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Casada con el Señor Montero

Casada con el Señor Montero

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Maltrato Emocional / Malentendidos / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio / Completas
Popularitas:118.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Robles

Valentina Rossi sacrificó sus piernas por salvar a Sebastián Montero. A cambio, recibió un anillo de bodas y cinco años de indiferencia.

Mientras ella aprendía a caminar de nuevo, él soñaba con otra mujer. Mientras ella doblaba flores de papel rezando por su abuela enferma, otra se llevó el crédito. Mientras ella construía en silencio su plan de escape, él ni siquiera notó que ella se iba.

Pero Valentina no es una víctima. Es una bailarina que perdió el escenario pero no el fuego. Cuando por fin se va —a las cuatro de la madrugada, con su abuela y una maleta—, no mira atrás. En Europa, reconstruye su vida paso a paso: un nuevo escenario, una nueva compañía de danza, un nombre que el mundo empieza a conocer.

Sebastián no la busca por amor. La busca porque el silencio de la casa vacía le resulta insoportable. Pero cuando descubre la verdad sobre las flores de papel —quién las dobló, quién mintió, y a quién amó durante cinco años por error—, su mundo se derrumba.

Él intentará redimirse. Ella ya no lo necesita.

Y cuando una extraña enfermedad del sueño la arrastra de vuelta al pasado, Valentina descubrirá que hay destinos que ni siquiera el tiempo puede cambiar... y amores que solo se entienden cuando ya es demasiado tarde.

Una pulsera grabada con su nombre. Invisible para todos, excepto para una nieta que aún no ha nacido.

NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21 — La demora

El despertador sonó a las cuatro de la madrugada. Lo primero que Valentina pensó fue: hoy. Lo segundo: Rosa. Lo tercero fue más físico que mental — el corazón empujando contra las costillas como un animal que quiere salir.

Se sentó en la cama. Oscuridad total. Puso los pies en el suelo. El frío de las baldosas le subió por los tobillos. La pierna izquierda protestó con su queja matinal. Pero hoy no importaba.

La valija estaba cerrada junto a la puerta del vestidor. El sobre blanco, apoyado contra el florero de la mesa del comedor. Las llaves adentro. La tarjeta de crédito adentro. La carta de dos páginas adentro. Todo en su lugar.

A las cuatro y siete, el Samsung vibró sobre la mesa de luz.

**Sofía**: *No van a poder viajar hoy. Rosa se descompuso a las dos de la mañana. Presión baja, mareo, se cayó en el baño. Estamos en la guardia del Fernández. Está estable pero los médicos no la dejan salir hasta que le hagan estudios.*

Valentina leyó el mensaje dos veces. Miró la valija cerrada. El sobre blanco en la mesa del comedor. Los pasajes en el bolso de mano. Y Rosa en una guardia de hospital, sola con Sofía.

Llamó a Sofía. Le temblaba el pulgar al marcar.

—Se levantó al baño y se desplomó. El Negro empezó a ladrar, me desperté, la encontré en el piso. Tenía la cara blanca, Vale. Blanca como papel. Llamé al SAME. Llegaron en quince minutos. Le hicieron electrocardiograma, análisis de sangre, todo. Los médicos dicen que la presión le bajó de golpe, probablemente por el estrés. Le van a hacer una ecografía abdominal mañana temprano.

—Voy para allá.

—Vale. Los pasajes.

—Los pasajes pueden esperar. Rosa no.

Sofía tardó un segundo en contestar. Un segundo largo, cargado de todo lo que no se dice por teléfono a las cuatro de la mañana.

—Venite —dijo Sofía.

Valentina bajó las escaleras descalza, con el bolso cruzado y las zapatillas en la mano. Pasó por el comedor. Vio el sobre blanco contra el florero. Lo agarró. Se lo guardó en el bolso. No era el momento. Todavía no.

Se calzó en el palier. Salió a Juncal a las cuatro y media. Buenos Aires a esa hora huele a asfalto mojado y a basura fría. Tomó un taxi en Juncal y Callao. El taxista tenía la radio en AM, bajita, un locutor hablando de fútbol con la voz ronca de alguien que lleva toda la noche despierto.

—Al Fernández, por favor. Mi abuela.

