio a João engañándola con otras mujeres, sin el menor respeto por su dignidad. Solo entonces se dio cuenta de que, para él, nunca había sido realmente respetada.

Decidida, Isabela puso fin a la relación y se casó con Thiago, heredero de una de las familias más poderosas del país.

Fue solo en ese momento que João entendió lo que había perdido: un arrepentimiento y un dolor que ni dando todo de sí podría recuperar.

NovelToon tiene autorización de Lucy-J para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Isabela sintió que el rostro le ardía. Intentó disimular con una sonrisa forzada, la voz saliendo un poco más alta de lo normal.

—Eres realmente muy inteligente —dijo ella, fingiendo admiración—. Tan rápido… casi no se puede creer.

Pero por dentro, la competitividad burbujeaba. No iba a dejarlo pasar así como así. No iba a permitir que él tuviera la última palabra tan fácilmente.

Cruzó los brazos, levantó el mentón.

—Vamos a cambiar las reglas. Yo toco el piano. Tú sigues con los Luban locks. Si consigues abrir uno, ganas un beso mío. Si no consigues… —Hizo una pausa dramática—. Entonces aceptas un castigo mío. Uno por uno.

Thiago inclinó la cabeza levemente. La luz de la luna dibujaba el contorno de su rostro, destacando su mandíbula firme.

—Eso suena más como un castigo para mí —replicó él, voz baja y seca—, que para ti.

Isabela no dio espacio para la negación. Se dio la vuelta, caminó hasta el piano de cola y se sentó en el banquito. Los dedos tocaron las teclas frías. Cerró los ojos por un segundo, respiró hondo.

Comenzó con una pieza simple, pero fluida —una de las primeras que aprendiera a los cinco años, una pequeña sonatina de Clementi que parecía agua corriendo—. Después pasó a algo más dulce, un vals de Chopin que su profesora de piano decía ser “perfecto para dedos jóvenes”. Las notas salían limpias, cristalinas, llenando el pasillo vacío.

Thiago se quedó inmóvil. Después, despacio, tomó el siguiente Luban lock de la pila que ella había traído —un modelo más complejo, con piezas curvas y encajes internos traicioneros—. Sus dedos largos y pálidos exploraban el objeto con paciencia metódica. De vez en cuando, se detenía, volteaba el rompecabezas, sentía el peso de las piezas. No decía nada.

Pero Isabela se daba cuenta. Él estaba escuchando. Realmente escuchando.

Allí abajo, en la sala de estar principal, Carlos estaba sentado en el sillón de cuero antiguo, el libro abierto en el regazo, pero sin leer una palabra. La música descendía por las escaleras como un río suave. Él cerró los ojos. Una lágrima solitaria resbaló por la arruga al lado del ojo.

Él había visto a Thiago crecer: el niño prodigio que a los diez años ya negociaba acciones con el abuelo, el adolescente que rechazaba fiestas para estudiar informes financieros, el joven que construía imperios mientras los otros de su edad construían sueños. Nunca había visto a Thiago detenerse para escuchar música. Nunca había visto a Thiago relajar los hombros. Nunca había visto a Thiago… ser gentil.

La música cambió. Isabela pasó a una pieza más lenta, más melancólica —un nocturno que parecía susurrar secretos—. Thiago abrió el segundo lock. Clic. Separó las piezas con cuidado, colocando cada una en un lugar específico en la mesa de al lado, como si estuviera catalogando artefactos.

Isabela continuó tocando. Una, dos, tres piezas. Él abría uno cada dos canciones. El ritmo entre ellos se establecía sin palabras: notas y clics, respiración y silencio.

Cuando solo quedó el último —un corazón de madera delicado, con tallados internos que parecían imposibles—, Isabela dejó de tocar. El silencio cayó pesado.

Ella se levantó. Caminó hacia él.

Thiago sostenía el lock en la palma de la mano. No lo movía más.

—Perdiste este —dijo ella, voz baja—. ¿Aceptas el castigo?

Estaban demasiado cerca. El olor de él —medicina, jabón neutro y algo cálido, humano— invadió su nariz. La respiración de él rozaba la piel de su rostro. La luna estaba cubierta por nubes gruesas; el pasillo sumido en penumbra suave, casi irreal.

Isabela sintió el corazón latir con fuerza. Quiso retroceder. El cuerpo, sin embargo, no obedeció.

Thiago levantó el rostro despacio.

—¿De verdad quieres? —preguntó él, voz ronca.

Antes de que ella respondiera, el lock en su mano hizo un clic final. Las piezas se soltaron. El corazón de madera se abrió.

En el mismo instante, por instinto, él bajó la cabeza —tal vez para ver mejor, tal vez por reflejo—. Y los labios de ella tocaron la comisura de la boca de él.

No fue un beso de verdad. Fue un toque accidental, leve, cálido. Pero duró un segundo más de lo que debía.

Isabela retrocedió como si hubiera recibido una descarga. Los ojos muy abiertos, el rostro en llamas. La mano voló hacia su boca.

Thiago no se movió. Solo pasó el pulgar despacio por la comisura de su propio labio, como si estuviera sintiendo el residuo del toque.