El taxista asintió. No preguntó nada. Buenos Aires enseña eso: a las cuatro de la mañana, nadie pregunta.

---

Rosa estaba sentada en una camilla del sector de observación, con una vía en el brazo y la bufanda violeta sobre las rodillas. Ojeras profundas. Piel color cera. Pero los ojos estaban alerta — los ojos de Rosa siempre estaban alerta, incluso cuando el cuerpo fallaba.

—No era necesario que vinieras —dijo Rosa. La voz áspera, como si la garganta le hubiera encogido.

—Sí era.

—Los pasajes.

—Hay otros pasajes. Hay una sola vos.

Rosa apretó los labios. Valentina la conocía lo suficiente como para saber que ese gesto era emoción contenida, no disgusto.

—Una semana —dijo Rosa—. Me dan el alta, me recupero, y nos vamos. Una semana, Valentina. No más.

—Una semana.

—Voy a cambiar los pasajes —dijo Sofía desde la silla de plástico naranja del rincón. Tenía el pelo revuelto, una campera de jean encima del pijama de Snoopy, y los ojos hinchados—. Misma ruta, la semana que viene.

—Si no hay, la semana siguiente —dijo Valentina—. Pero nos vamos.

—Nos vamos —confirmó Rosa desde la camilla, con el tono de alguien que no está haciendo una promesa sino dando una orden. Agarró la bufanda violeta con las dos manos y la apretó contra las rodillas, como si fuera un timón.

Sofía y Valentina se miraron por encima de la camilla. Un segundo. Suficiente para decirse sin palabras: aguantamos. Una semana más. Aguantamos.

---

La semana de demora cambió cosas.

Lo primero que cambió fue que Valentina tuvo que recuperar el sobre del bolso y volver a esconderlo. Lo guardó en el fondo del armario de productos de limpieza, debajo de una caja de detergente que llevaba tres años sin abrirse, detrás de dos botellas de lavandina. Cerró la puerta del armario con la sensación de estar enterrando algo vivo.

Lo segundo fue que tuvo que volver a la rutina. Desayunar en la cocina mientras Carmen preparaba las tostadas que nadie le pedía. Cruzarse con Sebastián en el pasillo — el saludo mínimo que era menos que un saludo y más que una ignorancia. Fingir que todo seguía igual cuando todo había dejado de ser igual semanas atrás.

Lo tercero — lo que realmente cambió — fue que Valentina dejó de esconderse.

No fue una decisión consciente. Cuando alguien decide irse — cuando el pasaje está comprado y la valija armada —, el miedo pierde su función. Valentina ya no tenía nada que proteger en esa casa. Y sin miedo, era una persona diferente. Una persona con voz.

El miércoles, en una cena con socios del estudio, Diego Salazar hizo lo que hacía siempre: un comentario sobre "la coja," dicho en voz baja a un socio mientras Valentina pasaba detrás de ellos con una copa de malbec.

Valentina se detuvo. Se dio vuelta. Miró a Diego. Y dijo, con la voz clara, sin levantar el volumen:

—Diego. Si querés hablar de mi pierna, hablá de frente. Pero si vas a hablar a mis espaldas, por lo menos tené la creatividad de inventar algo nuevo. "La coja" ya lo escuché. Cinco años. Mismo chiste. Mismo nivel. Igual de triste.

Silencio absoluto en la mesa. Ocho personas congeladas con los cubiertos en el aire. Diego se puso colorado — un rojo que le subió desde el cuello hasta las orejas.

—Valentina, era un chiste —dijo Diego. La voz le salió más fina de lo que habría querido.

—No. Un chiste hace reír. Eso es crueldad disfrazada de humor. Y la crueldad, Diego, solo funciona cuando la otra persona le tiene miedo. Yo ya no te tengo miedo.

Tomó un sorbo de vino. La mano firme. La copa no tembló.

Sebastián se dio vuelta desde el otro extremo de la mesa. Miró a Valentina. Miró a Diego. Y algo cruzó por su cara: la sorpresa de alguien que descubre que la persona con la que vive hace cinco años tiene una voz que no conocía. Una voz que llena un comedor. Una voz que no pide permiso.

La cena continuó. Los cubiertos retomaron su ritmo. Nadie mencionó el incidente. Pero todos lo registraron. Especialmente Sebastián, que durante el resto de la cena miró su copa de vino como si le hubieran cambiado el contenido.

---

Esa noche, después de que los socios se fueron y Sebastián subió a su habitación sin decir una palabra, Valentina le escribió a Sofía.

**Vale**: *Le dije a Diego que ya no le tengo miedo.*

**Sofía**: *POR FIN. ¿Delante de quién?*

**Vale**: *Delante de todos. Cena con socios del estudio.*

**Sofía**: *VALENTINA ROSSI. REINA ABSOLUTA. ¿Cómo reaccionó Sebastián?*

**Vale**: *Me miró como si me viera por primera vez.*

**Sofía**: *Escuchame una cosa. Ese hombre te va a ver recién cuando ya no estés. Y para entonces va a ser tarde. Que se joda.*

**Vale**: *Una semana, Sofía. Una semana y nos vamos.*

**Sofía**: *Una semana. Y después, que Buenos Aires los aguante sin vos.*

Valentina apagó la pantalla. Se sentó en el vestidor. El rincón de siempre — entre las perchas con ropa que no elegía y las cajas de zapatos que no usaba. La espalda contra la pared.

Desde la ventana se veía una camioneta blanca estacionada frente al edificio de enfrente. Luces apagadas. Alguien adentro que fumaba — la punta del cigarrillo como un ojo naranja que no parpadea. Valentina la había notado antes, dos o tres veces esa semana. Siempre en el mismo lugar. Siempre a la misma hora.

Valentina cerró la cortina. Se dijo que era paranoia. Se dijo que una semana, en Buenos Aires, puede ser muy larga.

Pero la camioneta no se movió en toda la noche.

1
Juana Francisca López
yo tampoco la entiendo
Pany Rojas
esta muy tediosa la novela, la verdad, ya me aburrio.
Mari Cruz
🤔😲No entiendo esta novela de pana que no. 😏
Nadia Leonila Borjas Borjas
que largo el viaje para salir con el secuestro que malo
Nadia Leonila Borjas Borjas
la novela no es mala lo mala es la esperas de tanta fechas de viaje de separación de visa y ahora la espera para el viaje
lauritha
no sé supone que el padre es el apostador por el cual la secuestraron y pidieron el rescate? no entiendo. hay muchas inconsistencias en la historia
AnayAlexreyes Falcon
hola autora me gusto mucho tu historia de,casada con el señor montero, pero quiero preguntarte si tambien escribiste la historia de, herida por tu odio, ya que tienen mucha similitud, espero no molestarte, pero tengo curiosidad, felicidades escribes muy bien👏👏👏🥰🥰
Mari Cruz
😏Que aburrido esperando algo interesante y nada 🙄😏
Grciela Calanducci
ufffff.... qué pesada
Dosthy Muñoz
Maravilloso
Dosthy Muñoz
Autora eres una escritora con todas las letras he vivido y sentido está historia, no sé si algún día leas mi comentario, Pero te envidió no con una envidia fea y egoísta sino de la que se mezcla con admiración. Está historia merece sentir el papel. No sé si has logrado publicarla,.espero que si. Para que quienes no tienen acceso a medios digitales. Bendigo el talento que Dios ha puesto en tí.
Mari Cruz
😏Q aburrido 🤔yo sigo esperando algo nuevo y nada. 🙄
Mari Cruz
🤔Y ahora que biene 😏si Sebastián no ama a Valentina. Y tiene una Relación con la cuema de camilla 😡 Q quiere el de Valentina si la ignoro x 5Años. No entiendo deveras🤔😏
Mari Cruz
😡Ese Sebastián sos un perro 😏
Mari Cruz
X Dios yo Valentina le digo llevale te a camilla 🤣🤣🤣
Mari Cruz
😲
Mari Cruz
😏 Yo tenia las esperanzas de Q el Sebastián amara a Valentina 🤔Q clase de serie Ho no vela es esta 🤔 no entiendo esta drama 😏
Bianca Sand0
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣😉
Bianca Sand0
Espero leerlo con ansías 😉😌
Bianca Sand0
Desgraciada
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