Después, con la voz más tranquila del mundo, dijo:

—Nueva apuesta. Yo toco. Tú montas los locks. Si consigues montar uno, ganas un beso. Si no… —Hizo una pausa—. Entonces yo gano uno.

Isabela parpadeó. El corazón aún disparado.

—¿Tú… tocas el piano?

—Toco. —Él giró la silla de ruedas hasta el instrumento—. Y soy bueno.

Se posicionó. Los dedos tocaron las teclas. Comenzó con una pieza lenta, precisa —Bach, una invención a dos voces—. Las notas salieron limpias, sin esfuerzo aparente.

Isabela se sentó en el suelo al lado de él, tomó los locks restantes. Abrió el celular para buscar un tutorial. Entonces se dio cuenta: no tenía señal. O mejor dicho, había dejado el celular en la habitación.

Sin tutorial. Sin video. Sin pista.

Ella lo intentó. Giró las piezas, encajó una aquí, intentó girar otra allí. Nada. El primer lock ni siquiera se abrió. El segundo, ni se acercó.

Thiago terminó la pieza. Volvió el rostro hacia ella.

—¿Y bien? ¿Cuántos conseguiste?

—…cero —murmuró ella, voz embargada de frustración.

Él soltó una risa baja, casi cariñosa.

—Entonces yo gano tres.

Isabela alzó la mirada, indignada.

—¡Eso es trampa! ¡No tenía cómo buscar!

Thiago se inclinó levemente hacia adelante.

—Mañana le pido a Carlos que te compre un saco de nueces. Para ayudarte a pensar.

Isabela abrió la boca para protestar. Después la cerró. Y, contra toda lógica, comenzó a reír. Una risa nerviosa, casi histérica, que se convirtió en carcajada genuina.

Thiago no se rio junto. Pero la comisura de su boca subió —una sonrisa mínima, casi imperceptible.

La luna salió de las nubes. La luz plateada cayó sobre los dos: él en la silla de ruedas, ella sentada en el suelo con rompecabezas esparcidos alrededor.

Ninguno de los dos habló más sobre besos.

1
Maybel Yasmina Herrera Seperlano
Hermosa historia el amor venció x sobre todos los obstáculos.♥️💐🫂🙏
Monica Pedrozo
me gustó la historia, gracias por compartirla con nosotros 🙏
Elda Giraldo
me esta confundiendo esta historia
Mirna Vargas olortegui
Con tanto barullo y aglomeración de pasajeros donde está Thiago, bruna y la amiga esto va demasiado a la imaginación
Mirna Vargas olortegui
Estamos confundidas con el nombre de Juan, explíquese mejor para, mayor entendimiento e hilacion de la historia
Yinet Leonor: Te invito a leer mis obras y a que expreses tu franca opinión sobre ellas. Autora Yinet Leonor.
total 1 replies
Monica Pedrozo
yo no lo pienso
digo si de una 🤣🤣🤣🤣
y le pido a Dios que el muchacho sea un mangazo jajajaaj así aprovecho y Melo como también 🤭🤣🤣🤣
isabel orendain
La historia es buena, tiene bastante relleno y muy repetitivo, pero falto lo primordial, el desenlace que paso con Armando, Julio y la familia leite, todo quedo inconcluso, y al final el que compro el collar fue el padre de thiago osea y luego se convirtió en el abuelo.
Gaby❤️
Pobre tipo, da lástima, que desilusión se va a llevar 😂
Norma Angelica Trujillo Green
realmente ya me perdí, al comenzar la novela el novela bien y también andaba en silla de ruedas,y ahorita sale que ve todo y hasta baila
Rose Mary ⚘️
que historia tan hermosa felicidades
Antonia Calvo Grajales
Excelente
Adarely Garcia
Isabella y Thiago ya se conocían... un accidente fue lo que pasó y ella olvidó.

Entonces la mamá de Isabella la alejo por su enfermedad o la encontró y no es su madre verdadera y quiso sacar provecho de ella... Hay que misterio, casi resuelto 🤔☺️
Elena Najera
😭😭🤭 y la silla de ruedas me perdi
Maharai Oliveros
no se en q momento se hizo publica se relacion por lo que enti simplemente eran rumores
Gleni Santos
yo sabía que había alguien detrás de ése "accidente"
Gleni Santos
Después de tantos insultos yo no pasaría nada de dinero, además esa energía que usa para insultar la puede usar para trabajar 🙄 parásito
Elvia Ramona Barreto
Maravillosa novela felicitaciones autora realmente la disfruté!!!
Oriana Pujol
no se entiende lo que quiere interpretar la aurora
Yolanda Villamar
🙄🥴 que aburrida novela ya la dejé ya no m interesa el final yo siento que va a tener un final churro como las telenovelas mexicanas cuando es su final 🤮
Yinet Leonor: Te invito a leer mis obras y a que expreses tu franca opinión sobre ellas. Autora Yinet Leonor.
total 1 replies
Yolanda Villamar
🙄 porque no le pone un alto y se pone los 🥚🥚🥚 y deja de ser chantajeada por su madre no está tan chiquitita para no sacar las uñas 🥴
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play